Mi Cuerpo Traiciona - podcast episode cover

Mi Cuerpo Traiciona

Mar 20, 202630 minSeason 3Ep. 85
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Summary

El episodio narra un día turbulento en la vida de Joel, quien primero se enfrenta a la resaca emocional de un encuentro nocturno y luego es seducido por una clienta en su oficina. Poco después, recibe una llamada desesperada de su examante, Liliana, que ha sido golpeada. Joel la lleva a su departamento, donde la pasión se desata en un encuentro íntimo y visceral, marcado por la vulnerabilidad y la búsqueda de olvido en medio del dolor.

Episode description

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Transcript

El Incidente Matutino y la Despedida

Speaker 2

Se sentó de golpe, cubriéndose instintivamente los pechos con la sábana, el rostro pasando del sueño a la palidez absoluta en menos de un segundo.« Marcos», susurró, la voz quebrada. Marcos empujó la puerta con fuerza y, apenas atravesó el umbral, cayó pesadamente al suelo. El golpe resonó en la habitación como un saco de papas cayendo desde un camión. Nadie habló durante varios segundos eternos. Sólo se escuchaba la respiración

agitada de los tres. Estefanía se levantó de la cama con las piernas temblorosas y la sábana enrollada torpemente alrededor del cuerpo como una toga improvisada. Se acercó a él con pánico en los ojos. Marcos yacía de lado, respirando con ronquidos entrecortados. Tenía el cabello encrespado y grasiento, mechones pegados a la frente por sudor y algo más oscuro. El olor llegó hasta ella antes de que siquiera lo tocara, un tufo denso, nauseabundo, mezcla de alcohol, orines y vómito viejo.

Estefanía dio un suspiro largo, entre alivio y asco, y se dejó caer sentada en el borde del sillón más cercano. Joel seguía inmóvil, recargado contra la pared del pasillo. No sabía si entrar, salir o simplemente desaparecer.« Es, está ebrio», dijo Estefanía en voz baja. casi para sí misma. Marcos no soporta el alcohol. Se desconecta por completo. Cuando despierte con la resaca no recordará nada. O si recuerda algo, para él será como un sueño gorroso. Levantó la vista

hacia Joe. Tienes que irte ya. Yo me encargo de él. Lo limpiaré y le pediré un Uber para que se vaya a casa cuando despierte.

Speaker 3

No puede verte aquí.¿ Estás segura?

Speaker 2

preguntó al fin,

Speaker 3

la voz ronca por el sueño y la tensión. Si se despierta y te ve así. No lo hará. Confía en mí. He lidiado con

Speaker 2

esto antes. Estefanía se puso de pie otra vez, ajustándose la sábana. Vete por la escalera de servicio, no por el elevador. Y no me escribas nada hasta que yo te diga. Por favor. Joel dudó un segundo más mirando el cuerpo de Marcos y, en ese preciso instante, el carrito del servicio a la habitación apareció rodando por el corredor con un suave traqueteo de ruedas. Servicio a la habitación para, empezó a decir, mirando la tarjeta en su mano,

tres personas. Se detuvo en seco al ver la escena, Joel semidesnudo en el umbral, Estefanía envuelta solo en una sábana blanca, y en el suelo, tirado como un trapo sucio, un hombre descompuesto que olía a bar de mala muerte.

Speaker 3

Está, está vivo?— preguntó en voz baja empujando el carrito.— Sí.— contestaron los dos al unísono.

El Plan de Joel y la Visita Inesperada

Speaker 2

Ya en la oficina, casi a mediodía, el sol entraba a raudales por las persianas entreabiertas y pintaba rayas doradas sobre el escritorio de Joe. El aire acondicionado zumbaba bajo, constante. como un latido artificial que no lograba calmar el nudo que todavía le apretaba el estómago desde la mañana. Se había pasado las últimas horas fingiendo trabajar, revisando correos sin leerlos, moviendo el mouse sin propósito, mirando la pantalla sin ver nada.

