Le llevé al médico y le operaron de fimosis. Estuvimos semanas con los cuidados médicos. Venía a mí y me pedía que le curara. Yo ponía la cabeza muy cerca de su pene, quería que sintiese mi aliento allí. Me empapaba completamente. Cogía su pene y le ponía crema, se lo besaba, le tocaba los testículos. Hacía mía toda esa zona. Eres tan bello amor. Tienes un aparato de muy buenas dimensiones. Volverás locas a tu novia. Mi única novia eres tú, mamá. Atrevido.
Y le giraba y le daba dos palmadas en el culo, sin soltar su polla totalmente dura. No sé si estos días vas a poder rozarte, cielo. Me gustaría intentarlo. Y íbamos al sofá o a la cama, en función de la hora que fuese y hacíamos nuestro juego de roces, caricias y besos. Se quejaba y yo le decía pobre Hugo, con cuidado cariño. Esos días tuve que hacérselo con la mano directamente porque lo tenía muy dolorido. No te acostumbres Hugo.
Pero estos días que estás tan malito de allá abajo, voy a hacértelo con la mano para que te duela menos. Gracias mamá. No le digas nunca a nadie que hacemos esto. No está bien. Pero mamá no se me ocurriría decírselo a nadie. Y yo no creo que esté mal. Nos queremos mucho y me ayudas con mis cosas. Te quiero mucho. En alguna ocasión, a la hora de la siesta, le estaba masturbando y me atrevía a besarle el pene y a chupárselo un poco. La saliva es el mejor ayudante
para que la cicatriz se cure, mi amor. Me vuelves loco cuando haces eso, mamá. La mirada que lo cambia todo.
Una
tarde me pidió que posara de nuevo.
Solo de cintura para arriba, mamá. Lo hice. Con el sujetador del bikini. Él
dibujaba. Yo miraba por la ventana. Hasta que sentí su voz, grave, muy cerca.
Te has puesto el sujetador mal. ¿Qué? Te está marcando el pezón
Déjame arreglarlo. Si no, no quedará igual que lo estaba dibujando y me vuelvo loco. Se acercó. Me tocó el tirante. Luego, con el pulgar, me alisó el pezón a través de la tela. Ya está, dijo. Así queda mejor. Yo no pude moverme. No pude hablar. Solo sentí como el placer me bajaba hasta el coño. Mis mejillas se sonrojaron. Gracias, dije, con la voz rota. No me des las gracias, respondió, aún no has visto lo mejor.¿ Qué es amor mío? No te lo puedo decir todavía, no creo que estés preparada.
Era el mundo al revés, yo su madre que justo le doblaba la edad no estaba preparada para entender algo. Me divertía como quería hacerse el interesante. Me llenaba de cariño y ternura. Sacó otro cuaderno. Y dentro había más dibujos míos, de noche, en mi cama, dormida y desnuda. Con las piernas abiertas. Uno incluso mostraba mi clítoris, iluminado por la luna, con las braguitas a un lado, tal vez producto de un descuido tras masturbarme y quedarme dormida. ¿Cuándo?
Las noches que no puedes dormir. Cuando te levantas a
beber agua.
Cuando bailas sola en la cocina. Me espías. Te admiro, corrigió. Eres la mujer más hermosa que he visto. Y no eres solo mi madre. La
pausa se me hizo eterna. Eres mi musa. Suspiré aliviada. Empecé a llorar.
No de vergüenza. De alivio. Porque alguien, después de tantos años, me deseaba, pero ese alguien era mi hijo.¿ Qué te sucede mamá? Negué con la cabeza. Me abrazó y me dio un largo beso en los labios hasta que estuve calmada. Me tomó del culo, lo apretó y me aplastó contra él. Me encantó sentirme como su novia. La noche se transformó en fuego.
Una noche de sábado me dijo. Hoy no voy a dibujar. No. Hoy voy a tocarte. No me moví. No hablé.
Solo asentí. Se acercó, me tomó de la mano, me llevó a su habitación. La pared estaba llena de mis dibujos. Todos prohibidos. Todos
verdaderos. Quítate la ropa, dijo. Obedecí. Él se desnudó
despacio. Cuando se bajó los bóxeres, vi su polla. Dura. Grande.
Apuntándome como una promesa. Mírame, mamá. Lo hice. Y sentí que me mojaba. Ven, dijo. Acuéstate aquí. Me tumbó en su
cama. Encendió una vela. Y empezó a dibujarme con los dedos. Pasó por mis pechos. Luego por el vientre. Luego entre las piernas. Ya tengo 18 años. Me siento mayor y no te voy a llamar más madre.¿ Te parece bien Alba?
Me parece bien hijo. Mejor llámame Hugo. De acuerdo, así lo haré, Hugo
Observaba su cuerpo desnudo, mi cuerpo desnudo. Me excitaba terriblemente. Su permanente erección, a la que ya me había acostumbrado. No dejaba de dibujarme con su dedo. Me estaba excitando demasiado. Siempre estás así, Hugo. Es tremenda la erección que tienes.
Tú eres la culpable, Alba. Me ruboricé.
Quiero que seas mi mujer. Estoy preparado y quiero saber si tú también lo estás. Me sorprendieron esas palabras, pero las acepté. Yo había creado las reglas y él simplemente daba un pasito más. Tiró el dado y salió seis.¿ Qué quieres decir, Hugo? Lo sabes perfectamente, Alba. No te hagas la tontita. Mira cómo estoy permanentemente a tu lado. Tengo una energía sexual bestial y no me gusta masturbarme más que rozándote en el sofá. Pero ya no quiero
masturbarme más. Quiero hacerte el amor mucho, cada día, amor mío. Siguió dibujándome y llegó a mi vagina depilada. Tocó mi clítoris y di un respingo. Bajó, separó mis labios y tocó por dentro.
