Muy buenas noches comunidad, es un gusto que nos acompañen de nueva cuenta, que nos dejen entrar en sus dispositivos y esperamos que ya todo esté listo de su lado para escuchar su dosis de historias paranormales, de experiencias inexplicables, de sucesos más allá de lo natural que tenemos hoy preparados para ustedes. Es hora de apagar la luz y recuerda, estos relatos están hechos para escucharse de noche, si en algún momento te atreves a hacerlo. Estás a punto de
entrar a Relatos de la Noche. Ustedes han escuchado del Chopacabras, de aquella leyenda de los 90 que estuvo por todos lados, que salía en las noticias, que de repente apareció hasta en programas como los Expedientes Secretos X. Aunque muchos nacimos después, creo que hemos llegado a conocerlo como una leyenda más,
y para mí siempre fue eso. tan solo una leyenda hasta cierto incidente que es el que me motiva a escribirles y de verdad ansío recibir alguna respuesta alguna opinión aunque sé que la mayoría podrían ser de incredulidad de burla les escribo en estos momentos desde la casita de mis bisabuelos donde he pasado los últimos meses aquí ocurrió algo que nos hizo revivir esa leyenda esta casa es
pequeña apenas si tenemos dos recámaras. Una cocina con el comedor al lado en una pieza y una salida donde acomodé mi escritorio para trabajar en mis tareas y en mis diseños cada que puedo. Por lo chiquito del espacio, intento hacerlo después de las nueve, ya cuando mis viejitos se van a dormir. Ya no es totalmente rural esta zona, como cuando crecieron aquí mis papás, pero siguen estando lejos
de todo. Aquí solo hay ranchitos, pero a unos dos kilómetros se pasa la autopista, y a su lado construyeron dos complejos de casas de lujo. Por acá, todo sigue igual. La gente sigue teniendo animalitos. Aquí tenemos un perro, dos chivas, un puerquito y muchas gallinas. Todo esto comenzó una noche cuando escuché a los animales agitados, como si alguien se
hubiera metido a robarse alguna gallina. Me levanté de mi computadora y me asomé, pero no vi nada, Fui con mis abuelos a decirles que se escuchaban raros animales, pero me dijeron que no me preocupara, que aquí nadie robaba animales y que el perro además no dejaría que nadie se acercara. Intenté seguir trabajando y dejar dormir a mis abuelos, pero... Entonces escuché como un golpe seco a lo lejos, cerca del gallinero, y el perro empezó a ladrar. Luego algo
pasó corriendo por el techo. Escuché los pasos claros pero muy ligeros como si fuera un animalito. Ahí sí salieron mis bisabuelos del cuarto preocupados y me preguntaron si yo también lo había escuchado. Les respondí que sí. El bisabuelo tomó una vieja escopeta que yo nunca había visto. Antes de que pudiera preguntar qué estaba pasando, se escuchó afuera la puerta del gallinero y un escándalo ahí. el perro
no dejaba de ladrar. El seguro de aquella puerta hacía imposible que un animal pudiera abrirlo, así que para mí fue indicación de que, sin duda, alguien había entrado. El bisabuelo salió a revisar y la bisabuela y yo nos quedamos con toda la puerta. De repente solo vimos como el perro salió disparado hacia la milpa sin ladrar, solo como decidido a atacar, y les juro, Les juro que logramos ver que habían dos cosas corriendo entre la milpa. El perro. Y algo más. Le gritamos y le gritamos
al perro, pero no volvía. Y regresó hasta después de un buen rato. Muy cansado. Como si hubiera estado corriendo todo ese tiempo. Llegó e intentó tomar un poco de agua, pero después se desplomó. Cayó rendido. La bisabuelita se acercó a acariciarlo. y escuché como mi bisabuelo le preguntaba si creía que sería lo mismo, lo mismo de nuevo. Ella le contestó que sí, y que el perro se había atrevido a ir tras él porque no sabía qué es lo que estaba siguiendo. Fue entonces cuando me contaron a
mí las historias de aquel animal, de aquella bestia. Ellos no le llaman chupacabras, pero sucedió también por aquellos años cuando eran tan famosos los avistamientos, los rastros de animales muertos y una gota de sangre que esta criatura dejaba detrás de él. Aquella bestia había atacado la zona, pero entre los vecinos decidieron ocultarlo. Lo último que querían era a las cámaras de los noticieros aprovechándose de sus pérdidas.
