Ep. 142 (ORISHAS Parte 11) - Obá, el amor que duele. - podcast episode cover

Ep. 142 (ORISHAS Parte 11) - Obá, el amor que duele.

Feb 08, 202635 minSeason 6Ep. 142
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Obá es la orisha del compromiso, la fidelidad y el amor que permanece incluso cuando se vuelve doloroso. Esposa de Xangô, su mito revela el riesgo de confundir la entrega con la anulación propia y el sacrificio con el amor verdadero. En este episodio exploramos su origen yoruba, sus símbolos, su sincretismo y su dimensión arquetípica para comprender cómo el silencio, la herida y la permanencia construyen una ética del amor que exige límites. Obá nos deja una advertencia profunda y actual: amar no debería implicar perder la propia voz.

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Transcript

Speaker 2

Hola, mi nombre es Susana Castellanos de Subría y les doy la bienvenida a un nuevo episodio de Relatos de Sherizal. Hoy hablaremos de Obá, que es una de las figuras más trágicas y menos comprendidas del Panteón Yoruba. Es la orilla del río del matrimonio y del compromiso extremo. Obá encarna un tipo de amor que va más allá de la seducción sino que es la permanencia, incluso cuando permanecer duele. Oba era la esposa de Shangó, junto a Oshun y Oya. Oba no compite por el poder ni por su brillo.

Su tragedia nace de la confusión entre amor y sacrificio, entre entrega y anulación. En su mito, el deseo de agradar termina convirtiéndose en una herida irreversible. En este episodio exploraremos a Obá desde su origen yoruba, su presencia en la diáspora afroamericana, su mito central, sus símbolos y rituales, su sincretismo, así como su lectura arquetípica. A través de Obá nos enfrentaremos a una pregunta incómoda, pero profundamente actual.¿ Cuándo el amor deja de ser vínculo con y se

convierte en autonegación? Oba no es una figura débil, es una figura dolorosamente lúcida que revela el precio de amar sin ser conscientes de los límites. Oba está asociada al río Oba, que es una fluente de los Shun en la región suroccidental de Nigeria. Ese dato geográfico no es simplemente anecdótico, sino que simbólicamente significa Obá es un río que no ocupa el centro, sino que fluye a la sombra de otro más reconocido, que es el de Oshun.

Su curso existe, el de Obá, pero es silencioso. En la cosmovisión Yoruba, los ríos no solo representan vida y fertilidad, sino también modos de relación. El río Obá, digamos, no es que irrumpa como el de Oshun, ni como el viento de Ollá, sino es un río contenido, constante, como que sostiene desde la discreción. Pero entonces con la diáspora africana Obá viajó a América y se mantuvo como una

figura menos visible pero profundamente significativa. En Brasil y en Cuba su culto persiste, asociado al matrimonio, al compromiso, al sacrificio silencioso y a las heridas emocionales no de ellas. Obá representa una dimensión femenina fundamental para comprender la espiritualidad afroatlántica y es aquella que no busca protagonismo, pero cuyo dolor revela una verdad profunda, una verdad estructural sobre el amor y sobre el poder. Entonces, vamos viendo la esencia

de este mito. El mito más conocido de Obá gira en torno a su matrimonio con Xangó y al episodio de la oreja. Leído superficialmente, este relato ha sido interpretado como ingenuidad o rivalidad femenina, pero leído simbólicamente revela algo mucho más profundo, la tragedia de Lanó que se anula

a sí mismo para sostener al otro. Entonces, según el mito, Obá, que era una esposa fiel y comprometida, deseaba agradar a Shango y conservar su amor en un contexto de competencia con Oshun y con Oya que ambas también tienen romance con Shango o sea en un tema de inseguridad y de celos Oba observa que Shango pues le gusta mucho

estar con Oshun y engañada por un Mal consejo. Corta una de sus orejas y añade al alimento de Shangó su oreja, creyendo que así logrará una mayor devoción por parte de su esposo y que así no mirará a otras mujeres. Ese tema de la inseguridad, de que él se vaya con otra. El resultado es devastador. Shangó se da cuenta, la rechaza y Obá queda marcada por una cicatriz, pues no tiene oreja y eso es irreversible. Entonces es

