Mi amiga me deslecha en el mar - podcast episode cover

Mi amiga me deslecha en el mar

Jul 26, 202511 minSeason 2Ep. 1969
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Speaker 2

Imagínate a una chica que es un compendio de los mejores atributos de cada raza, tetas de negra, enormes y rebosantes, ojos ligeramente rasgados propios de oriente, labios carnosos y fogosos de latina, hermosas pupilas claras de nórdica, largas piernas como las de las mujeres eslavas, trasero fibroso también al estilo africano y el coño salvaje, húmedo y caliente de una hembra mediterránea. Así era Olaya, guapa, exuberante y sensual como

sólo las mujeres mestizas pueden serlo. Como es obvio, me ponía cardíaco cuando tenía a Olaya a mi lado, y eso a pesar que de que yo tenía novia. Mi chica no estaba mal, era agradable de ver y se mantenía en forma, pero su actitud hacia el folleteo dejaba bastante que desear. Era siempre tan pasiva que yacer con ella se parecía a follarse a una comatosa, por lo que llevaba ya unos cuantos días sin empotrarla. Estaba abatido

de antemano con ella. Supongo que por todo eso, cuando vi llegar a Olaya a la playa sentí de inmediato el latigazo en la polla más intenso que había experimentado en mucho tiempo. Tanto fue así que tuve que disimular el bulto inminente de mi entrepierna tapándome con la camiseta. Por lo que sea, Olaya había venido a la playa con ropa de calle y tenía que ponerse el traje de baño allí mismo, en la arena. Llevaba la prenda en la mano, un bikini minúsculo de color rojo cuya

braga era apenas era una tira de tela. En ese momento estaba yo solo en la zona donde habíamos puesto las toallas. Los restantes miembros de la pandilla se habían ido a dar un chapuzón al agua pero a mí me habían entrado ganas de orinar y precisamente me disponía a cambiar el agua al canario cuando llegó el pibón de Olaya. Olaya tampoco había traído toalla, así que se acercó a mí y me pidió que le prestara la

mía para taparse con ella mientras se ponía el mini bikini. Accedí, claro, aunque me preocupaba e incomodaba la posibilidad de que al levantarme Olaya notase mi entrepierna empitonada. Su cabello largo y negro, su cara de náyade y su cuerpo apretado y atlético no hacían más que provocarme retortijones de deseo. Y yo estaba en bañador y ya se sabe que las bermudas no son la prenda de ropa más discreta del mundo. Teníamos las toallas al fondo de la playa, pegadas a

un muro que había en esa parte del arenal. Olaya se arrimó al muro, se envolvió en mi toalla y se puso a hacer movimientos serpeantes mientras se quitaba la ropa. A medida que se iba desprendiendo de sus prendas, me las iba dando a mí para que se las sostuviese y así no tener que dejarlas sobre la arena. Pantalones cortos, con unas braguitas asalmonadas dentro, primero, y una camiseta roja después.

Yo iba sosteniendo la ropa que se quitaba con una mano mientras que con la mano opuesta sujetaba las dos piezas del bikini para dárselo. Estaba un poco ladeado para disimular mi semierreción creciente y palpitante como malamente podía. Intenté darle una conversación insulsa para mantener mi calentura en segundo plano, pero no fui capaz. Acababa de pasarle la parte de abajo del bikini y me disponía a alcanzarle la de arriba, cuando uno de mis nerviosos movimientos hizo que el minisujetador

se me cayese sobre la arena. A continuación todo pasó muy rápido, me agaché a coger el sostén y al mismo tiempo Olaya hizo otro tanto. O yo fui muy torpe, o ella, o los dos a partes iguales, pero el caso es que nuestras cabezas chocaron de pleno. En consecuencia, a Olaya se le soltó la tolla y le resbaló por el cuerpo hasta detenerse a sus pies. La chica pibón recuperó la toalla a toda prisa, pero no fue lo suficientemente rápida y me dio tiempo a ver, sin querer,

