Antes de empezar, quiero decir que llevo mucho tiempo leyendo relatos de esta página y hoy me he animado a empezar a escribir. En principio contaré lo que me vaya pasando en mis propias experiencias sexuales, como la que contaré a continuación, pero si veo que gustan mucho mis relatos también puedo contar anécdotas que ya me hayan pasado, aunque muchos datos no serán exactos o incluso redactar relatos ficticios.
Espero que les guste. 14 de julio, en pleno verano, me encuentro trabajando desde mi casa porque el calor que hace es infernal. Nada mejor que trabajar en ropa interior con el ventilador al lado refrescando cada rincón de mi cuerpo.
Menos mal que mi trabajo me lo permite, aunque sea temporal, porque echaré de menos estos momentos de soledad en los que tranquilamente puedo aprovechar mis descansos para leerme algún relato erótico, verme algún video porno o pajearme con algún desconocido por webcam. Si como sea, aprovecho para descargar el estrés y la tensión del día a día. En uno de estos descansos mañaneros,
aproveché para ver qué relatos se habían publicado. BFFFF, como me gusta imaginarme todo aquello que relatan el resto de escritores y cascármela hasta sacar la última gota de leche. Aunque he de confesar que eso solo lo consiguen unos pocos artistas de la redacción erótica y sexual, otros solo consiguen ponerme la dura y permitirme continuar la paja con algún video. Sin embargo, no falta nunca abrir Grindr, porque una conversación cerda con cualquiera también puede hacerme eyacular sin problema.
Entonces así me encontraba, desde el móvil con el Grindr abierto, y desde el PC con los relatos y una página de videos porno, buscando contenido para empezar a pajearme como cualquier otro día. No obstante, hoy estaba especialmente cachondo porque anoche fui a ver a un grupo de amigos y amigas a una zona lejana de donde vivo, y una vez terminé la reunión me decidí a abrir Grindr para
echar un buen polvo. Serían las 11 de la noche cuando estaba buscando a alguien interesante para satisfacer mis necesidades más primarias. Empecé a leer perfiles y a todos aquellos que llamaban mi atención, les saludaba amablemente y les preguntaba si buscaban algo para allá. Y tan para allá, que no tenía batería y con cualquiera que quedase necesitaba que me mandara
la ubicación para poder llegar. Como siempre en esa app, No llegué a conseguir a nadie a tiempo, pues el móvil se me apagó y tuve que volver a mi casa con la polla dura y el culo pidiendo rabo. Pero aquí no ha terminado la noche, llego a casa y tras enchufar el móvil, vuelvo a abrir la app
a ver si hay alguien interesante por los alrededores. Curiosamente me habló un tío que quería quedar, pero resultó ser de esos tíos que te marean y al final no acaba en nada, lamentablemente porque mira que está bueno el cabrón. Por las fotos que me envío, Parece ser bajito, pero moreno y con un cuerpazo de escándalo, marcando unos buenos bíceps y tríceps, un pectoral envidiable y un bulto más
que curioso. Uf que va, a este tío me lo tengo que tirar sí o sí, ya me encargaré de hablarle y si surge algo se los cuento en otro relato. Pero bueno, que me desvío del tema, estaba yo por la mañana más caliente que un tobogán en verano y con la app abierta. Vuelvo con mi estrategia, le hablo a todos los perfiles que me llaman la atención esperando que alguno busque tema y todo el rollo. Nada, que no hay manera. Me rendí, me puse un video porno
y a darle al tema. Para mi sorpresa, un perfil Dotadomask me saluda, me envía foto de su cara, cuerpo y rabo, preguntándome qué buscaba. El tío se le veía guapete, con un cuerpo normalito tirando a flaco fibrado y con un rabo que le mediría, en la foto que me envió, unos 16 siemes más o menos. Yo le contesté rápidamente que sexo y le envié fotos de mi cara, cuerpo, rabo y culo. Y aquí es donde aprovecho para describirme porque casi se me olvida. Soy un chico de 24 añitos, mido 1,74
más o menos. pelo corto de color castaño oscuro, ojos marrones pero muy bonitos, nariz normalita, dientes rectos y labios un poco gorditos y carnosos. Ahora mismo morenito de la playa, con un cuerpo de gym, sin ser un escándalo, pero oye marco mis abdominales, un poco el pectoral y unos bíceps y tríceps también algo marcaditos de tanta mancuerna. De rabo pues normal, siempre he tenido complejillo porque veo cada pollón por ahí que no veas, pero bueno me mide
unos 14 cms y es gordito. La espalda algo marcada, y un culo que normalmente describen como alucinante o increíble, y es que tengo dos buenos caparazones, duros también del entrenamiento, y unas piernas trabajadas y algo marcadas. En fin, que según dicen por ahí soy guapito y estoy bueno, aunque yo no exageraría tanto. Y de rol, soy pasivo. Pues bueno, el tío este no tenía sitio, yo sí pero no me gusta traer tíos desconocidos a mi casa y le
dije que yo tampoco. Pero literalmente me dijo que podemos subir al último piso de mi edificio y me la comes, cu nunca hay nadie. Le dije que vale y que si me quería follar pues guay también, a lo que me dijo que lo veíamos en el momento, que quedamos para mamársela y si le daba morbo me follaba. Le dije que ok y que llevase condón por si surgía. Me di una ducha rápida para estar limpito por si me comía el culo, que es una cosa que me flipa, y me follaba. Cogí el coche y fui a su edificio.