un relato que nos habla del sacrificio mal orientado. La oreja como órgano de escucha simboliza también la pérdida de la propia voz y de la escucha interior. Obá deja de oírse a sí misma. para oír solamente el deseo y las sugerencias de las demás. Entonces aquí la oreja es un símbolo. Desde la simbología clásica, la oreja representa receptividad, capacidad de escucha, vínculo con la palabra y el sentido. Y al mutilarse, Obá no solamente hiere su cuerpo, sino

que rompe una relación consigo misma. Entonces, el mito señala el momento en que el amor deja de ser un vínculo y se convierte en obediencia ciega. Aquí no se trata de una historia de buenos y malos, sino una advertencia profunda sobre los límites del sacrificio por los demás. Entonces, el mito se vuelve más claro porque vemos un triángulo femenino que ya hemos visto en estos episodios. Vemos a Oshun, radiante, hermosa, dulce, encantadora, que ama sin perderse a sí misma. Ella es el eje,

ella atrae sin anularse. Por otra parte está Oya, que rompe cuando el vínculo ya no puede sostenerse. Ella es el viento de las tempestades. Y tenemos ahora a Oba, que permanece incluso cuando permanecer duele. Obá entonces encarna esa lealtad llevada al extremo, la fidelidad que no se retira a tiempo. Entonces, en ese sentido, el mito lo que hace es revelarnos a Obá, muestra el costo psíquico y

espiritual de un amor que se mide solamente por la renuncia. Entonces, volviendo a la diáspora y a la resignificación del mito, En América, el mito de Obad quiere una resonancia particular porque en contextos de esclavización, Obad se convierte en símbolo de muchas mujeres porque su supervivencia dependió de aguantar, de callar, de sostener. Y su herida dejó solo, ¿cierto?, una conexión

profunda con Obad. Porque ya cuando se identifican Un dolor con el de Obá deja de ser algo solamente individual y se vuelve colectivo, histórico. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que Obá trasciende el hecho de su herida. Obá, en algunos cultos, en algunas versiones de su mito, se retira, se repliega y aprende a guardar su dignidad en silencio. Entonces, su dolor la vuelve sobria, la vuelve firme, la vuelve contenida.

Ella no se anda quejando, sino que ella transmuta ese dolor. Entonces, el mito de Ompa nos habla de los peligros de una entrega excesiva hasta volverse destructiva. Nos habla de los peligros de la entrega sin límite que puede producir pérdida de identidad y nos habla de los peligros de no escuchar la propia voz porque puede terminar en problemas. Entonces, básicamente nos está hablando del precio de confundir amor con desaparición propia. Entonces,¿ cuáles son los símbolos esenciales? La oreja,

el cuchillo... el silencio y el agua contenida. El universo simbólico de Obá es austero, es severo. A diferencia de Oshun, cuyos símbolos brillan y atraen, los de Obá se repliegan, callan, sostienen. No celebran el placer ni el movimiento, sino que señalan el costo psíquico del sacrificio y la dignidad que persiste incluso en la herida. Entonces volvamos sobre la oreja. que es la escucha, la voz y la pérdida del eje propio. El símbolo central de Obá es la oreja, el órgano

de la escucha, de la recepción del sentido. Entonces, con la oreja nos abrimos al otro, tenemos la capacidad de oír palabras significativas y tenemos también un vínculo con nuestra propia orientación interior. Entonces, es un símbolo de receptividad consciente. Y cuando Obá mutila su oreja como un acto autoimpuesto, ella lo hace. Entonces Obá ya hay algo de ella que está perdiendo en esa escucha. Esto es una tragedia.