lo juro, su cuerpo semidesnudo. En concreto, su ombligo plano y sus tetas pletóricas al aire. Aquello me soqueó. Vaya par de pechos. Soberbios, sublimes y desafiantes. Dorados, redondeados y tirantes, con dos pezones tiesos como dos puntas de broca de taladro. Ver aquellos monumentos de carne reluciente me puso definitivamente el mástil bien alto. Juro que la polla se me levantó como impulsada por un resorte. Fue una reacción tan exagerada que me sentí como viendo una versión de mí mismo

con aspecto de dibujo animado lujurioso. Si Olaya no se había dado cuenta antes de mi erección, no ocupo la menor duda de que sí lo hizo entonces, ya que me miró la entrepierna con los ojos muy abiertos. Su reacción fue tan genuina que no tuvo forma de disimularlo. Me sentí súper hiper mega abochornado y me largué de su lado a toda prisa, balbuciendo. Me tengo que ir. Me estoy meando. Llegué al cuarto de baño que había en el chiringo de la playa, entré y cerré la puerta.

Pero algo la obstruyó y la puerta no se cerró del todo. Me asomé a ver qué pasaba y descubrí que ese algo era un pie. Antes de entender lo que estaba pasando, Olaya, todo pechos y caderas rotundas, entró conmigo y cerró la puerta por dentro, encerrándonos a los dos en el cuarto de baño. Se había puesto la parte de arriba del bikini pero para mí era como

si la tela fuese transparente. Tenía las impactantes imágenes de sus pechos de diosa incrustadas como clavos en las retinas.« Oye, déjame en paz», le dije, dando por hecho que Olaya solo me había seguido allí para hacerme la burla. que

me meo mucho. Entonces, como si la mente fantasiosa de un guionista de porno acabase de tomar el control de la situación, Olaya pegó su cuerpo al mío, echó las manos a mis bermudas por la cintura, y empezó a agacharse al mismo tiempo que tiraba de mi bañador hacia abajo. Despojada de la tela que la aprisionaba, mi polla saltó como el payaso en una de esas cajas sorpresa para gastar bromas y casi golpeó a la chica cañón en la barbilla. De nuevo volví a visualizarme como una caricatura

de mí mismo con aspecto de dibujo animado salidorro. Olaya, susurrea duras penas con la boca reseca,¿ qué haces? Tú déjate llevar y no te preocupes por nada. Yo me encargo de todo, me dijo ya arrodillada en el suelo y lista para chupármela. Se la metió en la boca y comenzó a mamar. Su técnica feladora estaba inspirada claramente en las pelis porno. De primera se echó el pelo hacia atrás para que pudiera contemplar su trabajito oral sin impedimentos.

Gracias a ese gesto pude notar con certeza que disfrutaba del ordeñamiento y que dar placer a mi polla la motivaba más que todas las cosas. Seguro que era de esas chicas que nunca te niegan una mamada, pensé. Su boca tenía el tamaño perfecto y sus movimientos eran precisos y sensuales. Se la metía y sacaba el rabo entre los labios sin hacer meneos bruscos sino succiones constantes y graduales. La humedad de su boca era caliente y placentera. El

fondo de su garganta era angosto pero acogedor. De vez en cuando plegaba mucho los labios contra mi tronco de carne, algo que mi novia nunca me había hecho y que resulta que multiplicaba la sensación de succión por cinco. Esto es una mamada, pensé, y no la cosa insulsa que me había hecho mi novia tres o cuatro veces en un pasado remoto. De repente, Olaya se detuvo, adoptó una mirada traviesa y me soltó.¿ Te gusta?¿ O te sigues meando y quieres que pare? No te interrumpas por nada

