Mis suegros viven en una unifamiliar adosada en una urbanización de un pueblo cercano a la capital. Los fines de semana solemos viajar desde mi ciudad hasta allí una vez o dos al mes, para pasar el fin de semana o también periodos vacacionales, buscando cambiar de aires y disfrutar de la vida de pueblo huyendo de aglomeraciones, tráfico, exceso de ruido, etc. Hace dos años, la vivienda de enfrente de la de mis suegros, en la que hasta entonces
no vivía nadie, fue comprada por una familia. un matrimonio que rondaban los 40 con dos niñas mellizas de unos seis años. Ellos son Amparo, Antonio, Lucía y María. Son una familia de la que, a simple vista, todos pensaríamos que es la familia modélica. Educados, muy corteses, de un estatus social medio, con buenos trabajos ambos en el sector de la educación, las niñas muy correctas y educadas. Son la típica familia
que todos los domingos van a misa juntos. Yo he llegado a pensar que son de esa secta legal perteneciente a la iglesia que todos conocemos y no nombraré. Antonio es un tipo muy normal. Físicamente, no es muy alto. Diría que aproximadamente 1,65 siendo generoso y aspecto del típico fofisano cuarentón y con pinta de bonachón. Se le ve un hombre majo, muy correcto hablando en el trato, aunque no especialmente extrovertido con la gente que no es de su
entorno más cercano, porque parece tener cierta timidez. Amparo es todo lo contrario en cuanto a timidez. Ella es simpática, siempre tiene unas palabras de cortesía y una sonrisa para todo el mundo. Es muy agradable, amable y educada. Físicamente es alta y de complexión delgada. Aproximadamente mide entre 173 y 175. Hacen una pareja graciosa en ese sentido pues parecen el punto y la i. Ella es de piel clara aunque
en verano coge un color bronceado muy bonito. Su cara es dulce y guapa, ovalada con boca pequeña de labios finos, nariz achatada y ojos de color marrón oscuro, con el pelo moreno a media melena y rizado que normalmente lleva recogido en una coleta tipo cola de caballo o suelto. Tiene aparentemente un pecho de término medio, quizás una talla 85 o 90 y no muy grande de copa, aparentemente firme y aún en su sitio. El resto de su físico está
muy bien cuidado aunque no va a gimnasio. Llaman la atención la longitud de sus piernas largas y torneadas bastante bonitas. Su forma de vestir es bastante clásica y elegante sin llamar excesivamente la atención. Pienso cuando la veo, que es la típica chica que quizás en el colegio o instituto pasaba desapercibida por ser extremadamente correcta, modosita y recatada en su vestimenta por su educación, y que quizás llevase incluso gafas de pasta y brackets y no resultara atractiva a
los chicos. El patito feo que luego se convirtió en cisne. Tanto ella como él vienen de familias bien posicionadas. El padre de ella concretamente es muy conocido por ser farmacéutico y dueño de una farmacia bastante grande y de las de toda la vida en una localidad cercana y su madre es también una importante especialista en medicina de la zona. Los padres de él son empresarios del sector hostelero. La casa de ellos es como la de mi suegra en aspecto y diseño, y no es ostentosa aunque seguro que
podrían permitírselo. A ella le encanta salirse y sentarse en una mecedora a leer en un pequeño jardín que tiene a la entrada de la vivienda y del que desde
la casa de mías suegros tiene vista privilegiada. Me he pasado muchos momentos en estos dos años contemplándola desde la planta de arriba de casa de mis suegros, sin que ella se diese cuenta, como un voyer, sobre todo temprano, en las mañanas de verano, cuando ella aprovecha la sombra del porche que dura hasta media mañana, en el lugar donde ella sale en ocasiones con vestidos frescos que dejan ver sus preciosas y largas piernas cruzadas mientras sostiene y
se deja llevar por la lectura. Poco a poco ella me fue atrayendo cada vez más y cada vez que vamos a visitar a mi familia política. Busco la ocasión para espiarla mientras lee o también coincidir al salir a la calle con ella a fin de... intercambiar alguna palabra con esa simpatía que la caracteriza, al mismo tiempo que
la contemplo con morbo y deseo. Recientemente, este último verano, uno de los días en los que estábamos pasando días de vacaciones visitando a mis suegros, salí a la calle donde se encontraba aparcado mi coche, a buscar la póliza del seguro que llevaba en la guantera y que por aprovechar la mañana del sábado en la que estaba aburrido, me disponía a revisar para la próxima renovación que se
preveía ya cercana. Las ventanas de las viviendas se encontraban abiertas aprovechando el fresco matutino de estos días tan calurosos de verano. Mientras me sentaba en el asiento del coche y rebuscaba por la guantera, comencé a escuchar voces en un tono alto como de discusión y que podía reconocer perfectamente. Era la voz de Amparo. Procedían de la ventana de la planta primera donde se encontraba el dormitorio principal. Era
la primera vez que la escuchaba en ese tono. Alguna vez la había escuchar de regañar a sus hijas o alguna pequeña disputa con su marido, pero siempre en un tono muy comedido, serio pero sin levantar prácticamente la voz, lo que me resultó cuanto menos llamativo. En esta ocasión
era distinto. Además debía ser una discusión telefónica al no escucharse la voz del segundo interlocutor y que a juzgar por los argumentos, probablemente sería su marido Antonio.« Es que vas a tu interés», No piensas en nadie más que en ti. Estoy muy cansada ya de esto. Sí, claro, siempre es lo mismo y luego todo me toca a mí sola. Encima es que luego no me ayudas. Tú te marchas y aquí me quedo yo encima recogiendo las cosas.¿ Y lo del soporte de la televisión?¿ Cuándo piensas hacerlo?
