El viaje había sido largo. Obviamente no había descansado durante el trayecto. Los nervios me lo impidieron. Siempre el mismo sino cuando se trataba de verse cara a cara por primera vez. Pero ahora a pocos minutos de llegar mis nervios se aplacaban. No era una desconocida con quien iba a encontrarme, sino una dulce sumisa que meses atrás había comenzado a conocer. Las conversaciones, mensajes, videos, etcétera, fueron interminables y creo que ambos habíamos llegado a conocernos lo máximo
posible que nos permitía nuestra relación virtual. Y por fin llegaba la parte física. Me notaba totalmente ansioso, por muy bien que hubiese ido la relación mi experiencia no me permitía relajarme. Al fin y al cabo, lo virtual nunca dejaría de ser fictio y hasta verla delante de mí y observarla no podría tranquilizarme y empezar a ser realmente yo.
pero el momento llegó y ella se presentó. Mientras la veía entre el bullicio de la estación y me aproximaba a ella mis nervios eran sustituidos por una euforia que me costaba contener. En el momento en que quedamos cara a cara respiré hondamente mientras me permitía el lujo de mantener mi boca cerrada y observar su rostro. Ella tampoco habló en ese tiempo, al menos verbalmente. No lo necesitaba.
Esa dulce sumisa que me había conquistado demostrándome su entrega y un desenfrenado deseo por el sexo me miraba atenta, sin ningún atisbo de nervios, parecía totalmente serena.« Hola, Marta», saludé como ya lo había hecho mil veces.« Hola», contestó escuentamente mientras su boca se ensanchaba en una sonrisa.«¿ Sólo te lo preguntaré una vez, eres mi sumisa?»« Sí, señor». Sonreí complacido y por fin mis ojos abandonaron su rostro
para observarla por primera vez como realmente mía. Estaba vestida impolutamente justo como yo se lo había ordenado, pero mi atención rápidamente fue así a sus piernas. Blancas como la nieve, algo regordetas, al mirarlas me imaginaba mis manos abriéndose sobre esos suaves muslos y cerrándose con fuerza. Al ver sus manos desnudas con esas sexys uñas negras me imaginé sujetándolas de las muñecas. mientras se cerraban y abrían agitando los dedos,
al tiempo que ella recibía mis embestidas. La miré a la cara para hablar, pero otra visión me asaltó al ver esos labios tan sensuales que comenzaban estrechos pero que se volvían más gruesos y sensuales en el centro.« Llévame a los baños».« Sí, señor», me pareció notar un asomo de entusiasmo en su voz. En cuanto vi el símbolo de los servicios le susurré a la oreja que entrará al baño de hombres, se metiera en el último cubículo
y me informase si había más gente dentro. Ella me miró y dudó, pero interrumpí sus dudas volviéndole a hablar al oído. Te recompensaré en casa. Nada más acabar la frase se volteó y entró con decisión. No tardé ni un segundo en recibir un mensaje suyo no hay nadie dentro. Entré rápido, Más por la ansía que por el miedo a ser descubierto. Abrí el cubículo y sentada en la taza me esperaba.
Cómo has pasado esta noche? Te noto algo de ojeras. Casi no dormí, señor. Los nervios no me dejaban. Los nervios, eh. Dime, zorra,¿ cuántas
veces te tocaste esta noche? Mucha, señor, respondió. Parecía algo avergonzada.¿ Tantas ganas tenías de mi polla que no podías dejar de pajearte como una mona en celo? Me acerqué así a ella al acabar la pregunta, quedando su cabeza a escasos centímetros de mi cintura. Sí, señor, no podía dejar de pensar en cómo me sometía y follaba a su antojo. Dejó de mirarme a la cara, parecía concentrada en mi paquete, seguramente intentando ver dónde se marcaba mi polla. No llegaba
por poco. Así que sin previo aviso la agarré de la nuca y estampé su cara contra mi entrepierna. La mantuve ahí apretada y enseguida Naud como su boca se movía y atrapaba mi polla con sus labios. Apenas sentí humedad pero si la presión contra mi dura polla y continuando con su cabeza agarrada empecé a restregarle mi polla. Ella también hacía lo que podía moviendo los labios y la lengua intentando abrazar mi falo y darme más placer. Tras un rato la solté, Ella se separó para tomar
una bocanada de aire. Yo ya le notaba las mejillas encendidas pero quería ver su cara transformada en la de una auténtica y babeante zorra. Me desabroché la brajeta y dejé mi pene salir, ella no le quitaba ojo y tenía la boca entreabierta.