del mundo, le rogué. Las ganas de orinar, me di cuenta entonces, me habían abandonado por completo.¿ A quién no le pasaría con alguien como Oyala a sus pies, una chica de 20 años con un cuerpazo rebosante de sensuales, encantadoras curvas y boca juguetona? Ella sonrió y volvió a introducírsela con maestría dentro de la boca. Fue una felación de escándalo. Del sótano de la desidia sexual con mi novia me

elevé al ático del placer con Olalla. Chupó, lamió, absorbió, me pajeó con los labios, me repasó los huevos con la lengua. Me hizo de todo y todo lo hizo bien. Su habilidad bucal era diga de un tutorial, pensé. Y mientras me daba placer oral, sus tetas monumentales esculpidas por los dioses se meneaban arriba y abajo en un vaivén que dejaría perplejo al más pintado. y la curvatura de

sus nalgas de ensueño asomaban formidables bajo su espalda. En circunstancias normales, enchufar la picha tan al fondo de una boca, cualquier boca incluida la de mi novia cadáver, hace que en apenas dos minutos dispare la leche sin sacarla siquiera de entre los dientes de la felatriz de turno. Y eso mismo estaba a punto de suceder aunque elevado al cubo. Cuando Olaya se dio cuenta de que estaba a punto de vaciarme, entre succión y paladeo de mis partes me soltó.«

Quiero que me manches toda la cara». Y también la boca. Disfruto de que me ensucien, ¿sabes? Me lo paso pipa cuando me pringan la cara y los labios y la lengua con cualquier sustancia que sale de la polla empalmada de un hombre. Me da mucha alegría. Y tú quieres que esté alegre y sea feliz, ¿verdad? Así que hazme feliz y manchame toda, por favor. Justo antes de correrme, Olaya se apartó un poco de mi miembro para recibir

los chorros de jugo lechoso en la cara. Me corrí como un volcán, fueron auténticas erupciones seminales las que me salieron de la punta del nabo hacia la hermosa cara de Olalla. La regué de lefa de oreja a oreja y de la frente a la barbilla. Y cuando dejé de eyacular, la muy guarra se dedicó a lamerme la punta del capullo recogiendo en su lengua las últimas gotitas de mi abundante descarga y a continuación se las bebió

hasta que no quedó ningún resto en su lengua. Olaya no era ajena a que la degustación de nuestra esperma por parte de nuestras amantes es un momento muy especial para los hombres y claramente le ponía frenética complacerlos. Cuando Olaya me soltó la polla fui al lavabo a beber agua. Estaba sediento, pero me quedé con las ganas porque el

grifo no echó ni gota. Entre medias, Olaya también se llevó un chasco al comprobar que en el cuarto de baño no había papel higiénico ni toallitas para limpiarse la lechada de la cara. Yo aún tenía la polla fuera porque había estado estaba esperando a que se me pusiese flácida para guardármela dentro del bañador. Me acordé de mis tremendas ganas de mear de antes. Volverán en cualquier momento,

me dije, encogiéndome de hombros. Al momento, la polla empezó a ponérseme morcillona, o sea, más manejable, así que agarré el rabo todavía lleno de babas y le di un dos o tres sacudidas como maniobra previa a guardármelo dentro de los pantalones. Pero Oya tenía otros planes. No te la guardes todavía, me dijo. Tendrás que ayudarme a limpiarme

la cara, ¿no? La miré de nuevo. Aunque la leche había ido escurriéndose por su rostro abajo, todavía tenía varios lefazos de consideración en la frente, alrededor de los ojos y en el mentón. Me entraron ganas de sacarle una foto para inmortalizar aquel tremendo facial por toda la eternidad. Aunque estaba preciosa, Olaya no podía volver a la playa

de esa guisa. Eso estaba claro. No sería raro que se topase con sus padres en el Arenal puesto que frecuentaban mucho esa misma playa.¿ Y cómo quieres que te ayude a que te limpies? Contesté. No sale agua del grifo. Olaya se mordió el labio inferior, arqueó una ceja y, con una mirada de diablilla, me dijo,¿ no te estabas meando?

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