Follando en medio de la fiesta - podcast episode cover

Follando en medio de la fiesta

Aug 11, 202521 minSeason 2Ep. 2000
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Transcript

Speaker 2

La voz y el movimiento de Nerea me despertaron. Nuestros cuerpos seguían juntos pero ella pronto le puso solución a eso, alejándose lo más rápido posible, mientras su cara reflejaba muestras de dolor y cansancio. Nerea se llevó las manos a la cabeza, tapándose la cara, avergonzada, mientras susurraba cosas que no conseguía entender. Empecé a ser consciente de la situación poco a poco. Estaba aún en el sofá de su casa, tirado de cualquier forma, desnudo, empapado en sudor y otros

fluidos que no necesariamente eran sólo míos. Me incorpore despacio hasta quedarme sentado y eso, provocó otra reacción más enerea. Se descubrió la cara y me dirigió una mirada cargada de ira y de miedo a partes iguales. Sin tener ni idea de qué hacer o qué decir en esa situación, espere alrededor de diez segundos, esperando que fuera ella la

que hablara primero. Creo que mi falta de acción debió cabrear aún más a Nerea, que rompió, al fin, el silencio de la habitación.¿ Qué coño haces aquí todavía?¿ Por qué no te has largado? Te quedaste dormida encima. No quería despertarte y termine por dormirme yo también.¡ Qué romántico! Me extraña que no hayas aprovechado para follarme de nuevo mientras estaba dormida. Igual es que ya te has saciado. Oye, yo. Me importan una mierda tus explicaciones, Dani. No quiero escuchar

nada de lo que quieras decir. Lárgate de una puta vez de aquí. Está bien, voy a coger mis cosas. Me levanté lentamente del sofá y busqué en los alrededores. La ropa de Nerea y la mía había acabado por diferentes sitios del salón. Un salón que estaba bastante desmejorado después de todo el ajetreo de la mañana. Cuando aún estaba tratando de encontrar las últimas prendas, una música conocida inundó la sala. Era un teléfono. el mío, y no me hacía falta mirar la pantalla para saber quién era.

Pero aún así, mire la pantalla cuando alcance a cogerlo. Eché una mirada a Nerea, mientras me preguntaba a mí mismo si debía cogerlo o no. Como si ella me leyera el pensamiento, su cara expresó el máximo rechazo posible. Desde luego no era el mejor momento para coger el teléfono, menos todavía a la persona que llamaba. Pero si no

lo hacía ahora, tendría que dar explicaciones más tarde. Por lo que la persona que llamaba Sabia, yo estaba durmiendo tranquilamente en casa.¿ Qué me impedía despertarme y coger el teléfono? Tenía que cogerlo y hacer que la llamada fuera lo más corta posible. Mis ojos se movieron rápidamente entre el teléfono y Nerea un par de veces más. Y justo cuando ella terminó de decir ni se te ocurra. Con la voz más amenazante posible, respondí a la llamada. Buenos días, amor.

Respondí haciéndome el recién despertado. Tienes que estar de coña. Nerea no podía estar más indignada. Por suerte, tanto la sorpresa como la rabia habían hecho que su voz fuera más entrecortada de lo que pretendía. Abrí los ojos y me di la vuelta mientras tapaba el micrófono del teléfono, esperando que la distancia que me separaba de Nerea hubiera evitado que fuera escuchada. Buenos días, cariño. Sí que has dormido. Debiste salir hasta tarde anoche. Sí, lo cierto es que

no pensaba volver tarde, pero nos liamos un poco. Centrado en la conversación por teléfono, la voz de Nerea sonaba de fondo. Solo pude alcanzar a entender algo como muy bien, tú mismo. No podía entretenerme mucho más o al final la situación sería incontrolable. Me inventé como excusa que necesitaba ir rápidamente al baño prometiendo llamarla más tarde y colgué el teléfono mientras me giraba de nuevo para mirar a Nerea. Ella seguía en el sofá, sentada, con su teléfono en

la mano. Su forma de mirar me había cambiado ligeramente. La rabia seguía ahí, pero por algún motivo parecía mucho más relajada y estaba en silencio mientras me miraba. Lo cual, dada la situación, era bastante raro y sospechoso. Eh, pasa algo. La pregunta se me escapó completamente. La tensión de la situación, supongo. Antes de acabar la pregunta ya me estaba sintiendo estúpido.

