Todas ellas se conocían del instituto, por lo que tenían esa amistad desde ese entonces. Y como todas iban al campus de Ciudad Universitaria, compartían el camino, por lo que quedaban o coincidían en el trayecto. Estefanía pensaba en la conversación que habían mantenido Vivian con Idania, y sobre todo la pregunta de Mónica. realmente iban a dejarlas presenciar una sesión.
Resultaba ser toda una locura, pero viendo lo que le gustaba a su hermana junto con sus amigas, y después de lo que había hecho ella a solas, todo era posible. Estefanía tenía clases por la mañana y luego iba a trabajar a un hospital, haciendo las prácticas que le correspondían por curso. Estas prácticas se las pagaban lógicamente. pero no dejaba de darle vueltas al asunto. Se había fijado en los pies de Idania que hasta entonces no se había percatado.
Tenía unos pies muy bonitos de color, con las uñas pintadas de rojo, muy cortadas y con la pedicura recién hecha. Se preguntó qué sentiría si se los lamiera con la lengua. Había visto videos de su hermana, siendo la esclava sexual de sus amigas, viéndola como disfrutaba lamiendo y chupando sus pies. No podía dejar de pensar en esas escenas, y creía que debía de despejarse y de relajarse, porque no quería
mojarse la ropa. Por cierto, no llevaba ropa interior y con la bata, no se veía, pero por le camino al hacer tanto calor, si sudaba, se le transparentaba sus pechos. Por otra parte, sentía una gran excitación al exponerse, y luego, aunque llevaba al final unas bailarinas negras, no poniéndose las botas que había limpiado con su lengua, miraba a sus
bailarinas que necesitaba limpiarlas. El caso era que la mañana pasó muy rápida y llegó la hora de las 14.30 horas, y los estudiantes salían de las clases, por lo que Estefanía y las demás se cruzaron en la boca de metro del campus. Esther y Mónica iban a sus casas, mientras que Estefanía y Dania iban a hacer las prácticas de la facultad. Durante su trayecto sin darse cuenta en la conversación Estefanía miraba a los pies de Idaña, excitándose
y poniéndose cachonda perdida. De todas maneras, se los miraba con disimulo, pensando que Idaña no se daba cuenta. Estefanía hacía las prácticas en el hospital Gregorio Marañón, pero Idaña, casualmente, le había dado las prácticas en el mismo hospital, por lo que iban juntas al hospital. Sus compañeras iban unas paradas más adelante, así que iban hablando entre ellas.« Hasta luego, chicas»,
dijo Idania.« Hasta luego», respondieron ella. Idania y Estefanía iban por el pasillo, llegando a las escaleras, mientras iban hablando.« Oye, tengo una pregunta que hacerte». Dijo Idaña, quedándose en silencio Estefanía. Sí, claro. Respondió Estefanía.¿ Me he fijado que me has mirado fijamente los pies? Y eso me ha extrañado. Dijo Idaña.¿ Te gustan mis sandalias o mis pies? Preguntó Idaña, dejando la
roja de vergüenza sin esperarse esa pregunta. Bueno, la verdad que hasta hoy no me había fijado en lo bonitos que son tus pies. Y cuando nos dijiste que te miráramos la cadenita del tobillo. Dijo Estefanía, intentando salir del atolladero. Te miré los dedos, el color rojo y la forma, y me resultaron muy bonitos tus pies y además, vas muy bien conjuntada con el color de la ropa. Dijo Estefanía. Sí,
es cierto. Respondió Idaña. Pero, cuando he movido los pies sentada en el asiento del metro, me he fijado que algo te sucede. Dijo Idaña. Vale, te confieso que me he sentido excitada al verte los pies. respondió Estefanía. Me gustan tus pies y alguna vez he imaginado en besártelos, lamértelos y chupártelos, dijo Estefanía, confesando sus fantasías. Ya sé que es muy fuerte lo que te he dicho, así que no te molestes ni te enfades conmigo, solo he
sido sincera como me has pedido. dijo Estefanía. Y Dania no se esperaba esa confesión, sino que se quedó sorprendida y alucinada. No se había percatado de los gustos de Estefanía y al salir el tema de su esclavo, quizás haya despertado sus gustos.« Bueno, la verdad que me has dejado loca, porque no me lo esperaba y mucho menos viniendo de ti», dijo y Dania.« Vamos a hacer una prueba.¿