Cada tanto, el recuerdo de Marcos tirado en el suelo del hotel volvía como un flash. El olor a alcohol y orina, los ronquidos, la sábana resbalando del cuerpo desnudo de Estefanía. Todo se sentía irreal. como si hubiera vivido la noche en una película de bajo presupuesto. Y entonces lo vio claro, tenía unas bajo la manga. Lo había preparado desde hacía meses, cuando el fanatismo de Marcos empezó a olerle raro, como si el tipo estuviera jugando a

dos bandas. No le cuadraba nada. Así que había contactado a alguien. Un favor discreto a un viejo conocido, quiero saber todo de todos. especialmente quien carajos es realmente Marcos y con quien se junta cuando cree que nadie lo ve, le había dicho. El contacto nunca le había devuelto la llamada. Joe estiró la mano hacia el teléfono fijo, el pulso acelerado. Tenía que marcar ese número. Tenía que saber qué mierda estaba pasando antes de que todo se le viniera encima

de nuevo. Pero antes de que sus dedos tocaran el auricular, la puerta se abrió sin previo aviso.« Licenciado», dijo la secretaria asomando solo la cabeza, con esa voz profesional que siempre usaba cuando traía problemas.« La señora Valeria Ruiz». Insistió en verlo hoy sin cita. Joe levantó la vista del expediente que tenía abierto. Y entonces entró ella. Valeria Ruiz tenía unos 43 años que llevaba con la arrogancia de quien

sabe que el tiempo le ha hecho favores. El maquillaje era impecable, labios rojo vino, párpados ahumados, pestañas postizas que proyectaban sombras sobre sus pómulos altos. Una gorra blanca de diseñador le cubría el cabello recogido en una coleta alta. Llevaba un top negro ajustado que apenas contenía unos pechos operados, redondos y firmes, y unas leggings grises que se pegaban a sus piernas como una segunda piel. El culo era una obra de arte, alto, redondo, con esa curva imposible

que solo consigue el bisturí y horas de squat. Caminaba como si el despacho fuera una pasarela de Milán, tacones altos resonando contra el piso de madera. Joel sintió que se le secaba la garganta. Se levantó despacio, rodeó el escritorio y le tendió la mano.

Speaker 3

Joel Vargas. Siéntese, por favor. Ella

Speaker 2

no se sentó. Se quedó de pie frente a él, apoyando una cadera contra el borde del escritorio. Olía a perfume caro y a algo más animal. Es un caso complicado, dijo ella sin preámbulos. Terrenos en la zona de punta banda. Mi tío murió sin testamento y mis primos quieren quedarse con todo. Esos terrenos valen más de 40 millones ahora. Quiero lo que me corresponde y lo quiero todo.

Speaker 3

Joel se humedeció los labios. Ya estaba calculando.

Speaker 2

Mi anticipo es de 250 mil pesos. Luego el 15% de lo que recupere. Si

Speaker 3

ganamos, claro. Valeria lo miró fijamente. Sus ojos verdes tenían un brillo peligroso

Speaker 2

No tengo esa cantidad ahora, ronroneó, bajando la voz hasta convertirla en un susurro húmedo. Pero podemos arreglarnos de otra forma.

Un Acuerdo Comercial Atrevido

el aire del despacho se volvió denso. Joe sintió como la sangre se le concentraba entre las piernas.

Speaker 3

Qué propone exactamente, señora Ruiz? Ella sonrió. Una sonrisa lenta,

Speaker 2

depredadora. Se quitó la gorra y la dejó caer al suelo. Luego, sin decir una palabra más, se arrodilló frente a él con la elegancia de quien ha hecho esto muchas veces. Sus manos subieron por los muslos de Joe, desabrocharon el cinturón, bajaron la cremallera. Sacó su polla ya medio dura y la miró como si fuera un trofeo.« Dios, qué rica la tienes», murmuró antes de abrir la boca. La felación

