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relato. doña minerva

Dec 06, 202524 min
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Hola, me llamo Fabio. En esta ocasión me tomaré la libertad de contarle sobre las ricas confesiones que le hice a la señora Minerva, la madre de mi amigo Saúl, en las que les contaba con lujo de detalle todo lo ocurrido en casa de mi hermana. Pero antes de continuar, les pido que me sigan en Facebook e Instagram donde encontrarán más relatos. Los links están en la descripción.

Recuerdo que un día viernes, mis amigos, Saúl, Freddy, Jonathan y yo planeamos encontrarnos con unas amigas del instituto al caer la noche. Como éramos cuatro chicos y cuatro chicas, decidimos que el encuentro fuera en un parque muy bonito y discreto que está muy cerca de la playa. Debido a la hora y el lugar del encuentro, estaba más que claro cuál era el verdadero motivo del mismo. Cada uno entablaría conversación con una de ellas, y de ahí a lo que surgiera.

Entre ellas estaba Kimberly, una hermosa chica que recién había comenzado en el instituto. A pesar de ser religiosa y de su vestimenta recatada, ella posee una belleza que me enamoró desde el primer momento. Cabello largo y lacio, ojos color miel y una bella sonrisa. Lamentablemente nuestra amistad era solo de compañeros de clase, pero esa noche juré que por lo menos le robaría un beso.

Como los cuatro vivíamos en el mismo vecindario, nos reunimos en casa de Saúl para de ahí irnos al parque. Al entrar en la casa, me topé con Minerva quien estaba sentada en el sofá pintándose las uñas de los pies. Todavía no la he descrito. Ella es una mujer de piel morena, de estatura alta, y de cabello rizado, pero además de su color de piel, lo que más me encanta es su gran culo y su buen par de tetas. Que aunque las tiene un poco caídas no dejan de lucir exquisitas.

Tal parece que no esperaba visitas a esa hora, pues ella estaba vestida con un pantaloncito corto de seda que le dejaba al descubierto sus encantadoras piernas, también llevaba un camisón de color rosa que no dejaba nada a la imaginación. Pues, aparte de ser escotado, se podía ver sus pezones a través de la tela. No era la primera vez que la veía en esas fachas, así que continuó como si nada. Fabio, así que tú también irás de cacería con estos buitres.

Exclamó Minerva. Si esas chicas saben lo que les conviene, no van a dudar en llevárselos a sus casas. Tomando asiento repliqué. Espero tener la misma suerte que tiene su hijo para conectar con las chicas. Al cabo de una leve carcajada, la señora dijo. No te preocupes si no la tienes hoy la tendrás mañana, o tal vez pasado. De momento caminé hacia el refrigerador en busca de un vaso con agua. Al volver a su lado le pregunté.¿Algún consejo que me pueda dar para triunfar esta noche?

Ella respondió. Tú solo ve y diviértete. Recuerda que las mujeres son como la sombra, cuando las persigues te huyen. Pero cuando les huyes te persiguen. Poniendo el frasco de acrílico sobre la mesita añadió. Cuando te presentes ante tu chica, trata de darle una buena impresión de ti. Muéstrate interesado en saber más sobre ella, no le hables de tus problemas. Y si surge el tema de relaciones, no hables de tu ex. Aunque todo eso solo te servirá para crear un buen momento.

Sin embargo, aquí lo importante es lograr que esa chica quiera tener otro encuentro contigo. Y si eso sucede, tendrás muchas posibilidades de lograr algo más allá que la amistad. Influenciado por mi impaciencia, dije.¿Y si digo que voy a intentar besarla esta noche? Por favor, Fabio, no seas inmaduro. Respondió con gesto de disgusto.

No sé cuál es la puta obsesión de ustedes, los chicos, de besar y acostarse con una mujer en la primera cita, sin tan siquiera saber con qué clase de cosa o persona están tratando. Pero si eso es lo que quieres, dependerá mucho de qué tipo de confianza y relación tienes con esa chica. A no ser que estemos hablando de una puta que se bese con todo el mundo. Cuando terminamos nuestra conversación, caminé hacia la habitación de Saúl, quien apenas terminaba de vestirse.

