A ella siempre le habían atraído las mujeres. Desde pequeña sus miradas eran guiadas por los cuerpos femeninos, delicados, sublimes. Ella, por su parte, optó por un look más masculino, usaba franelas anchas, corte de cabello bajo, zapatos de caballero. Así se sentía cómoda con sus gustos y con su figura. Ya en la adolescencia, como todos, empezó a explorar su cuerpo y, por supuesto, el de otras chicas. Siempre se enamoraba de las muchachas lindas con las que salía, o
por lo menos, eso decía. disfrutaba y las cortejaba, les ofrecía amor y estabilidad. Sin embargo, fueron muchas las mujeres que rotaron por su vida. Fue cuando llegó la etapa de los 20 que pudo consolidar la convivencia con una chica. Esta mujer era de su misma edad, pechos grandes, nalgas firmes. Le gustaba vestirse con ropa ajustada que marcara sus atributos. Sus pantalones cubrían y dividían la deliciosa línea de su trasero. Eso le excitaba a Mariana. Imaginó infinidades de veces cómo
sería pasar su lengua dentro de ella. Cuando por fin empezaron a convivir juntas, surgieron las conversaciones incómodas y allí Mariana se da cuenta de que su novia era bisexual. De hecho, unos meses antes de vivir con Mariana, había tenido una relación fallida con un hombre, casado, del mismo barrio donde vivían. Mariana estaba clara, debía hacer todo lo posible por satisfacer a su nuevo amor en lo personal
y sobre todo en el tema sexual. Preparó en su cuarto todo un mundo fantástico para disfrutar la sexualidad en pleno con su chica. compró vibradores, arnés, dildos, consoladores, lubricantes, lo necesario para complacer los deseos de su pareja. Ella sabía que su amor estaba acostumbrada a ser penetrada por un pene, y su miedo constante era que la dejara en cualquier momento por su ex o por otro, y quién sabe si por otra. Constantemente, esas cosas le pasaban
por su mente. Así que, su estrategia siempre fue complacerla en todo lo que le pidiera. Así pasaron los meses y aprovechándose de esta situación, Natasha, la novia de Mariana, un día le comenta que extrañaba a su ex y que lo había llamado para volver con él. Mariana, triste y decepcionada, le ruega que no se vaya y Natasha le responde,« La única condición que te pongo, y por la que yo me quedaría contigo, es que aceptes hacer un trío con nosotros». Ricardo, el ex de Natasa, me
lo propuso y yo quiero hacerlo. Mariana indignada.¿ Cómo me vas a pedir eso, mi amor? Tú sabes que yo nunca he estado con un hombre y no deseo hacerlo. Además no creo que a él le apetezca estar conmigo, yo no soy de su tipo. Claro que desea estar contigo, le dice Natasha.¿ Quiere estar con las dos? Ricardo me comentó que es una de sus mayores fantasías, guión. Mariana pasó toda la noche llorando, y en su desesperación de
no perder a su novia, acepta hacer el trío. Natasa se pone contenta y la manipula diciéndole que ahora sí va a estar feliz por tener la oportunidad de estar con las dos personas que más ama y así sentirse plena sexualmente. Llega el día del primero de tantos encuentros
y Ricardo decide empezar con Mariana. la desviste, la besa en el cuello, le acaricia los senos, la barriga y baja hasta la entrepierna, para ir preparando su cuerpo, rosa la vagina y ve su reacción, Mariana muy nerviosa, no hace nada, se queda quieta viendo la cara de su novia, sin hacer contacto visual con Ricardo. Ésta introduce de una vez, dos dedos, suavemente, de afuera hacia adentro, y cuando ya
siente que está súper mojada, procede a penetrarla. En ese instante, ella solo lo hizo por complacer a Natasha, pero al pasar el rato, cuestiona lo que está sintiendo. Luego se une Natasha, la besa en la boca y baja hasta los senos. Ahora sí, Mariana disfruta y llega al clímax, sintiendo adentro el pene de Ricardo y las caricias de su novia en todo su cuerpo. Ricardo también termina y eyacula adentro. Finalizó la cita, después de esa vinieron otras.
Experimentaron muchas fantasías de Ricardo y Mariana siempre aceptó. Pasaron unos meses, y la sorpresa los invadió a los tres, pues Mariana quedó embarazada, ella la que no había planeado nada, la que había aceptado porque no quería que la dejaran, fue abandonada por Ricardo, quien no asumió la paternidad y por Natasa que tampoco estaría dispuesta a criar al bebé con Mariana. Es así, como Mariana, lesbiana desde niña, que no pensó nunca en ser madre, o por lo menos
de forma natural. Se convirtió en una mujer penetrada, embarazada y despechada.