fue lenta al principio, casi irreverente. Sus labios pintados de rojo envolvieron el glande, la lengua caliente y plana lamiendo la parte inferior mientras sus ojos lo miraban desde abajo. Joe soltó un gemido ronco y apoyó una mano en su cabeza. Valeria tragó más profundo, hasta que la punta tocó el fondo de su garganta. Empezó a mover la cabeza con ritmo, succionando con fuerza, dejando hilos de saliva brillante que bajaban por el tronco. Cada vez que subía,

su lengua giraba alrededor del frenillo. Cada vez que bajaba, se la metía hasta la base, nariz pegada al vientre de Joel.—¡ Joder!— así gruñó él, apretando los dedos en su cabello Valeria aceleró. El sonido húmedo y obsceno llenaba el despacho, glup, glup, glup. Sus pechos rebotaban dentro del top con cada movimiento. Joel sintió que las bolas se le tensaban. La tomó del pelo con más fuerza y empezó a follarle la boca.

Empujones cortos y fuertes al principio, luego más largos, hasta que ella tuvo arcadas y lágrimas de rimel le corrieron por las mejillas. pero no se apartó. Al contrario, lo miró con desafío y abrió más la garganta.

Speaker 3

Joel la sacó de golpe, jadeando.—¡ Levántate! Valeria se puso de pie

Speaker 2

labios hinchados y brillantes. Joel la giró con violencia y la empujó contra el escritorio. Le bajó las leggings de un tirón junto con la tanga negra. El culo quedó expuesto, perfecto, dos globos redondos y firmes con un tatuaje pequeño en la nalga izquierda, una corona diminuta.

Speaker 3

Qué puta vista!— masculló él. Le dio la primera nalgada.—¡ Fuerte! El

Speaker 2

sonido resonó como un disparo. Valeria gimió y arqueó la espalda. La segunda fue aún más fuerte. La piel se puso roja al instante. Joe separó las nalgas con las manos y escopió directamente sobre su ano. Luego metió dos dedos en su coño sin aviso.

Speaker 3

Estaba empapada.— Estás chorreando, Valeria.— Fóllame ya, ordenó ella, voz ronca.

Speaker 2

Joel no se hizo rogar. Apuntó su polla gruesa y la metió de un solo golpe hasta el fondo. Valeria soltó un grito ahogado y se aferró al borde del escritorio. Él empezó a embestir con furia, golpes profundos, rápidos, brutales. Cada vez que entraba, sus huevos golpeaban el clítoris de ella. El escritorio se movía con cada

Speaker 3

embestida.« Más fuerte, más fuerte, carajo», exigió Valeria.

Speaker 2

Joe la tomó del pelo, tirando su cabeza hacia atrás como si fuera riendas. Con la otra mano no dejó de azotarla. Nalgada tras nalgada, cada vez más fuerte, mientras su polla entraba y salía sin piedad. El coño de Valeria hacía sonidos mojados, obscenos. Ella empujaba hacia atrás, pidiendo más. Joe la levantó, la giró y la sentó sobre el escritorio. Le abrió las piernas al máximo y volvió a entrar. Esta vez cara a cara. La besó con violencia, mordiéndole

el labio inferior mientras la follaba. Sus pechos saltaban dentro del top Él lo bajó de un tirón y se metió un pezón en la boca, chupando fuerte, mordiendo. Valeria gritaba sin control.« Quiero que te corras en mi boca otra vez», jadeó ella entre embestida y embestida. Joel la bajó al suelo. Valeria se arrodilló otra vez, abrió la boca y sacó la lengua. Él se masturbó rápido, apuntando. El primer chorro salió potente y cayó directamente en su lengua.

El segundo le llenó la mejilla izquierda. El tercero le salpicó los labios y el mentón. Valeria tragó lo que pudo, lamiendo el resto con avidez. Quedaron los dos jadeando. Ella sentada en el piso, maquillaje corrido, le guinza alrededor de los tobillos, semen en la cara. Yo apoyado contra el escritorio, polla a un semierecta brillando. Valeria se limpió la comisura de los labios con el dedo y se lo chupó. Entonces,¿ aceptas

Speaker 3

el arreglo, licenciado? Joe sonrió con la respiración aún agitada. Trato hecho. Pero esto solo

Speaker 2

cubre el anticipo. El 15% lo negociamos en

La Llamada de Auxilio de Liliana

Speaker 3

la siguiente sesión. Ella soltó una risa baja y satisfecha.

