Vivo solo con mi madre, ya que mis padres se divorciaron hace unos años y mi hermana mayor vive con su novio. Como buen informático, soy un salido sexual y tengo dificultades para relacionarme con chicas y cuando lo consigo, me duran poco. Es por esto que soy un usuario asiduo de páginas web porno, app de citas y chats. Hace unos días, alguien me envió un enlace de Telegram que me llamó la atención. Se llamaba Putas Barcelona y en la foto de perfil aparecía una mujer madura, de
unos 40 años, pero con unas tetas de infarto. Aquella misma noche, nada más terminar la cena, me encerré en el cuarto y abrí la aplicación. En pantalla apareció un listado de varios canales de conversación y tal y como me habían asegurado, había de todo, cornudos, intercambio de parejas, lesbianas, gays, orgías. Entré en algunos de los canales pero había poca gente en línea. Aún así me decidía no desfallecer tan temprano y entré en el canal Maduras. Había unas 10 personas en línea,
no demasiadas. Además todo era hombres y, solo una de ellas, era una chica, Susi de 45 años. Tenía pocas esperanzas de recibir respuesta, seguro que todos estaban intentando charlar con ella, pero aún así, le mandé un privado. Hola Susi,¿ te apetece charlar? Vaya gilipollez de mensaje, pensé, pero ya estaba enviado. Me mantuve en el canal un rato, leyendo los mensajes públicos,
naturalmente todos pidiéndole alguna guarrada a la pobre Susi. De ahí mi sorpresa cuando la aplicación me notificó que tenía un mensaje privado pendiente de leer. Hola mapache, ese era mi NEC,¿ qué quieres?
Charlar de sexo, claro. Respondí,¿ tienes 45? Sí, demasiado mayor.¿ Qué
va? Las mujeres de 40 a 50 son las mejores. Liberadas, sin prejuicios ni las canijadas de las de 18. Estuvimos hablando varios minutos, la conversación cada vez era más picante. Mientras hablábamos estaba desnudo en la cama, masturbándome poco a poco. Susie estaba divorciada, hacía dos años que no había follado con ningún hombre y le gustaba ir a la playa para hacer topless con la esperanza de que algún hombre musculoso la seduciera. Apenas dijo esto, aproveché la ocasión. pues envía una foto,
seguro que estás de infarto. Pocos segundos después, recibí una foto. Se veía el cuerpo de una mujer de 45, con la cara difuminada y con un cuerpo espectacular, pechos grandes, pero, la miré con detalle, el corazón me dio un brinco. No podía ser. ¿Mamá? Escribí,¿ eres tú? Inmediatamente oí un golpe en la habitación de al lado y poco después un mensaje.¿ Qué vergüenza, eres tu Edu? Sí, respondí. Entonces, pude ver cómo Susie abandonaba el chat dejándome solo. No
sabía cómo reaccionar. Por un lado estaba muy turbado, pero por otro, aquella foto me había puesto la polla durísima. Y sabía que el único modo de bajar la erección era masturbándome mirando la foto. Estaba sumido en estos pensamientos cuando mi madre dio unos golpes a la puerta.¿ Puedo pasar, Edu? Claro, respondí mientras me tapaba con la sábana. Mi madre abrió la puerta, estaba vestida con un camisón de noche y se sentó en la esquina de mi cama. Lo siento Edu,
qué vergüenza,¿ qué vas a pensar de tu madre? Dijo casi con lágrimas en las mejillas. No sabía cómo responder, pero mi polla hacía las veces de tienda de campaña debajo la sábana. Así que la dije.¿ Qué crees que voy a pensar? Pues que tengo la mejor madre del mundo y, encima, está buenísima. ¿Cómo? Pues eso, balbuceé mientras apoyaba una mano sobre su pierna y poco a poco la desplazaba hacia arriba. Noté como mi madre vibraba con aquel contacto y en lugar de enfadarse y quitar mi mano,
se quedó quieta y cerró los ojos. Poco a poco la mano subió hasta las caderas, la metí dentro de su camisón, la acaricié por el costado hasta alcanzar sus tetas y masajearlas con fuerza. Eran tan grandes que mi mano no podía abarcarlas al completo. Con la otra mano, deslicé la sábana dejando a la vista mi polla. Aquello acabó por romper los prejuicios de mi madre que se tumbó encima de mí y, agarrando mi pene, empezó a
masajearlo de arriba a abajo. Nos besamos, ella se quitó el camisón mostrándose completamente desnuda y atrajo mis labios a su pecho para que los lamiera mientras ella continuaba con un suave masaje. Um casi estaba a punto de correrme cuando se detuvo, acercó su boca a mi polla y se la tragó entera. Empezó poco a poco, pero acelerando el ritmo hasta que no pude aguantar más y me corrí en su boca. Me corró, oh, qué gusto
Mama, qué bien la chupas. Um, Dios
Cuando terminó de tragarse toda la leche se tumbó y con firmeza me acompañó para que le lamiera su coñito. Estaba completamente depilado y los labios estaban hinchados y eran carnosos. Lamí su clítoris mientras lo acariciaba con los dedos, primero introduje uno, arrancándole un suspiro. Luego metí otro y otro más. Creo que si hubiera forzado un poco, habría podido meterle la mano entera. Ella se retorcía de placer y con aquella imagen no tardé en volver a tener mi polla dura como nunca.
Sí. Más fuerte. Métemela. A metémela, suplicaba.
Su coñito estaba correando y la polla entró con una facilidad pasmosa.
Oh, sí. Dios. Qué grande. Qué gorda. La notó.
Jadeaba, se retorcía, se notaba que realmente llevaba mucho tiempo sin estar con un hombre. Aceleré el ritmo, clavando mi polla mientras me sujetaba sobre aquellas espléndidas tetas que se balanceaban descontroladamente. Pero finalmente no pude aguantar más y me corrí llenándole el coño de leche. ¡Oh, si mamá me corró! Caí rendido a un lado de la cama mientras mi madre me acariciaba el pelo amorosamente. No tardé en dormirme
en sus brazos. A la mañana siguiente, cuando me desperté, mi madre estaba desnuda a mi lado, la besé y acaricié su sexo hasta que se despertó.
