Relatos de ángeles sin alas || Relatos del lado oscuro - podcast episode cover

Relatos de ángeles sin alas || Relatos del lado oscuro

Feb 23, 20261 hr 4 min
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Y si los ángeles, no son seres celstiales misteriosos, si se parecen a nosotros, pero realmente buenos, poderosos y llenos de bondad.

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Transcript

Speaker 2

17 del 09. Total, lo platica con un amigo que le dice, vamos, A todos nos gusta sentirnos protegidos, nos gusta de alguna manera pensar que hay algo que nos cuida, que hay algo que nos protege, que evita que el mal se nos acerque. A lo largo de los años en Relatos del Lado Oscuro hemos platicado muchas historias de personas que aparentemente tienen ese tipo de protección. De hecho, hemos hablado de ángeles guardianes que pueden ser lo más variado que

usted se pueda imaginar. Hemos hablado de personas que han sobrevivido a situaciones increíbles, peligros inenarrables, y sin embargo han sobrevivido como si una fuerza protectora los hubiera abrazado. Y esto es inusual. En un mundo en donde hay personas que por resbalarse en la regadera mueren, hay personas que han caído de gran altura y no les pasa nada,

y eso nos hace pensar en que estamos protegidos. De hecho, desde la época en la que estábamos en la radio, Escuchamos historias de personas asombrosas que fueron libradas de algo por alguna fuerza sobrenatural. Y esta noche en Relatos del Lado Oscuro queremos platicar de eso. Es una noche en la que vamos a hablar de experiencias del auditorio que nos hacen pensar en que eran personas protegidas por alguna extraña forma. Es un tema que a mí en lo

particular me gusta mucho. Durante años he tenido la idea de que, de alguna manera, algo me ha protegido en situaciones muy extrañas. Y tiempo atrás, lo he platicado en el libro que escribimos por ahí, una persona que era un sensitivo, una persona que tenía un extraño don para saber más allá de lo evidente, insistió en comentarme que

había alguien que me protegía. Y para mi asombro, cuando describió a la persona que ese sensitivo estaba viendo, estaba describiendo a mi propio padre, fallecido dos años atrás, y quien, por cierto, no era una persona conocida. Bienvenidas, bienvenidos. Comenzamos. Relatos del lado oscuro. Historias que otras mentes prefieren ignorar. Quiero comenzar con un relato que nos ha compartido Edi. Eddie, desde la Ciudad de México, nos platica que él es

parte de una familia. Creyente, es una familia cristiana evangélica. Y al interior de su familia, las personas son personas de gran fe. Hoy en día, Eddie ha de tener unos 20 años. Pero su historia comienza antes de que naciera. Todo sucede cuando su mamá no puede quedar embarazada. Es su mayor deseo tener un hijo. Y no lo logra. Así es que acude a pedir ayuda allá arriba. Siendo personas de fe, hacen oración y piden que se les conceda aquel don. Y sí, poco tiempo después nacería su

hermano mayor. Y posteriormente, él. Sin embargo, el nacimiento de Eddie sería complicado. Era un embarazo de riesgo y había muchas cosas a su alrededor que amenazaban su posible alumbramiento, su posible nacimiento. Así que mamá hace una oración especial y en esta oración especial ella pide que se le conceda ver a su bebé, que este bebé nazca y a cambio de eso lo ofrece al Señor, al que manda. El asunto está en que llega el momento de dar

a luz. Ella va al hospital y está ahí. Nace el bebé y a ella la llevan a la sala de recuperación. Y es el primer evento extraño. Cuando está ahí, en sala de recuperación, sola, perfectamente consciente, hay una sensación rara. Comienza a ser un frío inusual. Era una tarde cálida, no había mayores contratiempos, y de pronto empieza este frío muy raro. Y una especie de viento. Pero usted sabe que una sala de hospital no es algo que tenga muchas ventanas ni... por donde circule aire y sin embargo

se siente este viento, está sola. Y de pronto, en la habitación hay un hombre joven, elegante, atractivo, es un hombre de facciones finas, alto, vestido íntegramente de negro, ojo con ese detalle porque es un tema muy delicado, que se acerca y le habla directa y claramente. Ofréceme a tu hijo y yo me encargo de que sea todo lo maravilloso que pueda haber. Sin embargo, la mamá de Eddie sabe perfectamente de quién se trata, y sabe que esto no es natural. Es una persona de fe, insisto.

Así que ella cierra los ojos y comienza a hacer oración, pidiendo la ayuda de allá arriba, porque entiende que este elegante caballero que acaba de entrar no es otra cosa que el mismísimo Satanás. Instantes después, aquello se va. No permanece en la habitación, pero al partir, profiere una maldición. Es algo muy simple. Si no está conmigo, no estará con nadie. Y acto seguido, se va. El niño nace bien. Es un niño saludable, fuerte, muy alegre, muy juguetón. Tiene

dos años. Cuando está por cumplir los dos años, mamá tiene que ir al trabajo, papá tiene que ir al trabajo. Y él se queda a cargo del hermano mayor, que es un poquito más grande. Tampoco se imagine usted que es un muchachón. Y están en la casa de la abuela. Vaya, hay otras personas. Pero siempre le dice al hermano mayor, cuidas de tu hermanito. Y el otro, muy serio y muy formal, acepta el reto. Pero ocurre algo trágico. Uno de esos días, mamá viene de regreso. El hermano mayor

está jugando en el patio con el pequeño. Se llevan muy bien. Están los dos jugando ahí. Y por ahí está la abuela y por ahí está la tía, que son las que realmente cuidan a los chicos. Están viéndolos. Sin embargo, no se han percatado de un detalle. El portón de la casa, es decir, la reja que da hacia la calle, está abierta. Alguien había sacado un auto y no había cerrado todavía. Es una calle transitada. Pasan muchos automóviles todo el tiempo. Y los niños están a

la vista, no hay problema. Salvo por una cosa. Repentinamente Eddie, con sus dos años y su caminar todavía un poco patoso, observa que viene mamá, caminando por la banqueta, a la distancia, y emocionado, sin pensarlo dos veces por supuesto, sale corriendo

a alcanzarla. El problema es que mamá viene en la acera contraria, del otro lado de la calle, el niño arranca corriendo, el hermanito no alcanza a sujetarlo, La tía que lo ve correr sale detrás de él, pero no lo alcanza, cruza la calle y lo atropella un coche. En el momento en el que el niño pisa la calle, va pasando una furgoneta, una pick-up, cargada con productos de mercado. No va rápido, no va corriendo, va a una velocidad normal, pero el chiquillo sale y prácticamente se mete frente a

la camioneta que lo arrolla. Lo golpea, lo tira al piso y le pasa encima. La madre de Eddie por poco se desmaya. Siente cómo se le va el alma porque acaba de ver cómo matan a su hijo. No hay duda. Le pasó encima la camioneta. Vieron cómo brincó la camioneta. Una cosa horrible. Corre para allá y cuando llega el niño se está levantando y sacudiéndose. El hombre que manejaba la camioneta era un hombre muy responsable que inmediatamente le dice, súbalo. Sube a la madre, sube al niño,