Speaker 2

Cuando quieras. Joe se despidió de la clienta con la misma sonrisa profesional de siempre, un beso rápido en la mejilla, un nos vemos pronto que no significaba nada y la puerta de su oficina cerrándose detrás de ella con un clic suave. La estancia aún olía a su perfume caro. Se quedó un segundo mirando el escritorio desechó con el aire acondicionado zumbando como un insecto moribundo y sintió el vacío habitual después del sexo pagado, nada, solo cansancio en

los músculos y un leve ardor en la polla. Cuando entró al baño privado, su refugio personal escuchó vibrar el celular sobre el lavamanos de mármol. Lo tomó casi por inercia. La pantalla se iluminó, Liliana. Mensaje de voz. Joe suspiró con hastío, el dedo flotando sobre reproducir. La voz salió rota, entrecortada, como si hubiera estado llorando mucho rato. Joe, por favor. Carlos, me pegó, me dejó tirada en la calle, no sé qué hacer, tengo miedo, estoy en la esquina de Reforma

y Juárez, por favor ven. No terminó de escuchar. El corazón le dio un vuelco seco. Bajó las escaleras de dos en dos, el eco resonando en el pasillo vacío del edificio. En el auto marcó su número mientras encendía el motor. Ella contestó al segundo tono.¿ Dónde estás exactamente? Preguntó él, voz tensa, acelerando por la avenida principal. Reforma, frente a la farmacia, la de la esquina.

Speaker 3

Joel, tengo miedo, creo que me está buscando. Quédate ahí. No te muevas. Llego en cinco minutos.

Speaker 2

Pisó el acelerador. Las luces de la ciudad empezaban a encenderse, el cielo se temía de un morado sucio. Llegó derrapando un poco, frenó en doble fila y bajó de un salto. Liliana estaba sentada en la banqueta, abrazándose las rodillas. La luz del farol le pegaba de lleno en la cara, mejilla hinchada y rojiza, un moretón que ya empezaba a oscurecerse, el labio inferior hinchado y sangrando un poco por dentro. Tenía los ojos rojos, el rímel corrido en surcos negros.

Speaker 3

Joe se acercó rápido, se acuclilló frente a ella.—¿ Qué te hizo? Ella levantó la cara despacio, como si le doliera hasta mover el cuello.

Speaker 2

Un manotazo, solo uno, me dio en la cara y el labio se me abrió contra el vidrio de la ventanilla. Dijo que ya estaba harto de mis mentiras, que sabía que andaba con alguien, tragó saliva, la voz temblorosa. Me bajó del auto en marcha casi, me dejó aquí. Joe apretó la mandíbula. Sintió

Speaker 3

una rabia sorda subiéndole por el pecho, pero la contuvo.—¿ Quieres ir a un hospital?— No, no quiero que me vean así, no quiero preguntas.—¿ Y a tu casa? Liliana negó con la cabeza, rápido, asustada.— No, me va a buscar ahí, miró

Speaker 2

hacia los lados, paranoica. Joe soltó el aire por la nariz, un suspiro cargado de desdén y resignación. Sabía que esto era una pésima idea. Sabía que meterla en su espacio personal era cruzar una línea que ya había cruzado demasiadas veces. Pero verla así, temblando, golpeada, con esa mezcla de miedo y vulnerabilidad que siempre lo desarmaba, no le dejaba opción.

Speaker 3

Sube al auto», dijo seco.«¿ A dónde vamos?» al único lugar donde no te va a buscar.

Speaker 2

Liliana se levantó con cuidado, como si cada movimiento le doliera en las costillas. Entró al asiento del copiloto y se hundió en el respaldo, pálida, sobándose el labio inferior herido. No dijo nada más hasta que llegaron al departamento de Joe.