La cara de Nerea volvió a transformarse. Ahora además de enfadada, se pensaba que la estaba vacilando.¿ Tú eres imbécil, Dani? Que te largues de una puta vez, joder. No me moleste ni en responder. Empecé a vestirme lo más rápido posible y con mi teléfono en la mano salí de casa de Nerea, dejándola aún en el sofá, probablemente sintiendo cierto alivio. Aún tarde un rato en llegar a casa. Con la cabeza llena de pensamientos, conduje despacio y en

modo automático. A lo largo del mediodía devolví la llamada a mi novia. Ella aún tardaría un día más en volver, así que eso me alivió bastante. Necesitaba algo de tiempo. Y despacio. No tenía ni idea que iba a ocurrir ahora. Mario y Miguel habían amenazado a Nerea para que no dijera nada. De hecho, nos habían amenazado a los dos. Yo no pensaba contar nada a nadie, pero no sabía

si ella realmente haría caso. Esperaba que sí. Esperaba que nadie supiera lo que había ocurrido y eso me recordó que quizá debiera borrar los mensajes que había cruzado con Nerea y con Mario respecto al asunto. Estaba a punto de hacerlo cuando vi que tenía un mensaje sin leer de Mario. El mensaje del video. No pude evitar pulsarlo. No pude evitar volver a verlo. No pude evitar excitarme con ello. Nerea parecía estar disfrutando de lo que hacía.

Disfrutando de verdad. Igual que lo había parecido esta mañana cada vez que jugaba conmigo. Sus palabras decían muchas cosas opuestas pero su cuerpo delataba el placer que había sentido mientras follábamos. Eso no lo había imaginado. Y eso me excitaba aún más. Recordar cómo gemía y cómo había temblado durante los juegos. Recordar cómo nos habíamos corrido juntos. Nerea siempre había tenido algo que me llamaba la atención, sin

saber con seguridad qué era. Nunca había fantaseado con ella pero de alguna forma sentía como si hubiera saciado una necesidad que arrastraba hacia mucho tiempo. Por mucho que Nerea hubiera sentido algo de placer no quitaba lo que habíamos hecho la noche anterior. Ni tampoco la forma en que habíamos vuelto a abusar de ella hacia unas horas. Nerea era una buena chica y nosotros nos habíamos aprovechado de eso.

La culpa también me invadía. Nerea podría haber sufrido mucho menos si yo hubiera interferido en lo que había ocurrido aquella noche y en lugar de eso, decidí participar. Decidí dejarme llevar y saciar una frustración sexual de la peor forma posible. Había destrozado la confianza y la relación con una amiga y todo por follar. Las horas fueron pasando. La cabeza seguía dándome vueltas, así que decidí darme una ducha para relajarme y al terminar me tumbe en el sofá.

Acabe quedándome dormido en mitad de la tarde. El timbre de casa sonó y al abrir los ojos todo era oscuridad. No veía nada. Me levante a tientas y busque el interruptor de la luz antes de ser capaz de empezar a preguntarme quién demonios estaría llamando. Comprobé el reloj del móvil. Eran las once de la noche. Arrastre los pies mientras caminaba hacia la puerta y observe por la mirilla. La luz del pasillo estaba encendida y se veía claramente una

figura que esperaba al otro lado de la puerta. Completamente desconcertado, tardé unos segundos más en reaccionar. La voz amortiguada de Nerea resonó en el pasillo.« Sé que estás en casa. No hagas el imbécil. Abre». Abrí la puerta, como si sus palabras fueran una orden. Ella no esperó ni siquiera en el pasillo y enseguida entró en casa.¿ Qué estás haciendo aquí? Sin siquiera responder, dejó sus cosas en uno de los sillones mientras yo cerraba la puerta y me