Para una cosa que te pido y nada hasta que se nos caiga cualquier día. La conversación cesó y ya solo se escuchaba la ligera brisa del viento que ya empezaba a ser más cálido conforme se acercaba el mediodía. No sabemos la cantidad de cosas que se pueden llegar a almacenar en una guantera del coche con el paso
de los años. Llevaba unos minutos ya en el coche sentado intentando localizar los documentos más recientes de la póliza cuando se escuchó el sonido del pestillo de la puerta de la calle de la vivienda de amparo, que no se dio cuenta de mi presencia en el coche. Yo lo observaba sentado desde el asiento del copiloto junto a la guantera y que tal y como se encontraba aparcado
el vehículo, estaba justo al lado opuesto a ella. Llevaba puesto uno de esos vestidos frescos de verano con tirantes y de largo hasta medio muslo que dejaban ver sus preciosas piernas. El vestido era ligeramente entallado lo que resaltaba un poco su atractiva figura delgada. Era de color blanco roto a juego con unas zapatillas de tipo manoletinas del
mismo color. El pelo lo llevaba recogido en una coleta y su gesto denotaba un ligero sentimiento de tristeza, disgusto y seriedad que cambió radicalmente intentando ocultarlo al verme salir un poco del coche y saludarla. Hola Amparo. Buenos días, le saludé. Hola José. Buenos días. Ja ja ja ja. Vaya. No te había visto ahí dentro. Nada, no te preocupes. Es que estoy aquí liado buscando unos papeles del seguro
del coche que no encuentro. Ah, muy bien. Yo he salido a coger un poco el aire.¿ Qué hoy?¿ Dentro de la casa no entra aire por las ventanas?¿ Qué tal? Habéis venido a dar una vueltecita por aquí. A ver a la familia no, respondió con la simpatía que le caracteriza aunque en sus ojos me pareció ver un brillo especial quizás condicionado por la conversación que había escuchado así como esa toma de aire fresco, sí. Una semana estaremos
por aquí. Aprovechando unos días de vacaciones que tenemos, muy bien. Hay que salir un poco de las rutinas, dijo sonriente y disimuladamente volvió a aparecer levemente ese cierto gesto serio contrario a lo que habitualmente era ella. Sí, desconectar y salir del ambiente diario ya es su fiencite para descansar un poco. En un instante nuestras miradas se detienen fijas entre nosotros, sonriéndonos y siente una cierta inquietud sin saber muy bien a qué era debida. Creo que ella tenía
la misma sensación que yo. A continuación desvió la mirada y la vi como dubitativa cuando iba a decir algo.« Oye, José, por cierto. No sé si tú», dijo haciendo una pausa y se acercó más al coche quedándose en medio de la calle.« Tengo un pequeño problema en casa con un soporte de una TV y con el enchufe. Igual puedes ayudarme. Me dijo tu suegra que tú has trabajado de electricista o algo así, ¿no? Porque Antonio, no sé cuándo será capaz». Ya sabes, las cosas de casa se van dejando y
se hacen eternas, sí claro. No hay problema. Sí, trabajé hace años, pero sí, soy bastante apañado, jejejeje, digo algo nervioso, vale. Pues si quieres echar un vistazo, sí claro. Vamos dentro y lo vemos, respondo y no podría fingir sentirme más agraciado por la invitación. Ella se giró camino hacia dentro de la casa seguido por mí que quedé retrasado al
cerrar el coche previamente. Andaba tras de ella encandilado por sus suaves y delicados pasos al andar que parecían pisar algo frágil, y con esas piernas al aire que se movían al caminar con un movimiento hipnótico para mí, ven, sígueme, es en el dormitorio, me dice junto a la puerta