Consuelo, Seducción y Moratones

Joe cerró la puerta del departamento con doble vuelta, el clic metálico resonando en el silencio pesado de la noche que ya se había instalado afuera. Liliana se quedó parada en medio del pasillo, la mochila aún colgando de un hombro, el cuerpo rígido como si temiera desarmarse si se movía demasiado. De pronto, sin decir nada, dio dos pasos hacia él y lo abrazó con fuerza, los brazos rodeándole la cintura,

la cara pegada contra su cuello. Joel sintió el temblor de ella contra su pecho, no era solo frío o miedo, era algo más profundo, un estremecimiento que subía desde el centro de su cuerpo. La tela de su blusa estaba húmeda en la espalda, sudor, lágrimas, o las dos cosas. Sus labios rozaron la piel de su cuello al hablar, la voz ronca y quebrada. Gracias, gracias por venir, no sabía a quién más llamar. Los besos empezaron casi sin que él lo notara, pequeños roces suaves al principio, apenas

labios contra la piel caliente bajo la oreja. Luego más firmes, más hambrientos. La lengua de Liliana trazó una línea lenta hacia la clavícula, y Joel sintió la electricidad recorrerle la columna, el pulso acelerándose en la garganta. Cerró los ojos un segundo, inhalando su olor, mezcla de perfume barato, sudor y algo metálico que era la sangre seca del labio partido. Con un suspiro largo, cargado de conflicto, puso las manos en los hombros de ella y la separó con delicadeza, pero

con firmeza. No,

Speaker 3

Liliana. No estás en condiciones. No es el momento.

Speaker 2

Ella levantó la cara. Los ojos le brillaron, pero no era deseo puro lo que había ahí, era gratitud cruda, vulnerabilidad y algo más oscuro que Joel no quiso nombrar. Los labios temblorosos se curvaron en una sonrisa

Speaker 3

pequeña, dolorida. Está bien, susurró. Se inclinó

Speaker 2

y le dio un beso suave en la mejilla, el roce apenas perceptible sobre la barba incipiente. Luego se dio la vuelta y caminó hacia el baño al fondo del pasillo. No cerró la puerta. Joe se quedó ahí, respirando profundo, intentando calmar el latido acelerado en la entrepierna que ya empezaba a traicionarlo. Desde el umbral vio cómo ella se detenía bajo la luz fría del baño, cómo se quitaba

la blusa despacio, casi posando. La tela cayó al suelo revelando la piel pálida salpicada de moretones, uno grande y oscuro en las costillas derechas, otro más pequeño pero reciente en el flanco izquierdo, marcas rojizas en forma de dedos en el brazo superior. Se bajó los shorts con movimientos lentos, deliberados, arqueando apenas la espalda para que la curva de su culo quedara expuesta un segundo más de lo necesario. No llevaba ropa interior. El cuerpo desnudo quedó a la vista.

tetas firmes con pezones endurecidos por el cambio de temperatura, cintura estrecha, caderas anchas y esas manchas violáceas que contrastaban cruelmente con la piel suave. Se giró un instante hacia la puerta abierta, lo miró directo a los ojos, una mirada que era desafío y súplica al mismo tiempo, y luego entró en la bañera. Corrió la cortina de plástico transparente, pero no del todo, quedaba una rendija por donde el

Escape en la Ducha de Vapor

vapor empezaba a escapar. Joe maldijo en voz baja. Se quitó la camisa con un movimiento brusco, los botones saltando uno. Los zapatos, los pantalones, todo quedó tirado en el pasillo. Entró al baño. El vapor lo envolvió como una nube caliente. Liliana estaba bajo el chorro, el agua cayendo en cascada sobre su cuerpo. El pelo mojado pegado a la espalda, los riachuelos resbalando por las tetas firmes, dibujando caminos entre los pezones oscuros, bajando por la cintura estrecha, perdiéndose entre

las curvas del culo redondo. Se giró al oírlo entrar y sonrió, triunfante, a pesar del labio hinchado y el moretón que empezaba a ponerse morado en la mejilla. Joel se desnudó en segundos, la erección ya dura y pesada contra el abdomen. Entró a la ducha, el agua caliente golpeándole la piel. La tomó de la nuca con fuerza, los dedos enredándose en el pelo mojado, y la besó con violencia, metiendo la lengua hasta el fondo de su boca. Liliana gimió contra sus labios, un sonido ahogado que vibró

