Almorzamos en un restaurante de punta carretas a donde vamos mucho, y a Carla y a mí nos pareció reconocer a un señor muy mayor, que vive en el edificio frente al golf donde vamos a veces con nuestros amigos high level digamos jaja. Pero cero problemas, nada malo dos señores y una chica almorzando. Él también nos miró como reconociéndonos. En fin, nada malo si Carla no hubiera hecho lo
que después nos contó. Un par de veces me abrí de piernas un poquito, no mucho, no sé si habrá vislumbrado algo, igual no mucho, si es que se dio cuenta. Esto de arriba se los conté en el relato anterior, el de la tercera visita y cógida del tío de Carla. Resulta que sí, el señor era vecino del edificio mencionado, y haciendo memoria lo ubicamos plenamente. Lo veo bien, un bien maduro muy interesante, le tengo fe, dijo Carla, más
que suficiente. El asunto era atraerlo de a poco, para lograr éxito total, en más de cinco años, solamente fracasamos una vez, con un oftalmólogo, y otra vez debimos descartar al tipo en cuestión después del primer encuentro por demasiado impulsivo. No hubo ninguna necesidad de ir a buscarlo. El señor vio perfectamente lo que Carla mostró deliberadamente al sentarse en
el restaurante. Debíamos llevar al apartamento cosas para la despedida del embajador, se realizó desde el miércoles de tarde al jueves de tarde, y hubiera sido el próximo relato si no surgía esto antes. Lo alquilamos desde dos días antes para poder preparar todo, con la ventaja de pagar un día menos pues Luis nos hizo ese descuento al enterarse de que era invitado. Llegamos al edificio el pasado lunes cinco temprano en la mañana y el portero extiende un
sobre a Carla. Para UD, señora, me lo dio el señor del 502 para que se lo entregara cuando vinieran al apartamento. Dentro del sobre una nota muy escueta. Señora, disculpe mi atrevimiento, pero la duda no me abandona desde hace una semana.¿ Era blanca con algún detalle negro? Lo saluda muy atentamente.
Su vecino H. y Carla le escribió de inmediato y le dejó la nota para que se la entregaran al salir, no sé a qué se refiere, y si le contesto es simplemente porque el portero me confirma que Ude vive en el edificio, y me dijo que parece ser una buena persona. Por otra parte, si algo desea saber por qué no lo preguntó personalmente, me hubiera podido ubicar en el edificio cuando venimos, sabrá que alquilamos a veces con mi pareja, o de lo contrario en el shopping, donde
voy a tomar té o café casi todas las tardes. su, a veces, vecina. Carla. Le escribió en tiempo pasado, como si ni hubiera posibilidad alguna, pero le dio datos de cómo ubicarla, y por otra parte, no negó lo de estar usando tanga blanca en aquel almuerzo, pero le dijo simplemente no saber a qué se refería él. La línea de anzuelo afilado y con buena carnada estaba lanzada, la caña puesta en el soporte clavado en la arena y la alarma del ril, lista y probada. Era cuestión de esperar.
Y si el pez es curioso o está hambriento suele picar enseguida. Y picó. A la tarde del propio lunes estaba Carla en el shopping, como casi siempre con su café y croissant, y aparece el señor H. Buenas tardes,¿ me reconoce? Soy H y nos hemos cruzado alguna vez. El edificio donde vivo y hace más o menos una semana en... Restaurante. No quise molestarla con mi nota, al contrario fue para respetar su tiempo y tratar de quitarme esa duda que me atormenta, de algo que creí ver.¿
Dijo Blanca con algún detalle negro? No llevaba ni camisa ni pollera de esos colores. pero siéntese, acompáñame con un café ya que vino. Ninguna de esas prendas hubiera sido muy evidente si fuera camisa o pollera. No me diga qué. Qué horrible, qué descuido. Pero no había dibujos negros, aunque si era blanca como casi siempre que uso, ja ja ja, lo negro es otra cosa. Qué suerte comprobar que aún veo bien, gracias por la confirmación. y entre nosotros,¿ eso
qué importa? Fue un descuido, pero nada más, yo estaba con mi pareja y mi tío. Bueno, es que se sumó el hecho de haberlos visto alguna vez entrando y saliendo del edificio. Es que cada vez que podemos nos tomamos dos o tres días para nosotros, él es casado, y los apartamentos nos encantan, con esa vista al golf. Por suerte ahora al de piso seis sumaron el del nueve, recién acondicionado, precioso. Somos muy de invitar a algún amigo,
más de uno a veces, para cenas o picadas. Justamente ahora ya alquilamos para preparar la despedida de un amigo del exterior que estuvo años aquí y ahora lo trasladan de vuelta. Y de paso aprovechamos que la señora de mi pareja se va 15 días al sur argentino con tres amigas con las que viaja siempre. Entiendo, aprovechan cuando pueden y se divierten y pasan juntos. Y nos reunimos con amigos.
