Cumpleaños inolvidable - podcast episode cover

Cumpleaños inolvidable

Jun 02, 20266 min
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Speaker 2

Estábamos en vísperas de emprender el viaje de fin de curso y el fin de semana anterior se celebramos una fiesta en el gimnasio del instituto, más que nada por celebrarlo con los compañeros que no podían ir por distintas razones, permiso paterno, económico o vacaciones familiares. Como casi todas mis compañeras estaba coladita por Nemo, el más chulo y malote de la clase, repetidor de varios cursos incluido el de Coe que era en el que estábamos y tres o

cuatro años mayor que la mayoría de nosotros. En aquella fiesta coincidimos un par de veces. Bueno, me arrimé a él a la menor la oportunidad y la verdad es que me hizo más caso del que yo esperaba. Siempre había pasado de mí. Me preguntó qué día era mi cumpleaños. Había oído a las compañeras comentar que cumplía años durante el viaje a París y seguramente estaban preparándome alguna sorpresa. Le dije que efectivamente, cumplía los 18 justo el día después

de llegar a París. Se acercó a mi oído y me dijo con la boca pegada a mi oreja que él también me iba a preparar algo especial para celebrar mi mayoría de edad. Enseguida empecé a pensar que tenía que ser algo relacionado con el sexo. Por una parte, me molestaba que fuera tan prepotente dando por sentado que yo iba a estar dispuesta a abrirme de piernas cuando

él me lo dijera. Por otra parte, estaba deseando que me lo pidiera para hacer todas las fantasías sexuales que tantas veces había imaginado que me hacía mientras me hacía un dedo. Desde el primer momento que subimos al autocar donde iríamos durante todo el viaje, Nemo ya empezó a hacerme más caso que a mis compañeras, para envidia de

todas y cabreo de más de una. Nos sentamos en la última fila con cinco asientos junto con Pedro su amigo e inseparable compañero y Carmina que llevaba unos días tonteando con él, según decía, aunque yo estaba segura de que ya habían follado. Durante el viaje yo me acurruqué más de una vez contra él con la esperanza de que respondiera a las señales inequívocas que le mandaba. En ningún momento se propasó lo más mínimo conmigo, ni siquiera

me pasó el brazo por encima de los hombros. Cada vez que yo me pasaba un poco me decía que esperara a ser mayor de edad, que entonces me iba a hacer hasta amearme en las bragas. Yo no contestaba nada, me daba tanta vergüenza como ganas de que cumpliera lo que decía. Al día siguiente, ya instalados en el colegio mayor a las afuera de París donde íbamos a estar hospedados durante todo el viaje, al acabar la cena y ya descansados del viaje, Conseguimos que nos dejaran poner música

en el comedor e improvisamos una pequeña fiesta. No sé de dónde salió tanto alcohol, pero lo mezclamos con Coca-Cola en botellas de dos litros y nos las fuimos pasando. Después de un rato de fiesta y unos cuantos tragos, cuando empezó a sonar música lenta, Nemo se acercó y me sacó a bailar. Me fue desplazando hacia un rincón y en dos ocasiones se separó un poco para mirar su reloj. De pronto me cogió del pelo y me

echó la cabeza hacia atrás. Me plantó un beso en los morros e insistió con la lengua en los labios hasta que los abrí y le dejé que me invadiera. Me puso una mano en el culo y me pegó a su sexo frotándose. Noté perfectamente la dureza de su polla sobre mi pubis y me mojé. Nos separamos cuando a él le pareció oportuno y sin decir nada me cogió de la mano y tiró de mí hacia el pasillo que daba a los servicios. En cuanto giramos la primera esquina y no nos podía ver nadie, me felicitó

por mi cumpleaños y mi mayoría de edad. Me dijo que a partir de ese momento ya me podía follar. Me aplastó contra la pared besándome como un salvaje y me subió la minifalda hasta la cintura para poder meterme la mano dentro de las bragas. Empezó a frotarme presionando el clítoris y me corría al instante. Sacó la mano de mis bragas y se la llevó a la boca

para chuparse los dedos. Me dijo que me sabía el coño de maravilla y volvió a meterme la mano para mojársela otra vez con mis fluidos y me hizo chuparle los dedos. A partir de ese momento supe que le iba a dejarle hacerme lo que quisiera. Nos fuimos hacia las escaleras que daban acceso a las habitaciones y se sentó en un escalón. Me dijo que me quitara las bragas y me pusiera en el escalón superior. Me las bajé y él me ayudó a sacármelas por los pies.

Sin esperármelo, metió la cara entre mis muslos y empezó a chuparme donde antes había tenido los dedos. Nunca nadie me lo había hecho. Fue demasiado y sin esperármelo volví a correrme, esta vez en su lengua. Se puso de pie y se bajó los pantalones con los calzones hasta las rodillas. Tenía la polla mirando al cielo. Se subió dos escalones más arriba dejándome su sexo a la altura de la cara. Me lo pasó por los labios y presionó para que le dejara entrar. Succioné el capullo y

le pasé la lengua. Me cogió la cara y me dijo que me iba a follar la boca, como me acababa de follar el clítoris con su lengua. Más de una arcada me dio al golpearme la garganta, lo que no fue motivo para que desistiera. Al final, justo antes de correrse me la sacó y me dijo que mantuviera la boca abierta y que me masturbara al mismo tiempo. Se corrió en mi cara y parte en la boca, para mi deleite. Volví a metérmela en la boca y

se la chupé hasta que me corrí otra vez. Me pasó la lengua por la cara recogiendo su semen y me fue besando para ponérmelo en la boca poco a poco. Era la primera vez que probaba el semen y a partir de entonces no he dejado de hacerlo siempre que he tenido sexo con un tío. Yo compartía habitación con Carmina por indicación de Nemo cuando llegamos a París. Él dormía con Pedro. No fue difícil acordar que Pedro se fuera a dormir con Carmina y Nemo viniera a nuestra habitación,

cuando no hubiera nadie en el pasillo. Las puertas de ambas habitaciones estaban juntas. Fueron cinco noches inolvidables las que pasé con Nemo. Perdí la virginidad por delante y por detrás. Incluso llegó a meterme un pepino, que robó de la cocina, dentro de un condón por el culo mientras me follaba por delante.

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