Relatos de Horror Navideños - podcast episode cover

Relatos de Horror Navideños

Dec 28, 202530 min
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

En este episodio especial de Relatos de la Noche, reunimos historias reales que ocurrieron durante una de las épocas que, en teoría, debería ser la más tranquila del año: la Navidad.

Relatos enviados por la comunidad, donde las reuniones familiares, los viajes por carretera, las casas de los abuelos y las noches en silencio se ven interrumpidas por algo que no encaja, algo que no debería estar ahí… pero está.

Son historias donde los muertos parecen no entender que ya no les toca volver, donde los recuerdos familiares no coinciden y se fragmentan con el paso del tiempo, donde figuras extrañas cruzan carreteras solitarias y donde, en medio de la madrugada, alguien —o algo— se mueve cerca mientras todos duermen.

Porque no todas las Navidades son iguales. Algunas dejan regalos. Otras dejan preguntas. Y hay unas cuantas que dejan marcas que nadie vuelve a mencionar.

Apaga la luz, ponte cómodo y acompáñanos. Porque incluso en estas fechas… el terror también encuentra la forma de sentarse a la mesa.

📖 Ya puedes conseguir nuestro libro en librerías físicas y digitales. Búscalo en tu tienda favorita o sigue el enlace para

México: https://www.amazon.com.mx/Relatos-noche-Uriel-Reyes/dp/6073836201/

España: https://www.amazon.es/Relatos-noche-Novela-Uriel-Reyes/dp/8410442205/

Chile: https://www.buscalibre.cl/libro-relatos-de-la-noche/9789568883270/p/64600265

 

See omnystudio.com/listener for privacy information.

Transcript

Speaker 1

En la madrugada me despertó un sonido. Venía de abajo, de la parte baja de la litera. Era un ruido leve, como cuando un ratón rasca algo. Golpes pequeñitos, casi callados. Me asumí hacia abajo y vi a mi hermano dormido. Él no estaba haciendo ruido. Y lo peor fue cuando vi que el duende de madera no estaba donde yo

lo había dejado. Muy buenas noches querida comunidad RDLN, yo espero de todo corazón que hayan pasado muy a gusto la navidad, la noche buena y vamos a continuar con un ambiente muy navideño porque reunimos algunas de las historias sucedidas en estas fechas decembrinas más impactantes que nos han llegado recientemente. Espero que las disfruten, si se pueden acompañar a la familia muy bien y si no que estos relatos sean su compañía. sean su familia por hoy. Recuerden

que siempre vamos a estar con ustedes. Así que es hora de dejarse llevar y entrar en estos relatos navideños, porque nosotros, ustedes y yo, somos tan raros que incluso en estos días disfrutamos el terror. Estás escuchando Relatos de la Noche. Tengo muchos años escuchando relatos a la noche. Y nunca pensé escribir, pero esta historia volvió a mi cabeza ahora que se acercan las fiestas. Mi tío Raúl murió en octubre. Fue algo rápido. Un infarto mientras manejaba

de regreso a su casa. Tenía poco más de 50 años y aunque no era muy cercano a todos, siempre estaba presente en las reuniones familiares. Esa Navidad decidimos no cancelarla. Mi abuela insistió en que había que juntarnos como siempre, aunque el ambiente, claro, no era el mismo. Nadie tenía muchas ganas de celebrar, pero aún así armamos la cena, el árbol, los regalos. Me acuerdo muy bien que desde que llegamos a la casa hubo algo raro, pero nadie lo quiso decir en voz alta. El primer detalle fue

una chamarra. La chamarra de mi tío estaba colgada detrás de la puerta del cuarto de visitas, Una chamarra vieja de mezclilla, que siempre olía a cigarro y a perfume, que él siempre dejaba ahí cuando venía. Mi mamá preguntó quién la había sacado del closet, y mi abuela dijo que nadie. Pensamos que alguien la había puesto ahí por costumbre, o como homenaje, como recuerdo, y no le dimos importancia. Durante la cena, mientras estábamos sentados alrededor de la mesa,