Estar perfumado, un billete de 20 dólares y un paquete de condones, fueron las últimas cosas que aseguró tener consigo antes de ponerse los zapatos. Oye Saúl. Le interrumpí.¿Será que me puedes prestar una de tus computadoras? Es que la mía tiene un virus, y no he podido terminar la tarea del lunes. Eso te pasa por estar entrando a páginas porno. Bromeó Saúl, a la vez que me pasaba el bulto donde guarda su laptop.

Te he dicho que es mejor escuchar relatos eróticos que estar viendo a tías fingiendo orgasmos mientras hacen las mismas poses y las mismas cosas. ¿Y qué me dices de ti?, repliqué. Te pasas cascando tela con esos vídeos que Freddy manda al grupo de WhatsApp. Poniéndose la camiseta me respondió. Por lo menos esos son vídeos amateurs. De chicas que ni saben que las están grabando. O que simplemente se graban para enviarlos a sus novios, eso sí que es excitante.

Sin efectos especiales ni cambios de cámara. Colocándome el bulto en el hombro, salí de la habitación. Bueno, Saúl, entonces, que nos quedamos aquí hablando de porno casero, o vamos a vernos con las chicas, respondí. Antes de salir de casa su madre nos despidió deseándonos que tuviéramos una noche divertida y fructífera, pero cuando subimos al coche de Saúl me acordé que había dejado el bulto con la computadora en el estar.

Solo rezaba que a Minerva no le diera con curiosear en la computadora, pues ahí había muchas cosas privadas de su hijo, como fotos, vídeos, mensajes y suerte que este no notó que yo no tenía el bulto conmigo. Luego de un trayecto de menos de 10 minutos, llegamos al lugar del encuentro, y minutos después llegaron las pibas. Y allí estaba mi Kimberly. Pensé que, como se trataba de una noche de amigos, vestiría de una forma más liberal.

Sin embargo, se veía muy linda como estaba vestida. Enseguida tomé la libertad de darle un beso en su mejilla. En cambio, Saúl no tardó en darse un beso de pico con aquella chica gordita y tetona. Que a juzgar como lo miraba parecía estar dispuesta a sucumbir ante los deseos depravados de mi amigo. Caminamos por el parque durante unos 10 minutos, luego entramos a un bar que estaba a pocos minutos de allí, mientras tanto Saúl, Freddy y Jonathan caminaban de la mano de sus parejas.

Pero yo ni sabía qué más inventar para sacar a Kimberly de aquel silencio tan incómodo. Le decía mamadas tales como qué tal iba su día, que se veía muy hermosa, que me alegraba verla. Pero la santurrona solo se limitaba a responder lo necesario, como que si no le interesaba entablar una conversación conmigo. Eso sí, se le notaba la cólera al ver que Freddy le manoseaba el culo a su amiga, aún más cuando este desapareció con la chica.

Sin lugar a dudas, Kimberly estaba celando a Freddy. Todavía recuerdo el gesto de molestia en su rostro, el cual se intensificó cuando los dos regresaron tomados de la mano, como haciendo alarde de la travesura que recién habían hecho. Oigan chicos, este lugar está muerto. Exclamó Freddy.¿Qué tal si de aquí nos vamos a salvar de la esquina?

Allí hay más ambiente. Jonathan, quien estaba en la barra pidiendo una segunda ronda de cerveza y un refresco para Kimberly, dijo. Si quieres, vete tú. En esa porquería de lugar solo saben poner reggaetón. Tratando de convencerle. Freddy caminó hacia él con tono discreto y le preguntó.¿Y tú no me vengas a decir que no quieres perrearte ese culito toda la noche? Jonathan respondió.¿Y para qué quiero perrea?