Pero cuando esta cosa comenzó a acercarse a las casas, a husmear por las ventanas de los niños, Fue cuando decidieron que tenían suficiente, que no podían seguir así. No, ellos decidieron organizarse, cazarlo. Establecieron sonidos de alarma y cuando uno de los vecinos activaba el suyo, significaba que aquel animal estaba cerca y que todos los vecinos se dirigirían hacia allá. Por varias semanas esta cosa se alimentó de animales de la zona y solo dos personas, un niño
y un viejito, Afirmaron haberlo visto. Lo describieron como una especie de simio sin pelo, del tamaño de un niño pero con ojos rojos enormes, sin nariz y con unos dientes tan largos que sobresalían de su boca en forma de punta. Una de aquellas noches estuvieron a punto de atraparlo. Lo acorralaron en un granero, lo rodearon y terminaron reuniéndose
todo el pueblo para por fin... No dejarlo ir, para por fin terminar con el terror que provocaba aquella bestia, que ya no dejaba salir a nadie en la noche con tranquilidad, dormir sin atrancar la puerta, sin asegurar hasta la última de las ventanas. Pero cuando ya lo tenían acorralado, de alguna forma ya no estaba cuando entraron por él. Desapareció. Y luego volvió a convertirse tan solo en una noticia en la televisión, en algo que ocurría del otro lado
del mundo. Hasta esa noche, cuando estaban seguros de que había vuelto, fuera lo que fuera, estaba de vuelta. Me siguieron contando historias hasta que el perro pareció volver en sí y se recuperó por completo. Creo que nos fuimos a dormir ya casi cerca de las 4 de la mañana. Aún así, para las 7 que me desperté, el bisabuelo ya tenía un buen rato afuera. Se fue al amanecer. a
platicar con sus conocidos más viejos de la zona. Aquella noche, iban a salir a espantar a aquel animal, para que supiera que lo seguían esperando, que iban a proteger a sus animalitos y a toda la gente del lugar. Desde que oscureció, salieron en varias camionetas a recorrer el pueblo, y sé que puede parecer que describo una escena de hace mucho, de cuando la gente creía en estas cosas, pero no. Esto que les comento sucedió apenas hace unas semanas y yo siempre fui la persona más escéptica de
la familia. Soy atea incluso. Pero esa noche, cuando el bisabuelo estaba fuera, esa noche algo se acercó. Algo hizo llorar al perro y salir corriendo. Les juro. Algo caminó por el porche de madera frente a la casa. Los animales se escuchaban aterrados. No tengo otra forma de describir los sonidos que hacían, y aunque mi bisabuela y yo no decíamos nada y estábamos en silencio, en el ambiente se podía sentir el terror por el que ambas pasábamos.
De pronto, los ladrillos del perro que ya se escuchaban a lo lejos parecieron acercarse. No escuchamos los pasos afuera alejarse, ni un ruido de aquel animal escapando, ni nada. Simplemente al perro que llegó y se puso al fatear en la puerta, a rascarla para que le abriéramos, y al salir por él nos dimos cuenta de que los demás animales también ya se habían calmado, de que aquella cosa, lo que fuera, ya no estaba cerca. El bisabuelo regresó
pasada de la medianoche. No habían logrado ver nada. Se acercaron un poco al cerro e hicieron disparos al aire, pero nada más. Desde entonces no hemos escuchado nada. Parece que todo está en calma de nuevo, pero de vez en cuando, cuando los animales empiezan a hacer sonidos de susto, que en otras circunstancias tomaríamos solo como normales, ya no puedo evitar pensar que algo anda cerca, que algo nos observa desde entre la milpa, cuando el perro se queda
quieto mirándose allá. Espero que todo esto sea solo un hecho aislado y que No empecemos a ver más noticias al respecto. Estaré pendiente. Quiero contarles algo que nos pasó con nuestra niña cuando tenía cinco años. Espero que no sea una historia tan fuerte y que la puedan compartir aunque tengan que omitir algunos detalles gráficos, se podría decir. Fíjense que vivimos por seis años en una casa cerca
del trabajo de mi esposo. Antes de eso estuvimos en un pequeño departamento, nuestros primeros años de casados, y ahora ya gracias a Dios tenemos nuestra casita. Más pequeña que esta de la que voy a hablar en la historia, pero nuestra, que es lo más importante. Como les dije, cuando mi niña tenía cinco años apenas empezaba a hablar. Había tenido un problema del habla y hasta esa edad
ya le podíamos entender bien. Por esas fechas empezamos a entender algo que siempre nos había dicho, que había un señor sin cara en el patio, cerca de la barda de atrás. Aquella barda da a un callejón detrás de nuestra casa, así que lo primero que pensamos fue que era alguna persona pasando al que la niña siempre veía, pero luego empezó a decir que ahí estaba. Dentro, incluso por la noche, cuando se iba a dormir. Nosotros nos asomábamos y no había nadie, pero la niña seguía asegurando
que estaba ahí. Ahí parado, viéndonos. Viéndose a la casa. A la ventana. A nosotros. El señor sin cara. Cuando nos lo describí al principio pensamos que era algún tipo de amigo imaginario. Una figura con la cara en blanco como... Ese que se llama Slenderman o algo así. Así lo imaginábamos, pero luego, con el paso del tiempo, la niña pudo ir siendo más descriptiva. Hasta que tuvo la habilidad suficiente
como para empezar a dibujarlo. Recuerdo que la maestra apartó aquel primer dibujo y nos dijo que no dejáramos que la niña viera películas de terror. Y es que mi hija dibujó aquella cara con... con sangre. Solo con ojos, pero... Todo lo demás estaba rojo. Le preguntamos por qué y fue cuando nos dijo que el señor ya no tenía cara, solo sangre, solo sangre en el rostro, que ya no
tenía la nariz ni la boca. Un detalle bastante escalofriante, sí, pero que al principio seguimos pensando que se debía a algo que había visto nuestra hija en algún descuido, a una película de terror, como dijo la maestra. Pasó el tiempo y dejó de verlo. De repente, simplemente lo olvidó. Entró a la primaria y se olvidó de muchas cosas de esa etapa del kinder, de hecho, y fue hasta dos años después cuando nos volvió a comentar algo al respecto. Soñé con el señor sin cara del patio, nos dijo.