reunía con ella en el salón. Tanto los pasos anteriores como sus movimientos en general parecían torpes o descuidados. Nerea se dio la vuelta para mirarme y pude verla mejor con la luz de la sala. Estaba en más o menos el mismo estado que esta mañana, quizá incluso peor. No parecía que se hubiera aseado demasiado desde entonces, y además, era evidente que había estado bebiendo. Estaba hecha una mierda

en general. Te he preguntado qué estás haciendo aquí, Nerea. Mira, no quiero echarte pero no sé si es una buena idea que, aún sin pronunciar una palabra, Nerea se movió. Lo primero que hizo fue caminar hacia mí. Rodeó el sillón que nos separaba mientras me miraba a los ojos. Los pasos no tenían ninguna seguridad. Al llegar frente a mí, levantó los brazos mientras tiraba de la camiseta que llevaba puesta.

No me esperaba para nada esa acción, pero me esperaba aún menos que debajo de la camiseta no hubiera nada más. Tan solo su cuerpo. Dejó caer la camiseta y antes de que tocara el suelo, ella ya estaba empujando la goma de sus pantalones hacia abajo. Inclinándose ligeramente hacia adelante, acortando la distancia entre nosotros aún más, terminó de desnudarse. Tampoco llevaba ninguna ropa interior.¿ Qué coño estás haciendo? Su

boca parecía haber perdido la capacidad de hablar. Acortando el único paso que nos separaba, sus manos fueron directas a mi camiseta, con la intención de que ésta acompañara a la suya en el suelo del salón. Sin saber muy bien de dónde saque la motivación, forcejé ligeramente para evitarlo. El movimiento hizo que nuestros cuerpos se pegaran aún más. Su cuerpo peleaba con fuerza pero no iba a ser suficiente. El cuerpo de Nerea olía bastante alcohol y eso confirmó

mi teoría. Nerea,¿ estás borracha? Algo intermedio entre una carcajada y un bufido salió de la boca de Nerea antes de que volviera una vez más a forcejear. Como su intento era inútil, cambio su estrategia. Sus manos soltaron mi camiseta y como yo aún estaba concentrado en defenderme, no pude evitar su siguiente movimiento. Sus manos bajaron hasta mi pantalón, un pantalón corto y cómodo que usaba para estar en casa.

No esperaba hacer nada más en el día, así que después de la ducha no me había molestado en buscar ropa interior. El segundo ataque fue mucho más efectivo que el primero. Cuando quise darme cuenta, mis pantalones estaban a la altura de los tobillos y Nerea me observaba después de haber puesto un paso de distancia entre nosotros. No había una expresión decidida en su mirada. Quizá algo de

orgullo por la victoria. Solté rápidamente la camiseta y me cubrí con las manos mientras ponía otro paso de distancia. Para de una vez. Estás borracha, Nerea. No tienes ni idea de qué estás haciendo. Pensaba que Nerea seguiría sin responder, pero en lugar de eso, volvió a soltar un bufido, como si la hubiera ofendido con mis palabras y soltó. No te hagas el bueno ahora, que lo de ir borracha no te impidió follarme. Ahora te haces el duro pero eres un cabrón. Mira, no estuvo bien lo de anoche.

No puedo justificarlo pero,¿ sabes qué? Me da igual.¿ No quieres hacerlo así? Muy bien. Vamos a hacerlo a tu forma.¿ De qué estás hablando? Se te ha ido la cabeza. Tienes que irte ahora mismo. Vamos. Nerea sonrió con malicia. Se puso el dedo índice de su mano derecha frente a los labios, indicándome que me callara. SHHHH. No deberías levantar la voz. Vas a hacer que tus vecinos se enteren de que te has traído a casa a otra que no es tu novia. Y como oigan lo próximo

que va a ocurrir, van a atar cabos. Nerea se giró y empezó a caminar torpemente de nuevo, rodeó el sofá que nos daba la espalda una vez más, pero esta vez siguió caminando en dirección a un sillón en el lado opuesto. Mientras yo seguía pensando en sus palabras, la chica desnuda alcanzó su objetivo. Se sentó muy despacio en el sillón y me miró durante un segundo. Después, lentamente, cambio la posición de su culo, echo su cuerpo hacia atrás, y levantando la pierna, coloco el pie derecho en el