El cuchillo representa acá la decisión mal orientada. El cuchillo asociado a Obá, con el que se corta la oreja, es una herramienta de sacrificio en este caso, hacia el propio cuerpo. Entonces el problema del cuchillo, que muchas veces simboliza separación, discernimiento, decisión, en Obá el problema no es que corte, sino hacia dónde se dirige ese corte. Ese sacrificio es autodestructivo. Entonces ese cuchillo de Obá revela una

verdad que también es un poco difícil. una verdad incómoda, y es que no todos los sacrificios son sagrados, y algunos sacrificios lo que están revelando es pérdida del valor propio. Después de la herida, entonces Obacaya, y aquí venimos al símbolo del silencio, del repliegue, de la dignidad, es una retirada consciente, en este caso es una contención digna, puede ser una defensa ante el dolor, pero también tratar de

preservar ese núcleo del yo cuando ya estamos heridos. Entonces, Oba no grita, no reclama, su silencio no busca conmover, sino es un límite tardío, pero profundamente real. También Oba está asociada a un río discreto, al agua contenida. El agua es un agua que va calmada, que no se desborda. Y ese símbolo expresa la emoción reprimida, el afecto no expresado, la vida que sigue existiendo, por ahí, callada, distante. Es esa reserva interior. Pero, por supuesto, nos revela un riesgo

de estancamiento. Y en Oba ese riesgo está presente. La vida continúa, pero ya no tiene brillo. Entonces,¿ cuáles son sus colores y cuál es su estética simbólica? Los colores asociados a Ewa son oscuros, apagados, rojo profundo, marrón, tonos color tierra. Aquí es una estética sobria, austera. El cuerpo no parece adornarse como en el caso de Oshun, sino que más bien se protege. Es sobrio. Aquí hablamos de

que no se está exhibiendo. Entonces, si hacemos una síntesis simbólica, está la oreja que señala la pérdida de esa escucha interior, el cuchillo que revela el sacrificio que se dirigió mal, el silencio que protege lo que queda del yo y el agua contenida que expresa una vida contenida, un poco opaca. Entonces aquí estamos viendo que el amor sin límite puede herir profundamente, pero que también incluso en esa herida queda

para rescatarnos nuestra propia dignidad. Entonces hablemos ahora un poco de los rituales, las fiestas, la liturgia, la devoción silenciosa. Entonces porque en los rituales dedicados a Obá, que son de los más discretos, de los más austeros dentro del

panteón yoruba y afroamericano. Estos, por supuesto, no convocan a un trance exuberante, no hay un despliegue estético llamativo, porque Obá no se va a manifestar en el exceso, sino en la contención ritual, en la sobriedad que reconoce el dolor sin exhibirlo, Ella no hace un acontecimiento público de su dolor. Ella lo dignifica con su quietud y su silencio. Entonces, estamos hablando de la ética de los límites. Entonces, en tiempos rituales, Oba suele asociarse al miércoles o al sábado,

dependiendo de la tradición. que son días vinculados al compromiso, a la responsabilidad, a la permanencia, y su número ritual aparece con frecuencia como el 6, que es una cifra asociada al vínculo, al equilibrio, tenso, digamos, entre polos, a la necesidad de sostener estructuras. Por otra parte, los espacios rituales consagrados a Obá son, digamos, lugares que están más en las esquinas, en zonas recogidas, en interiores, a veces cercanas

al agua, pero nunca expuestas. No son los lugares de tránsito. Y ese dato espacial es muy importante, porque Obá no busca ser vista. Su energía se activa en el repliegue, en el espacio protegido, donde la herida no se muestra. pero tampoco se niega y todos tenemos heridas, por lo tanto todos tenemos algo de Obá. Entonces las ofrendas que se le van a ofrecer a Obá son simples, son sobrias, alejadas de esa dulzura exuberante que vimos en Oshun, ¿cierto?

A Obá se le ofrecen alimentos cocidos, granos, raíces, preparaciones sin azúcar, sin especias, porque simbolizan como una nutrición básica, no está asociado al placer. Oba no es invocada para atraer abundancia o goce. Oba,¿ por qué se le invoca? Se le invoca para pedirle ayuda, para aguantar, para sostener cuando el amor duele y aún así elige permanecer. Entonces, en Los colores que van a ser asociados a Obá son oscuros, son apagados, son tonos color tierra, como les decía,

rojos profundos, marrón. Es una vestimenta ritual cerrada, sin ornamentos innecesarios, porque el cuerpo no se exhibe, no se celebra, se protege. Y ese lenguaje estético comunica una verdad simbólica central, y es que cuando el amor y La primera tarea no es salir a seducir a otros, no es romper con todo, sino desde el punto de vista de Obá es proteger, cuidar lo que queda del yo. Entonces, por estos motivos, en la música, en su ritmo, los toques dedicados a