Estás empapada, dijo. Por ti, respondí. Siempre por ti. Me abrió las piernas. Me miró el coño. Tan pequeño. Tan perfecto. Y entonces, me lamió. Grité.
No pude evitarlo. Su lengua era torpe, pero parecía haber ensayado mil veces en sueños.
Hugo, por favor. ¿Qué, mamá? Me vuelves loca con eso que me haces. Quiero que te corras en mi boca
Y lo hizo. Me comió como si fuera su último alimento. Con dedos dentro, lengua en el clítoris, labios apretando. Hasta que grité su nombre y me corrí con un espasmo que me dobló las rodillas. Me dejó descansar. Lágrimas brotaban y resbalaban por mis mejillas intensamente rojas. Entonces se puso un preservativo. Se subió encima.
Mírame, dijo, no dejes de mirarme, Alba. Lo hice. Y me penetró. Lento y profundo, como si estuviera entrando en un
templo. En su templo. Sentí como su polla se abría paso entre mis pliegues, caliente, palpitante, como si ya conociera el camino. Eres mía, Alba, dijo. Desde siempre. He deseado por años este momento, mi amor. En ese momento sentí que dejaba de ser su madre y pasaba a ser su mujer. Un clic en mi interior se produjo. Era feliz.
Sí, gemí. Desde siempre. Dilo. Soy tuya, Hugo. Solo tuya. Y tú eres mi mujer. Sí. no mi madre.¿ Quién eres Alba?
Soy tu mujer Hugo. Debes follarme siempre. Soy tu mujer y te pertenezco, debes hacerme sentir tuya. Y así hicimos el amor por primera vez, con la luna observándonos y los dibujos como espejos que mostraban una y mil veces mi cuerpo desnudo. El pecado testigo del pecado. Puedes correrte dentro, tengo un DIU que evita quedarme embarazada. Quiero sentir tu boca, Alba, como cuando me curabas la fimosis. Le tomé la polla, le acaricié los testículos y le hice un francés muy lento,
para volverle loco. Mirándole a los ojos con mucho morbo y pasión. Eres increíble, Alba.
Qué bien que lo haces.¿ Ya te la han chupado? Algunas amigas, pero son muy torpes.
Avísame cuando te corras, Hugo. Así estuve más de media hora. Si veía que se iba a correr paraba y le besaba en los testículos, luego le daba un morreo y seguía. Hasta que por fin se corrió.
Ya llegó Alba. La quiero toda en mi boquita.
Me la beberé siempre, mi amor. Recibir la leche de un macho de 18 años no es fácil. Seó muy rápida y en una cantidad de locura. Puse mis manos bajo mi barbilla para recoger todo lo que no podía beber. Al acabar me puse cerca de su cara y le mostré cómo me comía la leche que había salido de su boca. Eres tremendamente sexual y morbosa, Alba. Soy un gran privilegiado de tenerte cada día a mi lado. No sabes cómo valoro lo que estamos viviendo. Gracias, amor mío.
Me alegra que seas tan maduro para entenderlo todo. Descansamos un rato. Enseguida estuvo preparado de nuevo.¿ Ya estás otra vez con la polla durísima? Me vuelves loco, Alba. Quiero que me la chupes un buen rato y quiero hacértelo por detrás. No, por detrás no, que me harás daño. Está bien entonces tendré que buscarme una novia, no te preocupes. Qué malo eres. Nada de novias, estoy aquí para complacerte siempre y en todo. Así me gusta que me obedezcas y hagas todo lo que te pida. Quiero que te
vayas acostumbrando. Te voy a tratar más duro. Me excita mucho. Mi niño se ha transformado en todo un hombre y sabe lo que quiere.¿ Es eso? Así es Alba, me has enseñado muy bien y te estoy muy agradecido. Ahora va a empezar una nueva vida entre los dos. Voy a sodomizarte ahora mismo. Saqué un aceite especial de coco y almendra que me ponía en mis zonas íntimas y le mojé toda su polla y sus huevos. Con la excusa de ponerle aceite le hice una paja tremenda. Finalmente
me apliqué en mi culo. Ten cuidado, no seas bruto. No lo he hecho nunca por ahí. Hugo fue penetrándome mi culito sin piedad. Con más rapidez de la que yo hubiese querido, pero lo cierto es que no hubo dificultad y entró muy bien. Tal era el grado de excitación en el que yo me encontraba. Quiero que muevas el culito, Alba, que seas mi zorrita. Me encantó que me tratara así. Me excitaba mucho y lo deseaba. Gracias Dios.
Soy tu
zorrita Hugo? Me cogió fuerte de mi cara y mi cuello. Sí Alba, eres mi puta y cada día te voy a follar un montón de veces. Te voy a hacer todo lo que quiera y siempre vas a decir que sí. Y me abofeteó. Yo le miraba con cara de asustada. Me cogió del cuello y puso su boca encima de la mía. Me tiró saliva y abrí la boca y la acepté de buen grado. Finalmente se corrió. Era una locura. Le limpié para no manchar las sábanas y nos duchamos juntos. Lo que ahora soy. No duermo en mi cama. Duermo
en la suya. Él me pinta cada día, a veces desnuda, a veces follando, a veces llorando de placer. Ya no soy la viuda de un camionero. Ni la ganadora de la lotería. Ni siquiera la madre de Hugo. Soy su modelo, su musa, su puta. Y cada vez que me llama Alba en vez de mamá, siento que por fin soy yo.
