la situación en la que estábamos los tres era algo insólito por lo menos para mí. Mientras la chica seguía dándose placer con la verga y el enorme y duro cuerpo de don Pedro, la madame entró a la habitación con un refresco para mí y un whisky para don Pedro portados en una bandeja. Se acercó a servirlos y don Pedro, mientras penetraba a la chica, cogió el vaso y así con ella cabalgando su polla, se lo bebió
de un trago. La chica se lo arrebató de la mano y lo posó en la bandeja que sujetaba la madam para acomodarse mejor rodeando el grueso cuello de don Pedro con sus brazos quedando su delgado cuerpo tumbado encima de él. Ahora su cadera dibujaba en círculos una danza erótica y a la vez que le comía la boca a don Pedro, emitía grititos por el placer que aquel impasible macho le estaba dando. Era impresionante contemplar la entrega absoluta de la chica y cómo le abordaban continuos orgasmos
provocados por la imponente virilidad de don Pedro. La madam se retiró con una sonrisa sarcástica y guiñándome un ojo. El poderío sexual de don Pedro estaba quedando de manifiesto ya que después de todo aquel tiempo, aún no había eyaculado. pero después de que la chica se corriera por última vez, don Pedro se puso serio y la cogió por la cintura y la empezó a subir y a bajar por aquel descomunal falo con la chica agotada abrazándolo y recostada
en el barrigón y las tetas de don Pedro. Finalmente y dándole una buena follada don Pedro se vino dentro de su coño con una inmensa cantidad de semen la cual después de besar a la chica y albergarla en su regazo acariciándola para que se recuperara del tremendo esfuerzo, agarró sus piernas y levantándola con sus manazas la incorporó
de pie. Del coño de ella brotaba una buena cantidad de lefa que empapaba sus piernas y ella con sus manos la recogía y se la metía en su boca saboreándola muy satisfecha de polvo que se gastaba don Pedro.« Nena, será mejor que te laves ese coño lleno de mi leche, jajaja», le dijo don Pedro soltando después un carcajada. La había hecho suya sin apenas moverse. Cuando la chica se retiró a ducharse don Pedro me miró y dándose unas palmadas en su potente muslo me invitó a sentarme en él.
Cuando yo lo hice, no pude evitar poner mi brazo encima de sus hombros. Le di un beso de admiración cargado de sentimiento y agarré su verga mojada de flujos comenzando a masturbarlo sin remedio mientras le daba besitos en los labios y él me pellizcaba zarandeándome como si nada. Don Pedro continuaba con su verga como un estaca demostrando
su desmedida potencia sexual. pero simplemente consentía, con una mano en mi cintura y la otra detrás de su cabeza, mis deseos de adorar su cuerpo y admirar su personalidad. Estuvo un buen rato permitiendo todo lo que yo le hacía. Chaval,¿ te has fijado bien cómo la he hecho correrse tantas veces solo dejándole hacer todo lo que quería? Me dijo
alborotando mi cabello con su enorme mano. En realidad ya no sabía si quería más a don Ernesto o a don Pedro ya que este último me había dado una lección práctica de cómo se debía tratar a una hembra que nunca olvidé. Bueno chaval, va siendo hora de que te lleve a tu casa. Es muy tarde ya, me dijo apartando mi mano de su pollón y besándome con cariño en la frente. Yo me puse el vaquero y lo ayudé a vestirse. Con devoción al abotonarle la camisa la dejé abierta en el pecho para que luciera su
cadena de oro con Cristo. Él se fajó los pantalones e intentó cerrar su chaqueta de punto, pero no pudo debido al volumen de su panza. La chica cubierta con una toalla se despidió de él agarrándole las toscas manos para que le rodeara la cintura. Entonces lo besó en señal de agradecimiento y él le correspondió con otro beso
en la frente paternalmente. Salimos de la habitación dirigiéndonos a su coche, yo con mi mano en su cintura y él con su grueso y musculoso brazo encima de mis hombros como si fuéramos una pareja o de la misma familia. Durante el trayecto hasta mi casa don Pedro me gastaba bromas y me hacía carantoñas y yo puse mi cabeza en su regazo subiendo la pernera de su pantalón para palpar los grandes y duros gemelos que se gastaba aquel macho. Don Pedro conducía en silencio dejando que yo palpara los
músculos de su pierna. Me incorporé al notar que el carro se detuvo. Pensé que ya estábamos en mi casa, pero no. Era de noche y cuando miré a través de los cristales estábamos al lado de una carretera comarcal. Era un descampado.¿ Por qué estamos aquí? Le pregunté. Para seguir enseñándote algunas cosas que no olvidarás nunca. Me contestó posando su enorme brazo en mis hombros y atrayéndome hacia
él me dio un tierno beso. A mí no me había bajado la erección en toda la noche debido a la fuerte atracción sexual y afectiva que sentía por aquel fornido hombre. Me atreví a liberar su cinturón para bajar el cierre buscando su flácida verga debajo de su calzoncillo y la saqué. Aún en reposo era formidable el grosor y tamaño que tenía. Era rosada con el glande de color rojo morado y vaya que si pesaba en mi mano.
Él me cogió con sus fuertes brazos levantándome del asiento del copiloto y sentándome otra vez en su muslo de manera que mis piernas flexionadas y abiertas lo rodeaban mientras lo masturbaba y don Pedro me permitía que a veces lo besara en los labios consintiendo mi deseo de disfrutar de él. Su verga se puso rápidamente hinchada por mis atenciones. Un semental como don Pedro tiene sus necesidades sexuales y mis besos y la masturbación que le hacía lo encendieron de nuevo.
