Cuando llegó a la ciudad, lo que menos esperó era encontrarse con alguien con quien se llevara tan bien. Es decir, esperaba hacer amistades, pero lo principal para él era ir a trabajar. La situación era complicada a nivel mundial y si se le presentaba la oportunidad, buena oportunidad, de ir a trabajar lejos de su pueblo, en lo que estudió y para nada mal remunerado, no la desperdiciaría. como tampoco desperdiciaría la oportunidad que le daba la vida de entablar
amistad con su vecina de piso. Habían pasado una tarde grata cuando a ella se le quedaron las llaves en su departamento y él la invitó a esperar en el suyo. No lo hizo con segundas intenciones, todo lo contrario, de pequeño le inculcaron modales y él sólo fue amable con su vecina en apuros. Aunque no esperaba, ninguno, que se forjara un lazo de amistad. Esa tarde se la pasaron conversando, bebiendo gaseosa, comiendo comida chatarra y mirando televisión, nada del
otro mundo. Él pensó que al día siguiente todo seguiría normal, es decir, ella era guapa, imposible que siguiera conversando con él porque la fila de pretendientes que debía de tener sería interminable. Y no fue así, al día siguiente de lo sucedido se encontraron a la salida, ella le pidió que detuviera al ascensor para bajar juntos, y se fueron charlando hasta que sus caminos se separaron. Él recordaba bien que,
desde aquel día, había entablado una amistad con ella. Esa tarde se encontraron de vuelta en el bus, así se dieron cuenta que sus trabajos no quedaban muy lejos el uno del otro, se pusieron de acuerdo para ir a almorzar al día siguiente en un punto que a ambos les acomodara. Y de esa manera comenzó lo que ninguno esperaba. Había pasado poco más de una semana desde aquel incidente de las llaves, ese día él llegaba un poco más
tarde de lo habitual a su casa. Al abrir las puertas del ascensor, se encontró con su vecina parada fuera de la puerta de él. Te esperaba, le dijo con una sonrisa al mirarlo y enseñarle unas llaves, de coche por lo que pudo notar él. Al fin lo lograste, le sonrió de vuelta mientras avanzaba donde ella. Ya tienes tu coche. Sí, y te esperaba para que vamos a estrenarlo. Le tomó la mano y lo jaló al ascensor
Pero, pero deja que guarde mis cosas del trabajo. O que me cambie de ropa. No hay tiempo, reclamó llamando al ascensor. Además, formal te ves bien.¿ Tú crees?
Preguntó medio olvidando el tema principal y entrando al ascensor. Claro que sí, te ves bastante bien de hecho. Ahora vamos a dar una vuelta. Ella había vivido todo lo que llevaba de vida en aquella ciudad. Estudió lo que quiso, consiguió trabajo y se fue de casa de sus padres para vivir sola, no le iba mal, al igual que
él aprovechó la oportunidad que le dio la vida. Ya tenía su departamento y ahora su coche, llevaba una vida tranquila, quizás sin los grandes lujos que una persona normal desearía, pero se sentía bien. Le había comentado a él que, con el coche, saldría a recorrer el mundo. Su primera
parada en ese recorrido al mundo era un mirador. La ciudad en donde vivían tenía varios, casi todos muy visitados en ciertas épocas, pero ella era inquieta y en sus salidas siempre andaba de un lugar a otro y encontró un mirador que muy pocos lograban llegar a él. Era bastante difícil hacerlo en auto, pero ella lograba todo lo que se proponía. Y allí lo llevó. Te dije que te mostraría los mejores lugares de esta ciudad, le dijo al descender, le tomó la mano y lo jaló. Ven
a ver esta vista, es lo más genial. Se detuvo frente a una baranda, metros más adelante, tenían la ciudad a sus pies. Ambos miraron el horizonte, él sonreía por conocer un lugar así, luego de unos minutos la observó. Si bien la había estado mirando durante todo el recorrido, fue allí donde recién la pudo ver bien, las luces de la ciudad y el mirador a oscuras lograban que