reposabrazos de ese lado. Su pierna izquierda colgaba del sillón, pero podía ver su cuerpo con total claridad desde donde estaba. Uso la mano derecha en su pierna para mantener la posición aún más abierta y la izquierda, la llevo hasta su boca. No pude ver cómo lo hacía, pero debió empapar dos de sus dedos con la lengua. Los mismos dedos con los que, con la mayor de las calmas, empezó a tocar su coño. Estaba tan en shock que los primeros movimientos no causaron una reacción real en mí.

Solamente estaba sorprendido por la situación. Lo último que esperaba de todo lo que había ocurrido era tener a Nerea en mi salón masturbándose en mitad de la noche. Por eso, por estar enfrascado en mis pensamientos, el primer gemido me pilló de sorpresa. Más que un gemido, quizá fuera un suspiro. No lo sé. Pero fue suficiente para que clavara mis ojos en ella. Tenía los ojos cerrados y había echado la cabeza hacia atrás para apoyarla en el respaldo. Su

mano izquierda dibujaba círculos pequeños. Los movimientos parecían tan pequeños y tan suaves que no esperaba que ella volviera a emitir ningún sonido. Pero lo hizo. Esta vez, era claramente un gemido pequeño con el que abrió los ojos y me miro, haciéndolo aún más excitante. Mi cuerpo había aguantado ya demasiado tiempo y su resistencia se desmoronó. La excitación me invadió y la temperatura de mi cuerpo empezó a subir poco a poco. No podía negarme a mí mismo

que la situación me estaba volviendo loco. Y en unos segundos, tampoco podría negárselo al Nerea tampoco. El sofá que tenía delante no era lo suficientemente alto como para ocultarle lo que mi cuerpo estaba a punto de experimentar. Por eso, antes de que la cosa fuera a más, debía cortar la situación. Vale, creo que ya está bien. Tienes que irte. No sé por qué estás haciendo esto, pero cállate de una vez y mira.¿ Esta mañana no era esto lo que querías?¿ No querías que me tocara delante de ti?

Sus manos se movían un poco más rápido. Solo un poco. Probablemente para exagerar aún más su teatro, su cuerpo no parecía estar reaccionando de forma mucho más intensa pero su piel sí parecía erizarse ligeramente. Incluso sus pezones empezaban a reaccionar. Miguel es un cabrón, pero no se diferencia de otros muchos, después de todo. Solo quería usarme para correrse y ya está. Otro suspiro se escapó de sus labios y después de eso, tomó aire y volvió a mirarme. Mario también quería saciarse.

Pero él, además, es un puto sádico que disfruta humillando a las chicas. Los dedos de Nerea pararon en seco. Sus ojos se clavaron en los míos por última vez antes de bajar la mirada y observar lo que estaba a punto de hacer. Deslizo los dedos hacia abajo, despacio, sin prisa. La poca distancia que había por recorrer le llevó un tiempo que parecía eterno. En esa posición, cerró los ojos, echó la cabeza para atrás y entonces, con un poco de presión, uno de sus dedos se perdió

dentro de su cuerpo. Poco a poco, sin ninguna prisa. Disfrutando completamente del recorrido. Su boca se abrió y emitió un gemido que esta vez llenó la sala por completo. Su gemido provocó una mezcla de excitación y de alarma dentro de mí. Lo que había dicho acerca de los vecinos empezaba a preocuparme. No me hacía ninguna gracia que cualquiera de ellos pudiera decirle nada cuando llegara sobre lo

que había pasado. Eso, teniendo en cuenta que consiguiera resolver la situación antes del día siguiente, pero la otra parte de las sensaciones seguía ahí. Y mi cuerpo cada vez era menos discreto. Sus movimientos se detuvieron una vez más. Su mano se relajó y abandonó la posición que había adoptado hacia unos segundos. Volvía a mirarme intensamente. Con rabia, pero tú. No me usaste solo para correrte. Ni tampoco para humillarme. Así que.¿ Qué coño querías tú, eh? Yo, quería.