Si a esa tía me la estaré follando en el baño de hombres en menos de media hora. Confesó mirando con disimulo a su chica. Nosotros nos apuntamos. Gritó Saúl desde la esquina. Levantándose del asiento, la chica gordita se acomodaba su falda corta y Saúl con cierto disimulo trataba de ocultar su erección, a la vez que caminaban hacia nosotros. Mi madre dijo que podía usar el auto toda la noche, dijo Saúl. Así que hoy podemos divertirnos lo que queramos.

Mientras tanto, Jonathan lo consultaba con su pareja, ya que la chica se mostraba entusiasmada con la idea de Freddy. Bueno, bueno, pero con nosotros no cuenten toda la noche. Dijo. Yo mañana tengo trabajo y mi chica por igual. El muy imbécil de Freddy se frotaba las manos como si se hubiera sacado la loto. Es que no se daba cuenta que me estaba jodiendo la noche. Obviamente Kimberly se negó a ir a ese lugar.¿Y yo qué pintaría en medio de ese grupo sin tan siquiera una chica para dialogar?

Esa noche todos bailarían y tomarían. Por último se pasarían toda la madrugada cogiendo con esas mujeres. Sin embargo, ya lo mío era un caso perdido. Cuando nos despedimos, ella solo me hizo un gesto con la mano, no me dio ni un beso en la mejilla, mucho menos esperanza de que tengamos otra cita. Los chicos, al igual que sus novias, me pedían a gritos que los acompañara. Hasta la novia de Freddy me dijo que no valía la pena frustrarse por una mujer como Kimberly.

Que ella solo era una resentida y que solo había aceptado ir al encuentro para chismear sobre las cosas que ocurrieran. La novia de Freddy casi me convence, pero ya mi taxi esperaba por mí al otro lado de la calle para llevarme a casa. Al llegar me acordé de la laptop que dejé en casa de Saúl. Así que antes de entrar en mi hogar fui a buscarla.

Pues en lugar de pasar la noche recordando en mal rato, prefería estudiar ya que era en lo único que tenía suerte. A pesar de la hora en casa de mi amigo todavía estaban las luces encendidas y se podía escuchar la música que retumbaba en el interior. Enseguida toque la puerta, fui recibido por la señora Minerva.¡Santos cielos! En la tarde se veía muy provocativa y ahora aún más, y la copa rebosada de vino que sostenía entre sus dedos la hacía lucir más seductora.

Llevaba un vestido corto remangado de color rojo vino. Cuya prenda tenía un escote que mostraba casi todo su torso, de modo que sus tetas eran el centro de atención. Aparte, estaba muy bien maquillada, sus labios carnosos pintados de rojo, me provocaban besarlos hasta saciar toda la calentura que tenía acumulada. Evitando mirarla de arriba a abajo, ella me dijo, Fabio,¿y tú qué haces aquí tan temprano?¿Y dónde están Saúl y los demás?¿Está todo bien? Todo está bien, no se preocupe.

Respondí. De hecho, todos están muy bien, créame. Aquí el único desafortunado soy yo. Haciendo un gesto de condolencia, Minerva me invitó a pasar. Vamos, chico, no me digas que tu chica no fue al encuentro. Ojalá hubiera sido eso. Sentándome en el sofá, añadí. Por lo menos de esa forma tendría la esperanza de salir con ella, aunque sea en otra ocasión. La mamá de mi amigo me servía una copa de vino y yo continuaba contándole lo sucedido.

La cosa es que prácticamente ni siquiera me dirigió la palabra. Para colmo, el resto de los chicos se fueron a una discoteca. Y como esa chica es una mojigata, no quiso ir. Así que yo también me fui al carajo. Qué pena escuchar todo eso, Fabio. Pero al diablo con ella, solo tienes 22 años, ya verás que tendrás ocasión de conocer a mujeres de toda clase y, sobre todo, de todas las edades. Dicho esto último, la señora se sentó a mi lado cruzada de piernas, luego hicimos un brindis.