Has tenido sueños o fantasías lamiendo pies femeninos?». Preguntó Idania. Sí, la verdad que he imaginado lamiendo y chupando los pies. Respondió Estefanía. Iban caminando por la calle y doblaron a la izquierda, llegando a un banco. Iban con tiempo, así que se detuvo en el banco para sentarse. Siéntate y respóndeme lo más sincera que puedas. Dijo Idania. Vale. respondió,
sentándose y mirándola.¿ Te gustaría lamerme los pies? Preguntó Idaña, moviéndolos, mientras que, Estefanía, su mirada iba a sus pies, como quedándose hipnotizada. La verdad que sí, me gustaría lamer y chupar tus pies. Respondió Estefanía.¿ Desde cuándo has comenzado a sentirte de esta manera? Preguntó Idania. Desde ayer, me han empezado a excitar todos estos juegos de BDSM. Respondió Estefanía. Pensaba que eras una chica inocente y resulta que sabes
más de lo que aparentas. Dijo Aydania. Además, me he fijado que no llevas ropa interior, así que comienzo a pensar algo que no me esperaba. Dijo Aydania. Tus manos tienes las uñas despintadas con respecto ayer, y los pies, que no los veo, no los sé. dijo Idaña. Pero Estefanía se descalzó, mostrando sus pies, viendo Idaña que los tenía con las uñas cortadas y despintadas, porque el otro día vino en sandalias y la pudo ver con las
uñas pintadas. La verdad que tienes pinta de ser una sumisa a la que le gusta ser humillada y denigrada, tratándola como una perra en celo y como una puta zorra blanca. Dijo Hidania. Dime,¿ eres una esclava blanca? Preguntó Hidania. Sí. Respondió Estefanía, nerviosa, excitada y con la cara roja de vergüenza. No te avergüences por tus gustos sexuales o por lo que sientas que eres, Estefanía. Contestó Hidania. Pues, repítelo en voz alta que te oiga y te pones de rodillas.
Ordenó Hidania. Lo demás ya sabes lo que debes de hacer como esclava. Dijo Idaña. Soy una puta esclava blanca que le gusta que la humillen y la denigren. Respondió Estefanía, poniéndose de rodillas, hacer una reverencia ante ella, como había visto hacer a su hermana con sus amas, y besó sus pies. Pues, ahora que ya sé lo que eres, esclava. Dijo Idaña, levantando la suela de sus sandalias. Te voy a tratar como tal, esclava. Dijo Idaña. Saca la lengua
y déjala fuera con la boca abierta, esclava. ordenó Idaña, viendo como como Estefanía la obedecía con la boca abierta con su lengua fuera. Puso su suela delante y comenzó a limpiarse la suela de sus sandalias, limpiándoselas como si fuese una toalla de baño. Una detrás de otra iba pasando las suelas de ambas sandalias hasta que se las dejó limpias.« Te dejaría lamer mis pies, pero tu apestosa lengua de perra de mierda me mancharía las plantas de
mis pies, esclava», dijo Idaña.«¿ Verdad, esclava?». preguntó Idaña, mientras metía la lengua dentro y cerraba la boca. Sí, mi ama, respondió Estefanía, excitada y cachonda perdida, soltando sus fluidos vaginales, poniendo la cara roja de vergüenza. Nadie te ha dado permiso para hablar, puta zorra. Dijo Idania, dándola un par de bofetadas en la cara con la mano abierta, de un lado al otro, poniéndola la cara roja, mientras gemía de dolor. Zaz, zaz. Se escuchaba el sonido de la bofetada. A,
a, a. Gemía de dolor. MMM, MMM, MMM.
Gemía de placer. Tenemos tiempo de sobra hasta que empiece el turno, pero hasta entonces, quiero adiestrarte bien, esclava. Dijo Idania. Le daba unas siete u ocho bofetadas en cada cara, hasta que le se caían las lágrimas. Desnúdate, esclava. ordenó Idaña, obedeciéndole a Estefanía, sin poder resistirse, la obedecía ciegamente y más detrás de darle unas bofetadas. Cogió su ropa y la puso en el banco, cogiendo la correa fina de su falda, y doblándola le dio un par de latigazos
en su culo, haciéndola gemir de dolor. A,
A, A. Gemía de dolor. M, M, M, M, M, M, M, M. Gemía de placer. A, A, A. Gemía de dolor. MMM, MMM, MMM.
Gemía de placer. Le puso la correa al cuello y tensó su correa tirando su cuello y poniendo sus pies en su cara. Vamos, saca la lengua como antes, puta zorra blanca. Ordenó Idaña, descalzándose para pasar la planta de sus pies, uno detrás de otro, desde el talón hasta la punta de los dedos. Las manos a la espada, esclava.
