El sucio ratero me hizo su perra - podcast episode cover

El sucio ratero me hizo su perra

Apr 22, 202611 minSeason 3Ep. 98
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Transcript

Speaker 2

Mido 1.67 metros, mis medidas son 102,59-109. Solo con estos datos ya se podrán imaginar que mi físico llama mucho la atención. Particularmente mi trasero, es el que a diario me trae muchos cumplidos de todo tipo jeje. Y es que no tengo unas nalgotas de gratis, desde los 15 años entreno en el gym enfocándome en crecer mis glúteos y piernas. Soy una chica metwojeje. Contrario a lo que pensarían, soy bastante seria en persona, pero hubo una experiencia que inició un

cambio en mi vida sexual. Esa experiencia me hizo una chica que después de un punto es como si se rompiera todo recato y me convirtiera en una mujer golosa y sumisa. He tenido muchas anécdotas muy ricas como la que por error subí antes que este relato, la del guardia, pero la que inició todo fue la que voy a relatar aquí. Era un viernes, me levante a las seis de la mañana. Tenía puesto un short muy pequeño casi cachetero y una blusa muy ligera. Hice alrededor de 100 sentadillas

antes de meterme a bañar. Me encanta la sensación de bombeo que ese ejercicio le da a mis glúteos además de que los siento aún más grandes al terminar. Cuando salí de la ducha me puse una pequeña tanguita rosita y un brasier del mismo color. Arriba el uniforme de prepa del cual procuraba subir la falta ya de por sí levantada por mi enorme trasero. Me dispuse a ir

a la prepa. Sabía que ese día saldría muy tarde ya que a pesar de que mi turno era matutino, tenía que cubrir las últimas horas de mi servicio social y como solo me faltaban seis decidí hacerlas todas juntas ese día. Subí al metro y por lo temprano casi no había nadie en el vagón, por lo que pude sentarme y llegar sin contratiempos hasta mi estación de destino. Caminé aproximadamente 10 minutos para llegar a mi escuela. En esta caminata podía sentir como mi falda se movía al mismo

tiempo que el aire rozaba con mi trasero. Como mi salón estaba en la segunda planta, subí las escaleras y pude notar como unos babosos que iban detrás de mí se agacharon para poder ver mi culo. Yo solo volteé a verlos con un gesto de molestia, pero no tenía tiempo que perder, así que seguí hasta el aula. Una vez dentro me sentí al lado de mi amiga Laura. Ella es una chica rubia con unas boobies enormes. Es

muy buena onda, pero no nos parecemos casi nada. A diferencia de mí, ella es muy... he de si mi vida por decirlo de alguna manera. Ella me contó cómo estuvo fajando con su novio antes de entrar a clase, pero que a pesar de que si le gustaba este chido no era nada en comparación con el hombre con el que había salido el fin de semana. Este la había llevado a bailar y después a su departamento en donde tuvieron relaciones. Yo me quedaba realmente sorprendida con las

aventuras de mi amiguita. Ella al igual que yo tenía solo 18 años pero disfrutaba sin ninguna restricción de su vida sexual. Estuve con mi amiga hasta la hora de la salida. Normalmente nos hubiéramos ido juntas, pero en esa ocasión tuve que quedarme a cubrir las horas de mi servicio. Este era en la biblioteca de la escuela. El encargado era un viejo morboso que siempre que podía les veía el

trasero a las alumnas. Siempre que me acercaba a él, se me quedaba viendo como baboso los labios y las boobies. Y esta no fue la excepción le pregunte que necesitaba que hiciera, a lo que él respondió que quería que acomodara los libros en una repisa. Dicha repisa estaba bastante alta. por lo que tenía que ayudarme de un banquito y aún así era necesario estirarme para poder colocar los libros.

Mientras lo hacía volteé hacia el escritorio del viejo cochino y pude ver que se estaba dando un espectáculo, pues al estirarme mi falda se levantaba y él podía apreciar algo de mi tanguita. El sujeto ni siquiera disimulaba tenía la mirada totalmente clavada en mi culo, casi se le caía la baba. Yo me enoje y termine lo más rápido posible para poder pasar a la siguiente repisa donde él ya no podría verme pues la primera me cubriría.

Seguí con mi labor y después de terminar de acomodar todos los libros le pregunté qué otra cosa quería que hiciera. El hombre me dijo que redactara e imprimiera unas fichas bibliográficas para unos libros nuevos. Esta nueva encomienda sí que estuvo bastante pesada ya que era demasiados libros. Me llevé lo que restaba de mis horas haciendo esta tarea y

la terminé justo a las 8.45 de la noche. No lo podía creer, me había quedado tan absorta en mi ocupación que no me di cuenta de que me había quedado 45 minutos de más. pero que ya que podía hacer, me acerqué al escritorio del encargado y le dije que ya había terminado. Bibliotecario. Señorita Alma, deme cinco minutos para entregarle sus papeles de acreditación. Yo, sí, gracias. Bibliotecario. Ay, señorita,

la vamos a extrañar en la biblioteca. Usted fue la más buena de las alumnas que han hecho servicio aquí. Yo en particular voy a extrañar su gran disposición de ayudar. Créame que hará falta su trabajote. Obviamente me di cuenta de que el tipo estaba de pervertido y que estaba hablando de mi cuerpo. Yo solo quería que ya me entregaran mis papeles. Cosa que el hombre retrasaba lo más que podía, ya estaba viendo mis muslos, ya de por si grandes se acentuaban todavía más por estar sentada. Ese