en el pecho de él. El beso sabía a sal, a sangre leve del labio partido, a desesperación. La levantó contra la pared fría de azulejos. Ella soltó un pequeño quejido cuando la espalda golpeó, los moretones en las costillas protestaron. pero no se quejó. Al contrario, abrió las piernas por instinto, enredándolas alrededor de la cintura de Joe. Él le separó los muslos con la rodilla y la penetró de golpe,

de frente, sin preámbulos. Estaba empapada, no solo por el agua, caliente, resbaladiza, apretada. El sonido húmedo de la penetración se mezcló con el ruido constante de la ducha. Joe la follaba con embestidas brutales. profundas, cada una arrancándole un grito ahogado que se convertía en gemido cuando él se retiraba casi por completo y volvía a entrar hasta el fondo. Sus manos le apretaban las nalgas con tanta fuerza que los dedos se hundían en

la carne, dejando marcas blancas que luego se enrojecerían. El agua caliente caía entre ellos, mezclándose con el sudor y los jugos de Liliana que chorreaban por los muslos de él. Más duro, suplicó ella, clavándole las uñas en la espalda, arañando líneas rojas que ardían bajo el chorro.« Por favor, hazme olvidar». Joel obedeció. La volteó sin salir de su interior, ahora de espaldas, el pecho de ella aplastado contra los azulejos fríos. La penetró otra vez, más profundo, más salvaje.

Una mano en su cabello mojado tirando la cabeza hacia atrás, exponiendo el cuello, la otra entre sus piernas, frotando el clítoris hinchado con círculos rápidos y duros. Liliana gritaba, temblaba, sus paredes internas contrayéndose alrededor de la polla gruesa de Joe cada vez que él tocaba fondo. El dolor de los golpes se mezclaba con el placer. Cada embestida hacía que los moretones en las costillas dolieran, pero ella arqueaba la espalda más, pidiendo más. Salieron de la ducha sin secarse,

el agua goteando por sus cuerpos. Joe la cargó hasta la cama y Ella soltó un gemido bajo cuando la levantó, las costillas protestando, y la tiró boca arriba sobre las sábanas negras. Liliana se subió encima de inmediato, lo montó con desesperación. Sus tetas rebotaban con cada bajada, los pezones rozando el pecho de él. Joel la sujetaba de las caderas, guiándola, empujándola más fuerte hacia abajo. El sonido de piel contra piel, los gemidos ahogados, el olor a sexo y a jabón

barato llenaban la habitación.—¡ Joder! Liliana, gruñó él, sintiendo el orgasmo acercarse como una ola. Ella se inclinó hacia adelante, mordiéndole el hombro con fuerza, dejándole marcas de dientes, y aceleró el ritmo hasta que ambos explotaron casi al mismo tiempo. Joe se corrió dentro de ella con un rugido gutural,

chorros calientes y espesos que la llenaron por completo. Liliana se estremeció violentamente, gritando su nombre mientras su orgasmo la atravesaba como una descarga eléctrica, sus jugos empapando el vientre

La Noche Inolvidable y sus Consecuencias

y los muslos de Joe. Pero él no paró. La inmovilizó contra el colchón con el peso de su cuerpo. Liliana arqueaba la espalda, los pechos presionados contra el torso de él, gimiendo largo y entrecortado cada vez que Joe volvía a entrar. Empezó a moverse con ritmo controlado al principio, las caderas chocando suavemente, luego más rápido, más profundo. Ella respondía con pequeños a, sí, más profundo que se convertían

en jadeos ahogados. Sus piernas se enredaron alrededor de la cintura de Joe, atrayéndolo más, exigiendo pesar del dolor que le recorría las costillas con cada movimiento brusco. Después de varios minutos así, él se retiró, la giró con facilidad y la puso de rodillas. Liliana se apoyó en los codos, la espalda curvada, el cabello cayéndole sobre la cara como una cortina mojada. Joe se colocó detrás, las manos firmes en sus caderas, evitando presionar los moretones, y volvió a penetrarla.