se viera aún más guapa a sus ojos. Iba vestida con una falda pinzada que le llegaba como una palma más arriba de la rodilla, y él notó que las botas medio largas le iban a la perfección, le marcaban bien las piernas. Arriba llevaba una blusa que se notaba suave, se mecía con el viento y tenía un escote no tan pronunciado pero que dejaba ver. El movimiento del viento le regaló una visual mejor del brasier con encaje que llevaba, volvió a mirar al frente al notar que se sonrojaba,
era su vecina. No quería ser el típico chico de pueblo que se metía con la vecina por diversión.¿ Tienes frío? Preguntó al ver que se abrazaba a sí misma. Un poco, lo miró, había estaba con la vista fija en el horizonte pensando. Eres un poco tímido, ¿verdad? Le tomó la mano y lo guió para que la abrazara por la espalda. No, dijo acomodando su cuerpo al de ella. dejando sus brazos sobre los de ella a la altura del estómago y
apretando con suavidad. Al ser poco más de una cabeza más alto, con ese movimiento logró que los pechos de ella subieran y los miraba desde atrás. No quería incomodarte. No lo haces, susurró y pegó más su cuerpo al que tenía atrás, de esa manera podía sentir lo que ocultaba la entrepierna de su vecino. Ladeó su cabeza, él entendió. Con la mano le hizo el cabello así a un lado y volvió a abrazarla, pero con más fuerza, ella soltó un pequeño gemido y él le besó el cuello.
Ella cerró los ojos, él le lamió el lóbulo. Ella, prácticamente, se deshizo en sus brazos al sentir aquello. Él la pegó más a su cuerpo, bajó una mano y le fue subiendo la falda hasta que pudo tocar la piel suave de las piernas de su vecina, le acarició el muslo por dentro, jugueteando con sus dedos entre si llegar al centro o no. Su otra mano le agarró un
pecho y lo apretó por encima de la ropa. Sin perder la posición en la que estaban, ella lo rodeó con sus brazos y comenzó a mover sus caderas para sentirlo bien. Él aprovechó aquello y la besó, apretando más lo que tenía en su mano y acariciando por encima de las bragas, la sintió gemir mientras la besaba. Vamos al auto. Le dijo al soltarlo y jalarlo, Abrió la puerta trasera y le indicó que se subiera, él simplemente obedeció y se quedó tranquilo sentado mirando al frente mientras
ella se instalaba sobre él ahorcajadas. Esta vez fue ella quien lo besó mientras le empezaba a desabotonar la camisa, la chaqueta y la corbata él se la había quitado en el camino. Él, en cambio, le subió la falda y le agarró las nalgas y se las masajeó, apretando fuerte, sentía como las braguitas se le iban metiendo en la rajita. Ella le quitó la camisa al fin, él la apretó contra su entrepierna mientras movía las caderas, a la vez que su lengua buscaba con desesperación por entre el escote
llegar a los pezones. Ella gimió al moverse al ritmo de él. Él no tuvo tanta paciencia y le abrió la blusa de un tirón quitando los botones. Se deshizo del brasier y se deleitó chupando y lamiendo esos pezones que hace rato quería tomar. Ella lo obligó a apoyar la espalda en el respaldo del sillón del coche. Él entendió que le estaba ofreciendo los pechos para que hiciera lo que quisiese, no lo dudo. Le pasó la lengua con suavidad por uno y luego por otro mientras sus
manos le acariciaban la espalda. Mordió uno y luego el otro. Los chupó como un niño pequeño buscando alimentarse. La agarró con fuerza del trasero. La sentía gemir. Metió un dedo por entre las bragas y la acarició en toda esa línea. Ella suspiró y se dejó hacer. Él no lo dudó y le quitó esa prenda que le molestaba. La besó, ella correspondió demostrándole que estaba deseosa de seguir, sus lenguas