de entrada cerrando la nada más cruzarla. Yo esperé a que ella se pusiese delante de mí para guiarme y acompañarla, aunque la distribución la conocía pues era prácticamente como la casa de mis suegros y mientras caminaba tras de ella
subiendo las escaleras hacia el dormitorio. Por mi mente pasaban multitud de imágenes y deseos imaginados en diversas situaciones, en las que yo acababa consumando con ella mis más primitivos deseos e instintos, lo que me producía una gran excitación llegamos al dormitorio de matrimonio donde una antigua pantalla del tipo lcd plana de las primeras que aparecieron en el mercado de grandes dimensiones y que eran bastante pesadas se encontraba sujeta de un soporte que a primera vista está
mal anclado y podría caerse guión y dios pero cómo tenéis esto así Dije asombrado,¿ eso es un peligro? Se puede caer en cualquier momento. Pillaros a vosotros o incluso más peligroso si les cae a alguna de las niñas. Llevo tiempo diciéndoselo a Antonio. Pero es que no sé, no. Se lamentaba al mismo tiempo que movía su cabeza en señal de negación de izquierda a derecha y viceversa con gesto serio. Inmediatamente me acerqué a la televisión y comprobé
el estado. Mal anclado. Además la base de enchufe se había despendido de la caja de empotrar de la pared por la tensión del cable y debido a los malos contactos del enchufe se había recalentado peligrosamente, estando incluso algunas partes de plástico comenzando a derretirse. Voy un momento a casa por herramienta y lo soluciono en un momento. Esto está demasiado peligroso. No sé cómo no se os ha
caído ya. La toma de enchufe habrá que ir a comprarla y sustituirla, pero al menos el anclaje del soporte creo que tengo medios para solucionarlo ahora mismo. Está bien, como veas, pero si llevas prisa, déjalo. Puedes venir otro día. Total, un día más, no creo que pase nada, no, no. Tranquila, esto del anclaje te lo dejo yo arreglado en un momento. No puede quedarse así, está a punto de caerse. No te preocupes, puf. Pues muchas gracias, José, de verdad. Es
que a mi marido le cuesta hacer algunas cosas. Vuelve a decir lamentándose y apenada, tranquila, en casa todos vamos dejando algunas veces las cosas. Voy un momento por las herramientas y unos tacos especiales que creo tener para este tipo de pared y lo arreglo en un momento y si no voy a la ferretería, vale. Entonces no te cierres del todo la puerta y sube cuando quieras.¿ Quieres tomar algo o beber alguna cosa y lo preparo mientras? No.
No te molestes. Tranquila, no es molestia de verdad. Permíteme que insista por el favor. Soy yo quien te ha interrumpido en tus cosas. No, no te preocupes. Estaba aburrido. pero bueno, un refresco o una cerveza me tomo si insistes. Lo que sea. No importa, ok. Pues aquí te espero. Volví entonces a la casa de mis suegros a coger una caja de herramientas y unos tacos especiales para anclajes en paredes con huecos y que yo sabía que había visto alguna vez en la caja de un soporte que
les coloqué a mis suegros. Cuando cambiaron la última televisión y volví apresuradamente comentándole previamente a mi mujer lo que había ocurrido y avisándole que iba a tardar un buen rato hasta que le dejara a la vecina solucionado el asunto, a lo que ella respondió muy favorablemente a fin de ayudar a la vecina de sus padres con los que se llevaban fenomenal. Como no llevarse bien con ella, siempre tan simpática y amable, lo que no sabía mi mujer era lo agraciado que me sentía yo de ayudar a
esta vecina y los deseos que tenía con ella. Las veces que había deseado estar con ella a solas y más de cerca, conocerla mejor, contemplar su cuerpo sin tener que espiarla desde la ventana de la habitación mientras leía en el porche de su jardín. Todo tiene un comienzo.