Obá son lentos, repetitivos, contenidos. No induce entranza expansivo ni descarga emocional. El ritmo acompaña, sostiene, mantiene. Y desde una lectura simbólica, esta música expresa la experiencia del amor que no estalla, que más bien persiste. Es el sonido de la continuidad. Imaginen el deseo cuando ha sido herido, pero aún está ahí. Entonces, por supuesto, en este contexto, su danza es mínima, es recogida. La danza de Obá no tiene giros amplios, ¿cierto? El cuerpo se mueve poco, a

veces apenas inclina la cabeza o los brazos. El gesto es contenido, como el río que la representa, casi íntimo. Entonces, digamos, honra el dolor sin exhibirlo. El cuerpo recuerda el dolor. Y los rituales de Obá cumplen una función específica dentro de ese sistema espiritual porque acompaña procesos de decepción amorosa, sostiene el compromiso sin autoaniquilación, ayuda a establecer límites tardíos pero necesarios y dignifica el silencio. cuando la palabra ya

no alcanza. Entonces Oba ofrece una resistencia digna. Entonces, como hemos visto en las últimas orillas, Oya enseña a romper, Oshun a atraer y Oba a sostener sin desaparecer del todo. Acá no estamos hablando de felicidad, estamos hablando de constancia. y de que amar no debería implicar la pérdida de uno mismo. Entonces, el sincretismo de Obá en América se construye en torno a una afinidad profunda, la experiencia del amor que se entrega hasta herirse, la fidelidad llevada al

extremo y el dolor sostenido, pero sin espectáculos. sin salir a gritar que ha sido herida. En el contexto de la diáspora, estas afinidades permitieron velar, cubrir a Obá bajo imágenes cristianas que expresaban un sufrimiento digno, una perseverancia y un silencio. El sincretismo, en este caso, ha sido una especie de traducción simbólica que permitió mantener viva una verdad incómoda. El sacrificio puede ennoblecer, pero también puede destruir cuando no

reconoce límites. Entonces tenemos a Obá y a Santa Catalina de Alejandría. En las tradiciones, en algunas, no en todas, ojo con esto, Obá se sincretiza con Santa Catalina de Alejandría, que fue una mártir asociada a la fidelidad intelectual y espiritual llevada hasta el sufrimiento. Catalina no cedió su convicción, incluso cuando el precio fue su propio cuerpo. Esa asociación resuena con Obá en la integridad de lo que no

se negocia, aunque el costo sea alto. Sin embargo, mientras Santa Catalina muere, Como testimonio de su fe cristiana, Obá sobrevive a su herida, mi diferencia es crucial. Obá, pues claramente no es una mártir cristiana redentora, sino que es una figura del dolor vivido. Por otra parte, Obá también se sancritiza con Santa Rita de Casia, que nos habla

de matrimonio, paciencia y sufrimiento. En Brasil y en otros contextos afroamericanos es entonces con Santa Rita de Casia, una santa del matrimonio difícil, de la paciencia extrema y de la aceptación del sufrimiento doméstico. Esa asociación revela con claridad el campo simbólico de Obá, el amor sostenido, incluso cuando la herida se vuelve cotidiana. Entonces aquí el sincretismo muestra

su ambivalencia. Por un lado reconoce la resistencia emocional de quienes sostienen vínculos imposibles, pero por otro corre el riesgo de normalizar, la autoanulación. Precisamente es por eso que leer

a Obá simbólicamente y no moralmente o literalmente resulta indispensable. Entonces, aquí vemos también una parte del sincretismo como un espejo crítico, porque a diferencia de Oshun, cuyo sincretismo resalta protección y dulzura, el de Obá incomoda, Aquí no tenemos un consuelo fácil, no hay una promesa de recompensa, sino que muestra una