juguetearon sin descanso. Él la acomodó de manera que las rodillas de ella quedaran al borde del sillón y el culo un poco paradito, lograba verla desde el retrovisor. Le acarició desde el trasero hacia adelante por esa rajita, continuó besándola. Le metió un dedo, ella soltó un suspiro. Con su otra mano le acarició el clítoris, solo en la puntita de éste, mientras con la otra le seguía metiendo un dedo,
luego dos. Ella le mordisqueó el cuello por la desesperación que sentía, comenzó a mover sus caderas para sentir mejor lo que sucedía entre sus piernas. Quiero chupartelo, le dijo
entre gemidos, él sonrió y la soltó. Es todo tuyo. Ella
le dio un suave beso en los labios y bajó lamiéndole el pecho, se acomodó bajo el sillón del coche y le desabrochó el pantalón. Él se movió para poder bajarlo junto con los boxer. Ella le tomó el pene con las manos y comenzó a masajearlo. Él sonrió más. Cerró los ojos y se entregó cuando ella le pasó la lengua desde abajo hacia arriba y terminando en la punta con movimientos circulares. Así entendió que los movimientos de lengua durante el beso solo eran la previa a lo
que sucedía en su entrepierna. Ella comenzó a chuparle las bolas, metiéndose una y luego otra dentro de su boca, con su mano lo masturbaba. Ahora él gemía sin poder evitarlo. La tomó del cabello cuando comenzó a meterlo y sacarlo de su boca con rapidez. La levantó y la obligó a sentarse sobre él. De un solo movimiento la embistió por completo, ella gimió y echó su cabeza hacia atrás. Él la abrazó con fuerza mientras la movía con rapidez, ella lo ayudó llevando el ritmo. Él apuró el movimiento
y le besó los pechos. Ella gimió fuerte y se dejó caer encima de él, agotada. Él la sintió temblar y disminuyó el ritmo, ella había llegado al orgasmo. La tomó con suavidad para salir de ella, la dejó acostada encima de él, pero de espaldas. Le abrió las piernas y las dejó sobre los asientos delanteros del coche, una pierna en cada cabecera. Le tomó los brazos y los cruzó por su cuello, ella lo abrazó de esa manera. Él miraba aquel cuerpo casi desnudo, sólo tenía aún la falda,
sobre el de él por el retrovisor del coche. Ella notó que la miraba en esa posición y lo besó. Él le tomó los pechos y se los apretó, una mano bajó a su entrepierna y le pasó los dedos con suavidad por esa línea, de principio a fin. Con su mano libre le tomó el mento y la obligó a mirar el retrovisor, él la miraba por allí y le pasaba el dedo con suavidad por la puntita del clítoris. A ella le hirvió la sangre verse en esa posición
con él acariciándola. Él le metió un dedo con suavidad y lo movió por dentro haciendo círculos, lo sacó mojado y le siguió acariciando la puntita del clítoris, ambos se seguían mirando por el retrovisor. Él notó que la respiración de ella volvía a agitarse porque se le levantaban los pechos al respirar. Él agarró su pene, se lo dejó en la entrada y se lo puso de un rápido movimiento. Ella giñó y se acostó de mejor manera para sentirlo mejor, abrazándolo aún por el cuello y dejando la vista de
su cuerpo completo por el retrovisor. Él se movió con rapidez mientras le seguía acariciando el clítoris. Ella arqueó su cuerpo soltando un largo y prolongado gemido. Él la tomó de las caderas y apuró el movimiento hasta que se sintió desfallecer. Ella terminó el trabajo sentándose y haciendo movimientos circulares con su cadera, exigiéndole que dejara todo salir. Él explotó de placer cuando ella le acarició las bolas por la posición en la que estaban. Se dejó caer de espaldas,
él la abrazó y le besó la mejilla. Ambos respiraban agitados
Te parece si duermes en mi casa hoy? Ella sintió al son de irle. Pero no creo que vayamos a dormir mucho. Yo tampoco, pero al menos mañana es sábado y ninguno de los dos trabaja. Y es bueno hacer ejercicio.
