Mi esposo hace lo que sea para poder seguir folland0me el cul0 p2 - podcast episode cover

Mi esposo hace lo que sea para poder seguir folland0me el cul0 p2

Oct 16, 20259 minSeason 2Ep. 2096
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Speaker 2

Como ya se estaba haciendo costumbre, el dron hipnotizado que era Samantha en ese momento se limitó a asentir. Cerró la boca y Rubén pudo ver el movimiento de garganta que indicaba que la chica se había tragado el contenido, sin siquiera parpadear o mostrar algo de asco.« Muéstrame», ordenó Rubén y tras asentir de nueva cuenta, Samantha cumplió la orden abriendo la boca y mostrando que todo el semen

que segundos antes el muchacho había visto ahí ya no estaba. Entonces, una sonrisa malévola se dibujó en los labios de Rubén. Ahora seguía un nuevo proceso. Lo que se suponía debía pasar a continuación, igual podría ser algo muy fantasioso, pero en vista de que hasta el momento todo había ido conforme a lo que ese tipo Max le había dicho que iba a ocurrir, no tenía la menor duda de qué pasaría. Y pasó. La tiara en la cabeza de

Samantha brilló y ésta abrió grandes los ojos. Acto seguido, dejó caer su cabeza sobre su pecho y se quedó inerte por unos momentos. Según la explicación de Max, Rubén sabía lo que estaba pasando, ahora que Samantha se había tragado su semen. Lo que la magia de la tiara estaba haciendo era vincular el ADN de Rubén con la voluntad de Samantha para así someterla completamente a su voluntad. La tiara dejó de brillar y Samantha pudo levantar la cabeza.

Se veía un poco confundida y entonces enfocó su mirada hacia Rubén. El hecho de que la chica no se mostrara histérica, ya fuera porque siguiera enojada por la situación de esa mañana o porque estaba de rodillas frente a él, desnuda y con la cara cubierta de semana, le demostraba al chico que todo iba a pedir de boca. Solo faltaba cerrar el trato.« Dime, Samantha,¿ cómo te sientes?», preguntó.

Por toda respuesta, Samantha sonrió y dijo de la forma más dulce que le permitió su garganta irritada por el gusto asémen en ella.« Me encuentro maravillosamente, amo». La sonrisa malévola de Rubén se ensanchó todavía más. Samantha ahora era su devota esclava, por lo que ahora seguía la fase 3 de ese siniestro plan, disfrutar. Así de rodillas, desnuda y con la cara llena de semen, Samantha miraba con devoción

a Rubén. No le importaba nada, ni estar en esa situación tan denigrante como si fuera una puta barata, ni el coraje que le traía a ese chico por el descubrimiento de esa mañana. En ese momento, a Samantha lo único que le importaba es que estaba enfrente del hombre más importante de su vida, su dueño, su amo, su prácticamente Dios. Dado que Rubén no decía nada, sintió que era ella la que tenía que dar el primer paso.—¿

Desea algo, mi amo? La sonrisa de Rubén siguió creciendo así como lo hacía su pene luego de esa buena corrida. Él sabía exactamente lo que deseaba, ya que uno no controla mentalmente a una mujer para ponerla a lavar platos. Súbete a la cama con las piernas abiertas, y mientras me termino de desvestir, quiero que te masturbes para mi placer.

Si me amo, respondió Samantha con una sonrisa. Rubén tuvo que aceptar que le había gustado más tenerla como un dron obediente, pero la faceta de esclava sexual sumisa y obediente tenía su encanto. Antes de ponerse de pie, Samantha buscó el primer pedazo de tela que encontró para limpiarse el semen, dando con sus bragas. El acto de verla limpiarse la cara y las tetas de semen con sus propios calzones olorosos era un acto demasiado erótico que terminó

de volver a poner duro a Rubén. Una vez limpia, la chica se trepó a su cama mientras que Rubén se hacía a un lado para darle espacio y proceder ahora él a quitarse la ropa, y mientras lo hacía con la visión de Samantha acostada en la cama, con las piernas abiertas, pasando sus dedos por su lengua para luego estos, llevarlos a su coño peludo y empezar a darse placer en lo que esperaba que su hombre estuviera listo.