El ángulo era brutal. Ella enterró la cara en la almohada y dejó escapar un gemido gutural, largo

Speaker 3

casi animal. MMM. Dios. Joel, me estás partiendo, sí, así.

Speaker 2

Él afollaba con fuerza ahora, el sonido húmedo llenando la habitación. Cada embestida arrancaba nuevos gemidos, agudos, entrecortados, súplicas incoherentes.« Más rápido, no te detengas, te siento tan adentro». Joel se inclinó sobre ella, una mano deslizándose bajo su cuerpo para frotar su clítoris hinchado. Liliana tembló violentamente, los gemidos subieron de volumen hasta que un orgasmo la atravesó como un rayo. Gritó su nombre contra la almohada mientras se contraía alrededor

de él, el cuerpo convulsionando. Sin darle respiro, Joe se sentó en el borde de la cama y la atrajó hacia él. Liliana, todavía temblando, se subió a horcajadas de espaldas, se hundió despacio sobre su polla, gimiendo bajito al sentirlo abrirla de nuevo. Empezó a moverse, lento al principio, saboreando cada centímetro, luego más rápido, rebotando con fuerza. Joe la sujetaba por las caderas, levantando las suyas para encontrarse con ella.

Los gemidos de Liliana eran constantes, agudos, rápidos.—¡ Ah! Joel, me encanta montarte, así, más fuerte. Se corrió otra vez, apretando los muslos alrededor de él, el cuerpo convulsionando, un gemido ronco que terminó en sollozo de placer. Joel la levantó con cuidado, ella soltó un pequeño hay cuando la movió, las costillas doliendo, la colocó boca abajo sobre la cama y se tumbó sobre ella. Liliana separó las piernas sin que se lo pidiera. Él se acomodó entre sus nalgas,

la punta rozando ahora el otro lugar. Ella giró ligeramente la cabeza, ojos vidriosos, y susurró temblorosa. Hazlo quiero sentirte ahí también, todo de ti. Joe tomó el lubricante de la mesita, lo aplicó con dedos pacientes, preparándola despacio. Liliana gemía suavemente cada vez que un dedo entraba. el cuerpo tensándose y relajándose por turnos. Cuando estuvo lista, se

posicionó y empujó con cuidado. Ella soltó un gemido profundo, casi doloroso al principio, el cuerpo todavía sensible por los golpes, que se transformó en ronroneo de placer cuando él estuvo completamente dentro.—¡ Oh!— Joel es, tan lleno, gimió, aferrándose

Speaker 3

a las sábanas.— Muévete, por favor.

Speaker 2

Él empezó despacio, profundo, controlado. Liliana respondía con gemidos cada vez más intensos.« Sí, más, no pares, me estás volviendo loca». El ritmo aumentó. Joel la sujetaba por los hombros, empujando con fuerza, ella gemía sin control, la voz rota, temblando entera. Cada embestida arrancaba sonidos nuevos, agudos, largos, desesperados.

Speaker 3

Joe, me

Speaker 2

voy a correr otra vez, no pares. Gritó. Y lo hizo. Un orgasmo brutal la sacudió mientras él afollaba por el culo, los gemidos convirtiéndose en sollozos de placer absoluto. Joel no aguantó más. Con un gruñido bajo se hundió hasta el fondo y se corrió dentro de ella, pulsando fuerte, llenándola. Se derrumbaron juntos, sudorosos, temblando. Joe salió con cuidado y

la atrajó contra su pecho. Liliana se acurrucó contra él, la respiración entrecortada, una sonrisa satisfecha en los labios a pesar del dolor que aún latía en sus costillas y en la mejilla. El pecho de Joe subía y bajaba con fuerza, el corazón latiéndole desbocado. Por un momento, solo se escuchó su respiración acompasada y el zumbido lejano del aire acondicionado. Mañana habría tiempo para las consecuencias.

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