Voy a contarles un pequeño relato que me ocurrió unos años atrás. Mi nombre es Leticia, estudio comunicaciones en la Universidad Nacional de Buenos Aires y tengo 22 años. Era diciembre y finalmente podía relajarme de un año intenso y demandante de estudio y trabajo. La mayoría de mi grupo de amigos volvería cada uno a sus casas, en el interior, para pasar allí las vacaciones de verano, por lo tanto
había que aprovechar ese día. Ese día mi amiga Claudia vino temprano a mi departamento a tomar mates mientras nos preparábamos para la salida. Yo había elegido para la ocasión un bralete negro y una mini falda al cuerpo en color gris oscuro más un saquito también negro por si hacía frío más tarde. Mi jugada más osada fue usar una microtanga debajo de mi falda. Me había rasurado bien para la ocasión por si las dudas. Hace unos meses venía conversando con Javier, uno de los chicos que iría
a esa salida. Teníamos mucha onda y hasta había tensión sexual casi palpable. Sentía la humedad en mi ropa interior cada vez que pensaba a Javier besándome y bajando lentamente sus manos a mi culito. Me equivoqué mal esa noche. Mi objetivo simplemente desapareció y lo cruzamos un par de veces con una chica con la que aparentemente quedó en
encontrarse ahí. Traté de ignorarlo pero la humillación y la rabia de la partida perdida me hicieron odiar el resto de la noche, aunque noté que otro de mis amigos, Facundo, no me sacaba los ojos de encima. A las 4.30 de la mañana terminó el recital y decidimos volver pues muchos viajaban temprano a sus hogares y no habían preparado los bolsos aún.¿ Nos pueden alcanzar hasta la avenida de mi casa? Le pregunta Klau a German, uno de los chicos que
fue con su novia esa noche. Obvio, De alguna manera nos acomodamos y le responde Germán. Leti yo te llevo alzada, Pablo la puede llevar a Clau. Ustedes son más livianitas, me dice facultad en tono inocente. Claudia accede de inmediato y yo al cabo de un momento también lo hago pues solo quería volver a casa a dormir y olvidar la mala noche. Bueno, vamos o nos apura Germán una vez que está todo organizado. Germán, El conductor designado y
su novia se ubican en la parte de adelante. Facundo se sienta atrás del asiento del conductor, yo encima de sus piernas, Pablo y Clau a nuestro lado y finalmente Javier quien viajaría sentado solo. Las calles estaban oscuras aún y faltaría como una hora para el amanecer. Yo estaba frustrada en mi calentura y herida en mi ego así que viajaba completamente en silencio.¿ Qué pasa Leti? me pregunta Facundo en voz bajita. No, nada y le respondo en
forma automática. Yo sé que te pasas se ríe, es un pelotudo con cero tacto, deberías apuntar mejor la próxima, ¿no? Anda a cagar y le respondo enojada,¿ qué sabes vos? Sé que estás buenísima en un día normal y hoy ni te explico.¿ Qué decís? Mañana te vas a sentir avergonzado Facundo y le replico también en voz baja pero sorprendida del lance que se estaba tirando. Se acerca a mi oído y me susurra, avergonzado de que me gustas
demasiado vos. Empezó a acariciar lentamente mi muslo, le aparté disimuladamente la mano, pero sentada como estaba sobre su regazo mi culito rozó su miembro sin querer. Me tomó por sorpresa darme cuenta de que comenzaba a tener una erección, y más aún darme cuenta que me estaba gustando lo que pasaba ahí, en ese momento, en ese auto. Me acomodé nuevamente sobre sus piernas colocando mi abrigo sobre mi propio regazo y chequeando que todos estuvieran en lo suyo.