Dicha escena hizo que Rubén casi se arrancara la ropa y una vez tan desnudo como ella, se subió a la cama y se subió sobre ella para comenzar a besarla con pasión no solo en los labios, sino por la cara, el cuelo, el pecho, mientras que su pene erecto, por puro instinto, encontraba a su compañero del sexo opuesto para igualmente darle unos pequeños besos a esos labios calientes y después, por puro instinto primitivo de hombre, comenzar a

introducirse en ellos. Samantha sintió como su amo se introdujo todo en ella y al sentirlo en su interior, lo abrazó para no dejarlo ir. Este comprendió la señal y empezó a embestirla para comenzar el baile del metesaque, con tal fuerza y pasión, que a Samantha no le quedó de otra más que empezar a bramar por el placer que le provocaba el acto. Rubén detuvo el acto para acomodarse y pasar a otro acto. Llevó su boca hasta

los pezones de la chica. Primero los besó, luego los lamió, se los introdujo en la boca para empezar a succionarlos hasta ponerlos todavía más duros lo que ya estaban y después, empezó a mordisquearlos como si fueran pequeñas gomas de borrar. El acto le causó dolor a Samantha, pero era un dolor placentero que no hizo más que subir su calentura y le hizo desear sentir más placer ahí donde de

verdad importaba. Así que enredó sus piernas alrededor del tórax de su amo y empezó a empujar, para indicarle silenciosamente que quería seguir siendo follada. Rubén entendió la señal, pero quería un cambio de aires. Se salió de ella y de inmediato notó la decepción en el rostro de la chica, pero eso cambió cuando le dijo. Ponte en cuatro. La

sonrisa regresó al rostro de Samantha. Si amo, dijo con cachondez y se apuró a adoptar la posición que le habían ordenado, poniendo además como plus tratando de levantar bien el culo y bajar el pecho, para que sus orificios estuvieran disponibles para el amo. Sin ninguna clase de parsimonia, Rubén tomó su polla y la introdujo de lleno en la chica para ahora seguir follándola, esta vez de perrito.

la tomó de la cadera para mejor agarre y de tanto en tanto le abofeteaba las nalgas, lo que aumentaba la banda sonora de la habitación con sus gemidos mezclados con el rechinar de la cama. Pronto, un nuevo orgasmo empezó a construirse en Rubén, esta vez coordinado con uno que Samantha estaba haciendo y pronto llegó, los dos se corrieron. La pelvis de Samantha vibró, mientras que Rubén llenó con

una nueva carga de semen el útero de la chica. Agotados, los dos cayeron en la cama, con Rubén encima de Samantha, mientras éste empezaba a besarle la cabeza y a acariciarle el cabello. Samantha se encontraba en el baño de la casa. Luego de toda la faena sexual, el cuidado era necesario y necesitaba tomarse una pastilla del día siguiente. Quería tener los hijos de su amo, pero no todavía, no quería

que un hijo le quitara la diversión. Así desnuda como estaba y ya habiéndose tomado la pastilla, salió del baño y regresó a su habitación donde le esperaba su amo, pero antes de llegar a la puerta de la habitación, escuchó que éste hablaba con alguien. Sí, estuvo maravilloso, muchas gracias. Sí, sí, lo recuerdo. Descuida, cumpliré lo que prometí. Samantha entró a la habitación y preguntó.¿ Con quién hablabas? con nadie que

te importe», respondió Rubén. En otras circunstancias esa respuesta tan en mal plan hubiera bastado para volver a encender las hostilidades ahora que un rico sexo de reconciliación se había llevado a cabo. Pero ahora que Samantha tenía el cerebro lavado gracias a la tiara, Rubén tenía razón. Los asuntos de su amo no eran asunto de una miserable esclava como ella. A ella solo debía importarle servirlo, por lo que,¿ Desea que le traiga algo de beber, amo? Papá dejó

algunas cervezas en el refrigerador. Si tienes un jugo, estaría mejor, respondió Rubén. El pedido sorprendió a Samantha. Rubén no era alcohólico, pero rara vez le decía que no a una cerveza. Aún así, ella solo debía limitarse a obedecer. Si me amo, tengo un jugo. Ya se lo traigo. y se dio media vuelta para ir por él, mientras que Rubén admiraba ese culo moverse fuera de la recámara.

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