Ordenó Idaña, viendo cómo la esclava la obedecía. Idaña se limpiaba sus pies con su lengua como si fuese una toalla, metiéndole sus dedos en su boca, mientras que la esclava tenía metida en su boca los cinco dedos del pie de Idaña. Lamé y chupa, puta cerda asquerosa. ordenó Idaña, mientras la esclava chupaba sus pies y lamía sus dedos. Al final, le sacó los pies de la boca y se los puso en la cara, diciéndole que respirara. Idaña, una vez que sabía que era una puta esclava, la
miraba con desdén y con desprecio. Límpiame los pies, esclava. ordenó Idaña, y sin poder resistirlo volvió a hablar.« Sí, mi ama», respondió la esclava, lamiendo las plantas de los pies, pero esta vez era ella quien lamía la planta de sus pies, y chupaba los dedos, y metía la lengua entre los dedos, limpiando la suciedad y mierda que pudiera tener. Idaña estaba excitada de verla a sus pies como su perra en celo, disfrutando de su humillación y de su denigración.
La esclava que era así como se sentía la mía sus pies con una excitación y necesidad que nunca había experimentado.— Así me gusta, esclava— dijo Idania.— Sí, mi ama— respondió la esclava, excitada y cachonda, mientras la mía y limpiaba sus pies con su lengua con su culo rojo de los correazos que le había dado, hasta que se cansó y con su piel apartaba la cara con ella. Se levantó y se bajó la falda y las bragas y
puso su vagina en su boca. Estefanía sabía lo que iba a hacer, por lo que abrió su boca, sacando su lengua. Menuda zorra que estás hecha, esclava. Dijo Idaña. Ya sabes lo que voy a hacer, por lo que has tenido que ver vídeos en internet, esclava. Dijo Idaña. ¿Verdad, esclava? Preguntó Idaña. Sí, mi ama Idaña, así es. Respondió la esclava, recibiendo la meada de su examiga, mientras ésta se reía de risa. La esclava se iba tragando la orina poco
a poco. Iban controlando su flujo de orina cuando comenzó a hablar Idaña.¿ Quieres que te mee por la cara
y por encima de tu cuerpo, esclava? preguntó idánea deteniendo la meada si mi ama idánea respondió la esclava viendo como meaba en su boca de nuevo y detrás se alejaba un poco para mearla por la cara por encima de sus pechos y por encima de su cabeza y por encima de su espalda idánea soltaba un suspiro y gemido de placer mientras que la esclava jadeaba de placer sintiendo su primera meada por primera vez y Dania había sido lista y la había grabado con el móvil todo
el tiempo. La gente, chicos y chicas, pasaban por la calle de enfrente y por delante, quedándose alucinados y sorprendidos e incluso algunas chicas se quedaron mirando toda la escena.¿
Os ha gustado? preguntó idánea esta es estefanía una amiga mía que hoy me ha confesado que es sumisa y ahora es un esclava sexual dispuesta a servirme y a obedecerla siéndome fiel como mi perra y esclava blanca las chicas impresionadas por lo que habían visto las cinco que estaban se mojaron las bragas notándose en sus faldas y vestidos avergonzadas se pusieron rojas como tomates tranquilas putas zorras blancas Dijo Idaña, cogiendo la ropa de su esclava, echándosela
para que se la pusiera. En pocos segundos se la puso.—¡ Vamos, sígueme, esclava! Ordenó Idaña.—¡ A un metro y medio detrás de mí, esclava! Ordenó Idaña.— Por cierto, desde hoy no me mirarás a la cara. Siempre que me veas, bajarás la mirada y me tratarás de usted, mientras que tú me tratarás de tú, esclava.
Ordenó Idaña.— Sí, mi ama Idaña. respondió la esclava, siguiendo a su nueva ama y dueña, mientras las chicas que estaban delante, al pasar Idania, les dio un papel en donde estaba escrito su número de móvil y su nombre ama Idania, si lo que buscáis es una ama negra que os someta, os domine y os humille como a esta esclava y perra blanca, llamadme, Idania, iba delante y detrás iba su esclava hasta que llegaron al hospital. Fue cuando se pasó y le ordenó que abriese la boca.
Para escupirla dentro de ella, varias veces e incluso, la escupía en su cara. Límpiate la cara, esclava. ordenó Idaña, viendo cómo se limpiaba con la mano y la limpiaba con su lengua. Ese día, Estefanía sin quererlo, se convirtió en una esclava y perra sexual blanca como su hermana. Entraron en el hospital y se fueron a los vestuarios con más gente, y como sus taquillas estaban separadas. Ambas se fueron a sus puestos de trabajo, pero había una diferencia.
Cuando pasó Idaña por delante de Estefanía, agachó la cabeza.« Muy bien, esclava», dijo Idaña. Así, me gusta que sepas tu lugar ante mí, esclava, dijo Idaña. Gracias, mi ama Idaña, respondió la esclava.
