Me folle a mi primera clienta - podcast episode cover

Me folle a mi primera clienta

Aug 11, 20258 minSeason 2Ep. 1999
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Speaker 2

Estando en la universidad trabajé una temporada como servicio de habitaciones en un motel local de mi ciudad a pocos km de mi casa. Me quedaba cerca, ahorraba dinero para gasolina y me gastaba la pasta luego en el verano en alcohol o cualquier niñatada correspondiente a la época. Yo entraba al curro en la mañana a los faíns y llegué a un acuerdo con el manager para hacerlo también los días libres que tenía de la uni para ganar más.

Tenía que acomodar las habitaciones, recoger las toallas, reemplazar las sábanas, etc. Al principio pensaba que era un trabajo de tía, pero como el motel era de cierto renombre y me enchufó un primo que tenía ahí me callé la boca y me limite a hacer mi trabajo sin rechistar demasiado. Una mañana de curro normal, salía de una habitación con el carrito de sábanas, lo empuje por todo el pasillo, y cuando llegué a recepción vi una familia de tres miembros

en el mostrador. La familia consistía de un tipo, de unos 50, gordo, bastante feo, un mocoso de unos 12 o así, también gordo como el padre, pero con la figura infantil y la

cereza del pastel. Una mujer, de unos 45 años, cabellos rubios, ojos verdes, llevaba un vestido ajustado que resaltaba mucho sus curvas, tenía las caderas anchas, dos buenas nalgotas que temblaban como gelatina cuando se movía o andaba, y dos tetas bien puestas, colgando como le daba la gana porque la bendita mujer no llevaba sostén, se le marcaban bien los pezones, puntiagudos y gordos, supuse que de tanto haber dado de mamar al gordito, cuando terminaron el proceso de Chaken, pasaron justo

por al lado mío, el gordo me miró como con desprecio, pero lo que parecía su esposa, por desgracia, me miró golosa y me sonrió, alentándome a hacer lo mismo. Le mantuve la mirada hasta que me pasó por al lado y giré la cabeza para ver ese culote moverse, deleitándome con el potente movimiento, quedando embobado por unos segundos. El recuerdo de su carita, su tez blanca y su culo gordo se fueron conmigo a casa, donde inspirado, dediqué una feroz paja a lo que vi ese día, deseando por

primera vez ir al día siguiente a trabajar. A la mañana siguiente, terminaba el turno de la semana, y no me tocaría ir de nuevo al motel hasta la siguiente semana. Llegué como de costumbre, pasé la tarjeta y me dieron el itinerario de habitaciones que me tocaba esa jornada. Cuando hube acomodado un par de habitaciones y me dispuse a entrar en la tercera, me encontré con el mocoso gordo

durmiendo en una de las camas. Me pareció supremamente raro que me asignasen una habitación con gente aún, y mucho más extraño la casualidad que suponía ver a esa familia de nuevo, a esa diosa de nuevo. La habitación estaba algo desordenada, sábanas por todas partes, productos de cabello y enseres personales por el suelo. Me extrañó no ver al gordo mayor por ahí, por lo que supuse que habría ido a trabajar o lo que fuera, poco me importaba sinceramente.

Las cortinas estaban casi completamente cerradas, tapando mucha de la luz natural, y la puerta del baño, medio abierta, con alguien dentro por el evidente sonido del agua cayendo. Por curiosidad, deje el carrito para las sábanas en la entrada, intente no hacer ruido para despertar al chico y mire disimuladamente por la puerta. Lo que vi fue a la señora, desnuda, ni hizo el intento por cerrar la mampara de la ducha, con el agua cayéndole por todo el cuerpo, deslizándose entre

esos pechos perfectamente colgones. Esos muslos prominentes y ese culo infinito, que casi le impedía el libre movimiento por el interior de la ducha. Comprobé que el mocoso no despertaba, y me acerqué aún más, abriendo un poco más la puerta, metiendo ya la cabeza, con el rabo tieso y rebosando de mis pantalones de uniforme. Pude ver más de cerca cómo se aplicaba jabón líquido y se lo restregaba entre las tetas y luego, en el coño, peludito y terso,