alguien tocó el tema de mi tío. Fue inevitable. Mi primo dijo que era raro que se fuera el primer año sin él. Y mi abuela sin pensarlo respondió,¿ Tu tío se vino? Todos nos quedamos callados. Ella siguió comiendo como si nada y luego dijo que había pasado en la mañana, que se sentó un rato con ella en la sala, que le preguntó si iríamos todos a la cena y que después se fue. Mi mamá se rió nerviosa y le dijo que no bromeara con eso. Mi abuela levantó la mirada y dijo algo que ya no

supimos cómo contestar. No estoy bromeando. Viene igual que siempre. Nadie quiso seguir la conversación. Cambiamos el tema en cuanto pudimos. Esa noche ya tarde me tocó dormir en el cuarto donde solía quedarse él. No me gustaba pero no había otra opción. Me desperté cerca de las 4 de la mañana por un ruido en la sala. Pasos. Pasos muy lentos, como los de alguien cansado. No me levanté, me quedé quieto escuchando. Y entonces oí claramente su voz. No me levanté.

Estaba hablando con alguien ahí afuera. Simplemente conversando y yo hubiera reconocido esa voz en donde fuera. Y por supuesto que no salí. Era la voz de mi tío muerto. A la mañana siguiente la chamara ya no estaba detrás de la puerta. Y mi abuela, mi abuela murió unos meses después. Nunca volvió a mencionar esa Navidad. Nadie lo hizo. Yo nunca supe qué era lo que estaba ahí afuera, afuera de mi habitación esa noche, ni tampoco con quién hablaba esa voz, que era idéntica a la de mi tío.

Pero eso sí, sé que de que él volvió, volvió. Tengo apenas unos meses escuchando relatos de la noche, pero desde el primer episodio sentí que este espacio era justo para contar algo que nunca hemos podido olvidar en la familia. Lo que voy a narrar ocurrió cuando yo era adolescente todavía, durante una navidad en la casa de mis abuelos, en Sonora. Nosotros vivimos en Los Ángeles, California, pero cada diciembre sin falta viajábamos a México para pasar unos días con la familia.

Era una tradición. La casa de mis abuelos siempre fue ese lugar al que uno vuelve aunque pasen los años. Mismo patio, mismos muebles viejos, mismos olores y casi siempre también las mismas decoraciones navideñas. Por eso ese año desde que entramos notamos algo distinto. Había muchos adornos nuevos. Mi abuela siempre fue de guardar las decoraciones toda la vida. Esferas antiguas, figuras de barro, nacimientos incompletos, luces viejas que

a veces ni prendían bien. Pero esa Navidad había cosas diferentes. Adornos de estilo todavía más mezclados, colores que no combinaban entre sí, figuras que no parecían tener la misma edad, origen ni tamaño. Pero,¿ saben qué? Aún así mi abuela tenía ese talento raro de hacer que todo funcionara al final. La casa seguía sintiéndose muy acogedora. Cuando le preguntamos por las decoraciones nuevas nos dijo que había perdido muchas de las antiguas y que había comprado otras a través de

Facebook con vendedoras del Marketplace. Cosas usadas, baratas, pero bonitas y hasta con historia, según ella. No les dimos importancia. A mi mamá no le gustaba que comprara usado mi abuela pero sabía que era un placer de ella. Encontrar cosas baratas en oferta, cosas que era imposible ya conseguir nuevas. Allá en la casa de Sonora mi hermano menor y yo dormíamos en el mismo cuarto. Era una habitación sencilla, con una litera de metal, yo arriba y él abajo, siempre.

Y esa noche al acomodarnos para dormir, notamos algo que no estaba ahí antes. En el tocador justo frente a la cama de mi hermano, había una figura de madera. No era grande, era más chiquita que un termo, tallada a mano. Tenía brazos, piernas cortas, un cuerpo rígido y una cara que no sabría describir bien. No parecía sonriente, pero tampoco enojada. Era una cara rara para una decoración, sin mucha expresión en las facciones, pero con una mirada profunda.

