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Me vendi para pagar la universidad

Jul 09, 20257 minSeason 2Ep. 1955
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Speaker 2

Tenía 18 años y la vida ya se le presentaba con facturas que no podía pagar. La ingeniería bioquímica era su pasaporte a un futuro brillante, una salida del barrio, de la miseria que la rodeaba. Pero la universidad era un carro de heno y su bolsillo no daba abasto. Ricardo, su novio de tres años, era un buen chico. Trabajaba en una tienda de electrónicos, ahorrando cada centavo para la universidad, para su futuro, para el suyo y el de Lupita.

Él no sabía lo que la angustiaba. No podía imaginar que la persona que amaba se enfrentara a la posibilidad de ser expulsada. La relación entre los dos era pura, inocente. Nunca se atrevieron a cruzar ciertos límites, respetando la decisión de Lupita de guardar su virginidad para el matrimonio. Pero la vida es cruel y a Lupita se le agotó

la paciencia. La colegiatura era una bestia hambrienta que no paraba de crecer, y la universidad no daba crédito sin dinero.« Tendré que buscar un puto trabajo», se dijo a sí misma, desanimada. Su búsqueda por internet la condujo a un callejón sin salida, hasta que, de repente, la pantalla parpadeó con un anuncio que la detuvo en seco.« Servicios de acompañante», decía. El dinero que ofrecían podía solucionar todos sus problemas. La idea

le dio un cosquilleo en la panza. Era descabellada, sucia, deshonrosa. Pero la desesperación es un maestro cruel que te empuja a lugares a los que no quieres ir. Se levantó, caminó lentamente al espejo del baño, se quitó la camiseta y la falda, se puso la lencería que su mamá le había regalado para su cumpleaños.¿ Por qué no? Lupita se dijo, tomando su teléfono con la intención de tomarse unas cuantas fotos. Estaba dispuesta a vender lo que la

sociedad valoraba de una chica, su cuerpo. El espejo le devolvía la imagen de una joven hermosa, con piel cobriza y ojos negros que ya no reflejaban inocencia.« Así podré pagar la universidad», se convencía, apretando los labios. Subió las imágenes a su perfil falso en la red de sexoservicios. empezó a recibir mensajes privados. Hombres que le ofrecían dinero por su compañía, por momentos inolvidables. La desnudez de las

propuestas la enrojeció, la hacía sentir sucia, expuesta. Pero cada, cuanto cuesta la hora, era una luz verde que la acercaba a la meta. Se aferró a la idea de que era por su educación, que no era una decisión que tomaba por gusto, sino por supervivencia. El primer cliente fue un desconocido. El miedo le revolvía el estómago, la excitación de la adrenalina se entremezclaba con la angustia. Se reunió con él en un motel cutre, el olor a humo y a desinfectante se adhería a sus pulmones.« Relájate»,

le dijo,« sólo tienes que dejar que te follé». Ella tragó saliva, apretando la almohada con sus manos temblorosas. Lo hacía por la vida que soñaba, por la salida que se le presentaba. Cerró los ojos y permitió que la desgarrara, que la usara, que la degradara. El hombre le arrancó la ropa y se sacó la endurecida verga. Lupita era un manjar que no se come todos los días. Primero lamió todo su cuerpo. Lupita sentía una mezcla de placer y repulsión al mismo tiempo. El celular de Lupita sonó.

Era Ricardo, su novio. Lupita se congeló de nervios. No sabía si contestarle. Al final optó por tomar la llamada para evitar que él se preocupe.« Hola, mi amor», contesta ella con la voz entrecortada.« Hola, bonita»,« Fui a tu casa a buscarte, pero tus papas me dijeron que no estás», contestó él, con tono tranquilo.« Sí, este», Lupita no sabía qué decir, nunca antes había tenido que mentir.« Salí a casa de una compañera a estudiar, pero te puedo ver

al rato», agregó ella, confiada de haber reaccionado rápido. El hombre que estaba con ella comenzó a chupar su clítoris.« Ja, ja, ja», jadeó Lupita sin poder contenerse.«¿ Qué pasa, amor?». preguntó Ricardo preocupado. Nada, cariño, me pegué con el borde de la mesa, respondió ella hábilmente.

El hombre siguió saboreando el néctar exquisito de la joven, mientras ella seguía al teléfono con su novio tratando de disimular los jadeos que le provocaba la lengua de su cliente.¿ De verdad estás hablando con tu novio desde la habitación de un motel, con otro hombre? preguntó el pervertido hombre a Lupita.¿ Qué fue eso? Se escuchó la voz de un hombre intrigado, preguntó Ricardo. Ah, es el papá de mi compañera. Nos está ayudando a estudiar y respondió ella

con otra mentira. El hombre se acomodó para penetrar el tierno coño de la putita novata. Lupita al ver el enorme tamaño de su cliente y de la inminente follada que recibiría abrió las piernas lo más que pudo. Cariño, te tengo que colgar. El papa de mi compañera me va a explicar algo, dijo Lupita a su novio colgando inmediatamente después sin darle oportunidad de responder. Cielo señor, esa es una verga muy grande que expresó Lupita con preocupación

por su integridad vaginal. El lujurioso hombre comienza a meter su longitud en el estrecho coñito de la joven, centímetro a centímetro Lupita recibe la descomunal verga, sintiendo que es partida en dos intenta mantener la calma, pero los aullidos de dolor y placer salen sin permiso de su boca. Cuando por fin el hombre logra meter todo su miembro dentro de la bella joven, sus ojos ya están en blanco y su boca abierta jadeante escurriendo saliva que no

puede contener. Esa expresión logra incrementar la lujuria del hombre que inmediatamente comienza a embestir con fuerza el apretado coño. Lupita grita y jadea. El dolor ya dio paso al placer. Con cada embestida los hinchados y pesados huevos del hombre chocan contra el prieto ano de la joven estudiante, liberando un sonido obsceno que rebota en las paredes del cuartucho. Cuando por fin termina, el cliente suelta un rugido seguido de un chorro de semen espeso que inunda el vientre

de Lupita. Al sentir sus entrañas llenarse de líquido viscoso y caliente, Lupita libera de sus labios un chillido que anuncia un intenso orgasmo. El cuerpo de la joven se convulsiona ante sensación de placer que recorre su cuerpo. Poco a poco su apretado coño libera la verga que lo invadía expulsando el exceso de leche masculina. Col piernas temblorosas, la nueva puta se levantó y comenzó a vestirse. El hombre hizo lo mismo y después le dio a Lupita

lo correspondiente a su tarifa más una propina. Con la cara de satisfacción, Lupita se tambaleó de regreso hasta su casa. Más adelante, su lista de clientes creció. Entre ellos se encontraban profesores de su universidad y amigos de su novio Ricardo. Lupita cada vez se habituaba más las mentiras y las excusas que le desea a su novio y su familia, y comenzó a disfrutar más de su nueva profesión.

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