Se la chp3 con su mujer al lado - podcast episode cover

Se la chp3 con su mujer al lado

Jun 02, 202611 min
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Speaker 2

Hola, me llamo Ainhoa, hace ya tres años que no escribió nada, pero de nuevo siento las ganas de desahogarme y las veces que lo he hecho por aquí me ha sido muy útil, así que he pensado que es buena idea hacerlo de nuevo. Tengo 35 años, mido 1.68, soy delgada, de cabello negro y liso, mis ojos son verdes, mis pechos utilizan una talla 80, me mantengo bastante bien y tengo

un culo firme y pequeño.¿ Os pongo en situación? Hace años que tuve que volver a vivir a casa de mis padres, ellos se juntan casi todos los faíns con varias parejas amigas suyas, unas veces en una casa y otras en otras casas. El caso es que al final me enrolle con Antonio, marido de María, que son amigos

de mis padres. Como os conté mantuvimos encuentros sexuales siempre que coincidimos en casa de mis padres, buscábamos cualquier forma para lograrlo, pero entre el COVID y que me mudé de casa de mis padres… Redujeron esos encuentros a simplemente un par en estos años. Hasta hace unos meses tuve pareja, pero la cosa no cuajó y he vuelto a quedarme sola, así que en vacaciones decidí pasar dos semanas en casa de mis padres. El segundo fin de semana celebraron una

cena en casa con los amigos. Yo sabía que Antonio iba a venir y sinceramente quería volver a sentirle dentro de mí. Me puso un vestido azul de volantes. con sujetador blanco y tanga del mismo color, estaba deseosa de vivir otro encuentro sexual con él, el morbo que me produce es indescriptible. Las parejas fueron llegando a casa, cuando Antonio me vio, se llevó una sorpresa, su cara le delató, nos dimos dos besos como siempre e hicimos como siempre,

intentar disimular lo que hay entre nosotros. Aunque intentamos sentarnos juntos, no pudimos, la cena transcurrió con normalidad, yo deseaba jugar con él, Tenía pensado quitarme el tanga como había hecho en otra ocasión, pero no hubiera servido de nada, así que decidí disfrutar del ambiente con todos los demás. Las copas fueron cayendo, los hombres jugaban a las cartas mientras

nosotras jugábamos al bingo. Sobre la una de la mañana Rosa y Manuel decidieron marcharse a casa, así que Antonio, Gregorio y mi padre se unieron a nosotras a jugar al bingo. Las copas de cubata se rellenaban con asiduidad. Sin darnos cuenta nos dieron las cuatro de la mañana. Mis padres ofrecieron a las dos parejas quedarse a dormir, Gregorio y Mercedes aceptaron. Antonio dijo que sí y María era la más reticente pero entendió que era lo mejor

quedarse para evitar problemas con el coche. Yo me alegré, mejor decir que me relamí pensando en cómo íbamos a hacer para que Antonio me follase. Por desgracia intentamos dos veces quedarnos apartados pero lo único que pudimos hacer es rozarnos un poco. Sobre las cuatro y media, tras recoger la mesa nos fuimos a la cama. Yo estaba algo rabiosa porque no había logrado lo que quería. Daba vueltas en la cama. Me introduje los dedos en mi coño y me masturbé hasta que logré el orgasmo. Estaba más

tranquila pero no era suficiente. Miré el reloj de mi habitación, marcaba las cinco y veinticuatro. Yo seguía despierta. Ya no soy la persona tímida que era antes. De hecho, ni me acerco a esa antigua yo. En mi cabeza seguía la idea de hacer algo con Antonio, Me había levantado tres veces mirando por mi puerta a ver si veía a Antonio, pero la puerta de su habitación estaba cerrada.

Alguna vez he fantaseado con que Antonio me follara delante de su mujer, ya sabéis que no me cae mal, pero bien tampoco, y esa fantasía la había llevado a cabo en varios de mis sueños. Le voy a echar la culpa al alcohol, sé que imaginarlo es fácil y sencillo, pero hay que ponerse en mi piel, el miedo, más bien el pavor de la situación me echaba hacia atrás. pero creo que las ganas pudieron más y fue lo

que me llevó a arriesgarme. Recorrí el pasillo a oscuras, rozando con mi mano la pared para situarme, pasé la habitación de Mercedes y Gregorio hasta llegar a la de Antonio, sentía como me temblaba la mano cuando la puse en el pomo de la puerta, estuve varios segundos con el cogido sin poder apenas moverla, qué miedo sentía, creo que

quería darme la vuelta pero tampoco reaccionaba mi cuerpo. finalmente, no sé cómo me envalentoné y despacito intentando no hacer ruido abrí la puerta, no se veía absolutamente nada, me tumbé en el suelo y muy lentamente me arrastré hasta la cama, a oscuras, todo en silencio, no sabía ni qué hacer para saber en qué lado estaba Antonio, me acerqué hasta tocar una de las patas de la cama, varios segundos estuve tumbada sin saber qué hacer, hasta que

decidí levantar mi cabeza y acercarla para oler a ver si era capaz de distinguir a Antonio, Fue una buena idea, olfateé y pude comprobar que era olor a mujer, era la colonia de María, así que tuve que arrastrarme de nuevo muy lentamente hasta el otro lado de la cama. Cuando llegué volví a elevarme para oler, puede comprobar que era el olor a la colonia de Antonio, ya había llegado pero ahora qué debía hacer, qué tonta por no

haberlo pensado antes. Me puse de rodillas con mucho sigilo, puse la mano encima de lo que suponía era la sabana hasta tocar el cuerpo de Antonio. Intenté descifrar lo que estaba tocando, hasta que por fin me hice a la idea de que era su mano. Seguí subiendo hasta tocarle el pelo, le golpeé suavemente varias veces, de repente Antonio se asustó y encendió la lámpara de su mesilla, me vio y se quedó asustado. Yo me tumbé totalmente