sube a la tía y vámonos. Buscan un médico cerca. Cuando llegan allá, bajan al niño corriendo y sin forma de explicarlo por el nerviosismo, el médico lo recibe, lo empieza a revisar y dice,¿ qué ocurre? Es que el señor lo acaba de atropellar. Se le queda viendo, pero este niño no tiene nada. No,¿ cómo no? Si lo atropelló, lo golpeó y lo tiró y le hizo... No, no, no. Le quitan la camiseta para revisarle bien. Nada. Vaya, ni siquiera un rasguño. Algo lógico, lo arrastró en la banqueta,

lo raspó contra el pavimento. Nada. Aquel hombre no lo podía creer. Reconoció su culpa. Dijo, sí, el niño se atravesó y lo atropellé. Llámenle a la policía. Pero no había nada que decir. El niño no tenía ni siquiera la ropa rota. Nada. Eso solo fue el comienzo. Parecía ser un intento de venganza porque en varias ocasiones Eddie enfrentó situaciones que podrían haber causado su muerte sin ningún problema. No es que fuera descuidado, ni es que tampoco lo

dejaran de observar. Simplemente parecía que las cosas iban a ocurrir de una u otra manera. Pero esto no termina. Y hoy en día Eddie tiene 20 años. Y ha tenido algunos episodios particularmente inusuales. Algunos pensarían que es una forma de revelación. No lo sé. Siguen siendo personas de mucha fe. Y en el año 2017, él tuvo una visión. Estaba en

casa cuando de pronto tuvo este extraño sueño. Había terminado de orar, de hacer sus oraciones nocturnas, se fue a la cama y vino este sueño, pero no era exactamente un sueño, sino una visión, en donde veía un poste en el que hay una sirena, una alarma, que empieza a sonar. Es una alarma sísmica. En la Ciudad de México hay muchas y ellos viven ahí. Y oía cómo sonaba y después veía edificios colapsar y gente correr y mucho polvo. Él registró esto Y de hecho lo platicó.

Cuando lo platica a sus conocidos se ríen de él y le dicen, vamos hombre, por favor. Pero de cualquier manera él registra que ello fue el 17 de septiembre del año 2017. Es fácil reconocer el dato porque ambos datos terminan en 17. no te sientas tan importante, ni modo que te esté hablando a ti Dios. Bueno, el 19 de septiembre. De ese mismo año, es decir, dos días después, alrededor del mediodía, sucedió un terremoto brutal que nuevamente provocó muchos daños en

la Ciudad de México. Es extraño, pero pareciera que realmente hubiera tenido estas visiones. Ya ha tenido otras que le han permitido conocer sucesos como en el 2021, la guerra de Ucrania. Él soñó con esa guerra antes de que siquiera se supiera nada. Y así, su vida ha estado rodeada de estas situaciones. como si fuera un protegido.¿ Por qué mencionaba yo el aspecto del color negro?¿ Se acuerda usted que cuando está en el hospital a mamá, el caballero que

entró vestía de negro? Bueno, se ha asociado muchas veces con el ocultismo. El vestir completamente de negro, el utilizar ambientes negros, pareciera tener que ver. No lo sé de cierto, pero es En muchos de los relatos que hemos escuchado de hechicería, de brujería, las figuras que aparecen son de color negro. Me llama la atención. Ahora, hay otras personas que han vivido experiencias un tanto diferentes. Déjeme que le platique algo más. Nuevamente estamos en México y Alejandra nos

platica una experiencia que vivió hace ya algunos años. Esto debe de haber ocurrido probablemente allá por el 2008 o 2010. Ella visitaba a una familia, parte de su familia, que vivían en una comunidad muy pequeña, en el norte de México. Esta comunidad se le llama un ranchito. Es decir, que son comunidades muy cerradas, muy pequeñas, en medio del campo y alejadas de todo. Y allá vivía su familia muy contenta. Así que, periódicamente, iban de visita y la cosa se

ponía buenísima. Porque esto era turismo de aventura, vaya. Era ir al río, ir a la montaña, ir a pescar... Y en ese año en particular, ella recuerda haber llegado y comenzar a usar una pequeña motocicleta vieja que tenían. En el corral donde tenían los animales, ahí arrinconada había una motocicleta. Era una motocicleta vieja, simple, que habían dos personas. Pero le sirvió perfectamente para ir a echar relajo. Se montaban ahí con la prima, con su primo e iban

al centro del pueblo. Vaya, decir pueblo es mucho. Esto

es una... Comunidad de no más de unas 500 casas Así que salir del rancho de los tíos Andar en motocicleta por los caminos polvorosos Las calles polvorosas Llegar al centro y dar la vuelta Hasta que un día se les ocurrió algo más El primo era muy aventurero Un muchachón de unos 16 años Que sabía comerse al mundo Audaz como pocos Decidió montarse en la moto Y decirle a Alejandra Nos vamos a ir a ver el pueblo que sigue Nos vamos ellas se suben la motocicleta y allá van

y resulta que el camino que une ambos pueblos es un camino de tierra lleno de piedras y apenas pueden avanzar ahí despacio se mueve mucho la moto es muy incómodo y llegan al pueblo aquel justo cuando está cayendo la tarde y es curioso pero cuando llegan no hay nada es un caserío no es gran cosa son unas una veintena de casas que están ahí y no hay nadie Es más, pareciera que todos se fueron. Está abandonado el pueblo. Bueno, muy raro. El primo que sigue siendo

el chico audaz le dice, vámonos al otro pueblo. Allá adelante hay otro pueblo y ahí seguro hay más cosas. Así que allá va. Pero no olvide que ya anocheció. La lamparita de adelante de la motocicleta hace un movimiento horrible cuando pisan tantas piedras. Pero allá van muy contentos. Solo que hay un detalle. Poco antes de llegar a aquel pueblo, comienza a soplar un viento muy raro. Sí, ya sé, eso no es indicativo de nada. El viento

puede soplar a la hora que sea. Pero este era un viento raro, repentino, y una sensación de frío inusual. Cuando están avanzando, la motocicleta parece perder potencia. Es notorio que no avanza rápidamente, pero eso no es todo. Justo cuando están en ese trance, el viento está soplando rápidamente. se alcanza a escuchar un grito. Es un grito tremendo. Ella lo describe como algo que no es un grito normal, no es una persona en dolor, no es un ay

mis hijos, es un largo y horrendo grito. grito que desgarra y se escucha por todas partes es algo que recorre la región este grito no es una persona que esté ahí escondida jugándoles una broma es un grito tremendo que se deja oír por todas partes el primo se da cuenta que esto no está bien ella se da cuenta que esto no está bien como pueden le dan la vuelta a la moto para regresarse y es cuando se dan cuenta que esto viene detrás de ellos Están

escuchando aquel lamento largo, gutural, horrendo. Es difícil saber si era hombre o mujer, pero era un grito horrendo. Cuando de pronto, mientras intentan avanzar con aquel cacharro de motocicleta vieja, una voz les dice, no volteen, van a estar bien. Y en ese instante la motocicleta comienza a avanzar con una agilidad extraordinaria, como si fueran en una carretera recién pavimentada, por la suavidad que se siente, al grado de que la lamparita de adelante, aquella que temblaba como si tuviera

una enfermedad nerviosa, bueno, pues se queda quieta. Y empiezan a avanzar suavemente y con mucha facilidad, dejando atrás aquello, porque además no solo era el grito, sino la clara sensación de que esto venía detrás. Y no solo era una sensación mental, sino emocional. Parecía que estaba aquí atrás, se escuchaba aquí atrás, los ruidos, todo eso. La motocicleta avanzó como si nada, al grado de que ella no se dio cuenta en qué momento pasaron el pueblito abandonado,