Créame, no es tan fácil ustedes, las mujeres obtienen cualquier cosa de un hombre cuando se les pegue la gana. Luego de darme un sorbo de vino, proseguí, pero con nosotros y especialmente conmigo la cosa es todo lo contrario. Creo que mi destino en esta vida es tener un título universitario en mi habitación en lugar de tener a una mujer para hacer el amor. Estremecida por lo que le había dicho ella, me preguntó. Fabio, cariño, dime algo. ¿Alguna vez te has acostado con una mujer?

Porque en la forma en la que hablas lo dudo. Dijo con una leve sonrisa. Usted me conoce como si fuera mi madre, así que,¿para qué mentirle? En toda mi vida solo he estado con dos mujeres, de hecho, hasta llegué a estar con las dos al mismo tiempo. Parte 2. Sin poder creer lo que le había confesado, Minerva estalló en una leve carcajada. Perdona, es que no puedo creer lo que me estás diciendo, pero háblame de esa experiencia. Lo quiero saber todo. ¿Cuándo fue y dónde?

La cosa se puso interesante o más bien picante, ya que para nada es una mala idea hablar de sexo con semejante mujer. Me dispuse a contarle con lujo de detalle cómo fue mi primera vez, cuestión de que luego se sintiera en la obligación y en libertad de responderme ciertas dudas que yo tenía sobre ella, o más bien de su vida íntima. Pues póngase cómoda. Dije mientras destapaba otra cerveza. Porque si con lujo de detalle lo quiere escuchar a sí mismo se lo voy a contar.

Mientras le contaba todo esto a Minerva, los dos moríamos de la risa. Pero también recuerdo que cuando le contaba todo lo que había ocurrido en esa habitación, podía notar en su respiración y en su mirada que una gran excitación se había apoderado de ella. Yo también estaba muy cachondo. Y con disimulo ya tenía una de mis manos sobre su muslo. Y ella no me dejaba de acariciar detrás de la nuca.

Estaba más que claro que si le seguía contándole las otras cosas, terminaríamos teniendo sexo allí mismo. Lamentablemente me dijo que tenía que madrugar, pero si quería podíamos planear una cita para la noche siguiente. Pues su hijo no estaría en casa todo el fin de semana. Mi calentura sobrepasó el límite y mis pelotas querían explotar, y si así estaba yo, cuál sería el estado de excitación de la madre de mi amigo?

Se habrá masturbado tal y como yo lo hice mientras veía sus fotos de Instagram. Lo había decidido. Y no estaba dispuesto a perder la oportunidad de tener algo íntimo con esa señora. El hecho de ser ella quien me invitó a una segunda cita, me daba más seguridad de lograrlo. A la mierda con Kimberly. La señora Minerva era mi objetivo prioritario. Alrededor de las 10 pm, recibí su mensaje. Y antes de las 11 ella me daba la bienvenida con un beso.

En su comedor nos esperaba una exquisita cena para dos vegetales con camarones y langosta, y una botella de vino tinto. Todo era muy romántico, las velas sobre la mesa le daban ese toque afrodisíaco al lugar. Sin embargo, la belleza de Minerva, en combinación con su vestimenta provocadora, era lo mejor. Durante la cena no dejábamos de hablar de nosotros como si fuéramos dos novios iniciando una relación.

De momento, ella me miró con una sonrisa pícara y con ella la invitación a jugar un pequeño juego, el cual consistía en preguntarnos cualquier cosa, sin ningún tipo de vergüenza alguna. Sin más, fue ella quien hizo la primera pregunta. Perdona por ser tan cliché. Dijo Minerva.¿Pero cuál es tu tipo de mujer favorita? Es decir,¿las prefieres mayores o menores?