No dijimos nada. No queríamos parecer exagerados ni hacer un drama por una simple decoración. No queríamos molestar a mi abuela con sus decoraciones, sobre todo si por alguna razón había decidido poner esa exactamente ahí. Apagamos la luz y ya. En la madrugada me despertó un sonido. Venía de abajo, de la parte baja de la litera. Era un ruido leve como cuando un ratón rasca algo. Pequeños golpecitos casi callados. Me moví un poco, incómodo, pero pensé que era mi

hermano moviéndose dormido o quizás algún animal allá afuera. Simplemente me volví a dormir. Pero no sé cuánto tiempo pasó hasta que Me despertó un grito, el grito de mi hermano, un grito seco, intentando callarse, pero lleno de miedo. Encendí la luz inmediato y lo vi llorando, hecho bolita en la cama. Me dijo casi sin poder hablar que algo lo acababa de morder. Le pregunté dónde, tenía marcas en el pie, pequeñas pero claras, y no parecían marcas normales.

De verdad, era una mordida. Lo abracé, lo calmé. Le dije que seguro había sido solo un insecto, que todo estaba bien, que fue su imaginación, que estaba soñando y sintió el dolor. Pero entonces miré hacia el tocador. La figura de madera ya no estaba ahí. Y no quise decir nada, aunque me dio mucho miedo. Luego la vi de nuevo. cerca de la ventana en el piso, recargada contra la pared. No parecía haberse caído, estaba colocada como

si alguien la hubiera dejado ahí. Mi hermano entre sollozos me dijo que había sentido claramente que algo se subía a su cama, que despertó cuando sintió dolor, que creyó ver eso a los pies de la cama, y yo no quise seguir escuchando. Le dije que seguramente había sido una pesadilla. Cuando volví a dormir se tomó la figura y la regresé a su lugar original, en el tocador. No quería asustarlo más. Pensé que si al despertar la veía en el mismo sitio todo quedaría como un mal sueño.

Y el resto de esa noche por supuesto que ya no dormí. En la mañana le conté todo a mi mamá. Me dijo que no pensara en cosas raras. Pero aún así me sugirió hablar con mi abuela, preguntarle de dónde había salido esa figura, a quién se la había comprado. Y cuando le preguntamos, mi abuela pronunció el seño.¿ Cuál figura?¿ Cuál duende? Dijo. Y le explicamos. Le escribimos el muñeco de madera, el al tocador, en el cuarto. Ella negó

con la cabeza. Dijo que no había puesto ninguna decoración en ese cuarto, que ella misma evitaba mover cosas ahí porque sabía que dormíamos nosotros, que no nos gustaba tener muchas cosas. Y fuimos corriendo a revisar. La figura ya no estaba en el tocador ni en la ventana, ni en ningún rincón del cuarto. Revisamos la casa. Nada. Nada. Pero al mover un armario viejo de ese cuarto, encontramos algo que nos dejó en silencio, sin saber qué decir. Detrás,

en la pared, había un ocho. No era pequeño, no parecía reciente. La madera alrededor estaba desgastada, como si algo hubiera entrado y salido de ahí durante mucho tiempo. No tenía la forma limpia de un agujero hecho por herramientas. Tampoco era un simple daño superficial. Mi abuela dijo que seguramente eran ratas, pero yo nunca había visto un hoyo de ratas así. Esa Navidad nadie volvió a mencionar el tema.