viejo cochino no quitaba la mirada de mis piernas. Yo, oiga señor,¿ puede darse prisa? Ya es de noche y vivo algo lejos de aquí. Bibliotecario. Claro señorita Alma. Disculpe, mis ojos ya no funcionan igual que antes. El viejo todavía se gastó cinco minutos más y por fin me entregó mis papeles. En cuanto me los dio, me levante y me fui. Obviamente el viejo asqueroso no perdió la oportunidad de verme las nalgas cuando le di la espalda. Caminé lo más rápido que pude hacia la salida de

prepa y después a la estación de metro. Nunca había estado en esa zona tan noche. Lucía bastante peligroso. Había hombres parados en la calle y todos se me quedaban viendo. Algunos me grutaban cosas. Adiós, mamacita.¿ Ya vieron a esa culona? Qué rica colota te cargas, mami. Esa situación me dio bastante miedo, así que llegué casi corriendo hasta la estación. Baje al andén y me quedé esperando al metro. Para

mi desgracia había demasiada gente. Cuando llego al vagón como pude me subí, aunque más bien creo que fui arrastrada por la marea humana, jeje. Una vez adentro termine quedando cerca de la conexión que une a los dos vagones. Esta desde afuera debe como una oruga. En la siguiente estación bajó mucha gente pero subió todavía más. De todos

estos nuevos pasajeros hubo uno que llamó mi atención. Este era un hombre de unos 38 años, alto como de 1.85 metros, casi rapado, con bigote, se vería bastante fuerte aunque ya que tenía una playera de tirante debajo de una camisa de cuadros abierta, además para completar su temible aspecto tenía una lágrima tatuada bajo el ojo derecho, era un malandro en toda la extensión de la palabra. El hombre caminó hacia donde estaba yo, mientras avanzaba chocaba a los demás

pero nadie se atrevía a decirle nada. Quedó como a un metro de mí, me veía totalmente de frente. El vagón avanzó otra estación y bajaron varias personas y otras subieron. El hombre aprovechó el momento cuando bajaron para avanzar un poco más y posicionarse por detrás de mí. Estaba realmente muy cerca tanto que casi podía sentir su respiración. El vagón se dispuso a avanzar y al llegar a la nueva estación, frenó de manera muy brusca por lo que el hombre que ya de por sí iba muy pegado

a mí prácticamente me embistió. Cuando sucedió esto yo pude notar que algo realmente grande y duro que chocó con mi trasero. Lo raro fue que después del freno en él ya no se despegó, se quedó así de pegado a mí. Yo pude caminar un poquito hacia adelante, pero por alguna razón no lo hice, me quedé ahí, sintiendo eso duro que llevaba el hombre en la entrepierna. Yo estaba muy nerviosa. Nunca me la habían arrimado y menos así de descarado. El malandro no se conformó con irme

rozando su pene en mi culo. De repente comenzó a frotarse más intensamente con mi culo. Ahí debí de quitarme y de alejarme lo más lejos que pudiera, pero no lo hice. Al contrario, levanté más mi enorme culo para que el malandro se siguiente dando gusto con él. Era como un baile muy discreto en el que él me punteaba y yo movía hacia y levantaba mi culote. Así estuvimos varias estaciones. A pesar de que estaba muy excitada, estaba mayormente nerviosa, no sabía por qué mi cuerpo estaba

reaccionando así. Yo estaba muerta de miedo. Justo cuando pensé que a la primera oportunidad me bajaría, él comenzó a besarme el cuello desde atrás. Eso me estremeció y creo que me venció jeje. La sensación era súper intensa, en ese punto yo ya iba en trance. Fue momentos después que el metro se quedó parado en lo oscuro del túnel antes de llegar a la estación. La oscuridad del túnel aunada a las tenues luces del tren dieron como

resultado una casi completa oscuridad. Con las nuevas condiciones de iluminación el hombre no se conformó con puntearme y besarme el cuello. Pude sentir que bajó sus manos y se bajó la bragueta para sacar un miembro bestial. Sin ninguna pena el malandro me tomó de la cadera, levantó un poco mi falda, cosa que intenté evitar pero obviamente mi fuerza no era rival para la de él. Malandro, déjate mami,

si te va gustando. Levantó mi falda hasta dejarla a media nalga, Entonces él colocó su enorme miembro entre mis cachetotes. Era increíble. Pensé en escabullirme hacia adelante pero en lugar de eso lo que hice fue apretar su pene con mis nalgotas. Cuando hice eso me sorprendí de que su cosota era demasiado grande además de extraño pues podía sentir como si tuviera pegado unas cosas raras. La escena era surreal.

Una pequeña jovencita vestida de uniforme escolar y con cara de niña le iba apretando la verga a un malandro enorme en el metro. Sólo pensar en eso me excitaba demasiado. Malandro, qué ricas nalgotas tienes chiquita, me apretando muy rico. Alma, a-a-a-a-a-a-a-m-m-m-m-m. Malandro, no mames, pinche nalgona con esa minifalda y traes tanga, se ve que andabas parando vergas y mira encontraste la más grande que podías. Movía riquísimo su verga en mi culote.

Por un momento lo saco de entre mis nalgas para golpear con el mi culo, esto me dolió mucho. De nuevo metió su vergota en mis nalgas y siguió besando mi cuellito. Estuvimos así cinco minutos más, hasta que al llegar a la estación la iluminación invadió el vagón. Al tiempo que se abrieron las puertas esta vez no entraron pasajeros, sino que fueron policías los que subieron al vagón, eran alrededor de cinco y parecía que buscaban a alguien. Cuando me di cuenta el malandro ya había sacado su palo

de mí, volteé para verlo. El aprovecho para darme un beso en la boca y decirme. Malandro, chale, me tengo que ir nalgona ya llegó la tira, me dio una rica y dura nalgada y se escabulló entre la gente hasta la puerta del vagón contiguo.

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