del mismo color de su tez. Mi respiración y latidos me delataron. Topando el pie con la puerta y haciendo un ruido, la mire culpable a la cara. Perdón, perdón, de verdad, por favor perdóneme. Ella al escuchar un ruido, por instinto se cubrió las tetas con una mano y

con la otra el coño. pero al notar de donde provenía me miró sonriendo aliviada se quitó las manos nuevamente descubriendo su desnudez y muy amablemente me invitó a entrar de más está decir que acepte sin rechistar y cachondo como nunca me quite la camisa y los pantalones dejando mi verga rebotar fuera llena de venas por la presión y con la cabeza húmeda me metí con ella al plato de ducha y pronto el agua nos cubrió a los dos mientras intercambiamos saliva y nuestras lenguas jugueteaban sobaba

ese coño abriéndolo con la punta del nabo metiéndole mi rabo entre sus muslos y dándome gusto con las nalgas amasándolas por detrás como me daba la gana notaba su aliento y respiración agitarse con cada caricia instigando a seguir con el manoseo La coloqué contra la pared de a su lejos, abrí sus nalgas y me agaché a comerme lo que me prometió el día anterior mirándome de esa manera. Le metí bien la lengua, notando la calidez de las nalgas cerrándome la cara y disfrutando del hermoso olor y

textura de ese culote. Cuando me levanté todo sudado y con los morros llenos de sus fluidos, no perdí el tiempo ensartando el rabo bien en el coño, cubriendo su boca para que no despertara al mocoso o diera el cante por todo el motel. Me mordía la mano y me babeaba los dedos a la par de mis embestidas que castigaban sus nalgas enrojecidas y remarcando su celulitis tan atractiva. Sujeté su cabello mojado, poseyéndola con más ímpetu y notando

los huevos rebotar sin control en su vulva. No podía permitir que estuviese más tiempo sin correrse por contenerme y le baje la mano de la boca al coño, palmeando su clítoris y haciéndola chorrear a golpe puro. Chilló un poquito sí, pero sólo el tiempo que le quite la mano de la boca, cuando se la volvía a poner, le planteé un reto, esta vez dándole por el culo, pasando mi mano húmeda por mi glande y expandiendo su

apretado ano. Cuando bombeaba su culo, se escuchaba un sonido caliente y viscoso, era mi rabo destapándole el culo a la muy puta que tan poca vergüenza tenía, que no pudo contener un orgasmo que la atravesó a los pocos minutos de follada anal. Así seguimos durante un rato, cambiando a lo último de pose, y follando ella con el culo empinado postrada en el suelo, y yo dándole por encima como un perro, agarrándola de los brazos hacia atrás

como una llave de lucha, y pisándole la cabeza. La dominación que sentía siendo eso, el poder puro, me hizo descontrolarme, se la metía rápido, gruñendo como un poseso, mirándole la cara mientras gritaba, era el cielo en la tierra. Cuando me corrí no me molesté ni en sacarle la polla del coño, de hecho, lo hice a propósito. Le bombé bien varios chorros de corrida dentro, a ver si así tenía un hijo sano y hermoso y no un hipopótamo con enanismo, con suerte, el cornudo pensaría que era suyo.

Le saqué la polla goteando aún y le metí una nalgada que resonó por todo el baño y me juego lo que sea a que sonó también por todo el pasillo del motel. Me vestí de nuevo con mi uniforme, saqué algunas toallas para disimular y antes de salir del baño la mire de nuevo. Estaba postrada en el suelo, culo en pompa, la cara roja y magullada, y las tetazas aplastadas contra el suelo, no es por tirarme flores,

pero yo quedé satisfecho con el resultado. Salí de la habitación, sacándole el dedo medio al marrano que seguía dormido y me llevé conmigo las toallas en el carrito. Cuando regresé la semana siguiente, ya no estaban ahí, y unas semanas después, dejé el trabajo por mi inminente graduación. Jamás volví por el motel, me mudé de ciudad y perdí el contacto con mi primo.

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