Mi hermano nunca volvió a hablar de la mordida, pero durante el resto de la estancia pido dormir con la luz encendida, casi siempre con mis papás. Yo tampoco dije nada más, no quería provocar preguntas que nadie iba a responder, y me aguanté. Me aguanté y dormí solo aún con ese miedo también. El verano siguiente volví yo solo a la casa de mis abuelos para pasar unos días con ellos. El cuarto ya estaba diferente. Habían cambiado muchas cosas. La litera ya no estaba. Pero el armario sí. El hoyo

había sido tapado de manera improvisada. Lo sé porque revisé. Tenía madera de otro color, mal hecha. Nunca supe qué fue esa figura, de dónde salió o a dónde se fue. Nunca volvió a verla. Gracias por habernos dejado acompañarles en estas fiestas de verdad y gracias por confiar en nosotros para seguir contando sus historias. Continuamos con este episodio, pero aprovechamos para pedirles que nos comenten si escucharon este podcast

en estos días, en esta temporada decembrina. Díganos cómo lo hicieron, en compañía de su familia, durante una reunión familiar, quizás ustedes comenten que será muy, muy, muy bonito para nosotros leerlos. Sin más preámbulos, seguimos con más relatos esta noche.¿ Qué tal comunidad? Feliz Navidad. Esto pasó cuando yo tenía como 12 años, pero lo seguimos hablando hasta hoy porque ninguno coincide en lo que ocurrió realmente. Y yo sé, yo sé que

suena raro, pero permítanme explicar. Era Navidad. Estábamos en casa de mis papás. Nada especial. Cena, música, plática. Muchas pláticas. Mi tío Tony estaba contando una anécdota de cuando éramos niños. En algún momento mi mamá salió, escuchó clarito que alguien llegó y dejó la conversación a medias. Fue a la calle donde estuvo parada por unos segundos y luego volvió. Según mi recuerdo, cuando regresó, mi tío ya no estaba hablando de lo mismo. Se había quedado de la nada

muy serio, muy callado, pensativo. Cuando hablamos de eso, un rato después, mi hermana dijo que mi mamá jamás se levantó, que jamás escuchó algo en la calle. Mi mamá sí, yo también. Mi tío Tony tenía también otra versión. Y lo extraño es que esa noche pasó. Pasaron cosas que todos recordamos, pero... Diferente. Mi primo, por ejemplo, asegura que mi tío dijo en algún momento lo siguiente.¿ Se acuerdan de la Navidad en la que nadie pudo dormir en

toda la noche? Mi primo asegura que mi mamá respondió que no debían hablar de eso. Pero yo no recuerdo esa parte, tampoco mi tío ni mi mamá. Lo que yo recuerdo es que hablaban de un niño que vivía en la casa de atrás cuando eran niños y que alguien había asesinado cerca de Navidad. Es una platica tan rara que, por un momento, cuando me dijeron que nunca lo dijeron, sentí que era un sueño, que era algo que se agregó a mi memoria. Sin embargo, ese niño

sí existió. Ellos lo conocieron. Fue asesinado muy cerca de Navidad. Sin embargo, mi mamá dice que nunca hablaron de eso. que hace mucho que no mencionan ese tema, y que esa noche mi tío se quedó en silencio casi todo el tiempo. Mi papá, que no estaba realmente con nosotros ahí, jura que mi tío se la pasó en el patio, que lo vio dar vueltas hablando solo. Y lo único en lo que todos coincidimos es en lo que pasó después,

cerca de las doce. Las luces del árbol tronaron y se apagaron solas, No fue un apagón ni una variación del voltaje porque todo lo demás estaba igual, normal. Pero los foquitos tronaron, luego se apagaron y volvieron a prender pero parpadeando. Mi abuela se puso nerviosa y notamos que empezó a rezar en voz baja. Mi tío Tony se levantó de golpe, dijo que ya se iba. Y desde esa Navidad, cada vez que intentamos recordar Exactamente qué dijo o qué pasó antes de que él se levantara, discutimos,

porque nadie tiene el mismo recuerdo. No es que no queramos ponernos de acuerdo, cada quien lo recuerda diferente. Años después mi tío tuvo un accidente y quedó mal, lo

