Hola mis bebés preciosos, los he extrañado mucho. Me enferme del maldito virus y apenas estoy volviendo a la normalidad, pero ya estoy aquí de nuevo para contarles unas cositas ricas y sigan mandándome sus fotos y videos ricos. Todo este relato ocurrió antes de enfermarme, pero lo contaré como si fuera presente. Están construyendo un cuarto extra en mi casa. Mi papá contrató a cuatro albañiles para que lo hicieran rápido y a los que más o menos les tiene confianza. Bueno,
mínimo están recomendados, jaja. Los albañiles se llamaban Fernando, Joaquín, Roberto y Pedro. Fernando era un señor ya grande como de unos 55 años. Él era el encargado de la obra, así que era muy serio porque quería hacer su trabajo bien. Joaquín era un hombre como de unos 45 años, alto, un poco flaquito muy serio pero a la vez muy lindo
y respetuoso. Roberto era el hijo de Fernando, tenía más o menos 40 años, era alto, un poco llenito, platicador y era el que bromeaba siempre con los demás, siempre me saludaba cuando llegaba de la escuela. Pedro era un muchachito de unos 20 años, era el chalan como le llaman aquí en México, era el ayudante más que nada, siempre andaba con Roberto y era el que iba y nos pedía las cosas que necesitaban como los costales y así. Todo
esto comenzó un día que llegué a mi casa. Eran como las cuatro y media de la tarde, los albañiles se iban a las seis, así que aún estaban en mi casa cuando llegué. Entre ahí estaban Roberto y Pedro en la cocina tomando agua. Los alude. Platiqué un poco sobre cómo iba el cuarto y me di cuenta que Roberto me veía demasiado el escote, el cual no era tan pronunciado pero mi blusa era un poco transparente y se alcanzaba a ver mi bra. Pedro le pegó discretamente en la pierna y le dijo que ya se tenían
que ir. Me empezó a llamar la atención el saber que Roberto me estaba viendo las chichis, así que aproveché que el día siguiente no iría a la escuela y estaría sola ya que todos trabajan. Así que cuando me iba a dormir en lugar de ponerme mi pijama de siempre, me puse solo una blusita de tirantes vieja que ya estaba bastante transparente y un sorb cortito que me marcaba las nalgas y mi panochita mojada. En la mañana llegaron
los albañiles y yo les abrí. Roberto venía cargando unas herramientas y hasta entró súper lento con tal de verme bien. Don Fernando entró y trató de no voltear a verme igual que Joaquín. Yo creo que no querían faltarme el respeto. Me quedé un ratito en la cocina a ver si Roberto iba a verme y así sucedió. Él sabía que yo le estaba tirando la onda y me agaché justo cuando lo vi. Yo sabía que mis nalgas se veían. Así que se las puse de modo para que él
las viera libremente. Con eso, Roberto sabía exactamente que yo quería que me viera. Y eso hizo me observo y cuando volteé vi un bulto en su pantalón. No era enorme, pero tampoco muy pequeño.¿ Estás viendo bien, Roberto? Sí, muchacha, pero no creo que esté bien. Pues si te gusta, puedes seguir viendo. Claro que me gusta, pero mi papá va a venir a buscarme. Tengo que irme, preciosa. Espero que mañana también puedas recibirme así de bien. Si es
lo que quieres, te recibo mucho mejor. Se sonrojó mucho y salió de la cocina. Sabía que así no lograría nada, porque don Fernando estaría vigilando lo que Roberto hacía. Entonces pensé en otra manera de que me pudiera quedar sola con él. Cuando ellos salían a comer, siempre se iban en su carro. No sé si vivían cerca o iban a algún lugar a comprar cosas para comer. Entonces cuando ya se estaba llegando la hora de la comida, le dije a don Fernando. Don Fer,¿ cree que pudiera prestarme
a su hijo tantito? Sé que ya se van a comer, pero es que necesito ayuda. Dígame señorita, igual si alguno de nosotros le puede ayudar aquí estamos. Es algo bien fácil. Es que quiero que me ayuden a tapar los huequitos que han hecho los tornillos y los clavos en mi cuarto. Roberto.— Claro, yo la ayudo. Ya después si alcanzo como algo, me traen algo para comer ustedes.— Muchas gracias. Mi cuarto es de la Puerta Blanca. Si quieres cuando te desocupes subes, ¿va?— Claro,
no se preocupe. Subí a mi cuarto, me quité el sort, y obvio no traía calzón, me quedé solo con la blusa de tirantes, puse una escalera pequeña que tengo. como si estuviera buscando algo en lo alto de mi clóset para que cuando Roberto subiera me viera ahí empinadita.« Listo, muchacha, dígame en qué le ayudo».« Órale», dio como si me podía recibir mejor.«¿ Te gusta? Ayúdame, siento que me voy a caer». Me puso la mano en las nalgas y empezó a sobar melas. Acarició mis nalgas y comenzó a
meter su dedo entre ellas. Me tocó mi culito y solté un gemido pequeño, fue bajando su dedo hasta tocarme el principio de mi coñito, en cuanto lo encontró metió su dedo en él, y en automático salió un chorrito de jugos de que estaba tan mojada que mi panochita ya no aguanto. Ay mamacita, querías que te cogieran ya verdad. Si papi, no me metas solo uno, es tuya mi vida. Se ve que le caben muchos preciosa, acomódate bien para
verla toda. Me acomodé semi sentada en el último escalón, donde mi panochita se viera toda, sentí como caían mis jugos en la escalera, los que han visto mis videos saben que mis jugos son blanquitos y salen muchísimo de mi vagina. Roberto metió otros dos dedos en mi coñito y comenzó a dedearme súper rico, primero iba despacito, haciendo que mi coño gozara muchísimo, y poco a poco comenzó a subir la rapidez, me dedeaba tan rico que sentía que me iba a correr. Ay putita estás bien mojada,
mis dedos caben tan bien pero los aprietas muchísimo. Sí papi, sigue dedeándome, rompeme la colita. Roberto metió otro dedo en mi coño y me metió un dedo de su otra mano en mi culito, ahí sentí que ya no podría más, me estaba partiendo en dos y yo gemía tan duro diciéndole cosas a él. Sí papi, parteme en dos rompeme mi culito papi, soy una puta y quiero que me trate sucio. eres una maldita puta, estás bien rica mamita, mueve tus nalgas y vente en mi mano pinche puta.
Yo moví mis nalgas y no pude resistirlo más, me corrí en su mano, pero para Roberto no había terminado. Con sus dos manos grandotas y mojadas de mis jugos, levanto un poco mis nalgas y las abrio, Metió toda su cara en medio de mis nalgas y comenzó a lamer mi culito y mi coño. Yo estaba muy sensible aún porque me acababa de chorrear toda, así que fue muy fácil correrme de nuevo con esa lengua tan rugosa que me comía toda mi puchita. Me corrí en su cara.
Si papi comeme la panocha, mi puchita es tuya papi si que rico a papi dos. Separó su cara, me dio una nalgada y me dijo. Mira putita. El cuarto mínimo va a tardar unos dos meses más, así que más te vale que me sigas dejando hacerte gozar, porque me hace falta darte una acogida, esto no va a quedar así. Hasta que te deje mi leche adentro voy a parar, a menos que tú me pidas más, así que más te vale que sigas siendo mi pinche puta,
porque estás bien rica mamita. Ah y por cierto, ya me tengo que ir porque Pedro me está esperando abajo putita, espero que también haya algo para él. ¿Cómo? o sea que no se fueron a comer. Solo se quedó Pedro mamita, pero al parecer ya sabe que eres la más puta de todas.