el que estaba en medio. Cuando se dio cuenta ya estaban en la casa, en la casa de los tíos, ahí. Y estaba ahí parado el tío esperándolos. Cuando llegan, el tío se acerca y les dice, los espantaron, ¿verdad? Ella no sabe qué decir, si sí o si no, pero es que los tíos también lo habían oído. Y estaban a mucha distancia. Y aún así lo habían escuchado. Pero lo más sorprendente es lo que el tío contestó acto seguido, diciéndoles cómo llegaron. Yo no le he puesto gasolinas a

motocicleta en mucho tiempo. No tenía gasolina.¿ Cómo llegaron? Y en ese instante destapan el tanque y efectivamente está completamente seco. No había tal gasolina. Si tenía algún remanente se había agotado hacía tiempo.¿ Cómo llegaron? Buena pregunta. Ya le digo que no siempre se ve el ángel. Hay gente que piensa que los ángeles se nos aparecen con unas grandes alas. Bueno, podría darse el caso. Hay quienes aseguran haberlo visto así.

Hay quienes aseguran que se puede hablar con ellos. Pero la mayoría de los relatos que he encontrado no aparece como tal un ángel. Pero ocurre algo. Este relato nos lo comparte Josué desde Ciudad de Guatemala. Y él platica una experiencia que lo dejó marcado completamente. Él es un hombre de fe. Es una persona que participa en la iglesia, es muy activo en su iglesia, es una iglesia cristiana evangélica.

Y vivieron una experiencia muy rara hace unos años. La iglesia estaba ubicada en una zona particularmente mala de la ciudad. Una zona de pandilleros, de vicio, de todo lo que se pueda usted imaginar. Y era un edificio grande. Era una iglesia cristiana y su objetivo era precisamente atraer a estas personas que estaban en una condición mala y ayudarles a salir adelante. Pero el estar en ese lugar también implicaba riesgos. Un sábado están preparándose, están haciendo el ensayo

del coro. Están en la iglesia unas 10 personas. El encargado de los instrumentos, la gente que canta, el pastor y el hijo del pastor. Han estado cantando, han estado preparando las alabanzas, pero ni siquiera es de noche, es mediodía. El pastor y su hijo van a la oficina, que están viendo algo allá, y mientras ellos se quedan aquí platicando, cuando entran cuatro sujetos, cuatro sujetos patibularios de apariencia terrible, armados.

Traen las armas de fuera, y esto es un asalto, y arrodíllate tal por cual, y las amenazas son reales, estas no son armas de juguete, y a esta gente no le tiembla la mano para matar a alguien. Dos de aquellos sujetos avanzan en dirección hacia la oficina, presumiendo que ahí está el dinero, pero mientras los otros dos están apuntándoles a la cabeza a los jóvenes, pidiéndoles que saquen todo y lo pongan en el piso. Es un

momento muy tenso. Josué recuerda haber comenzado a sacar las cosas que traía, su teléfono, sus llaves, el poco dinero, la cartera y poniéndolo por allá, cuando de pronto escuchan ruido que viene de la oficina. Su primera impresión es Qué mal, esto se está poniendo muy feo, porque escuchan a alguien que grita. Pero no, no está gritando. Las órdenes que daban estas de tírate al piso y todo eso, ya las habían dado. Lo que gritaban era raro. Era como,¿

qué es esto? ¡Aléjate! ¡Aléjate! Y cosas así. Los dos que están custodiándolos con las armas, voltean para allá y arrancan corriendo para respaldar a aquellos dos que están pidiendo apoyo. Pero segundos después, los cuatro... salen despavoridos corriendo, tropezando, tirando cosas y se van. No se molestaron en tomar lo

que habían pedido. Las cosas que sacaron, las dos chicas que estaban ahí, que sacaron sus pertenencias y que tenían mucho temor porque estos sujetos patibularios tenían la intención de propasarse con ellas. Y han salido corriendo sin llevarse nada. Instantes después, bueno, sale el pastor y Mira, aquellos están todos bien, sí, sí, estamos bien. El muchacho, el hijo del pastor también sale, se reúne y dice,¿ qué pasó?¿ Por qué se fueron? Y el pastor les confiesa algo

que no se imaginaron. Cuando estos sujetos entraron gritando, tírense al piso, no sé qué, no sé cuánto, él no puso ninguna resistencia. Cuando llegaron a la oficina y le ordenaron que se pusiera de rodillas, él se puso de rodillas, cerró los ojos y Y comenzó a hacer oración, pidiendo la protección de allá arriba.¿ Y sabe qué? Segundos después no pudo verlo, simplemente se sintió rodeado por una extraña luz y aquellos tipos gritando como locos, amenazando y huyendo.

Ninguno de ellos vio qué era, pero presumen que fue. Una acción divina que les salvó porque además estos tipos iban en muy malas condiciones y podían haber hecho cualquier cosa en ese momento. Y sin embargo terminaron corriendo. Algún tiempo después prefirieron ya cambiar la iglesia a otra área donde pudiera haber un servicio seguro para todos. Pero ese evento y ese momento en particular nunca lo olvidarán. Y es que en ocasiones la protección se hace evidente. Como

una forma de respuesta a una oración. Ahora bien, el tema de los ángeles no deja de ser impactante. De estos protectores que de pronto aparecen. Y déjeme que le platique este otro caso, igual ahí en Guatemala. Esto nos lo platica Vivian hace ya algunos años. Ella estudió medicina en la Universidad San Carlos. Que es una universidad muy grande,

muy importante. Pero había un problema y es que obviamente sus cursos terminaban ya tarde y si tenía que ponerse de acuerdo con el equipo para alguna cosa, algún proyecto, algo que había que hacer, pues se volvía muy tarde. Y en una ocasión hace ya bastantes años, se hizo de noche y había un pequeño transporte que te llevaba de la puerta de la universidad hacia la calle Aguilar Batres. Son tres kilómetros, no es mucho. pero es una zona un tanto insegura. Pero si no alcanzaste el camioncito, pues

ya no hay de otra. Tienes que caminar. Y ella recuerda esa noche haber estado con los compañeros, terminar lo que estaba haciendo y al llegar a la puerta de

la universidad ya no había transporte. Tendría que caminar y esta ruta es salir de la universidad, caminar por esta calle, luego dar vuelta por la calle 29 hasta alcanzar la Aguilar Batres subir el paso peatonal porque hay que cruzar del otro lado para tomar su transporte y esperar el transporte como le digo es una ruta peligrosa sobre todo porque esa calle la 29 es una calle muy larga en la noche cierran los comercios y es una zona en la

que se juntan malvivientes está un tanto oscuro Vaya, ella sabe que no es buena idea caminar por ahí de noche sola, pero no tiene otra opción, tiene que volver a casa, así es que agarra fuerte su mochila y comienza a caminar. Conforme va avanzando en una buena parte de la calle, a lo lejos alcanza a ver cinco o seis pelafustanes. Están parados ahí en la calle, nada más mirando para acá o para allá, como esperando a que alguien pase para fastidiarlo. Y ella va sola, y

es una chica joven, es una chica universitaria joven. No vienen autos, no viene nadie más. Ella está pensando,¿ qué hago?¿ Me regreso?¿ Me regreso y pido un taxi? Está en esas cavilaciones cuando alguien le grita, ¡eh, compañerita! Oye,¿ qué haces tan sola aquí ahora? Cuando levanta la vista, ve a un muchacho joven del otro lado de la calle, en la banqueta de enfrente, que le está diciendo con la mano,¿ qué haces ahí? Le dice, es que me

quedé hasta tarde por un proyecto. El muchacho se cruza la calle rápido y dice, no hombre, Pues qué mal, porque esto está muy solo. Y dice, sí, además, mira, hay unos tipos raros. Y dice, sí, no, esa gente no es de bien. Nada más están buscando a ver a quién fastidian. Tranquila, vamos a hacer una cosa. Te acompaño. Y ella dice, bueno, está muy bien, muchas gracias, pero son seis tipos. Y dice, no, no, no va a pasar nada. Vamos a caminar. No los veas, no voltees.