cuidamos mucho todavía entre todos. no puede tener emociones fuertes porque lo descontrolan muy feo así que mejor no hemos vuelto a mencionar esa navidad lo pone muy mal ya casi lo olvidamos y creo que es mejor si pueden en estas fechas les voy a recomendar algo intenten recordar una fecha una navidad o un año nuevo de un año en particular Porque quizás ustedes también tienen variaciones en la memoria. Quizás hay recuerdos diferentes, realidades distintas. Quizás ustedes

también tienen esos episodios que todos recuerdan diferente. Esta historia ocurrió hace algunos años, durante un viaje familiar en fechas cercanas a Navidad. Íbamos de regreso por carretera, atravesando una zona de Zacatecas que siempre se me ha visto solitaria, oscura, peligrosa sobre todo de noche. Era tarde, el camino estaba prácticamente vacío. Recuerdo que el ambiente era tranquilo, relajado. Solo nos distraía el sonido del carro avanzando y, las luces

iluminando lo poco que alcanzaban a ver del camino. En un punto del trayecto, algo llamó nuestra atención a un costado de la carretera. Primero pensé que era un animal pequeño, pero conforme nos acercamos, pude distinguir mejor esa figura, esa figura que corría en dos patas. Era un ser de baja estatura, no más alto que un niño pequeño. Llevaba lo que parecía ser un sombrero alto y cuadrado, botas puntiagudas y vestimenta oscura. Lo que más me impactó fue

la forma en que se movía. Cuando comenzó a correr, sus brazos se movían de adelante hacia atrás de una manera muy marcada, al igual que sus pequeños pies, como si no se desplazara de forma natural. No corría como ninguna persona, como ningún animal que yo conociera. Todos guardamos silencio. Lo vimos, pero nadie dijo nada en ese momento, aunque era evidente que había algo paranormal. La figura cruzó rápidamente y se perdió entre la oscuridad del camino, sin que

pudiéramos ver hacia dónde fue exactamente. Seguimos avanzando sin decir palabra alguna durante varios minutos. Nadie quería ser el primero en comentar lo que habíamos visto. en aceptar que lo habíamos visto, pero sabíamos que todos habíamos presenciado lo mismo. Un poco más adelante, al mirar por el retrovisor, alcancé a notar algo que me dejó muy inquieto. A la orilla del camino, donde momentos antes había perdido la figura, se alcanzaba a ver lo que parecía un pequeño cubo,

con una luz brillante en forma de cruz. No nos detuvimos. Continuamos el camino hasta llegar a nuestro destino, pero durante el resto del trayecto el ambiente se sentía como muy denso. Nadie volvió a mencionar lo ocurrido esa noche. Hasta el día de hoy, cuando recuerdo ese viaje, sigo sin poder explicar con certeza qué fue lo que vimos en esa carretera. No sé si fue algo que pertenece a ese lugar.

o simplemente algo que se nos cruzó en el momento en el que menos lo esperábamos, por casualidad, por pura casualidad. Esto pasó cuando yo era un niño, pero lo recuerdo con una claridad que me incomoda, no porque haya sido especialmente espectacular, sino porque fue silencioso, y porque nadie más

lo escuchó como yo. Era Navidad y estábamos en casa de unos familiares, en un pueblo chiquito, uno con casas con patios todavía muy muy grandes, donde los terrenos de atrás todavía no están bien delimitados, con árboles viejos plantados hace quién sabe cuántos años, creciendo sin orden. Durante el día el patio no tenía nada de raro, tierra seca, hojas caídas, troncos torcidos, pero de noche como unidad. De noche los árboles se veían distintos. No se distinguía uno

de otro. Parecían solo una masa negra, cerrada. Como si el fondo del patio no tuviera fin. Yo dormí en un cuarto que daba directo a ese patio. La ventana quedaba justo frente a los árboles. Después de la cena navideña todos se quedaron despiertos un ratito más, platicando, tomando café y ponche. y luego uno por uno se fueron yendo a dormir. La casa se quedó en silencio, con ese silencio raro de madrugada, cuando ya no hay ningún

ruido de televisión y voces lejanas. No sé qué hora era cuando me desperté, cuando lo primero que escuché fue un crujido lejano, no fuerte ni seco, era un sonido lento, irregular. como de alguien caminando entre ramas. Pero no tenía el ritmo normal de una caminata. Había pausas largas entre un sonido y otro, como si eso que se movía se detuviera a pensar en cada paso. Me incorporé un poco en la cama y miré hacia la ventana. Entre los