qué habilidad tiene para generarme dudas, ahora que pienso, dijo como casi siempre que uso, deduzco que a veces no. Deduzca a gusto jaja. Pero ya que a veces coincidimos en el mismo edificio y nosotros vamos a estar hasta el jueves, por la despedida a nuestro amigo,¿ qué tal si mañana viene al apartamento y conoce a Sergio, mi pareja? Van a simpatizar, deben andar por edades similares. Encantado. Yo 62 y él. Sergio tiene 68.¿ Lo esperamos entonces? Y no le
dé injerencia ninguna al portero. Mejor mañana intercambiamos teléfonos.¿ Puede a eso de las 17? Claro que puedo. Da la casualidad que mi señora y nuestra hija se fueron a Buenos Aires, ya se sabe. Los precios nos favorecen muchísimo. Hecho. Y debo dejarlo. Me vuelvo al apartamento.
El café lo invito yo con mucho gusto, me quedo un rato más. Hasta mañana. Hasta
mañana. Llegó el día martes y ya teníamos todo preparado para la fiesta del miércoles al jueves con el embajador y también nos preparamos para recibir a H esa tarde. Convenimos que yo llegaría un poquito más tarde para que Carla fuera divirtiéndose a solas con H, haciendo precalentamiento. Puntualmente a las cinco de la tarde, llega H y es recibido por Carla, envuelta en bata negra, opaca. Hay H me sorprendió, o mejor,¿ puedo decir me sorprendiste? Terminando de vestirme,
quiero probarme la ropa para la reunión de despedida del embajador. Mañana,¿ me das cinco minutos? Todo lo necesario. Tranquila. Sergio debe estar al llegar, le dejo la puerta sin llave. Igual, no hay problemas en este edificio. Me dijo que se fue y a eso de 10 minutos vuelve, pero previamente me mandó mensaje para que yo demorara y le diera tiempo a avanzar. Vuelve preparadísima, con el equipo que se pondría
para la despedida del embajador amigo. tacazos negros, medias negras con elastizado de silicona, micro falda tipo tubo negra, lisa por delante, el resto ya lo sabrán. Arriba, una especie de blazer, blanquísimo, pero muy corto tipo torera, no cruzado sino recto, de solapas angostas, muy muy abiertas, y cerrado con un espectacular botón dorado, con forma de flor y de gran tamaño. Yo la había visto probarse ese outfit
y la verdad todo el conjunto es impresionante. Casi casi deja salir las tetas, lo cual se evita con dos trocitos de cinta doble faz, que invento jaja. Pero lo mejor estaba por verse. Como les decía, según me contara Carla, H se impresionó. Pero Carla,¿ vas a ir así a una despedida de un embajador? Sí, claro,¿ por qué no? Es una despedida de amigos muy, muy cercanos. No es algo serio ni mucho menos protocolar. Te gusta?
Divino, sexy, pero muy atrevido.¿ Lo decís por el escote?¿ No se sale en viste?¿ Y
si hago la vueltita?
Y hace un par de giros.
H no lo puede creer. Los ojos muestran asombro. Pero Carla... ¿Así? Lo que vio fue la parte trasera de la pollera, o falda como quieran. Son ocho tiras elásticas, forradas en la misma tela de la pollera, horizontales, separadas cada una de otra por unos cuatro o cinco centímetros. Moraleja, todo su bello culo al aire.
No te gusta? Pero se ve todo. ¿Y? Es reunión de amigos íntimos.