Ellos ni siquiera van a saber que estamos aquí. Así, con esas palabras. Ellos ni siquiera van a saber que estamos aquí. Tú, camina conmigo. Y ella siente una extraña tranquilidad. Déjeme decirle que el muchacho no le era familiar. Vaya, obviamente es una universidad grande, hay muchos estudiantes, pero este muchacho le habló con una tranquilidad y con una familiaridad, como si realmente fueran compañeros de clase. Ella lo toma como vamos. Y sí, Se agarra su mochila y comienzan

a caminar. Cuando van pasando junto a estos tipos, él simplemente les recuerda, no voltees, no los veas, ellos no saben que estamos aquí. Y continúan caminando y aquellos sujetos siguen en lo suyo, pero pasaron entre ellos. Y ni siquiera voltearon a verla, un grupo de malvivientes, nada. Imagino que ella iría arregladita porque iba a la universidad y era joven. Bueno, ni siquiera voltearon a verla. Continuaron caminando cuando llegaron a la calle Aguilar Batres. La acompañó hasta

donde empieza el paso peatonal. Ella le dice,¿ tú no vas a tomar el autobús? No, no, yo me quedo por aquí. Tengo que ir a trabajar y está por aquí en esta zona. Pero apúrate porque ya viene tu transporte. El detalle es que este hombre no tenía forma de saber eso, porque el transporte pasaba por la calle del otro lado y hay una camellona. Está dividido, es una

avenida amplia. Y bueno, ella se queda muy sorprendida, se despide y comienza a subir la escalera, pero apenas unos pocos escalones se da la vuelta como para decirle, oye, gracias. Y sí, tal como usted se lo imagina, ahí no había nadie. Ella mira para todos lados. Y ahí no hay nadie. Desde el punto en donde está, se puede ver la calle por donde venían bajando, que es esta calle larga, solitaria y fea. Se puede ver un kilómetro de la avenida Aguilar. Así que no hay para dónde hacerse.

Todo está cerrado porque es muy noche y este hombre desaparece. Ella apresura el paso, cruza el puente, baja las escaleras en el momento en el que abre la puerta, el transporte para que suba. Tal como se lo había dicho. Ella no sabe quién fue. Nunca lo había visto, nunca lo volvió a ver. Durante el tiempo que estuvo ahí, no volvió a ver a esa persona, pero sabe que en el momento exacto algo la protegió. Y esto tiene que ver también. Esto ocurre en Asunción, en Paraguay. Nos

lo platica Mirta. Ella también estudió, es doctora, estudió medicina. Y allá por el año de 1993... ella tenía que salir de clase, tomar un transporte y comenzar a caminar. El trayecto para su casa era bastante largo. Estaba en una zona conocida como Fernando de la Mora y el trayecto desde la universidad en la que estudiaba era tomar el transporte, ellos le llaman una buseta, y llegar al lugar, comenzar a caminar, porque eran nueve cuadras grandes entre la parada

del transporte y su casa. Era una buena zona. A diferencia de, por ejemplo, la zona de la Universidad de San Carlos, que era una zona un poco peligrosa. Esta era una buena zona, nunca le había pasado nada. Pero ese día va caminando. Normal. Son pasadas las 11 de la noche. Viene cansadísima. Ha estado todo el día trabajando en lo de la escuela, en sus estudios. Viene con su bolso. Cuando frente a ella aparece un hombre. Eso no tiene nada de raro. Es una calle en la que ha

caminado durante mucho tiempo. Sabe que pasa gente a veces. Así es que va caminando. justo cuando pasa este hombre junto de ella, siente claramente como la toma del hombro, la gira y le pone un cinturón en el cuello y la empieza a estrangular. Ella siente aquello que la aprieta y el sujeto la está inmovilizando. Es obvio que es un agresor, es algo que le espanta porque no

puede ni gritar. Siente como esto empieza a apretarse, empieza a apretarse, le empieza a faltar oxígeno, intenta defenderse de alguna manera, pero ni siquiera pudo gritar. Fue tal la sorpresa y luego el apretón que no podía ni siquiera gritar. Intentaba manotear, hacer algo, pero no puede, no puede, no puede. Empieza a sentir cómo se está desplomando. Cuando de pronto siente que se libera, mira y alcanza a ver cómo este hombre corre. Huye. Ni siquiera tomó el cinturón. Huye.

Lo puede ver cómo voltea constantemente a ver en su dirección, como asegurándose de que a No lo siga. Es muy raro. El hombre huyó en pánico. Ella se quita aquella porquería del cuello, toma su bolso, pero se da cuenta de algo. Está sola completamente la calle. Toda la calle está sola. Sin embargo, en ese momento, cuando sintió que se liberaba del cuello, sintió que había alguien más. Sintió que había otra persona junto de ella y que había hecho correr

al atacante. Todo el trayecto de regreso a casa se sintió protegida. No lo vio, no pudo verlo. No había un ser espectral junto de ella. No había un ángel con poderosas alas. No. Solo se supo protegida cuando llegó a casa, se lo platicó a su mamá. Y bueno, la mamá le dijo, bueno, pues un ángel. Y es que ella tiene una historia que va más allá. La mayoría de estos relatos tiene algo extra. No es solamente el momento, siempre hay alguna cosa extra. Hay personas que

deben vivir, por alguna razón deben vivir. Y uno de estos casos nos lo ha platicado la propia Mirta. Ella cuando nace, nace muerta. Los médicos informaron a su padre y a su madre que la nena había nacido muerta. El papá no lo aceptó. Y exigió que le mostraran el cuerpo. Y aquellos médicos le dijeron que sí, pero que la niña estaba muerta, que no se podía hacer nada,

no sé cuánto. Él se mete a la fuerza, los médicos intentan detenerlo, golpea a los médicos con una fuerza que no se explican, pero bueno, noquea a los médicos, llega donde está el cuerpecito de la niña que está inmóvil, frío, no respira, toma a la niña, la sujeta fuerte y la niña comienza a llorar. No se lo explicaban No

se explicaban qué había pasado ahí, pero había sobrevivido. Ese primer impacto, esa primera experiencia, ya no se está hablando de algo, porque algunas personas que nos han compartido sus experiencias, cuando entramos un poco más a detalle, vemos ese fenómeno. Personas que en algún momento han estado en las puertas de la muerte y después, como si una fuerza más allá, dijeran, no, éste tiene que vivir. ocurren este tipo de fenómenos. Y no fue el único. Algún tiempo después de la experiencia

aquella con el atacante, pasó un muy mal día. Había estado todo el día haciendo unos trámites, calor, sin comer, la falta de aire porque estaba encerrada en una oficina, porque si salía ya no podía volver a hacer el trámite. Entonces, espantoso, cuando salió venía sintiéndose muy mal. Y conforme empezó a caminar de la parada del autobús a su casa, pum, se desmayó. Lo siguiente que recuerda es su mamá haciéndole aire y dándole algo ahí, haciéndole algo para que reaccionara.