No me dejó dormir. Ahí estaba parado cerca de la barda como siempre, como antes. Para nosotros, que ya casi lo habíamos olvidado, fue una sorpresa. Y esta vez, incluso por su edad, creo que lo tomamos mucho más en serio. Por esos días nos encontramos en el mercado a una de las vecinas del callejón de atrás de la casa. La saludábamos de lejos desde hace años, pero nunca habíamos platicado. Aquella fue la primera vez. Por alguna razón me nació comentarle lo que estaba pasando. lo que la niña me
decía cuando era chiquita también. La señora me escuchó con mucha atención. Cuando le describí a aquel hombre que veía, ella empezó a sentir como si supiera a qué me estaba refiriendo. Y tiene una chamarra negra, ¿verdad? Me preguntó. No, no sé, en realidad mi hija nunca me ha dicho cómo está vestido. Le contesté No se preocupe, es el muchacho que se accidentó, el de la moto. El pobrecito andaba sin casco, cayó con su cara, justo atrasito de su casa. Él ha de ser que todavía no se
da cuenta de que ya se murió. No supe cómo reaccionar a estas palabras. Me di cuenta que esa misma noche alguien colocó atrás unas veladoras frente a esa barda. Aunque ya no volvió a verlo mi niña, ni a soñar con él. Aquella noticia, en retrospectiva, hacía todavía más aterradora aquella visión que acompañó a mi pobre hija por tanto tiempo, tan chiquita. Como se encuentra en comunidad, espero
que bien y que estén escuchando tranquilos sin sugestionarse. Fíjense que hace poco nos enviaron un mensaje de una chica de la comunidad que desde que está sola en su departamento, que ya no vive nadie con ella, cada que pone el Kenel escucha algo en la habitación vacía que tiene, que las llaves del baño se abren o se cierran de forma brusca las puertas. Y bueno, a propósito de esto, les recordamos que si creen que son propensos a sugestionarse,
vean esto solo como entretenimiento. Si sienten que algo ocurre mientras nos escuchan, paren el video, vayan a revisar, seguramente van a encontrar una explicación lógica para esos ruidos y bueno, si de verdad quieren Siguen teniendo miedo, tampoco se torturan y ustedes sí, ustedes sí tienen permiso para escucharnos por la mañana. Pero bueno, vámonos con las demás historias que tenemos preparadas para ustedes en esta edición de Relatos de la Noche. Mi historia es corta tal vez, pero yo
siento que es aterradora. por lo que después de mucho tiempo de escuchar relatos de la noche, por fin me animo a contarla. Cuando era niña, mi papá a veces cubría el descanso de uno de sus compañeros y tenía que trabajar toda la noche. Lo hacía dos veces al mes, pero nos gustaba porque entonces tenía dos días de descanso seguidos y podíamos salir de paseo o a visitar a mis tíos. Pero a mi mamá no le gustaba dormir sola. Siempre me pedía irme a dormir con ella cuando no
estaba mi papá. A mí me pasaba algo muy raro, y es que cada que me dormía en ese cuarto, me despertaba a la mitad de la noche. Me despertaba un sonido en la habitación totalmente oscura. Era el sonido como de algo columpiándose. Las primeras veces prendía la luz y me aseguraba de que aquel candelabro que tenían mis papás no estuviera a punto de caerse. Y es que de verdad se escuchaba muy fuerte ese sonido... Como si
algo estuviera a punto de romper el techo... Pero no... En cuanto prendía la luz el sonido parecía irse lejos y... Todo en la habitación parecía estar en completa normalidad... Nunca pasó de ahí... No puedo decir que no me haya asustado pero pues... Eso era todo... Ese sonido extraño que me despertaba... De algo que estaba colgando... Ahora ya de grande tuvimos una plática mis papás y yo recientemente de eso,
de cuando estábamos en aquella casa. Mi mamá nunca dijo por qué no le gustaba dormir sola, pero mi papá nos confesó algo que me resulta sumamente aterrador. Nos dijo que constantemente, al menos una vez a la semana, soñaba que estaba en el cuarto. Se podía ver él dormido junto a mi mamá. Pero también veía a una mujer colgada en medio de la habitación... Del candelabro... Luego yo les conté lo que escuchaba cuando me quedaba ahí... Y se preocuparon tanto que incluso llamaron a la persona que