árboles se veía movimiento. No una silueta clara. Era más bien algo que se veía que que se desplazaba dentro de la oscuridad, empujando ramas, doblándolas, que por momentos parecía alto y en otros parecía demasiado bajo, como si se encorvara de más. Entonces escuché algo que no se parecía al sonido de las ramas, un crujido distinto, más cerco,

más cercano, como huesos crujiendo al moverse. No era solo un tronido, era una serie de pequeños crujidos, uno tras otro, como si algo caminara con el cuerpo doblado, forzado, acomodándose con cada paso. Y eso fue lo que más miedo me dio, porque entendí que algo allá afuera no estaba caminando normal ni derecho, porque eso parecía avanzar encorvado, muy jorobado,

casi arrastrándose entre los árboles. Cada vez que se movía las ramas sonaban Y luego ese otro ruido más interno Como si su propio cuerpo protestara al moverse Quise convencerme de que era un animal Un perro grande quizás O quizás un borracho del pueblo Alguien que se metió sin querer pero Entonces pasó algo raro Eso que se movía no salió del patio Caminaba en círculos Siempre entre los mismos árboles. No se acercaba a la casa, ni se alejaba del todo. Como si ese espacio fuera el único

lugar donde podía estar. Donde podía dar vueltas. De pronto se detuvo. El sonido de la rama cesó. El crujir de los huesos también. Sentí algo muy claro en el pecho. La sensación de que algo me estaba viendo desde la oscuridad. No vi los ojos, no vi un rostro, pero supe que eso estaba mirando hacia mí, hacia la casa, hacia

mi ventana, y me quedé quieto, muy quieto. Pasaron varios segundos, quizás minutos, no lo sé, y entonces, desde el patio escuché una voz, baja, rasposa, se escuchaba como cerca del suelo. Ya te dormiste. No fue un grito ni una amenaza, fue una pregunta muy tranquila, casi cuidadosa. Y ahí fue cuando reaccioné. Me bajé de la silla junto a la ventana y me metí debajo de la cama, temblando. Desde ahí solo podía ver un pedazo de la pared y

la parte baja de la ventana. Escuché como algo se movía de nuevo, pero ya no estaba entre los árboles. Ahora venía hacia la casa. El crujido de las ramas fue reemplazado por otro sonido, por algo arrastrándose sobre la tierra, y cada pocos segundos ese ruido seco, incómodo, como de huesos acomodándose para avanzar. Eso se detuvo justo frente a la ventana. No escuché que tocar el vidrio, no escuché una respiración fuerte ni nada. Solo sentí su presencia, ahí, quieta.

Y escuché como entonces volvió a hablar, más cerca de mí.¿ Ya te dormiste? No respondí. Me tapé la boca con las manos para no llorar, para no hacer ningún ruido. Después de eso no recuerdo en qué momento me dormí. Solo sé que desperté con el sol entrando por la ventana. con el ruido normal de la casa despertando. Nunca le

conté a nadie lo que pasó. Con los años volví a esa casa varias veces, el patio seguía ahí, los árboles también, pero nunca volví a asomarme de noche, por supuesto que no. Hoy ya de adulto sigo sin saber qué fue eso, no puedo decir que fuera algo sobrenatural con certeza, Solo sé que aún de vez en cuando sueño que estoy ahí, y que se escucha a algo caminar en la oscuridad, algo caminando encorvado, crujiendo, con los huesos sueltos, preguntándome si ya me dormí.

Transcript source: Provided by creator in RSS feed: download file
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android