Resulta que tras haberse desmayado, ella pierde el conocimiento. Y sin embargo, un hombre la llevó hasta la puerta de su casa, tocó, de una forma muy particular. Ella siempre tocaba la puerta de una forma. Bueno, este hombre tocó de esa manera la puerta. El hermano sale corriendo, abre la puerta y ve a un perfecto desconocido que trae a su hermana cargando. Le dice, la señorita se desmayó. Y, pase, no sé cuánto, no sé qué. Y cuando voltean ya

no hay nadie. El hermano sale para darle las gracias. Nadie. No hay nada. Ella no tuvo oportunidad de decir, soy fulana de tal, me llevas a mi casa. No tenía forma de decirlo porque su identificación no tenía la dirección de su casa y aquel sujeto no era conocido de nadie y sin embargo fue y la dejó con los conocidos de la cuadra, los vecinos y eso nadie supo ni qué pasó es decir que no había forma de hilar aquel evento con una coincidencia, por ejemplo que la

vecina hubiera dicho¡ ay es la señorita de allá arriba, ayúdela! No, no pasó y ha habido otros casos parecidos a lo largo de su vida tal como si Esa misma voz que dijo al padre, no, no te detengas, ve con tu hija, sálvala. Fuera esa misma voz que ha aparecido delante del delincuente cuando ella se desmayó o cuantas otras veces le han pasado cosas. El fenómeno no sé si llamarlo de ángeles o de protegidos, pero por momentos hay personas que da la idea de que deberían vivir y

ocurre todo en el universo para que eso suceda. Ahora, este es un relato bien interesante.¿ Se acuerda usted de nuestro programa que tuvimos hace mucho tiempo? Se llamaba El Tercer Hombre. Es un fenómeno que ha sido reportado en numerosas ocasiones por personas que están en una condición tal que están al borde o bien de fracasar en algo o de accidentarse o de morir. Y repentinamente una figura que se interpreta como una visitante inesperado le salva la vida.

El fenómeno se conoce como el fenómeno del tercer hombre. Y es el caso de Charles Lindbergh, por ejemplo, quien volando sobre el Atlántico en solitario después de veintitantas horas está a punto de quedarse dormido, ha perdido la dirección, ya tiene la mente nublada por no dormir, por el cansancio, el frío y hay alguien junto de él que le está hablando y le dice, jeje, despierta, despierta, es por allá.

Y no había nadie. Corredores de autos de carrera que repentinamente han tenido una ayuda inesperada de un corredor invisible para los demás pero que los salva. Pilotos que repentinamente sufren un ataque cardíaco o se desmayan. Y otro piloto se encarga de guiar el avión y cuando se dan cuenta no había nadie más. Este tipo de situaciones se han presentado en múltiples ocasiones. Salvando la vida de las personas. Bueno... A Marcia le ha ocurrido en varias ocasiones algo que

no puede explicar. Ella es una nadadora de mar abierto. Es una persona de México, de Jalisco. Y hace ya algunos años, ella comenzó con este deporte. Es un deporte de mucho desgaste. Suele hacer natación en mar abierto. Y esto significa que estás en una playa, cuando dan la señal, Te lanzas al agua y comienzas a nadar contra las olas, contra todo. Y cuando ya estás en mar abierto, es

nadar quizá 4 kilómetros, 5 kilómetros, dar la vuelta y regresar. Es muy arriesgado porque además vas nadando y resulta que en el mar también hay bichitos. Y algunas veces, bueno, en la playa tú estás muy contentito ahí con las olitas, pero en mar abierto hay desde aguamalas, avispas de mar, peces chiquitos. Lo que no te puedas imaginar, un nadador de mar abierto tiene que enfrentar todo esto. Pero además

el cansancio es extremo. Nadar durante hora y media, dos horas y media en mar abierto es un reto verdaderamente. Algunas personas que participan en las competencias internacionales de Ironman y Ironwoman cuentan que la parte más difícil es nadar a mar abierto. Bueno, Mirta es competidora de mar abierto. Pero hay un problema con esto. Si bien existen medidas de seguridad, por ejemplo, llevas un gorro de un color

específico que te identifica de qué competencia eres. Si eres de los que van a ir más lejos o de los que van a ir a menos distancia, cada quien, dependiendo de lo que va a hacer, le ponen un gorro y una boya, que es una pelotita amarrada a la cintura del mismo color que la gorra. Así los ayudantes te pueden identificar. A lo largo de la competencia hay gente que va en una lancha que va custodiando a los nadadores. Pero no se imagine usted que hay

ahí 500 personas en lanchas para el momento que se te ofrezca. Bueno, están ahí, pero son unos poquitos y a veces la competencia incluye 800 nadadores. Así que en realidad te metes al agua a tu propio riesgo. Y quizá la parte más dura es cuando llevas un rato nadando y comienzas a sentir el cansancio. Los músculos duelen. La sed es atroz porque además estás en agua y sientes sed. Te darías un trago de agua de mar, pero eso te va a hacer pedazos los riñones en segundos. Así que no puedes.

Sientes el agotamiento. Sientes la necesidad de decir basta, sáquenme. de levantar la mano y pedirle a los de las lanchitas que vengan por ti, sientes ese ímpetu, tu propio cuerpo te dice, jeje, te pasaste, esta vez te pasaste, ya, párale. Pero si tu fuerza de voluntad no flaquea, vas a terminar la carrera. Nada más que a ella le ha ocurrido en varias ocasiones que ya está en ese límite, está nadando y ya está en el límite en el cual la fuerza de voluntad está a punto de admitir

que ya se rinde. Este momento suele ocurrir cuando te quedas solo. Inicia la competencia con todo aquel gentío que se echa al agua. Perfecto. Muy pronto, los competidores más rápidos se alejan. Los que no estaban en condiciones se van quedando y los van rescatando y los van sacando. Así que, pasado una hora, hora y cuarto de estar dándole,

estás solo. El cansancio. Empiezas a sentir que mejor pides paz y¿ Empiezas a tener este deseo de detenerte, levantar la mano y pedir ayuda a ver si alguien viene por ti? Pero ella hizo, la primera vez que sintió esta urgencia de rendirse, hizo algo, pidió ayuda. No es que sea una persona que practique alguna religión en específico, es una persona de fe y punto. Así es que pidió ayuda. Y cuando se dio cuenta, había una mujer junto a ella, nadando. No, no era un ángel, no

venía a sacarla, nada. simplemente notó que alguien venía nadando junto a ella. Una mujer con un gorro rosa, gorro de natación rosa y una boya rosa. Pero en la competencia no había nadie con esas características. Esos no eran los colores de esta competencia. Aún así, la mujer se la empareja y empieza a nadar y ella siente la necesidad de seguirla. Y Van nadando y efectivamente avanzan, avanzan, avanzan. Esta mujer va al parejo, al parejo, al parejo y

