200 mil. No lo podía creer. Es mucha plata. Suficiente
Esto es Radioambulante, soy Daniel Alarcón. Ok, la historia de hoy es sobre ser fan. Todos lo somos, de algo o de alguien, pero dudo que alguno de nosotros sea tan fanático como Alexis Figueroa. Antes de seguir, hay dos cosas que deben saber sobre Alexis. Primero, es un puertorriqueño que vive en Chicago. Segundo, si quieren aprender algunas malas palabras puertorriqueñas en Spanglish, pues este es precisamente el episodio para hacerlo. Porque Alexis se las sabe todas. Y las
usa todo el tiempo. Por eso, si hay niños escuchando, se recomienda discreción. Esta historia la publicamos originalmente hace unos años, exactamente en el 2018, pero mucha más gente nos escucha desde entonces y por eso queremos compartirla con ustedes. Es una de nuestras favoritas. Desde Chicago, el periodista y productor radial Luis Trelles nos trae la historia.
Aquí Luis. Son las cinco de la mañana y yo estoy en la esquina de una calle desierta, cerca del lago que domina la geografía de esta ciudad. Aunque es noviembre del 2017 y el invierno aún no ha comenzado oficialmente, hace menos de 20 grados Fahrenheit, es decir, como menos 6 grados Celsius. Soy caribeño. Odio este frío con toda la fuerza de
mi ser. Estoy a punto de abortar la misión y volver a entrar al edificio donde me estoy quedando cuando una minivan de tamaño familiar, de esas que usan las madres suburbanas para carretear a sus hijos, para al lado mío. Alexis había venido a buscarme. Siempre que me ve, me saluda de la misma manera.¿ Qué pasa, cabra? Y no solo a mí. Alexis le dice cabra a todo el mundo. No conozco a nadie más que utilice esa palabra para referirse a otras personas. Pero Alexis es especial. Me estaba
montando en su carro para seguirlo en su viaje. Y es que Alexis había hecho todo un plan muy elaborado para conseguir el autógrafo de uno de sus ídolos de adolescencia. Axl Rose. El líder de Guns N' Roses, la banda gringa de rock pesado. El plan era este. Alexis iba a estacionar cerca de una salida de la autopista y lo debió esperar hasta que se apareciera el autobús de la banda. porque sabía que estaban viajando de San Luis a Chicago para tocar en un concierto.
Nada de esto era absurdo para Alexis. Al contrario, estaba preparado. Incluso tenía un cómplice, Ryan Loveless, un chico de origen colombiano de 24 años que también quería un autógrafo.
Y juntos hacían todo tipo de cálculos para adivinar a qué hora entraría el autobús a la ciudad.
Y qué hora es ahora mismo? Son las 5 y 50.¿ Y entre medio qué hacemos? Nos comemos un mojón mirando los pajaritos, hablando historias de terror, hablando lo que se pueda. Porque a esta hora no hay ni gente para mirar y criticar. No hay nada con este frío.
Y eso fue exactamente lo que hicimos.¿ Por qué no va a estar pasando en San Francisco? En cualquier momento
Estamos esperando ver la guagua. En cualquier momento. Esperar. Se están talando. La espera desespera.
Por horas.
Cabrones que lleguen, puñetas.
Tengo hambre. Pero el autobús nunca apareció. Dos horas más tarde, los chicos tuvieron que poner su plan B en marcha. Ryan había conseguido el nombre del productor de Guns N' Roses. Así que su plan era llamar a todos los hoteles más lujosos de la ciudad para ver si averiguaba en cuál de todos se estaba quedando la banda. Y golpe de suerte. Al primer hotel al que llamó le dijeron que sí, que el productor se estaba quedando allí.
Y vamos ahora a esperarlos ahí para tan pronto se parquee la guagua, caerle. O sea, estar ahí esperando ya listo
Nos fuimos para el Hotel Península, un hotel clásico de Chicago. Pero cuando llegamos...
Ya están ahí.
Eran los autobuses gigantescos de Guns N' Roses. Ya estaban estacionados frente al hotel. Alexis lo supo desde el momento que vio los autobuses. Su plan de esperar el bus de Axl Rose en la autopista había fallado miserablemente. Habíamos perdido mucho tiempo, y Alexis se temía que los miembros de la banda ya habían entrado al hotel y que había perdido su oportunidad de filmarlo. Y lo peor del caso es que esta no era la primera vez que le pasaba esto. Alexis llevaba más de una década tratando
de conseguir el autógrafo de Axel. Y esta vez, yo estaba empeñado en seguirlo hasta que lo lograra. Conozco a Alexis desde hace muchos años y siempre ha sido igual. Un tipo gordito que suele vestirse con ropa sport, sudaderas, t-shirts. No estaría fuera de lugar como un extra en alguno de esos shows de mafiosos gringos. Y desde que lo conozco, siempre ha sido un coleccionista. Es algo querido de su papá, que coleccionaba sellos o estampillas.
