Volví a medio borracho de fiesta por Valencia, no vivo muy lejos del centro y siempre suelo volver andando aprovechando que por la noche no hace tanto calor, así me baja el alcohol y quizá encuentre algo interesante por el camino. Pero esta vez volví a mucho más caliente que de normal, quizá era el alcohol, el tanga aprentándome el ojete o que solo le había hecho una mamada a uno en el baño de la discoteca y tenía ganas de más.
Cuando iba por la altura del cauce del río, que en mi ciudad ha sido reemplazado por un gran parque urbano, oí como dos chicos no paraban de hablar entre ellos unos metros detrás de mí. Sin pensar bien en qué podría pasar, me levanté la camiseta para darme aire con ella y dejar ver bien mi tanga y cómo desaparecía el hilo entre los cachetes de mi culito. Después de hacer ese movimiento, nacido de mis ganas de polla, se hizo el silencio en la calle y acto seguido pude
escucharles de nuevo, ahora murmuraban. No sabía qué decían pero estaba seguro que comentaban lo que acababan de ver y eso me ponía demasiado. Llegué a la rampa que baja hacia el parque sumergido en la oscuridad de la noche y decidí bajar y tentar a la suerte. Podría conseguir un buen polvo, una paliza o un atraco, pero llevar tanga me pone demasiado zorra y no pienso con claridad. Cuando había empezado a bajar me giré un poco por primera vez para ver a los dos individuos que me
estaban haciendo fantasear. Eran dos chicos, uno un poco más bajo que yo, mido sobre un metro ochenta y otro bastante más alto, los dos marcaban una buena figura con su ropa apretada y tenían un aspecto intimidante. En ese momento que volví la vista al frente mientras descendía la rampa me di cuenta de que los dos amigos hacia un rato que no habían intercambiado palabras y cada vez escuchaba sus pasos más cerca, se me aceleró el corazón. Un fuerte golpe me sacó de mi fantasía y me
hizo temer por mi vida. El más alto de ellos, corriendo y con un movimiento brusco, me cogió por la cintura con un brazo levantándome en el aire con facilidad, peso sobre 60 kilos y él cegaramente pasaría los 90, a la vez que con su otra mano me tapaba la boca. Con destreza siguió corriendo mientras yo forcejeaba inútilmente, había entrado
en pánico. pero no puedo negar que notar su fuerte mano sobre mi cara y el olor que desprendía hacían palpitar lo que muchos de mis amantes llaman con cariño coñito. Nada más tras pasar unos arbustos me lanzó contra el suelo, me quejé y rápido intenté incorporarme y salir corriendo, pero su compañero fue más rápido y con su rodilla sobre mi espalda me tumbó en el suelo. Cualquier cosa podría pasar ahora, pero una voz ronca y una palabra mágica
me tranquilizó un poco. Puta, dijo el que tenía encima. Aún así, todavía tenía miedo y grité pidiendo ayuda, cosa que no le gustó a ninguno de mis agresores. Presionó más su rodilla haciéndome daño a la vez que con una mano me tapó la boca y con la otra la pasó por debajo de mis shorts y con habilidad me metió dos dedos por el culo, que ya estaba
dilatado por la excitación. Presionando el dedo anular y el corazón por dentro de mi recto y reposando el pulgar y el meñique en mis nalgas respingonas, tiró hacia arriba levantando mi culo y quitando su rodilla. Con ese rápido y fuerte gesto que me hizo poner los ojos en blanco, me puso de rodillas ofreciendo el culo, sacó los dedos y acto seguido me dio una fuerte cachetada que me hizo soltar un grito contenido por su mano. No grites o no sales de aquí, zorra. Ordenó y acto seguido
me dio otra cachetada. Esta vez no grité. pero seguía intentando liberarme moviendo mis brazos, su compañero me pisó suavemente una muñeca y mientras ejercía más presión dijo con una profunda voz. Quieto. Su voz imponía respeto y obedecía enseguida, quítale el sword, canijo, quiero ver bien ese culo. Su compañero, que seguía con una mano tapándome la boca, de un tirón y sin decir palabra me bajó hasta mis rodillas