se siente acompañada, siente estímulo de seguir adelante. Cuando ya van llegando de regreso a la orilla, ella no se detiene. Obviamente no para para voltear a ver, pero se da cuenta que esta mujer se ha rezagado. Llega a la orilla, se para en la orilla. Después de que ya la registran, voltea a buscar a su amiga y no hay tal amiga. Y se da cuenta que no llegó, pero tampoco está

en el agua. a la distancia que la perdió de vista, es decir, cuando ella sigue nadando y la otra se va rezagando, era muy cerca ya del final de la competencia. Tendría que verla llegar. Bueno, pues no, no llegó. Pero eso solo fue la primera vez. Ella compite entre tres y cuatro veces al año. Y esto le ha ocurrido en numerosas ocasiones. Cuando ya está a punto de tirar la toalla, pide ayuda y cuando se da cuenta, escucha el chapoteo, de la mujer que viene nadando. Y siempre

ocurre lo mismo. Aquella mujer llega, comienza a nadar como si la jalara, como si la obligara a seguir. Ella no siente que le ayude como tal, no la amarra y la empuja, ni la jala ni nada. Pero de alguna forma le transfiere esa energía vital necesaria para continuar. Por sorprendente que parezca, en todas las ocasiones cuando ella

llega a la orilla, esa mujer nunca llega. Y cuando revisa los colores, porque son tres o cuatro colores, dependiendo de tu categoría, habrá verde, habrá verde fosforescente, anaranjado fosforescente, azul. Y sin embargo, el color que esta mujer siempre trae, la competidora fantasma, es uno que no hay en esa competencia. Ella se pregunta,¿ qué es esto? Y quizá, si investigáramos más atrás, vería que hay algo que lo motiva. No le puedo decir a ciencia cierta qué, pero algún evento,

algo ocurrió allá atrás en el tiempo. Algo en donde su vida estuvo en juego. Y como si un designio divino dijera, no, ella tiene que vivir. De alguna forma, todo con fabula para que siga adelante. Ahora bien, usted pensaría, que siempre se trata de algo así, pero no siempre. A veces pasan cosas un poquito diferentes. Este es el caso de Iván. Él está en Cali, en Colombia. Actualmente

tiene unos veintitantos, treinta años. Cuando tenía 17 años, él acudía a una escuela muy rigurosa, una de esas escuelas enérgicas, puntuales, pero con muy buena educación. El problema es que entraban a las seis de la mañana y para trasladarse desde su casa, Tenía que tomar el transporte de las 5. Allá le llaman buceta al cacharro este, al transporte. Y solamente pasaba cada hora. A partir de las 4 de la mañana,

cada hora. 4, 5, 6, 7 y luego ya pasaba más veces. Pero si no tomaba el de las 5, no llegaba a la puerta de la escuela a tiempo y no lo dejaban entrar. Así de simple. En esta escuela tomaban muy en serio la puntualidad. Por ello, él se levantaba religiosamente a las 4 de la mañana. Ponía el despertador, su alarma, todo preparado, cuatro de la mañana para arriba, vestido, desayunado y a las cinco estaba en la parada del autobús. Tomaba su transporte y a las veinte para las seis estaba en

la puerta de la escuela, listo para entrar. Hasta que el día se fue a acostar temprano, como siempre, a buena hora. De tal manera que tuviera sus horas de descanso, se acomodó, durmió muy contento. A las cuatro en punto de la mañana suena la alarma. Él Despierta, abre los ojos y se va a levantar para vestirse y no puede. No puede. El cuerpo no le responde. Intenta moverse, mueve los ojos, mira para acá y para allá, puede ver el reloj con la hora, pero no puede levantarse. No

puede mover el cuerpo. Es una desesperación tremenda. Absoluta, porque puede claramente escuchar sonidos que vienen de la calle que comienza la vida. Puede sentir lo que está ocurriendo a su alrededor. De alguna forma el reloj dejó de sonar, pero él puede ver la hora en el reloj. Puede sentir todo esto y en esta desesperación llega hasta las 5 de la mañana que finalmente puede levantarse, ponerse la ropa,

salir corriendo y ya no alcanza la escuela. Cuando su madre lo ve, que son las cinco y pico de la mañana, le dice,¿ a dónde vas? Ya no vas a llegar. Se enoja la mamá, lo regaña. Él intenta explicarle que no fue su culpa, que él intentó levantarse, pero que no podía. La mamá no le cree nada. No sé cuánto, se pelean, le regaña. Hasta que un rato después, una persona de ahí, de la colonia, un vecino,

un amigo, viene, toca la puerta. muy asustado o asustada, no recuerdo que fue, si hombre o mujer, y le pregunta a la mamá, oye, Iván, Iván se fue a la escuela como siempre. Dice, no, chamaco tal por cual, se quedó dormido, no sé qué. Y todavía Iván le grita, no me quedé dormido. Y esta persona le dice, bendito Dios, la buceta se estrelló y hay un montón de muertos. Desde ese día toman las cosas con calma, pero por

alguna razón, esa madrugada, Iván no pudo moverse. Así que ya le digo, no esperes siempre ver al ángel detrás. A veces este tipo de fenómenos ocurren de las maneras más raras. Y en este caso fue, no te dejo que te muevas. Y lo dejó paralizado. Otras veces, en otras ocasiones, sí se ve lo que ocurre. Y el mensaje además es muy claro. Esto nos lo platica Isabel. Isabel es una persona muy cercana al canal, que siempre

está pendiente. Pero vamos a dejarlo así, Isabel. Hace años, alrededor del año 2001, ella era una chica de veintitantos años, rebelde, peleada con la familia, había dejado la casa a los 19 años, segura de que podía comerse el mundo ella sola. Había habido alguna situación en casa y eso, así es que ella decide, me voy. Y obviamente, el camino más seguro es cuando anda uno en la calle es encontrarse con gente no deseable, con personas que no van a aportarte

nada y sí te pueden dañar. Y es así como ella conoce a un sujeto que se dedica a la mala vida, que tiene conexiones con la mafia, el vicio, todo esto, que la maltrata y bueno, las condiciones no son las mejores, ella queda embarazada y cuando tiene cinco meses de embarazo tiene un parto espontáneo. Por supuesto, la criaturita no se logra. El bebé muere y ella sufre un problema gravísimo, un problema médico gravísimo, que es una

trombosis venosa profunda. Derivado del sangrado y de todo el fenómeno que había ocurrido con su cuerpo, se generan dos coágulos enormes dentro de las venas y amenazan con moverse hacia los pulmones. Esto significa que si llega a los pulmones, la mata. Así, te mata. Y no hay salvación. Simplemente

te bloquea los pulmones, te hace pedazos, te mata. No sé exactamente cómo funciona esto, pero el caso es que en el hospital, cuando le detectan esta situación, la inmovilizan y la ponen en una posición que se conoce como Trendleburg. Es una posición horrible porque quedas con la cabeza en el colchón, pero con las piernas hacia arriba y no te puedes mover. La consigna que le dicen los médicos es te agitas, te mueves, Eso se mueve y tú estás muerta. No vamos a poder hacer nada por ti.