Tú eres un cobarde. Un cobarde y un enfermo. Mario tenía razón, ¿verdad? Te escondiste mientras ellos me follaban en lugar de enfrentarte a ellos. Y además también me usaste porque eres un puto enfermo al que la situación le puso cachondo. Las palabras de Nerea empezaban a provocar algo distinto. La excitación se estaba yendo y lo que empezaba a crecer en mí era la vergüenza. Lo peor es que esta mañana te sentías fatal por lo que hiciste y

jugaste a que me ayudarías a enfrentarme a ellos dos. ¡Ja! Todo para al final acabar siendo un cobarde nuevamente. Podrías haberte enfrentado a ellos. No habrías arreglado nada. No habrías sido mejor persona por ello, pero al menos, habrías actuado correctamente. Pero no, volviste a asustarte. Como un cobarde, cada palabra que Nerea pronunciaba era peor que la anterior. Cada palabra

dolía más que la anterior. Las primeras habían empezado como si me hubieran clavado una aguja pequeña, pero ahora, el dolor parecía más como un punzón. O quizá una navaja, por eso tus jueguecitos de mierda. No. Por eso querías que me tocara. Te sentías culpable por no defenderme y te creías que eso lo arreglaría que me corriera.¿ Te sientes menos mal contigo mismo por hacer que me corriera mientras me violabas, Dani? Las puñaladas eran cada vez más intensas.

Cada vez más profundas y dolorosas. Pues lo siento por ti, pero sigues siendo el mismo hijo de puta que fuiste anoche. Y sigue si vas a seguir siendo igual de cobarde. Vale. Ya está bien. Es suficiente. Es hora de que te largues de una vez. Por fin, mis piernas respondieron. Recogí mi ropa y me la coloqué correctamente antes de moverme hacia adelante y rodé el sofá. Recorrí la distancia que me separaba de Nerea y me quedé a tan solo

dos pasos. Pretendía sonar amenazante. Pretendía parecer amenazante, en un intento porque ella perdiera la seguridad que parecía haber encontrado en los últimos minutos. Pero no. No sucedió. Échame. Vamos. Pienso gritar hasta que me escuchen en la calle. Me encantaría ver cómo le explicas a cualquiera el hecho de que una chica desnuda está gritando en tu casa. Una chica que evidentemente ha bebido más de la cuenta.¿ Quieres dar esas explicaciones, Dani?¿ Quieres echarme? Hazlo. No iba a hacerlo.

Lo sabía de sobra. Yo acababa de darme cuenta ahora, pero Nerea lo sabía antes incluso de entrar en casa. Sabía que solo con llamar a la puerta, la abriría para evitar la situación de que alguien la viera. Sabía que evitaría montar cualquier escena en casa, así que podría actuar con libertad absoluta. Puto cobarde. Al menos ahora sabes lo que eres. Nerea hizo una pausa. Yo no sabía qué decir. No sabía cómo controlar la situación si es que de alguna forma era posible. No podía hacer nada

que no fuera esperar. Esta mañana has disfrutado muchísimo, ¿verdad?¿ Te han gustado las corridas? Seguro que sí. Seguro que te has saciado. Yo creo que lo que más has disfrutado han sido mis tetas. No.¿ Qué pasa?¿ Tu novia no te deja hacerlo?¿ Sonia no te deja que te folle sus tetas? Vaya, Nerea parecía escoger cuidadosamente las palabras.

Sabía qué decir, sabía cómo decirlo. No tengo claro si todo esto era un discurso ensayado o simplemente improvisaba sobre la marchar, pero en cualquier caso, conseguía hacerme sentir avergonzado y humildo con cada frase. Tienes que violar a una de tus mejores amigas para poder hacer las cosas que no haces con tu novia. Eres asqueroso. Un nuevo silencio. Nerea detuvo sus insultos durante unos segundos. Después, tomó aire y volvió a recostarse en el sillón como al principio.

Eso fue lo que más me confundió.¿ Qué pretendía hacer ahora?

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