Yo respondí. Yo las prefiero mayores. Y no estoy hablando de diez años de diferencia. Sino de alguien que haya vivido el doble de mi edad. Minerva se ruborizó y dirigió la mirada hacia la mesa. Aún no he estado con una mujer mayor que yo, pero sueño con eso cada noche. A continuación fue mi turno.¿Y usted a qué tipo de hombre prefiere? Su respuesta fue rápida pero inesperada. Yo prefiero al tipo de hombre que le encante follar más que otras cosas. Levantando las cejas añadió.

A esta edad ya no estamos en busca de las caras más linda o con el cuerpo perfecto cuando eso no te garantiza el mejor de los orgasmos. Debo confesarlo, me moría de ganas de exponerle mis ganas de follar para ver si se animaba a hacerlo conmigo. Pero ella lo dijo muy claro: un hombre con ganas de follar no a un mocoso en busca de sexo rápido.

Esta vez fue el turno de ella. Y mis oídos estaban a la espera de una pregunta aún más picante, para romper el hielo e ir al grano. Sin embargo, aquella pregunta me sacó de mi burbuja romántica. En tono severo me pregunto:¿Tú y Saúl se drogan? Su pregunta fue directa, hasta creí estar en una trampa disfrazada de romanticismo, para hacerme aflojar la lengua acerca de las cosas privadas de mi amigo.

La señora Minerva no pudo hacerme semejante pregunta sin más. Probablemente ya había escudriñado entre los archivos de la computadora de Saúl, aparte de eso, su madre es una mujer totalmente antidrogas. Obviamente no revelé nada. Por favor, Saúl y yo nunca haríamos tal cosa. Por favor, no soy tu madre y mi hijo no tiene por qué enterarse de qué me has dicho. Se lo juro, señora, no tengo nada que confesar.

En ese momento ella me miraba a los ojos con un gesto de duda y de pronto una sonrisa se asomó en sus labios. Está bien te voy a creer, lo más probable es que mi hijo también te esté ocultando cosas. Al lograr convencerla sentí un gran alivio, pensé en parar aquel jueguito. Si ella me había hecho una pregunta de tal magnitud, yo también debía hacer lo mismo.

Supongo que el juego no ha terminado. Así que es mi turno. Totalmente despreocupada, comenzó a comer de su plato, a la vez me hizo gesto de que prosiguiera con mi pregunta. Sin rodeos le pregunté. ¿Es cierto que usted y Freddy son amantes? De momento, sus ojos se abrieron de par en pal. Hasta volteó la mirada para ocultar su cara pasmada. Luego de unos segundos de silencio habló en tono sarcástico.

¿Acaso eso es lo que hacen los jóvenes, cuando se tiran a la madurita van y cuentan a todo el mundo la gran hazaña? せえきぼか No fue Freddy quien me lo contó. De hecho, fue su propio hijo quien me lo contó. Nuevamente quedó sorprendida o más bien avergonzada. No era para menos, pues por la mente nunca le pasó que su propio hijo supiera que ella se follara a su amigo. No se preocupe. Aconsejé tocando su mano. Saúl no la juzga al contrario.

Se siente bien de que usted por fin se divierta después de tanto sufrimiento con su ex marido. Además, Freddy es mayor de edad. Tienes razón. Pero el hecho de que mi hijo sepa que yo he tenido varios encuentros íntimos con su amigo es algo incómodo, pero mejor terminemos la cena, recuerda: tienes una historia que continuar. Luego de ayudarla a retirar los platos, nos sentamos en el sofá tal y como la noche anterior, una vez allí, continué.

Un tanto estupefacta la señora Minerva me dijo. Realmente estoy sorprendida con cada cosa que has dicho. Nunca imaginé que hayas vivido todas estas experiencias. Esto también lo sabe mi hijo. Claro que no, mi hermana me hizo jurar que no le contaría a nadie las cosas ocurridas en ese apartamento. Pues te agradezco que conmigo hayas hecho la excepción.