Pues ella se lo cree y se queda ahí. La transfieren del hospital de maternidad al de cardiología y la ponen ahí en una cama en donde no se puede mover en lo que ven que hacen con ella. Es una sala grande, son seis camas y ella está en su camita con los piecitos en esa horrible posición sin poderse mover. De su lado ya no hay nadie más. pero en la parte de atrás hay otras dos mujeres. Bien,

pues está ahí. Una de esas tardes, ni siquiera era muy noche, era tarde, ella escucha como se abre la puerta y por el rabillo del ojo puede ver a cuatro monjas que acaban de entrar. Se imagina que ayudan ahí en el hospital, esto no es tan raro. Todo el mundo sabe que algunas órdenes religiosas de monjas ayudan en los hospitales y dan voluntariado para apoyar. Pero ella está en una posición tal que no puede ver mucho.

Lo único que puede ver es que entraron cuatro monjas, tres se fueron para allá con las otras señoras y una viene para acá con ella. Ella no la puede ver directamente, solo por el rabillo del ojo puede verla. Y aquella mujer le dice, tú ten fe, no sé cuánto, mira, te voy a dejar aquí una estampita de nuestro Señor de la Misericordia. Y le deja ahí una estampita de un Jesucristo que tiene unos rayos de luz. Ahí en su mesita y no sé cuánto. Que Dios te bendiga.

Voy a hacer oración por ti. Y se va. Ella puede ver claramente cómo sale y un momento después salen las otras monjas. Está ahí sin poderse mover. Pues qué otra cosa puedes hacer más que estar viendo el techo cuando entra la enfermera.¿ Cómo está mi pacientita? A ver, vamos a ver cómo está mi pacientita. ¡Ay, qué bonita estampita! Porque era como una estampita, no era algo muy grande. Y se la pusieron en la mesita. ¡Ay, qué bonita estampita tiene mi pacientita!¿ Quién le trajo esta estampita a

mi pacientita?¿ Quién se la regaló?¿ De dónde la sacó? Dice, la monja que acaba de salir me la dejó.¿ Es una monja?¿ De dónde vino una monja? Ah, no sé, entraron varias. De hecho, entraron cuatro. Trece fueron para allá con las señoras y ella vino aquí conmigo y ella fue la que me la dejó. Y la enfermera se sorprende y le dice, no, no tenemos monjas en este hospital. Este es un hospital de gobierno. Dice, no, no hay monjas.¿

Quién dejó entrar monjas? Así es que va y afuera hay otro módulo y está ahí otra enfermera y le dice, oye, a ver, ven tantito. Oye, que entró una monja a verla. ¿Monjas? No, claro que no. Yo he estado aquí todo el tiempo. No entro a nadie. Van con las dos pacientes que están ahí. Y le dice, oiga,¿ ustedes vieron a las monjas entrar? Dice, no, no, no entró nadie. Solo vimos a la señora de allá. Escuchamos que estaba hablando la chica de allá. Pensamos que estaba dormida hablando sola. Las

dos mujeres no habían visto nada, pero ella sí. Poco después la cambian de hospital porque ahí no hay nada que hacer. De hecho, sus padres ya se habían hecho cargo completamente y le habían informado que no iba a sobrevivir. No sé cuál era la condición médica exacta, pero ella lo escuchó. Estaba ahí cuando el médico vino y les dijo, por la condición en la que le están trayendo, no creemos que sobreviva. Es muy probable que no salga de esta. Ella tenía su estampita aquí y se puso a llorar

muy triste, muy triste, muy...¿ Cómo decirlo? No arrepentida, ¿no? No puedes decir arrepentida, muy triste, muy dolida de que en tan poco tiempo su vida se fuera a acabar y que los errores que había cometido, que no había encontrado lo que buscaba, todo esto. Pero eso pasó hace muchísimos años. Hace veintitantos años de esto. Y hoy en día es una persona como usted o como yo a la que le gusta leer, que tiene una vida, que arregló su camino, que enderezó cosas y que sigue adelante.

Después de aquel extraño encuentro. De cada mil personas que sufren el trastorno que ella tuvo, estadísticamente no más de 20 sobreviven. No me pregunte exactamente cómo es eso. Yo solo sé estos detalles y no sé de medicina. Pero es una de esas cosas graves que te matan. Y ella sobrevivió, pero tuvo esa experiencia rara. Ahora, a veces no tienen que salvarte la vida. A veces es diferente. A veces es simplemente hacerte saber que hay algo más. Este relato

nos lo ha compartido un escritor. Es un escritor argentino, Claudio Ricciotti. Él ha publicado una novela que se llama Memorias de un ángel. Y es una persona que nos acompaña en el canal, que le gusta el canal y nos ha compartido una experiencia. Está dentro de esta novela, pero él nos la ha compartido para poderla narrar. Y es que él vivió un episodio muy triste hace muchos años. Su padre era una persona a la que admiraba mucho y a la que quería mucho. Desarrolla un cáncer de

esófago grave, muy grave. Pero él está en Ushuaia, al fin del mundo. Es decir, Claudio está en Ushuaia. Mientras que su padre está, si estoy en lo correcto, en Buenos Aires, en la capital federal. Así que están lejísimos. Cuando él se entera de que está muy grave y que le van a introducir un aparato para abrirle un poco el esófago y que pueda deglutir, porque el tumor está de tal tamaño que no le permite ya ni pasar saliva. Es algo muy triste y además no se

lo han informado al papá. Entonces él quiere llegar y decirle, mira papá, esto es lo que está pasando. No quiero engañarte. Esto es lo que está pasando. Así que toma un avión y vuela hasta Buenos Aires. Cuando llega a Buenos Aires son las 10 de la noche. Y resulta que en el hospital en donde se encuentra pues tienen horarios de visita, ¿no? Pero a él no le importa. El taxista le dice, oiga, Cuando llegue usted allá no lo van a dejar entrar porque además hace unos días se robaron un bebé y

ahorita están muy pesados, no dejan pasar a nadie. Dice, no, no te preocupes, yo sé lo que hago. Llévame. Y allá va Claudio. Cuando llegan allá, pues es muy entrada la noche, llega a la puerta y se da cuenta que los guardias están un poquito distraídos. Ya la hice. Se mete, está lloviendo, hace frío, está encapotado todo. Llega a la puerta, cruza la puerta y cuando va entrando aparece una enfermera que parece un sargento de la guerra y Tremenda la mujer aquella. Le dice,¿ y usted a

dónde va? Voy a la piso 3, cama 4, con mi padre que está muy grave de cáncer. Está en fase terminal y quiero verlo. Porque además el tumor había hecho metástasis hacia los órganos internos. Una cosa terrible. Y aquella mujer le dice, lo siento mucho, pero ahorita no entra nadie. Los horarios de visita son de tal a tal. Ahorita no entra nadie. Pero es que vengo llegando de Ushuaia, vengo de volar 3000 kilómetros, por favor déjeme pasar. No. Y salga.