Él tenía una colección de filatería sólida. Y por eso yo siempre lo ayudaba. Yo sabía mucho de países, de todo, porque uno ve los sellos y los pone. Estábamos horas muertas haciendo eso.
Y así fue como empezó a crear sus propias colecciones. De cómics, por ejemplo, o de monedas. Iba con su viejo al banco y cambiaba 20 dólares en moneditas de un centavo, para luego buscar las que tenía imperfecciones o fallas, y esas eran las que guardaba, las especiales. La fiebre de los autógrafos vino después, a los 10 años, cuando su papá les regaló una caja de zapatos llena de lo que
se conoce en Puerto Rico como cartas de pelota. Fuera de Estados Unidos y el Caribe quizás esto no se va a entender, pero para algunos fanáticos del béisbol, La colección de estas tarjetas que tienen la foto de los jugadores en la parte de enfrente es una tradición casi sagrada. Son talismanes que acercan a chicos como Alexis a sus jugadores favoritos. Algo así como los álbumes de Panini para los mundiales de fútbol. Y bueno, en esa primera caja llena de tarjetas de pelota,
vino una carta del 1968 de Mickey Mantle
Mickey Mantle, un jugador superestrella de los Yankees de Nueva York que jugó en las grandes ligas durante los años 50 y 60. Uno de los grandes.
El tipo era una bestia peluda.
Era como encontrar una carta de pelea en sus años de gloria. Y para colmo era valiosa. En aquella época, los 80, esa tarjeta valía como 100 dólares. Lo mismo que ellos habían pagado por esa caja que contenía cientos de tarjetas. Alexis se enganchó. Quería coleccionar todas las tarjetas que pudiera. Luego su padre comenzó a llevarlo a los Juegos de Béisbol de la Liga Invernal puertorqueña, donde los profesionales de Estados Unidos iban a jugar cuando se terminaba la temporada de Grandes Ligas.
En aquella época, los Juegos de Béisbol tenían un ambiente de fiesta patronal, de provincia. Todos se conocían.
y las grandes estrellas profesionales compartían con el público, incluso durante el juego, entre una jugada y otra. El papá de Alexis lo llevaba al parque de San Juan todos los días, y él aprovechaba para que le firmaran todas las tarjetas que podía.
Además, para los ochentas, por ese tiempo, los peloteros firmaban autógrafos, pero era como un placer para ellos, se sentían como que un deber, tenían que ir a firmar, eran bien buenas gentes todos.
Cuando llegó a la adolescencia, Alexis ya tenía las firmas de todos sus hijos los peloteros.
Después de hacer béisbol 15 años, fue como que hubo un downtime porque ya tenía a todo el mundo. Y fue como, claro,¿ qué voy a hacer ahora?
Entonces pasó a las estrellas de cine y de rock.
En Puerto Rico se firman muchas películas y empecé a hacer cine. Y hay conciertos, no muchos, pero en ese tiempo no había muchos conciertos, pero cuando había conciertos de rock, iba.
Y nunca paró de conseguir autógrafos. Hoy en día tiene más de 60.000 de artistas, deportistas, políticos, todos famosos, claro. En su casa de Chicago me mostró cientos de discos y DVDs que le han firmado. Tiene los autógrafos de cuatro presidentes de Estados Unidos y de los últimos cinco gobernadores de Puerto Rico. Le firman libros, fotos, un pedazo de papel,
donde sea que puedan poner la firma. Debo decir que yo nunca he conseguido un autógrafo en mi vida, pero Alexis tenía firmas que hasta a mí me gustaría tener.
Ray Diojet, de las bandas más difíciles de firmar letras
Alexis se define como un coleccionista extremo. Lo más importante es conseguir las firmas él mismo, siempre que pueda. Y entonces, los autógrafos más importantes son los que todavía no ha podido conseguir. Sobre todo los de los ídolos de su juventud. Y su ídolo más importante, claro, Axl Rose.
de Guns N' Roses. Chavos,
es decir, dinero. Cuando salió en los años 80, Alexi se lo compró con su propio dinero. Y le dio tanta paleta, o sea, que lo escuchó tanto, que la cinta se dañó. Y
luego me compré otro igual. Porque ese cassette está fuera de control.