Dijo Minerva. Porque créeme que he disfrutado esta historia a tal punto que he imaginado cada detalle. En serio, respondí.¿Y hasta ahora cuál ha sido la escena que más le ha llamado la atención? Bueno, debo de confesar y perdona mi atrevimiento, pero anoche no pude dejar de imaginarte masturbándote mientras espiabas a las amigas de tu hermana.

Con la mano entre su escote añadió. Yo nunca antes había puesto atención a las relaciones íntimas entre mujeres. Pero el hecho de pensar en esas cuatro mujeres desnudas, intercambiando besos y caricias, me excitó bastante. Me alegra haber logrado tan rica emoción en usted, pero más me alegraría poder saciarla.¿En serio harías eso por mí? Haría eso y muchas cosas más. Repliqué acercándome lentamente. Claro, si usted me lo permite. No lo sé. Primero tendrás que convencerme.

En ese momento la besé en los labios, sosteniendo su barbilla le propinaba pequeños besos de pico, ella solo me miraba sorprendida, y a la vez con su típica sonrisa coqueta. Acariciando su labio inferior a Nadid II. Espero que haya sido un buen comienzo. Claro que lo es. Tus besos muestras pasión y ternura. Lo que muestras que puedes llegar a ser un buen amante, o tal vez ya lo eres.

Eso solo lo sabré al final de tu historia. Acariciando su labio inferior añadí. Espero que haya sido un buen comienzo. Claro que lo es. En tus besos transmites pasión y ternura. Lo que muestras que puedes llegar a ser un buen amante, o tal vez ya lo eres. Eso solo lo sabré al final de tu historia. A continuación seguí contándole el relato.

A la vez que contaba todo esto, mi nerva acariciaba mi hombro, luego hizo lo mismo con mi cuello, hasta descender a mi entrepierna. Yo quise hacer lo mismo con ella, pero la señora me susurró que pase lo que pase, no dejara de seguir relatando, y eso hice. Pues ahora la señora Minerva besaba y la mía mi pecho.

De forma sutil descendió a mi pelvis, sin pensarlo, saqué mi verga de mi boxer y la puse a su disposición. Me dijo que no tan rápido que teníamos toda la noche, dicho esto, echó su escote a un lado, mostrándome una teta e hizo que se la tocara. Pasaba mi dedo por su areola, también le daba leves pellizcos, lo que le provocaba gemir pegada a mi oído. Por un momento no pude creer lo que mis ojos veían.

Minerva ya se había despojado de su vestido y ahora estaba recostada del brazo del sofá con las piernas abiertas en dirección hacia mí. Mientras se cogía las tetas, metió su mano entre sus bragas y comenzó a masturbarse. Dicho esto no pude aguantar más, y me lancé hacia la entrepierna de la señora Minerva. Y estoy seguro de que le di la mejor mamada de coño de su vida.

Le succionaba el clítoris, también chupé sus gruesos labios mayores. Aquello le encantaba. Hasta se puso de espaldas dejando el culo a mi disposición. Se lo besaba y lo manoseaba con locura. La doña presionaba mi cabeza contra su trasero como pidiendo más intensidad. Allí mismo nos besamos, nos desnudamos, le mamaba las tetas y le metía los dedos.

Antes de pasar a su habitación, ella comenzó a pajearme, no antes de que ella me lubricara mi miembro con un buen chorro de saliva. Por último se lo metió en la boca. El sube y baja de su cabeza me volvía loco y el recorrido de su lengua por mi glande me hacía retorcer. Yo me le había corrido en la boca, sin embargo, la mamá de mi amigo se esmeraba en sacarme hasta la última gota de leche. Al cabo de unos minutos tomados de la mano caminamos hacia su habitación para hacer el amor.

Estando en su cama, envuelto entre sábanas blancas y con las luces apagadas, se lo metí. Al despertar en la mañana siguiente, le pregunté qué le había parecido y si estaba dispuesta a repetirlo. Ella me dijo que todo dependía de mí. Hasta aquí el relato, espero que les haya gustado.

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