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Dos mujeres y un otoño muy caliente

Sep 18, 20256 minSeason 2Ep. 2063
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Transcript

Speaker 2

El otoño había pintado la ciudad de tonos dorados y carmesí. Yo ojesba un libro en la mesa de aquel café intentando olvidar los sermones de mi padre hasta que escuche una risa baja rasposa que me obligó a levantar la mirada y ahí la vi. Estaba al otro lado del café apoyada contra la mesa, con una chaqueta de cuero abierta y camisa roja el cabello cayéndole rebelde sobre su cara riendo con alguien en una llamada de su móvil que me intrigó. Así que hice lo único que podía

hacerme levante y me... Dirigí al sanitario. Cuando regresé nuestras miradas se cruzaron fue un instante. En donde nuestros ojos reflejaban una atracción mutua y una química que se sentía desde el primer momento pero sentí algo que no sabría explicar pero lleno el espacio entre nosotras. Con un cosquilleo en el pecho. Mi corazón se aceleró cuando di el primer paso hacia ella. El sonido del piso bajo mis

zapatos fue suficiente para que levantara la vista. Sus ojos me atraparon en el acto, con una profundidad que casi... Me hizo retroceder, pero ella sonrió y supe que no podía dar marcha atrás. Guión bajo,¿ te molesto? Guión bajo, le pregunté con una voz temblorosa. Guión bajo no respondió señalando para que me sentara junto a ella en la mesa de aquel café. Guión bajo, encantada, me llamo Elena, me dijo. Guión bajo, mucho gusto en conocerte, me llamo Camila. Hablamos. Bueno,

intenté hablar, pues mis palabras eran torpes. Pero ella tenía una voz tranquila como el río después de la tormenta. Yo me sentía fuera de lugar en comparación de su serenidad, que recogía mis palabras con paciencia y sin juicio. En ese momento supe que no sería solo una conversación. Aquella tarde en el café El Ombú sería el inicio de algo que cambiaría mi vida para siempre. Aquel café se había convertido en nuestro refugio, ese lugar apartado del mundo

y que no podía alcanzarnos. Habíamos regresado tantas veces que aquellas mesas ya conocían nuestras historias y nuestras risas. En aquel café éramos libres al menos por un corto tiempo y podíamos ser nosotras mismas. Aquella tarde no fue diferente. Elena estaba sentada en el mismo lugar de siempre con su cabello envuelto con un pañuelo amarillo mostaza que me fascinó y un vestido enterizo corto blanco que resaltaba su

piel morena. Estaba dibujando en aquella hoja blanca como siempre hacía, para crear una obra de arte, con su rostro más relajado y el gesto más suave. Yo llegué con un vestido verde botella corto con el pelo suelto y planchado y con un libro para leer pero no abriría ni una página. Me senté junto a ella lo suficientemente cerca para que nuestras rodillas y muslos se rozaran. Noté entonces que ella no solo no rechazó el contacto, sino que

incluso lo hizo aún con más convicción. La conversación era como siempre buena, divertida, llena de comentarios que nosotras entendíamos, pero había algo más en el aire, lo sentía en la forma que me miraba, lo sentía en mi pecho

me excitaba. sabes me dijo este es el único lugar donde pudo respirar, yo la miré sorprendida por su sinceridad de sus palabras y puso su mano sobre mi muslo izquierdo y lo comenzó a pasar con suavidad por él, sin dejar de mirarnos en ningún momento su mano subía y bajaba, traí saliva mi corazón se aceleró y yo respondí, este es el único lugar donde puedo ser yo misma y mi mano fue a dar a su muslo derecho, acariciándolo con suavidad. Nuestras miradas entrecruzadas hicieron arder nuestros ojos

de pasión. Y Elena me dijo, dime que no sientes nada por mí y me iré. Hubo silencio. Volví a tragar saliva. Apreté mis labios. No podía decir nada. Estaba paralizada. Desde ese momento Elena supo la verdad y sin decir más se inclinó y me besó con rabia. Deseo detenerme entre sus brazos. Yo me deretí y mis manos volaron automáticamente a su cuello. La gente pasaba y sus miradas se clavaban en nosotras pero no nos importaba. Nuestros labios

se movían en un baile ardiente. Nuestro saliva se mezclaban y nuestras lenguas se movían juntas. Cuando nos separamos y Apoyamos nuestras frentes jadeando temblando. Me dijo susurrando dime que quieres estar conmigo. Cerré los ojos y por primera vez en mi vida me rendí y le contesté ese y quiero estar con vos. Tomamos nuestras cosas y no fuimos a su departamento. Al llegar la puerta de su hogar

se cerró de golpe tras de nosotras. Elena me empujó con suavidad contra la pared y nuestros labios chocaron con una necesidad voraz como si hubiéramos estado esperando esta noche toda nuestra vida. Yo gemí en su boca y me aferré a su cintura pegándome más a ella. La tenía entre mis brazos y sin miedo a que me detuvieran. Luego Elena me alzó en el aire con facilidad y yo con mis piernas rodear a su cintura con fuerza me llevo a su habitación sin romper el beso y

caímos suavemente en la cama. El mundo desapareció, solo existíamos ella y yo. Nuestras manos recorrieron nuestros cuerpos como si no hubiera un mañana. Allí entre gemidos y jadeos nos quitamos la ropa quedándonos en ropa interior que ya estaba húmeda. Suabrazamos y Elena me susurró al oído no importa lo que pase afuera. Aquí en esta habitación somos lo que queremos ser. Lo que sentimos es real. Entonces no había más que decir. Me acerqué lentamente y excitada hasta que

sentí sus labios. Me tumbó en la cama sintiendo su cuerpo sobre el mío. Su piel caliente me estremecía. Nuestros pachos medianos y redondos estaban ya en contacto pleno, amoldándose entre sí. Mis manos se deslizaron con suavidad por la espalda de Elena y un beso ardiente selló el inicio de una noche de pasión. Elena comenzó a frotar suavemente su entrepierna de mi pelvis y yo le respondí. No sé cuánto rato permanecimos las dos besándonos y cariciándonos hasta

que finalmente retiramos nuestras tanguitas. Luego Elena deslizó sus labios por mi cuello, por mis pechos saboreando cada estremecimiento de mi piel que yo me arqué bajo su cuerpo jadeando, mis ojos nublados de deseos. Le pedía que no se detuviera y Elena no se detuvo. La noche se rompó en gemidos, ahogamientos y nuestras manos explorando cada rincón de nuestros cuerpos y nuestros labios devorando silenciosmente nuestras partes íntimas.

Hubo fuego, caos, entrega, gritos hasta que no quedó nada entre nosotras y yo desmoronándome en sus brazos, mi expiración agitada y mi cuerpo aún vibrando por lo que acabábamos de hacer.

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