mis pantalones, dejando al descubierto mi culito entangado. El grandullón se inclinó y cogió el hilo de mi tanga y tiró hacia arriba, haciéndome gimotear. Canijo, así era como le había llamado su amigo, estaba arrodillado en el suelo y se inclinó para ver bien mi culo, haciendo presión con su rabo duro en mi costado. Yo ya me había calmado bastante y me estaba dejando hacer, que es algo que se me da bien, estaba totalmente dispuesto a someterme a esos machos, para salir de ahí ileso y porque
me ponía muchísimo esa situación. Poco a poco mi respiración iba siendo más pausada y cada vez me estaba poniendo más puta. Instintivamente, empecé a mover un poco mi culito, ofreciéndoselo a mis captores. ¡Uf! Bramó el más pequeño, que aún así me sacaba más kilos de los que yo me podía imaginar, menuda zorra hemos conseguido. Su amigo soltó el hilo del tanga que hizo un ruido húmedo al chocar con mi raja y yo gemí como una buena
perra en celo. Él no hizo ningún comentario y con sus dos manos empezó a manosearme el culo mientras su amigo me tenía sujeto, aunque me podía soltar perfectamente porque no iría a ningún sitio. Escupió en mi hoyo y empezó a dar golpecitos con su dedo corazón, cosa que me hacía estremecer.« Esta zorra quiere marcha», dijo el que
me sujetaba. El otro dejó de magrarme y se incorporó, dejó de pisar mi muñeca y fue a ponerse de cuclillas delante de mi culo, apartó un poco el hilo del tanga, posó una mano en cada cachete y volvió a escupir. Acto seguido fue a comerme el culo, su lengua parecía enorme y se notaba potente, sabía bien lo
que hacía. Me daba golpes con ella, hacía presión, la hundía un poco, lamía el agujero, el pirineo, me mordía un poco las nalgas y volvía a empezar, estaba disfrutando el cabrón y yo más.¿ Está bueno el culo de la zorra? Preguntó su amigo. Esto no es un culo, es un coño. Respondió. Muy a mi pesar, dejó de soborearme para volverse a incorporar y fue a ponerse delante mío. Yo no podía levantar mucho la vista y sólo alcanzaba a ver desde el suelo el tremendo paquete que marcaba
estando de cuclillas. Al ver que ya no ofrecía resistencia, quitó la mano de su compañero para reemplazarla por la suya, más grande y más áspera. Deja de sujetarle, esta puta no va a ir a ningún lado, ¿no? Yo negué moviendo la cabeza, ya lo sabía yo. Esta zorra solo quiere que la usen y te vamos a usar bien, ya verás. Noté cómo se levantaba su compañero y iba
al sitio que antes ocupaba el otro. pero él se puso de rodillas y empezó a manosear y dedearme el culo mientras me daba algún azote de vez en cuando. Yo no paraba de jadear y de moverme sugerentemente, estaciado, era mi noche de suerte. Voy a dejarte este otro orificio libre, pero no vas a gritar entendido. Me dijo y yo asentí enseguida. Quitó su mano y me propinó una bofetada, a la cual yo reaccioné con un pequeño grito.
Ni un ruido, puta. Volvió a abofetearme y yo me contuve todo lo que pude, aunque se me escapó un ruidito. Si no eres capaz de estar callada, habrá que taparte la boca de otra manera. Se puso de rodillas en el suelo y se desabrochó el pantalón, se los bajó un poco y acto seguido se sacó la polla que cayó sobre mi cara. Un olor a macho inundó mis fosas nasales y llenó todos mis sentidos, mi primer instinto fue sacar la lengua y saborear su piel salada y
llena de sudor. Me acomodé bien, sin olvidarme de su amigo, arqué bien la espalda, separe un poco las rodillas y le ofrecí bien su cena. Suspiré profundamente mientras me incorporé un poco para ver bien mi premio, sujete el tronco del rabo agarrándolo por debajo de los huevos con el índice y el pulgar y observe estaciado esa polla. Era gorda y venosa, mediría unos veinte centímetros, estaba prácticamente como
una piedra. No pude evitar hacer sonidos de zorra en celo mientras acercaba mi boca a esas bolas que contenían el néctar que sería mío. Cuando empecé a soborearlas mi macho suspiró profundamente y posó su mano sobre mi cabeza. Subí lentamente por el tronco de ese pollón que parecía no acabar hasta llegar a su capullo que estaba caliente
como una barra de hierro al rojo vivo. Saboreé bien esa capullo para recordar su sabor durante días y después poco a poco empecé a mamar ese mástil, Cada vez yendo más profundo, aunque con mucha dificultad, tengo la boca pequeñita.