Salga o llamo a la guardia. Bueno, pues ante tal situación,¿ qué haces? Sales. Triste, desesperado, deseaba sentarse junto a su padre y decirle, mira, aquí estoy, ya vine a acompañarte, vamos a hacer esto, vamos a hacer lo otro. Sabían que ya no había nada que hacer. Así que los minutos cuentan. Pero bueno, Pues está con eso, no sé qué, no sé cuánto. Sale, afuera está el frío, los guardias ahí en la caseta. Cuando va a cruzar, de pronto, oye una voz. Detente.¿ A qué venías? Se da la

vuelta y hay una mujer. Una mujer alta, entrada en años, pero no es una anciana, sino una mujer de unos 50 años. de aspecto seco, con un traje de color azul claro que no corresponde con lo que estaba allí.¿ A qué venías? A ver a mi padre que está en la cama. Eso ya lo sé. Bueno, pues es que quiero verlo, no sé qué, porque como está... Eso ya lo sé. Ven. Se queda Claudio y ve. ¿Cómo? Que vengas. Bueno, pues allá va detrás. Y aquella mujer empieza a caminar como

si nada. cruza por todos lados, pasan por otros guardias, pasan por la enfermera aquella que parecía sargento, como si no estuviera, como si nadie lo viera. Él va siguiendo a esta mujer, empiezan a subir las escaleras y son tres pisos de un hospital, ya se imaginará usted. Pues aquella mujer subió como si nada. Cuando Claudio va pasando el segundo piso ya siente que se le va el aire, ¿no? Pero esta mujer como si nada. Llegan al tercer piso,

puerta fulana de tal, cama fulana de tal. Él avanza tres pasos, se da la vuelta para decirle gracias, no sé qué, ya no hay nadie.¿ Qué fue eso? Ya le digo que no siempre se trata de un ángel con alitas. A veces ocurren estas cosas y de pronto ya no está. Ahora, algo que a mí me impresionó mucho fue un relato de una señora que nos contaron en el radio. Quizá ya se los he platicado muchas veces. Pero es uno de esos relatos que a mí siempre me ha gustado. Esto ocurrió allá por el año 2005-2006.

Estamos en la tranquilidad de la cabina platicando alguna cosa cuando suena el teléfono. La chica que nos apoyaba en ese momento, que se encargaba de tomar las llamadas, levanta la mano y hace la señal de que hay llamada al aire. Y bueno, siempre caía bien una llamada al aire. Significaba que no tenías que hablar todo el programa y que podías escuchar algo. Del otro lado hay una mujer que se presenta. Soy la señora fulana de tal. Tengo el gusto de saludarle. Yo quiero platicarle algo que pasó.

Con toda confianza. Y nos platicó una experiencia que vivió en la ciudad de Puebla, en la parte del centro, hace años. Su esposo había muerto poco tiempo atrás. Era un hombre grandote, muy fuerte. No recuerdo cómo había muerto. Soy sincero, no recuerdo tan a detalle. Pero había muerto y ella estaba muy triste. Tuvo que ir al centro de la ciudad a hacer unas compras. Así es que llevaba el dinero. Para hacer esas compras va caminando por una calle, es de tarde, cuando de pronto aparece un sujeto.

Va como distraído, como el que no quiere la cosa, pero cuando está cerca saca un cuchillo, la amenaza y le empieza a jalonear el bolso. Ella entra en pánico, grita pidiendo ayuda, pero no era una calle muy transitada y no hay mucha gente. De hecho, en ese momento ella está sola, comienza a gritar, aquel tipo amenaza con acuchillarla, arrancándole la bolsa, el bolso, como quiera llamarle, cuando de pronto aquel tipo tira el cuchillo y se golpea contra

la pared. Ella se queda helada sujetando su bolso, viendo como aquel hombre intenta correr, se cae, se levanta, se estrella contra la pared, se levanta, se golpea contra un coche, corre para allá, tropieza. En ese momento ella grita, ayuda, ayuda, ayuda, y casualmente pasa una patrulla y agarra al rato. Viene el policía y le dice, tiene que ir usted a presentar su denuncia. Tiene que ir al ministerio público para que este hombre no vuelva a salir a las calles.

Recogen el cuchillo y todo aquel. Bueno, el hombre estaba como Santo Cristo, como todo golpeado. Y bueno, el policía le dice que así lo encontró. Cuando llegan al ministerio público les dice, pero por qué lo golpeaste tanto? Dice, no, no, así estaba. Cuando le pregunta al hombre, bueno, y a ti quién te hizo eso? Si la señora esta era una señora menudita, dice, pues el hombre que venía con

la señora. Y ella le dice,¿ cuál hombre? Yo venía sola. No, no, el hombre grandote aquel de camisa de cuadros que venía con usted. Miren nada más cómo me dejó. Voy a presentar una denuncia por agresión, no sé cuánto. El ratero quería denunciar. Y él le dice, no, yo vengo sola. Pero el tipo que venía con usted, no sé cuánto, no sé qué, le había roto la boca, le dejó un ojo moro. La descripción era exactamente la de su esposo que había muerto un par de años atrás. Casualidades.

No lo creo. Espero que le hayan sido gratos estos relatos. A mí me han hecho sentir confianza. Me han hecho sentir que aun cuando caminemos entre penumbras, no vamos solos. Y bueno, aprovechando que ya estamos aquí, quisiera mandar unos saludos y felicitaciones primeramente a Astrid. Astrid es una chica que está en Australia. Es una persona que estudió veterinaria, que tiene varios títulos, es una persona que ama a los animales, los cuida muchísimo y que está cumpliendo años hoy.

Probablemente vea este video hasta mañana, la diferencia horaria es enorme, pero queremos mandarle una enorme felicitación y nuestro mayor reconocimiento, al igual que un fuerte abrazo. Gracias por acompañarnos desde aquellas tierras tan lejanas. Y también un abrazo a las pequeñas Soraya y Melanta, que son sus hijas, y a toda la pipiolera de gatos que tiene en casa y su perrita. Porque todos nos escuchan cuando se puede. Así que feliz cumpleaños. Le deseamos de todo corazón que sea

un gran año. Hasta la tierra de los canguros y de los animales feroces y de todo aquello que Australia tiene una fama tremenda. Le deseamos lo mejor de lo mejor. Y claro que también queremos mandarle un saludo muy especial a nuestra amiga Marjam. Ella ha estado un poquito malita, pero ya va saliendo adelante y seguramente pronto estará muy bien. Y estará en el chat platicando cosas, divirtiéndose y riéndose como siempre. Le agradecemos que siempre esté pendiente y le

mandamos nuestros mejores deseos. Al igual, por supuesto, queremos mandarle un saludo muy especial a la doctora Yolanda, que siempre está por ahí en el chat Y espero que haya quedado muy rica su pizza de anchoas. Ya sabe usted, en el chat siempre se platican cosas ricas. Y aprovecho también para agradecer a las personas que nos apoyan. Aquellas personas que programa tras programa hacen aportaciones al canal. No solamente me refiero a donativos, sino también en la forma

de membresías. Es algo que les agradezco mucho a Andrea Bofi, a Sofía Lara, a Mónica Muñoz, que está en Colombia, a Ro Ferrero, nuestra compañera y amiga de toda la vida, que siempre está pendiente, a Alicia Jiménez, estimada Alicia, le mandamos un fuerte abrazo, una persona que trabaja muchísimo en los Estados Unidos y que siempre está pendiente de nosotros, a Gaby Cambareri, que también siempre está pendiente, a todos quienes nos apoyan noche con noche, les agradezco y les

envío un gran abrazo. Y a quienes no puedo mencionar porque obviamente somos muchos, Les agradezco que siempre estén pendientes de un servidor y del equipo. Y les mando un fuerte abrazo. Buenas noches y que descansen en paz. Gracias por ver el video.

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