espiritualidad de aguante, de deber y de límites tardíos. Y desde esta perspectiva es que el sincretismo de Obá debe mirarse con cuidado, porque funciona como un espejo histórico de una experiencia femenina marcada por el mandato de sacrificio pero al mismo tiempo permite nombrar esa experiencia y por lo tanto comenzar a cuestionarla. Entonces, el sincretismo de Obá nos refleja que no todos los sufrimientos son redentores, ni que no toda la fidelidad es virtud y que no todos

los silencios protegen. Entonces, bajo las imágenes de santas pacientes y heridas, Obá sigue hablando para hacer visible el dolor. Porque Obá se oculta es para recordar con sobriedad que el amor, si no tiene límites, se convierte en una herida. Teniendo todo este marco en cuenta, podemos hablar de los hijos e hijas de Obá, que es esa filiación espiritual. Entonces, ser hijo o hija de Obá no es un destino psicológico, ¿cierto?

Tampoco es una condena al sufrimiento, sino que en la tradición yoruba y afroamericana esa afiliación indica una afinidad profunda con el arquetipo del compromiso extremo, con la experiencia del

amor entendido como deber, permanencia, lealtad, incluso cuando se vuelve doloroso. Entonces, Usualmente hay unos rasgos recurrentes, que no pretenden ser tipologías, sino básicamente rasgos recurrentes de las hijas e hijos de Obá, que tienen un sentido profundo del deber afectivo, una lealtad extrema a vínculos, a instituciones, a promesas, una dificultad para abandonar relaciones incluso cuando duelen, una capacidad de sostener a

otros en silencio, y una fortaleza emocional poco visible pero persistente. Esas personas suelen ser el sostén de sistemas familiares o afectivos. No siempre brillan, no parecen seducir, ¿cierto? Pero permanecen, están ahí, hay compromiso. Entonces, como hemos visto, la sombra más clara de Obá aparece cuando el amor se vive como autoanulación y el vínculo deja ser el espacio de reciprocidad para

convertirse en un campo de prueba. Cuando se aguanta y se aguanta y se aguanta y se aguanta y se pierde y se pierde y se pierde y se calla, se calla, se calla. Entonces, Esto corresponde a una identificación inconsciente con el arquetipo del sacrificio, donde el yo se define por lo que entrega y no por lo que desea. El peligro no es el compromiso, sino la pérdida de tener un eje interno. Entonces, podemos leer a Obá como una figura del alma herida por el exceso de deber, ¿cierto?,

Es demasiado compromiso sin ser consciente de sí mismo. Entonces, Obá muestra que hay una advertencia frente al amor que entrega demasiado. Pero no podemos reducir a Obá a víctima. Y en esto quiero hacer mucho énfasis. Porque Obá no es simplemente una víctima. Es también... Un símbolo de la dignidad profunda. Tiene una ética de responsabilidad que no necesita reconocimiento externo a su dolor. Eso la hace profundamente digna. Su silencio es una reserva, es cuidar lo poco que

queda intacto. Y aquí aparece otra verdad incómoda. Y es que no todos los dolores hay que gritarlos. Y que la fortaleza interior, la verdadera, no necesariamente es a los alaridos. Y que la resistencia tampoco se hace a los gritos y con celebraciones. Porque hay algo interno que es mucho más profundo, que es lo que sostiene y es lo que representa a Obá en silencio. Entonces ser hija o hijo de Obá implica vivir la tensión entre el compromiso y el límite, entre la lealtad y el deseo, entre

el amor y la pérdida del yo. Entonces Obá lo que hace es advertir a aquellas personas que aman intensamente. Y su enseñanza es aprender, aunque tarde, que ningún vínculo debería exigir la mutilación de uno mismo. Entonces vemos que hay en la mitología el arquetipo que encarna Obá, no es exclusivo del mundo yoruba. Aparece con variaciones en múltiples mitologías y tradiciones religiosas, como figura del amor fiel llevado hasta el sacrificio, como figura del vínculo sostenido incluso cuando

el costo es la propia identidad. Y esta comparación que voy a hacer ahora, ojo con eso, no busca igualar relatos, sino reconocer estructuras simbólicas profundas compartidas. Entonces tenemos, por ejemplo, a Obá y a Penélope, que era la esposa de Odiseo, que representa la fidelidad sostenida durante la ausencia. Como Obá, Penélope permanece, espera, sostiene el hogar y el orden mientras el héroe vive sus aventuras. Sin embargo, hay una diferencia crucial.