Te molesta verme así? Eh, no sé, es como que no lo imaginaba.¡ Qué culo! Si puedo decirlo así. Ya te damos por amigo, podés decir todo lo que quieras.¿ Te cuento algo? Contame lo que sea y gira de nuevo. Gira lentamente, lo sacude un poquito. Te cuento, somos súper compinches con mi modista, que lo hizo todo,¿ sabes qué me dijo? Te van a coger sin sacarte la falda, pobres elásticos, jajaja. Mi yo creo que sí.¿ Tan amigos van a ser los de la
fiesta? Sí, íntimos y íntimos. Qué felices ellos.¿ Pensás eso?
Sí, obvio, desde que vi lo que vi en el almuerzo en el restaurante. Maber. Y se le sienta de frente encima de él en el sofá, calculando que yo debía de estar por llegar. Carla quedó cara a cara con H, le sonreía a 10 centímetros de su cara, las tetas, casi afuera, al lado del pecho de él. Las rodillas apoyadas en el sofá y sus piernas por fuera de las de él. H no soportó aquella inesperada bonanza y se prendió a ambas nalgas, las acariciaba por encima y
por debajo de los elásticos. Y en ese momento entro yo. Veo ese hermoso espectáculo, hermoso de verdad. Ese hermoso culo manoseado por alguien casi
desconocido. Hola.
Veo que se divierten. Hola amor, él es H, nuestro vecino de aquí, y le estoy mostrando la ropita para la reunión del jueves en despedida de nuestro amigo. Disculpe Sergio, ella se me subió, no sé qué decir. La conozco, no diga nada. Todo bien.¿ Y entre nosotros no es una belleza? Y me arrimo a acariciarle el culo. Lo acaricio, lo acaricio, ella parada de manera que él vea todo. Cuando le escribió esa nota a Carla, supimos que la deseaba. Amor, voy a guardar esta ropa, no sea que se arruine
antes de la reunión. Sí, sí, ponete algo lindo, te esperamos. En cinco minutos vuelve, con cherito mínimo de raso blanco, por encima sobresale la hermosa tirita de pelos que se ha dejado, tacos altos y nada más.
Increíble. Atinó a decir H.¿ Pensabas que te ibas a salvar de mí?
Lo decís en serio? Nunca me perdería a un vecino caliente y cuya esposa se fue de paseo a BSAs, y que seguramente no ha tenido sexo quién sabe en cuánto tiempo. Y sí.
Por qué no la imitamos? Sugerí yo. Me empecé
a desnudar y H aceptó la sugerencia. desnudos, Carla dijo, pero qué hermosa sorpresa. Una verga todavía blanda, de razonable largo pero gruesa, bien cubierta de piel hasta por delante de la cabeza. Es de las que me gustan para chupar, dijo Carla. Se agachó, le dio dos o tres lamidas y chupó unos segundos, puso especial dedicación a correrle la piel hacia atrás, solamente con los labios, sin usar las manos, y en vista de que empezaba a erguirse, lo llevó
al dormitorio. Con H acostado, separó Carla al lado de la cama, me acerqué y le mostraba a H las tetas acariciándoselas, le acariciaba y peinaba los pelitos, le acaricié los labios de la concha abriéndoselos apenas. Nos besábamos. La pija de H ya dura volvió a ser envuelta por el terciopelo de la boca de Carla. No te acabes que ya te cojo. Me matas, no lo puedo creer. Esto es un sueño. Nos miramos con Carla y sin hablar estuvimos de acuerdo, es de confiar, a disfrutarlo sin límites.
Primero le dio una breve ensalivada al glande, después lo montó y posicionó la pija, comenzando a bajar para que le entrara. Su carita de placer fue tremenda.¡ Qué delicia, bien gruesa! Y si ella disfrutaba sentirla, yo disfrutaba ver cómo su concha parecía de goma, estirándose para abrazar aquella hermosa verga. Lógicamente, H, súper caliente y con prolongada abstinencia, duró muy poco, oero el premio para Carla fue tremendo. Sí, sí, dale, dale, llename,
qué divino. Algunos enviones más y H. Se salió de ella, que dejó caer chorritos de semen a las sábanas. Allí, divino. Qué manera de acabar, y qué gruesa la sentí, y se lanzó a limpiársela y a tragar alguna gota que quedaba en el glande. Al terminar, le dijo, ¿ves? Ya somos amigos, y lo mejor te va a venir ahora, y me dijo a mí. Sergio, ahora después te voy
a pedir algo especial. Lo hizo arrimarse al borde de la cama, con las piernas colgando, le pidió que levantara las piernas y apoyara los pies en la cama, y sin decirle nada le comenzó a hacer un hermoso beso negro, una especialidad de Carla. Lengua, punta, lengua, punta, algo de dedo. H se retorcía de placer. Cuando pensó que era suficiente Carla le abrió un poco las piernas y le dio algunas chupadas al miembro todavía hablando de H y me dijo,
es tu turno, solamente una vez, en un amanecer. Me lo había pedido con un gran amigo en el día que él cumplía años. Se sentía bien esa poronga, todavía blanda, gruesa, de cabeza tapada. Mientras yo se la comenzaba a chupar lo mejor que podía, y creo que bien pues los hombres sabemos cómo se debería chupar, Carla le dio a chupar sus tetas, alternando con besos de lengua. H. asombrado aceptaba todo. Al poco tiempo, mi boca estuvo llena de una pijadura como piedra y Carla dijo ahora es mía.