Me incorporé un poco y paré al notar el capullo de su compañero Rosar Miano, gemí suavemente y hice presión con mi culo contra Cepolla, tirándome un poco hacia atrás.—¡ Menuda puta zorra de mierda!— dijo el canijo apartando un poco su rabo, yo respondí acercándole un poco más mi culito—. pero sin alejarme mucho de mi manjar, esta zorra vive para las pollas, menuda maricona de mierda, como se pone
la muy puta. No te distraigas, me dijo el grandullón mientras con su mano me acercaba de nuevo a su miembro para mamarlo.¿ Vas enseñando el tanga a todo el que te cruzas?¿ Eres la puta del barrio? Comentó su amigo mientras rozaba con su polla mi culo,¿ cuántos te han usado hoy? Me daba vergüenza responder que nadie me había follado aún, pero sabía que a él no le
interesaba la respuesta. Seguí mamando mientras gimoteaba pidiendo más polla y su dueño me cogió de la cabeza con las dos manos a la vez que noté como su compañero presionaba fuertemente la entrada de mi culito. Los escuché reírse un poco y acto seguido uno me metió la polla hasta el fondo de mis intestinos y el otro la hundió en mi garganta, casi dislocándome la mandíbula, no pensé
que eso entraría. Me dolió un poco la embestida, pero nada fuera de lo normal, el chaval tenía la polla normal, quizá unos 17 centímetros y mi coñito estaba acostumbrado a tragar, aparte de que estaba muy excitado. Oh, qué calentito tienes el coño. Los dos se quedaron quietos unos segundos hundidos en mi interior, pero yo no pude aguantar mucho tiempo y entre arcadas me separé del miembro que casi me ahoga. Se me escapó parte del alcohol que había bebido esa
noche y mis ojos estaban llorosos. Pero eso a él no le importaba, le gustaba, sin dejarme recuperar el aliento me dirigió otra vez contra su rabo y empezó a follarme la boca. Su amigo lo entendió como un pistoletazo de salida y empezó a follar, sacándola casi del todo y volviéndola a meter. puta. Repetía el canijo mientras me follaba y sujetaba fuertemente con sus dos manos mis nalgas, las agarraba y exprimía haciéndome daño y cuando la soltaba era para darme un azote que resonaba en el parque.
Estaba al control de los dos como una muñeca hinchable y adoraba esa sensación. Estaba tan excitado que a veces temía que me iba a correr sin tocarme, disfruto demasiado siendo usado. Mi captor soltó mi cabeza y me dejó respirar un poco y Levanté la mirada con mis ojos llorosos y mi cara llena de babas para ver a un macho monumental mirándome desafiante. Apreté el culo ante esa visión y su compañero lo notó, porque gimió y frenó
el ritmo, pero no se corrió. El macho me escupió en la cara, me abofeteó y se acomodó mejor en la hierba, puso de nuevo sólo una mano sobre mi cabeza y marcó un ritmo más lento que me dejó descansar, conocer las venas de su miembro con mi lengua y saborear bien esa carne. como el que me follaba se había relajado, yo me coloqué bien y empecé a mover mis caderas, porque a mí me gusta notarla bien hasta el fondo y que me den duro. Uf, perra que
quiere sacarme la leche. Yo apretaba mi ano al ritmo de la cabalgada que le estaba dando las mariconas estáis para sacar leche, zorra. Me frenó sujetándome por las caderas con sus manos robustas y empezó a propinarme unas fuertes embestidas que me hacían gemir como una puta, sin preocuparme por qué nos escucharan y parecía que a ellos ya
no les importaba. El macho alfa que estaba sentado cambió de posición, poniéndose de rodillas para cogerme la cara con las manos y volver a follarme la boca bestialmente, quizá para callarme un poco. Con mis manos empecé a tocar el cuerpo musculado de aquel toro y apretaba sus músculos
cuando me ahogaba entre arcadas con su pollón. Parece que no le gustaba mucho eso y al poco tiempo apartó mis manos bruscamente de su cuerpo, Perdiendo yo el equilibrio y ensartando su polla hasta el fondo de mi garganta, llegó tan al fondo que acabé vomitando un poco sobre su miembro viril. El río contento y burlón. Me incorporé, pero su amigo me cogió de las muñecas, llevando mis
brazos hacia atrás para follarme bien duro cómodamente. Al otro lo tenía delante mirándome con superioridad, mi cara estaba a la altura de su abdomen, él mientras se tocaba un pezón y masajeaba su rabo. Menuda puta gimiendo como una nena. Dijo con su profunda voz.¿ Me volvió a escupir, te
