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relato, la madre de mi amigo

Nov 21, 20259 min
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Antes de continuar, quiero invitarte a mi página oficial donde podrás escuchar mis relatos narrados en voz humana y también podrás disfrutar contenido 100% exclusivo como relatos en texto y mucho más. Entra ahora a nuestra página. y nosotros nos encargaremos de que tus emociones fluyan. Hace algunos días mientras me despertaba con tremenda resaca sentí que alguien tocaba la puerta de mi apartamento de una manera fuerte e insistente.

Era un sábado en la mañana así que pensé que se trataba de algún religioso, por lo cual solo me limité a taparme los oídos con la almohada. Pero cuando sentí que una voz muy familiar gritó mi nombre, enseguida bajé los escalones y abrí la puerta. Al abrirme llevé una gran sorpresa al ver que se trataba de Doña Hilda. La mamá de mi mejor amigo.

Ella que siempre me sonreía y siempre me saludaba, ahora me estaba mirando con furia en sus ojos. Como si quisiera desatar una gran furia sobre mí. Yo sabía a qué se debía, pero aún así me hice el tonto. Muy buenos días Doña Hilda. Perdone que esté casi desnudo pero diga. ¿Qué la trae por aquí? No te hagas el estúpido Jorge. Te advertí que no llevarás a mi hijo a esos lugares de mala muerte que frecuentas.

Esta mañana llegó a la casa, borracho y vomitando todo a su paso, cuando le pregunté dónde diablos estaba, me dijo que estaba contigo. Al decir eso la señora entró a mi apartamento y se sentó en el sofá cruzada de brazos. Lamento el inconveniente señora Hilda. Pero su hijo ya es mayor de edad y además ayer terminé con mi novia. Así que lo invité a tomar unos tragos para evadir un poco la tristeza. En ese momento la cara de la señora cambió y empezó a mirarme con lástima. Lo siento mucho Jorge.

Se veían tan felices y hacían muy bonita pareja. ¿Qué fue lo que ocurrió entre ustedes? Sentándome a su lado, le conté lo ocurrido. Esa chica solo jugó conmigo. Mientras me hostigaba para que la trajera a vivir conmigo, se estaba revolcando con otros. Sogando mi espalda Hilda me habló en un tono de consuelo. No sufras por eso. Solo tienes 25 años, de modo que tienes una vida por delante para conocer mujeres de todo tipo y de todas las edades.

Sus manos reposaron en mi muslo descubierto. Al sentir sus manos tocando mi piel comencé a ponerme algo cachondo. ¿Sabes que te quiero como un hijo? Acariciando su cabello rubio añadió. Y si hay algo en lo que pueda ayudarte sabes que cuentas conmigo. La miré fijamente a sus ojos azules y le hablé con franqueza. Ahora mismo lo único que deseo es olvidarla.

Y conocer a una mujer que me haga experimental. El placer y el deseo mil veces mejor que como lo hacía con ella. Con su bello rostro a centímetros del mío, la señora comenzó a hablarme de una forma seductora. No te preocupes mi cielo. Estoy aquí para cumplir todas tus necesidades. Diciendo eso me pegó un rico beso en la boca. Sentir el calor de sus labios en los míos. Me provocó una erección casi instantánea. Nuestras lenguas no tardaron en unirse para dar comienzo un beso más intenso.

Al saborear sus labios pintados de rojo, podía sentir su rico aliento el cual me excitaba más y más. Su mano que se paseaba por mi pecho, ahora se iba abriendo paso dentro de mi boxer. Luego de lamer mi cuello, se arrodilló ante mí. Ella me masturbaba despacio y me miraba sonriendo. Yo acariciaba sus mejillas y su cabello lacio. Sus labios carnosos iniciaron un recorrido desde el tronco hasta la punta. Mientras lo hacía, sentía como su lengua iba humedeciendo mi miembro.

Al cabo de un par de besos y de lengüeteadas en mi glande, doña Hilda comenzó a chupármelo. No podía creer que la mamá de mi mejor amigo pudiera hacer tan buen sexo oral. Tomándola por el cabello. Movía su cabeza de arriba abajo. A medida que se lo hundía más en la garganta yo agilizaba más el movimiento. Arrodillándose sobre el sofá me quitó el boxer y esta vez comenzó a mamármelo como una perra en celo.