Se puso en cucharita y me imaginé. H se la puso en la conchita desde atrás y Carla le dijo, no te preocupes H, ahora también vamos a probar si entra la de Sergio. Me situé de frente a Carla y, nada imposible entrarle en la doble vaginal. Pero Carla se inspiró y dijo, sacame la H, ahí se la puse yo y con mucho trabajo, fue entrando, ahora sí, la
del vecino. Lo siguiente fue indescriptible, gozo de los tres, con se sintiendo las dos dentro suyo y la concha estirada a más no poder, y H y yo, sintiendo aquella vagina súper apretada y rozando uno contra el otro. Durante un rato fuimos todo jadeos y respiración entrecortada, hasta que Carla acabó y nuestros miembros entraron a deslizarse maravillosamente con sus fluidos, hasta nuestro turno de acabar, ambos con
desesperación casi, esperma caliente y abundante. Nos salimos de ella, nos las limpió y le hicimos sesión de masajes con lo que iba escurriendo de su conchita. Muchos besos de lengua y una gloriosa ducha de A3. Al final, Carla le preguntó a H, y vecino,¿ le gustó la invitación?¿ Qué si me gustó? Me enloquecieron los dos, qué excitación que morbo, cómo me alegro de haberte escrito esa nota. Ya tengo ganas de nuevo.¿ En serio?¿ Me recibirías a dormir?
Porque mañana de tarde comenzamos la despedida del embajador.¿ Dispo de Sergio? Sí, claro, amor y tengo ganas. Si el señor quiere dormimos los tres juntos. Claro que sí, los espero a las 22 o las 23, para que ya el edificio esté tranquilo. pero aclarame Carla,¿ lo hacen porque les gusta?
Sin ofender,¿ debo regalarte algo? Todo ha sido maravilloso. H, amigo, jamás pido, jamás rechazo, te soy sincera, algunos amigos han hecho propuestas irresistibles, y no lo he rechazado, otros, de vez en cuando se muestran gentiles, y cuando elijo alguno de manos ásperas, albañil, pistero, electricista, corremos con todos los gastos. Un par de veces, señores recomendados por la tejedora me han puesto por el cielo, a nivel cuantitativo insospechado. Oltería temporal.
Esa es la verdad. Nos vemos de noche a disfrutar. Ya iremos habiendo cenado livianito, jaja. Así lo hicimos, yo disfrutando de mi soltería temporal. A las 23 llegamos al apartamento de H, que nos esperaba con champaña. Carla fue solamente con lencería bajo un yarn y camisa. Para mantener una cierta tradición que tenemos con Carla, se puso el juego de lencería tipo novia que usa siempre en alguno de
los primeros encuentros con un nuevo amigo. Blanca de punta a punta, zapatos y medias, portaligas a la cintura, mini tanga hilo y corpiño de media copa, que ya deja entrever los pezones. Increíblemente, hacía unas tres horas habíamos estado cogiendo con H, y ya teníamos esa hermosa mezcla de ganas, excitación y morbo de vernos con otro. Particularmente, no me canso de ver oso grupos etcétera etcétera como la penetran
o de verla jugando o chupando. Y allá fuimos. H nos esperó con champaña, como ya dije, simplemente vestido con una bata de casa. Supusimos correctamente que no tendría nada debajo. Bebimos, charlamos, nos contamos confidencias. H quería saber todo de nuestra relación, nuestros amigos, cómo comenzamos en esto de estar con terceros, etcétera, etcétera. Se divirtió enormemente cuando le contamos cómo Carla había participado, y salido segunda, en un concurso de culos de Florianópolis,
algún día se los contaré. Le costó creer cómo Carla aceptó un cierto desafío de Pedro en nuestra visita a la estancia. Pasado el rato, Carla se paró y se quitó el llan y la camisa mientras decía, H, es tradición que los nuevos amigos me vean así con esta lencería.¡ Qué linda! Parece de novia. Esa es la idea, que cuando nos encontremos seamos una especie de novios, jaja, soy
una novia muy putita. Y hermosa. Gracias. Y se sentó él el sofá a su lado, le desató el cinturón de la bata y le dijo, a ver, hoy temprano estábamos muy acelerados, ahora quiero ver todo lentamente. Le sacó la bata y yo me desnudé. A la vista la verga de H, caída, gruesa, diríamos que con piel sobrante pero le quedaba muy bien tapando el glande. Los huevos grandes, sin ser comparables a los de dos o tres amigos.