nos rentó aquella casa... Amigo de la familia... Pero no... No tiene ningún tipo de información de que... Algo así haya ocurrido en la casa... Pero la plática... El tema... nos ha llevado a reexaminar muchas de las cosas que nos ocurrieron, mucho de lo que nos dijeron los vecinos ver cuando la casa estaba supuestamente sola, mucho de lo que vieron las visitas y que por alguna especie de
pena tardaron mucho en contar. Si nada ocurrió ahí, si nadie murió en aquella casa, no logro entender qué demonios es eso que todos, de una forma u otra, contactamos. Gracias por su atención. Quiero contarle a la comunidad mi historia también. Ojalá me puedan comentar qué opinan al respecto. Y si alguien más ha escuchado de las brujas de la luna llena. No sé bien de qué se trata, no sé si sean brujas de verdad o algo. Solo es algo que he escuchado que mi hermana menciona, pero...
Me gustaría mucho conocer más porque yo no encuentro nada por más que busco. Mi mamá trabajaba de noche cuando yo era niña. Siempre me quedaba al cuidado de Jessica, mi hermana mayor. Y esto lo recuerdo bien, con el mismo miedo. Y es que ciertas noches, cada que pasaban algunas semanas, me decía que apagáramos todo. Que cerráramos bien y que apagáramos todas las luces por un buen rato.
Luego mi hermana se quedaba junto a la ventana y después de asomarse constantemente por ella, al final me decía que ya todo estaba bien, que podíamos volver a prender la luz y ya seguíamos como si nada. Cuando estaba más chiquita me lo hacía ver como un juego, pero ya luego me dijo que tenía edad para saberlo. Solo me decía eso, que había que cuidarnos de la bruja de la luna llena. Entendí entonces que esas noches en las que apagábamos todo y nos escondíamos, coincidían con esa
fase de la luna. Pensé que mi hermana estaba loca, y al final ya hasta me divertía cuando ella hacía todo eso. Yo solo le seguí el rollo para no molestarla, pero por ese tiempo operaron a mi mamá. Estuvo dos meses sin ir a trabajar, y como se quedaba conmigo, mi hermana aprovechó para ir a visitar a su papá,
que tenía años sin ver. Nos quedamos solas mi mamá y yo, y ella ni siquiera parecía estar enterada de aquellas locuras, de aquellas costumbres que seguramente había adoptado mi hermana producto de las amistades raras que tenían en ese entonces. O eso es lo que yo creía. Pasaban de las diez de la noche cuando escuchamos un alarido extraño que parecía venir desde el fondo de la calle, donde ya no había casas. Mi mamá se asomó rápidamente pensando que
alguien necesitaba ayuda. Así, con su operación y todo, se levantó y salió hasta la calle. Yo la estaba esperando en la puerta, viéndola. Vi cómo miraba con la boca abierta a lo lejos hacia la calle y luego volteó a ver a la luna. La villa también. Estaba llena. Entramos corriendo a la casa y entre las dos apagamos todo. Cerramos. El sonido de los perros ladrando cada vez más cerca nos hizo a las dos meternos hasta el cuarto. Quedarnos calladas. Esperar.
Salimos del cuarto y... Les juro que había algo del otro lado de la puerta. Aunque no podíamos verla. Había algo detrás, algo, algo que pasaba por la calle y nos había escuchado. Los perros se habían callado y nosotras sentíamos una especie de calor, un calor insoportable que nos emanaba como desde dentro. Luego de un minuto más o menos, lo que sea que estaba afuera se fue. Escuchamos a los perros seguir ladrando a lo lejos, cada vez más lejos.
Mi mamá no me quiso decir que fue lo que vio en la calle, pero sé que sí se lo contó a mi hermana. Hasta el día de hoy seguimos haciendo lo mismo. Siempre estoy al pendiente de la luna y si estoy sola en luna llena, mejor me voy a dormir muy temprano. Antes de que oscurezca, ya deje todo apagado para que no se escuche absolutamente nada en casa. Y aprieto los ojos y me tapo los oídos cuando a lo lejos... Escuchó ladrar a los perros.