Me tomaba el tronco con fuerza y me succionaba el pena de forma frenética. Ante todo esto ya yo le estaba metiendo dos dedos por el coño. Al tiempo que los sacaba y los metía, podía sentir sus ricos jugos vaginales que se hacían más y más abundantes. Al sacar mis dedos embarrados de sus fluidos, se los metía en la boca para que ella los chupara, yo también hacía lo mismo, y recuerdo como disfrutaba la textura y el rico sabor del jugo de su coño.

Inmediatamente cerré las cortinas Hilda se quitó su vestidito negro. El cual le quedaba muy ajustado. Estando completamente desnuda no titubeé en ir sobre ella. Luego de mamarle sus tetotas, sumergí mis labios en su coñito. El suave movimiento de mi lengua recorría su clítoris y los labios mayores y menores de su sexo depiladito. Metiendo y sacando tres de mis dedos, mordisqueaba y succionaba su clítoris. Sus lindas piernas temblaban y de su boca se escapaban suspiros y gritos de placer.

Cuando le estimulaba su punto G doña Hilda apretaba mi cabello a la vez que se cogía las tetas. El olor y el sabor de su sexo me embriagaba de excitación. De tal forma. Que no tan solo le mamaba el coño de manera frenética, sino que también le abría las nalgas y le mamaba el culo. Pero yo quería más y Doña Hilda me pedía que se lo metiera.

Así que corrí hasta mi habitación y busqué aquel preservativo que tenía guardado bajo mi colchón. Al volver a la sala, me recosté del sofá y ella misma me puso el preservativo con su boca, acto seguido. Se puso de espalda a mí, para clavarse mi verga, en lo más profundo de su coño. A medida que se agachaba, con su mano derecha se iba metiendo mi miembro. Cuando lo hacía, su boca se abría y soltaba leves quejidos.

Mientras tanto ella me miraba por encima del hombro y yo acariciaba su espalda bronceada y también acariciaba su cabello largo. En el momento que consiguió incrustarlo, comencé a metérselo lento. Sosteniendo sus caderas mi miembro penetraba su rico coño una y otra vez. Con sus piernas apoyadas del sofá. Agilizaba el movimiento de su delicioso cuerpo.

Su cabello rubio subía y bajaba y su culo se movía de adelante hacia atrás. Ante todo esto ella gritaba mi nombre con los ojos en blanco. En esa pose conseguí que se viniera dos veces. Con una mano en la cabeza, y la otra en una teta, su mordeado cuerpo de señora danzaba sobre mi pene, movimiento que se hacía más rico cuando azotaba sus nalgotas, con fuertes palmadas que las hacían rebotar.

Después de unos minutos hicimos el misionero. Luego se lo metí en cuatro pero no fue hasta que se puso sobre mí que tuve mi primer orgasmo. Antes de que se vistiera la invité a mi habitación. Pues el día aún era joven y yo quería algo más íntimo. Ella aceptó y así que la encaminé hasta mi cama. Estando allí. Nos besamos de una forma más tierna y lenta, como si fuéramos dos novios que recién comienzan su relación.

Ambos nos conocíamos desde hace mucho y teníamos confianza, de modo que le dije al oído que se lo quería meter sin preservativo y ella aceptó con una tierna sonrisa. estando encima de ella y durante tiernos besos de pico. Nuestros sexos se ligaron entre sí sin ningún preservativo de por medio. Podía sentir en carne propia como mi pene, se abría paso entre las estrechas y cálidas paredes de su vagina, doña Hilda apretaba mis nalgas. Y lo pedía más adentro.

Con los ojos cerrados Doña Hilda suspiraba y yo lamía sus labios y a la vez sentía su rico aliento que calentaba mi boca, pero me pidió que por favor no me viniera dentro de ella. Que mejor lo hiciera dentro de su culo. Hasta aquí el relato, espero que te haya gustado. Si es así por favor ayúdame a llegar a la meta de los 50.000 suscriptores y recuerda usar protección para cada actividad sexual.

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