German al volante conversaba con su novia y con Claudia. Pablo y Javier dormían profundamente producto de la cantidad de alcohol que ingirieron. Facundo volvió a intentar acariciarme la pierna y empezó a subir lentamente hasta mi culo. El morbo empezó a dominarme. Moría de miedo que alguien lo notara, pero la excitación me empujaba a seguir. Facultad seguía y yo ya notaba su dureza contra mí. Quería saber hasta
dónde era capaz de seguir. Para facilitar la tarea me incliné hacia el asiento del conductor para conversar con Germán y las chicas. En ese momento, Aprovechó para deslizar la mano y acariciar con sus dedos mi conchita por encima de mi tanga. Se lo permití, al tiempo que seguía conversando un poco con todos haciendo de cuenta que nada pasaba. Facundo comenzó a presionar suavemente mi clítoris, haciendo círculos muy lentamente. Empezó a acostarme mantener el diálogo con mis amigos e
hice acopio de fuerzas para no soltar un gemido. Sentí que me estaba mojando de a poco, que ya había atravesado mi tanga, esa misma que él corrió descaradamente dejando mi conchita a merced de sus dedos. Le escuché soltar un gemido muy suave y bajo al percatarse de mi humedad, de mi excitación.—¿ Qué le pasa a Facundo?— preguntó en tono de burla Germán.— Ni idea, está dormido desde hace
rato— respondí yo. Me giré a ver a Facundo y lo noté reclinado contra la ventanilla, con los ojos cerrados simulando dormir pero con una sutil sonrisa en los labios. Me volví a reclinar hacia el asiento del conductor. Facundo inmediatamente volvió a jugar con sus dedos en mi conchita, acariciando mis labios menores y haciendo circulitos en mi clítoris. Metió luego dos dedos provocándome un pequeño sobresalto de placer.
En su posición no podía masturbarme bien con sus dedos adentro y yo ya estaba a mil deseando sentir algo más grande y duro así que comencé a frotarme en su regazo. Con mi mano a tientas toqué su bulto enorme y rico por encima del pantalón. Hábilmente desabroché y corrí su boxer para buscar su miembro ya bañado por sus juguitos preseminales. Intentó frenarme pero yo lo guíe con mi mano metiéndomelo completo. Lo escuché ahogar un gemido y
un pequeño temblor le recorrió todo el cuerpo. No podía creer lo que yo misma estaba haciendo, me encantaba, me calentaba tanto la situación, tenerlo adentro, seguir conversando con mis amigos como si nada, el simulando dormir pero respirando agitadamente. Me volvía a acomodar bien sentada sobre su regazo, pero esta vez con su pija bien clavada dentro mío, sabía que no podía moverme porque iba a ser muy evidente, así que comencé a contraer y aflojar los músculos de
mi vagina. presionando y liberando esa deliciosa pija rogando que no se escapara ni un solo sonido de facultad. Él seguía con los ojos cerrados pero con su mano izquierda presionaba mi muslo como una señal de que parara pero yo no estaba dispuesta a hacerlo. Me vas a hacer acabar, Leti para un poco y me dice en un susurro apenas audible. Cambio de posición nuevamente comentando a mis amigos lo lindo que se empezaba a ver el amanecer y
pidiendo que pongan alguna canción. Seguí contrayendo y aflojando mis músculos, sintiendo bien erecta y palpitante esa verga. Me reacomodé provocándole otro temblor de placer y me excuse diciendo que se empezaban a acalambrar mis piernas. A mis espaldas escuchaba a
Facundo respirar un poco más agitado. Decidí que no podíamos seguir mucho más sin que lo notaran así que subí y bajé un poquito cogiéndomelo profundamente delante de todos, apretándolo dentro mío sintiendo cada vez más palpitante su verga, a punto de estallar. Facultad. Anda despertándote que casi llegamos y le digo en voz alta, al cabo que me giro para mirarlo como excusa para sentirlo más y moverme con
esa pija bien clavadita. Lo veo de reojo con los ojos cerrados aún contra la ventanilla, mordiéndose el labio inferior de placer, los abre un poquito y escucho que me susurra, por favor, no. El último tramo de ruta antes del destino tiene una bendición fortuita, desviación por calle de tierra por reparación de media calzada. qué mierda de suerte, comenta Germán, justo vine a agarrar esta parte y menos mal que
son solo 200 metros. Aproveché el movimiento del auto para disimular mi movimiento sobre la pija de Facundo, 200 metros no más, me iba a llevar la mejor cógida de ese día, 200 metros y comencé a acelerar el ritmo de contraer y aflojar, 200 metros y la sentía caliente, hirviendo adentro mío, 200 metros y lo escuché murmurar un, sí, seguí, yo estaba enloquecida, Sentía mi cara roja y sudada y mi conchita empapada de mis jugos y los de él, cincuenta metros finales y
lo sentí estallar en mi interior al tiempo que yo ahogaba. Mi propio orgasmo hundiendo mi cabeza entre mis brazos. Leti, no te duermas vos tan bien que ya llegamos, me susurra la novia de Germán. No, no, ya me despierto y le respondo aún con la cabeza entre los brazos y apoyada en la parte trasera del asiento del conductor, es que Facundo está bien cómodo y yo estoy con sueño. Agrego pensando que solo él y yo sabemos el sentido de esas palabras y lo que acaba de pasar.