Abre la boca puta. Ella obedeció.
Yo me acerqué lentamente mientras notaba su húmeda lengua primero, su cálida boca después. Me recreé en cada centímetro que mi miembro iba desapareciendo tras sus labios. El placer iba en aumento y pronto noté la presión en mi glande y un ruido parecido a una arcada. Ella me miraba con los ojos abiertos y empezaba a babear. Abre más que te la tienes que tragar entera. Has entrenado para esto. Presioné su nuca y continué metiendo mi polla la cual
ya estaba a la mitad. Poco a poco seguí metiéndosela. disfrutando la visión de cómo se cerraba su boca sobre mi falo. Obserdita, que bien me lo voy a pasar con esta boca viciosa tuya. Ella contestó aunque lo único que escuché fue un sonido ahogado. Noté cómo seguía tragando y mi polla se aprisionaba en esa húmeda cueva del placer. Presioné más fuerte hasta que se la hundí completamente y solté un gemido. Aguanté un par de segundos y solté. Ella movió su cabeza para atrás soltando una bocanada de
aire después haber estado aguantando la respiración. Verla con la boca abierta, las mejillas coloradas y babeando me puso aún más y le empecé a restregar mi dura polla contra su cara, alternando con golpes en sus mejillas y labios. Joder qué cerda eres, cómo
me pone tu cara de puta. Ella contestó con gemidos.¿ Te gusta mi polla cerdita?¿ Te gusta que te la
pase por tu cara de puta?— Sí, señor— contestaba ella cuando sus labios dejaban de estar presionados— o estoy deseando volverla a sentir en mi garganta. Su viaje ha sido muy largo y necesitará un desahogo. No la hice esperar. La volví a agarrar de la nuca y empecé a follarle la boca. Pronto los sonidos de su garganta siendo
rellenada inundaron el cubículo. Glub, glub, glub. Yo ya la tenía agarrada con mis dos manos mientras movía mi pelvis de alante hacia atrás, metiéndosela.— Uf, cerdita, cómo te encanta la polla. Te encanta que te la meta hasta la campanilla, ¿eh, zorra?
Ug, ug, glub.—¡ Qué cara de puta joder!
Ella estaba aguantado las arcadas estoica y mente y no había necesitado que se la sacaran ni una sola vez para respirar. Yo venía todo el viaje empalmándome cada vez que pensaba en cómo íbamos a jugar así que estaba a punto.« Es hora de que te ganes lo que estás deseando, cerda».« Sí, amo», contestó cuando le saque la polla. Estaba preciosa, sonriendo con los ojos llorosos y la cara llena de babas. Yo la agarré de las dos muñecas y tiré hacia arriba poniéndola contra la pared de rodillas.
Inmovilizando de forma violenta sus brazos le metí de nuevo la pija hasta el fondo e inicié un salvaje metesaca mientras empezaba a gemir. Hasta ahora me había estado conteniendo pero a las puertas del orgasmo me daba igual que nos escuchasen. Di rienda suelta a mi salvaje lívido y le follé la boca violentamente sin poder pensar en otra cosa que en el placer que estaba sintiendo. Llegó el momento en que noté mi falo a punto de reventar,
el sémense amontonándose y empecé a descargar. El orgasmo fue tan intenso que sentí como el semen salía disparado desde mis huevos hasta la punta del prepucio. Fueron cinco descargas que mi sumisa recibió en plena garganta. Al acabar el indescriptible placer sentí un pequeño dolor de huevos, señal de que me había vaciado por completo. Vístete y vamos a tu casa. Esto no ha hecho más que empezar. Le
dije nada más sacarle la polla de la boca. Ella se recompuso mientras aún tragaba los restos de mi semilla. Tras arreglarnos, ella se tuvo que cambiar la camisa ya que la que llevaba estaba totalmente manchada de flujos debido a la tremenda mamada. Salimos del baño dados de la mano, ambos satisfechos pero aún con muchas ganas sabiendo que apenas
había comenzado la vorágine sexual que deseábamos. Cerdita, te has ganado un premio y le susurré al oído imaginando cómo la iba a hacer gozar en su apartamento.