Llegué en cinco minutos, aparqué y me dio indicaciones para decirme por dónde y cómo tenía que entrar y subir hasta allí. Entré al portal y pasé por una puerta que escondía las escaleras. En el último piso me estaba esperando. Llegué y ahí estaba, ni besos ni ola ni nada, Se bajó el chándal y se sacó el rabo ya morcillón. Yo no dudé ni un segundo, me arrodillé y empecé
a trabajarle la polla. Tenía muchas ganas, así que me la metí en la boca y me la tragué hasta que mi nariz se pegó a los pelos de su pubis. El tipo soltó un gemido ahogado y ahí empecé a pasarle la lengua por todo ese mástil de carne. Yo aproveché y me saqué el rabo para pajearme. Seguí mamando y notando cómo crecía. Dieciséis siemes y una polla, nunca mejor dicho. Mediría unos diecinueve siemes en su plenitud. Tremendo sable no tenía ahí y yo estaba tragándomelo hasta la garganta,
sorprendentemente sin ninguna arcada. Con una mano le pajeaba mientras se la comía y con la otra le manoseaba los huevos. El tío estaba en la gloria, sólo hacía falta para saberlo la cantidad de precum que estaba soltando. Verle la cara de gozo que tenía y los gemidos que muy discretamente soltaba porque había eco y nos podían descubrir en cualquier momento. En ese momento aprovechó para quitarme las manos,
agarrarme la cabeza y follarme la boca. Fue breve, porque el ruido de su polla taladrando mi garganta y las babas era lo único que se escuchaba en ese edificio. Que morbo me daba que entrara o saliera cualquier vecino y escuchara cómo me daban de comer un buen pepino. Seguí chupando. esta vez apretando más mis labios y la lengua contra su glande y el tronco. El tío resoplaba y yo sonreía para mis adentros orgulloso de satisfacer con
mi boca al dueño de semejante pollón. Me la saqué de la boca porque tenía otro objetivo claro y que me encantan, las pelotas. Pasé mi lengua por todo el tronco hasta llegar a sus bolas, que empecé a relamerlas por todos lados. Tenía dos putas pelotas de tenis, así que succioné una primero y luego la otra y luego me metí las dos en la boca, succionando y pasando la lengua, mientras él no paraba de gemir. BFF no entiendo por qué me pone tan caliente comer los huevos,
pero me flipa. Cuando terminé de trabajárselos, volvió a cogerme de la cabeza y a follarme la boca. Esta vez la follada duró más, el tío estaba en su propio paraíso. Me soltó la cabeza y sin sacarme su rabo de la boca, se agachó como pudo a tocarme el culo. Se humedeció los dedos con su boca y me los pasó por mi agujerito, que evidentemente pedía polla a saco.
En ese momento me sacó el rabo de la boca y empezó a pajearse a full, suponiendo lo que se venía, aproveché y pegué mi lengua a su glande esperando mi premio. El tío no paraba de resoplar y de gemir, mientras que yo lo miraba a la espera de su leche. Y ahí llegó, uno, dos, tres, cuatro lefazos que fueron a parar a mi lengua. La escupí, sólo la leche de algunos afortunados pasa por mi garganta. No te preocupes, que yo lo limpio ahora, dijo, como si me importara.
Lo miré a ver si era el típico que tras soltar el primer lechazo podía continuar o si ahí habíamos acabado. No me hizo falta ni preguntar, porque en ese momento se escuchó que subían unas vecinas. El tío rápidamente se guardó el rabo, Yo me subí los pantalones y me dijo que él bajaba por el ascensor y yo por
las escaleras. Parece de película, pero pasó así y yo no sé si lo aprovechó como excusa para quedar bien y hacer como que no me follaba por la interrupción o es porque el tío no podía con un segundo asalto. En cualquier caso, no le dije nada y me largué.¿ Me quedé con ganas de que me taladrara el culo? Sí. Pero bueno, cosas que pasan. Me fui al coche, llegué a mi casa y le pregunté si le había gustado. Me dijo que estuvo muy rico, que la como muy bien y que una pena no haber podido disfrutar de
mi culazo, a ver si quedábamos para follar. Lo que no sabe este tío es que yo no suelo repetir, salvo excepciones. Así que nada, aquí se acaba este relato, que me dio el impulso para empezar a escribir.