en el suelo como si fuera una alfombra. Reaccionó rápidamente apagando la luz, podía oír como su respiración era agitada, al igual que la mía, qué susto teníamos encima. Se me hizo una eternidad, hasta que pude sentir su mano rozando mi cabeza, en ese momento quería desaparecer de allí, la fantasía, el calentón, todo lo que me había hecho

ir allí se esfumó en un instante. No sin miedo alcancé a subir mi mano encima de la cama, notaba las sabanas, seguí deslizándola hasta que toqué el cuerpo de Antonio. Noté su mano cogiendo la mía, se giró y metió mi mano por dentro de las sabanas, hasta ponerla en su pierna. Le acaricié suavemente, creo que por encima de su pantalón, hacia arriba y abajo intentando llegar a su aparato,

hasta que al final lo logré. El pavor seguía estando, mi mano temblaba, pero poco a poco me intentaba relajar, mientras la palma de mi mano sobaba su pene que estaba blando todavía, lentamente hacia círculos y poco a poco notaba cómo se le iba poniendo cada vez más dura. Antonio apartó mi mano y al instante la volvió a poner, Claramente sentía su piel, así que entendí que se había bajado el pantalón para dejar al descubierto su polla. La

agarré y comencé a hacerle una paja lentamente. Su polla se iba poniendo más y más dura hasta que conseguí que estuviera dura como una piedra. Pasé a acariciarle los huevos, jugaba con ellos, sin ver nada, simplemente intentaba imaginar lo que estaba haciendo, para volver a cogerle su polla con solo mi dedo índice y el dedo gordo subiendo y

bajando su piel. Me volvió a apartar la mano, oí como su cuerpo se movía en el colchón, de repente una mano tocó mi espalda, la recorrió hasta llegar a mi pelo, sentí un pequeño tirón hacia arriba lo cual entendí rápidamente. Me puse de rodillas, quise colocar mi mano sobre el colchón pero choqué con su cuerpo, se había colocado en el borde, moví la mano hasta encontrar lo que buscaba que me sirvió de guía junto a su mano tirándome del pelo para poder darle los primeros lametones.

A ciegas jugaba con su polla, se la lamía lentamente saboreándola una y otra vez. Mis ojos estaban cerrados mientras introducía su pene en mi boca. Se la chupaba con mucho cuidado de no hacer ruido. María estaba a nuestro lado a apenas unos centímetros. Todo podía cambiar en un segundo y mandar todo a la mierda. Mi cabeza empezó a recordar mi fantasía. Mientras le absorbía una y otra vez su pene, me imaginaba a María de pie viendo cómo se la chupaba a su marido y gritándonos. Eso

me puso más cachonda. Mis lametones eran más rápidos. Mi imaginación se apoderó de mí. Me parecía oír los insultos que María nos decía. Mi mano aceleró la paja mientras parte de su dura polla estaba dentro de mi boca. Sin dudarlo, metí uno de mis dedos por mi pantalón,

acariciando mi clítoris con firmeza y buen ritmo. En ese momento estaba en la gloria, se la chupaba intensamente a Antonio, mientras me estaba proporcionando un gran placer con mi mano, mi cabeza fantaseaba con que la mujer de Antonio nos miraba e insultaba totalmente enfadada. La mano de Antonio empujó mi cabeza hacia él sacándome de mi pensamiento, fue apretando cada vez más, a la vez que yo aceleraba más el ritmo de mi boca, tenía ganas de sentir su

semen en mí. No tardé mucho en conseguirlo. Su mano me apretaba fuerte mientras pude sentir varios chorros de semen golpeando en mi garganta. Apenas podía moverme por la fuerza con la que me sujetaba, mientras algo de semen se me escurría por los lados mientras seguía con su polla dentro de mi boca. Por fin me soltó. Yo estaba intentando recuperar el aliento sin hacer ruido. Respiraba por la nariz puesto que mi boca estaba cerrada llena de semen de Antonio. Me tumbé boca abajo y tardé un buen

rato en conseguirlo, Me sentía ansiosa. Me arrastré buscando la salida. No sabía dónde estaba. Con la mano iba tocando cuidadosamente las paredes y el suelo. Avanzaba lentamente. Me topé con unas zapatillas y se me ocurrió la brillante idea de escupir todo el semen de mi boca adentro. A día de hoy no sé si eran de Antonio o de María. Si bien por el tamaño, me parecieron pequeñas. Lo que me da a pensar que eran de ella, pero no

lo puedo asegurar. Creo que tardé una eternidad en salir de la habitación, Tenía unas ganas inmensas de llegar a mi habitación. En cuanto salí al pasillo, me incorporé lentamente y caminé hacia mi habitación hasta lograr llegar a ella. Cerré mi puerta y fue cuando me di cuenta que no había cerrado la de ellos, pero no me atreví a volver. Encendí la luz y me tumbé en mi cama. Creo que en ese momento entré en pánico recordando lo que había hecho. Me hubiera gustado quedarme dormida al instante.

pero no fue así. Me costó conciliar el sueño, no dejaba de imaginar lo sucedido, recreándome en que había hecho realidad en parte una de mis fantasías. Por la mañana, sinceramente me dio miedo levantarme y enfrentarme a la situación, así que aguanté en mi habitación hasta que comprobé que tanto María como Mercedes se habían ido de casa. Fue una experiencia bastante caótica, pasé momentos de mucho miedo, pero después, Cada vez que la recuerdo de nuevo, no dejo de alegrarme de haberlo hecho.

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