gusta que te usen? ¡Puta! Yo respondía sintiendo y con un flojo, me encanta, mientras me recuperaba de la anterior arcada y el bruto de su amigo me zarandeaba con su tremenda follada, no tenía una polla enorme pero sabía cómo usarla. Cada vez se ponía más agresivo, me estaba reventando. De una fuerte embestida la hundió más profundo que anteriormente, pegó un grito seco y noté que me llenaba de
leche caliente. Normalmente no noto muchas de las corridas, pero esta la pude notar perfectamente, era tan abundante que ya empezaba a chorrearme y la sentía bajar por mis perineo. Me soltó los brazos y mi cabeza cayó contra el suelo, su compañero se levantó y fue a ver cómo me había dejado el culo su amigo.¿ Esto es lo que andabas buscando, zorra? Bien preñada. Fardó el canijo. Continuaba moviendo
suavemente su cadera ante mi cuerpo prácticamente inerte. Hasta que sacó su polla, sonó como descorchar una botella y semen empezó a brotar. Yo no pude contenerme, con una mano fui a recoger parte de mi premio y me lo llevé a la boca para saborearlo, a su dueño esto le produjo risa y empezó a reír. Menuda puta de mierda. Dejó escapar entre risas, maricona desesperada.« Ahora ya estás lubricada»,
comentó el grandullón,« esto debería de ser fácil». Cuando me agarró las caderas con sus manos enormes, que eran del tamaño de una de mis nalgas, yo pensé que estaba preparado para lo que venía, pero cuando empezó a presionar su rabo del grosor de una lata me di cuenta de que me faltaba aún por dilatar. Estoy seguro de que él lo sabía perfectamente y no le importaba, porque de una embestida intentó meterla del todo. Yo grité fuertemente, caí contra el suelo sacando su rabo de mi culito
y dejé de arquear mi espalda. No grites, zorra. Te voy a follar quieras o no, hazlo fácil. Él se incorporó y me reincorporó a mí, levantando de nuevo mi culo, apoyando una mano sobre mi nalga izquierda y con la otra sujetaba mi cadera, puso su pie sobre mi cabeza. para que no me moviera y empezó a violarme como una bestia. Pensé que me partía y yo no paraba de gritar.—¡ Cállala!— ordenó a su compañero. El otro vino y me levantó cogiéndome de mi camiseta que acabó rompiéndose,
se rió otra vez. Me agarró de mi cabeza y hizo que me pusiera a cuatro patas, él estaba de pie y me metió su polla morcillona en mi boca. Yo seguía gimiendo fuertemente, pero el sonido no podía salir de mi boca, el sabor de los restos de su lefa me reconfortó y empecé a relajar. Empecé a disfrutar.
El animal que me estaba follando parece que disfrutaba más viéndome sufrir así que aceleró el ritmo haciendo que me costase mantener la espalda arqueada y la postura de cuatro patas, me tuve que apoyar en el suelo con los codos. Llegaba a las profundidades de mi ser y yo no paraba de chillar como una puta. Viola a la puta, que aprenda a no ir calentando machos, animaba el amigo,
vamos a marcarla bien. Después de decir eso escuché como reía a la vez que empezaba a sentir su meada caliente caer sobre mi cabeza y parte de mi espalda. Me corrí. Solté un gemido seco y luego solo tenía aliento para gimotear, parecía que había alcanzado mi límite, había perdido mis fuerzas. Menuda zorra. Gritó agresivamente el grandullón. Sacó su polla de golpe y empezó a correrse sobre mi espalda,
por puta. Justo acababa de soltar el último chorro de lefa cuando se escucharon unos gritos lejanos y alguien corriendo hacia donde estábamos. Los dos no tardaron ni un segundo en salir corriendo entre risas y me dejaron tirado en el suelo, lleno de leche y meos. Empecé a escuchar con más claridad la voz de un chico. Eh. Cabrones. Hijos de puta. Gritaba hasta que traspasó los arbustos y me vio tirado semidesnudo en el suelo y ¡hey, hey!¿
Estás bien? Yo no tenía fuerzas para responder. Acercó su mano rápidamente a mi cuello para notar mi pulso acelerado, cosa que parece que le relajó. Se quedó callado un momento y calmó su respiración mientras observaba la escena.¿ Qué te han hecho? La pregunta me pareció no tener sentido. así que ni me esforcé por responder, voy a llamar a la policía. Empezó a buscar algo nervioso su teléfono, pero paró sorprendido al ver cómo yo me reincorporaba un poco. Llevé mi mano a la suya y le dije. No
hace falta. Le sonreí y dirigí sus dedos a mis nalgas, hasta mi orificio que estaba abierto, no cerraba y aún estaba húmedo de néctar.