Carla comenzó a besarlo de lengua, suavemente, y le acariciaba el miembro, trenzaban las lenguas, y yo comencé a acariciar y lamerla los pelitos de Carla. Los pelitos han crecido a su justo punto, sedosos, suaves, una tira de unos tres centímetros de ancho desde la comisura de la concha hacia arriba, sobresaliendo de la tanga. Las manos de H. abarcaban el culo de Carla, acariciaban los hermosos cachetes y de vez en cuando jugaba con el chiquito, insinuando la
punta de un dedo. En cierto momento, Carla se puso en pie y comenzó un pequeño striptease, quedando al final solamente con el portaliga suelto. Me lo saco o duermo con él. Sacárelo. Te queremos con cada trozo de piel bien accesible, ¿verdad, H? Sí, bien desnuda. Y así lo hizo. Volvimos al sofá. H ya lucía la verga semidura, ¿viste, Sergio? Apenas Gonzalo y el negro la tienen más grande, me
dijo Carla después. Ella al centro, nos turnábamos a besarla, acariciar sus tetas, acariciar su concha, mientras ella se deleitaba acariciando sin llegar a masturbar nuestros miembros.¿ Te gustó la doble de hoy, H? Le preguntó. Me enloquecieron los dos con eso, sensaciones que nunca experimenté, tan apretados allí adentro, y eso de sentirnos el uno al otro con Sergio y el acabar off. Nos fuimos a la cama, ella
adelante y nosotros admirándola. Se dio vuelta un momento y dijo, qué lindo como te cuelga y se sacude H. La quiero dura. Llegamos a la cama y ella se tiró boca arriba, piernas separadas, rajita abierta. Se la chupé y ella chupaba a H. Hasta que cambiamos posiciones y H se puso casi en misionero a pasarle la pija ya dura por los pelitos y por los labios de la concha. Cada vez más húmeda, es una imagen tremenda ver cómo a cada pasada le iba abriendo un poquito más los labios.
De ahí a metérsela era un paso que H dio gozosamente. Entró lento, con la pija bien ensalivada, una hermosura, y qué decir cuando se entró a mover. Carla estaba de boca semiabierta, ojos cerrados y me pajeaba suavemente mientras yo le acariciaba las tetas. Hasta que H dijo,¿ otra doble? Aceptamos encantados, pero cambiamos yo se la puse desde atrás en la concha y él se la metió después desde adelante,
gozando además de sus besos y tetas. Ya con poco reto, nos costó acabar, para mayor goce de Carlita, en éxtasis total hasta que le largamos dentro lo que nos quedaba. Nos salimos y fue un festival de caricias. Le pasábamos los dedos por la concha y se los dábamos a chupar. Le untamos las tetas. La besábamos aún con leche en la boca. Y desnudos los tres nos dormimos así como estábamos. Allá por las cinco de la mañana, un beso me despierta. Amor, amor, el señor me chupa la concha y yo qué lindo.
Nos besamos, nos acariciamos. H estaba con su cara sumergida entre las piernas de ella, la lamía, le metía la lengua y de vez en cuando decía, oh, qué delicia. Por supuesto, al rato Carla comenzó a chuparnos a los dos, que aunque agotados, respondimos con una semidureza y disfrutamos de sus labios y su arte.