Penélope no se mutila ni se anula. Su fidelidad es estratégica, inteligente e incluso astuta. Entonces la comparación revela el límite que Oba no logra establecer. Donde Penélope conserva su centro y su voz, Oba se pierde en la entrega. Ambas aman, sostienen, solo que una Penélope se escucha más a sí misma. Hay otro relato griego que es el de Alcestis, también es griego. Y Alcestis ofrece su vida para salvar a su esposo, Admeto. Y este mito es quizá el para

lo más cercano a Obá. Alcestis encarna el sacrificio absoluto, el amor que se demuestra muriendo por el otro. Y además ella muere para que Admeto pueda vivir. La diferencia simbólica es reveladora. Alcestis muere y es rescatada por Heracles, su sacrificio es recompensado Mientras que Obá vive con la herida, no hay un rescate heroico. La mitología yoruba no sublima

el sacrificio, lo deja abierto, sin consuelo. También tenemos a Sita de la India, porque en el Ramayana, Sita acompaña a Rama al exilio, soporta pruebas, humillación y sospecha para demostrar su fidelidad. Como Obá, Sita encarna la pureza entendida como resistencia, el amor probado por el sufrimiento. Pero nuevamente, la comparación ilumina una diferencia ética. Sita finalmente se retira de la vida humana y regresa a la tierra. Oba no se va, permanece herida, sin retirada simbólica total. La

tradición yoruba insiste en el costo psíquico del sacrificio no resuelto. Entonces, más allá del sincretismo específico, Obá dialoga con una larga genealogía cristiana de mujeres santas asociadas al sufrimiento doméstico, la paciencia y el silencio. Sin embargo, mientras el cristianismo tiende a redimir el dolor, Obá lo expone. Ahí es donde está su potencia contemporánea. Obá no está prometiendo ninguna salvación

por sufrir. solo muestra el peso de ese sufrimiento. Entonces, hoy,¿ cuál sería la presencia contemporánea o el costo invisible de ese amor que aguanta hoy en día? Porque si lo pensamos bien, Oa no simplemente está en el pasado mítico ni en las tradiciones afroamericanas, porque su arquetipo sigue plenamente activo en la vida contemporánea, especialmente en contextos donde el amor,

el deber y el sacrificio siguen confundidos. Hoy se manifiesta en figuras cotidianas, en quienes sostienen vínculos rotos por responsabilidad, en quienes callan para no desestabilizar un sistema familiar, en quienes creen que amar es resistir sin quejarse. Oba aparece allí, donde el amor se convierte en tarea, donde el vínculo se mantiene por inercia. y no por reciprocidad viva. Es

una herida profunda. Entonces, en el mundo actual, en una época que exalta el goce, la libertad, la ruptura rápida, Oba introduce una pregunta necesaria, aunque puede ser molesta.¿ Qué hacemos con quienes aman desde el deber?¿ Con quienes sostienen

lo que otros disfrutan o abandonan? Entonces, Oba pide ser reconocida porque reconocer a Obá es saber que no siempre el dolor que sentimos fue nuestra elección y si permanecemos no es por cobardía y que si permanecemos en silencio no es que seamos sumisos pero tenemos que reconocer eso que estamos viviendo y hacer algo con eso ¿cierto? Entonces, el silencio de Obá es el gesto de dignidad cuando el amor ha dejado de escuchar y su repliegue nos

habla de conservación, de lo poco que queda intacto. Obá, la orilla del río discreto y del amor que duele, deja una advertencia clara que no tiene un consuelo fácil y es que amar debe permitir mantener la propia voz, porque ningún vínculo merece la mutilación del alma. Jehová nos está susurrando esta verdad. Un abrazo y hasta un próximo episodio de Relatos de Shereza.

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