Y como Alexis comenzó a buscar firmas cuando vivía en Puerto Rico, una isla a la que Guns N' Roses nunca iba, conseguir un autógrafo de alguno de los de esa banda era imposible. Hasta el 2006, cuando Guns N' Roses tuvo su primer concierto en San Juan. Y obviamente Alexis estuvo ahí. Era un adulto de 30 años, un profesional que trabajaba en publicidad, pero nunca había dejado de coleccionar autógrafos. Y ese concierto era una oportunidad única para conseguir una
de las firmas más deseadas. Y estuvo cerca, tan cerca que literalmente se chocó con Axel luego del concierto. Alexis lo estaba esperando, cerca de la puerta tercera del Coliseo. Era la única persona que estaba allí. Y Axel salió corriendo.
Salió, papo, corriendo así. No sabía dónde estaba. Me pasó por el lado así y hasta me chocó con el hombro así corriendo a lo loco.
De más está decir que Alexis se quedó sin su autógrafo. En el 2016, ya en Chicago, tuvo una segunda oportunidad. Otro concierto, otro tour del grupo legendario. Y otra vez fracasó. Pero Alexis no es de los que se rinde fácilmente. A la tercera bala vencida. Ojalá. Yo estaba allí para documentarlo, pero no había empezado bien. El plan de interceptar el autobús de Axel había fracasado. y a mí me daba la sensación de que Alexis nunca iba a conseguir ese autógrafo.
Pero aquí hay que entender una cosa, y es que hasta el fracaso le divierte a Alexis. Nos habíamos despertado a las cinco de la mañana, y luego esperamos más de dos horas por un autobús que nunca llegó. Lo más probable es que los miembros de la banda ya estarían durmiendo dentro del hotel. Yo también estaba listo para volver a la cama, pero Alexis no. Una vez que llegamos al Hotel Península, Alexis insistió en bajarse de su
minivan para inspeccionar los autobuses parqueados. Aún tenía la esperanza de que Axel estuviera dentro de uno de ellos.
Están de venta en la huevo esperando para bajarse. Yo espero, si no estamos jodidos.
Y típico. Tan pronto nos bajamos de su minivan, comenzó a caer una llovizna helada.
Cómo queda?¿ Tú lo ves difícil? Sí, porque está lloviendo de nazis.
Alexis no quería volver al carro. Quería estar cerca de los autobuses para poder acercarse a los miembros de la banda cuando se bajaran. Así que decidimos esperar en la acera frente al hotel, debajo del tordo de un café que apenas nos recordaba. Y la llovizna se convirtió en una tormenta.
Está lloviendo de verdad. Está un huracán, cabrón. María está cayéndole para acá. Esperar es una mierda. Esperar en la lluvia es más mierda. Esperar en la lluvia con frío es más mierda.
Ya yo no sentía los dedos del pie por lo congelados que estaban cuando Alexis finalmente tiró la toalla. Era más o menos las 10 de la mañana. Los autobuses seguían parqueados, como si nada. Nunca llegamos a saber si los del grupo se habían quedado dormidos adentro, si habían entrado al hotel o qué.¿ Qué pasó?¿ Se acabó? No
sí, no, no, no, no, no, no.
Me dice que sí, que está cansado, que no quiere esperar tanto. Fue una retirada táctica. Una vez que volvimos a entrar a su carro, Alexi me explicó que no se iba a dar por vencido.
Y a última instancia, el día del concierto, venimos y lo esperamos antes de que salga para el concierto, porque tiene que usar por al frente de nosotros para ir a la guagua. Es raro que él firme viendo para el concierto, pero como ha cambiado en los últimos años, está un poco más Más buena gente
Quiero dejar algo claro para que conste. Nos habíamos levantado mucho antes del amanecer y luego esperamos en total unas seis horas por un autógrafo que Alexis no consiguió. Me sentía frustrado, lo admito. Me parece una reacción bastante normal. Pero Alexis no. Hay que entender que él hace esto muy a menudo. Cuando me dijo que era un coleccionista extremo no estaba exagerando. Más que un pasatiempo... Su obsesión con los autógrafos me parecía una forma muy particular de
autoflagelación psicológica. No podía entender por qué un hombre adulto puede pasar tanto trabajo, tanto tiempo y tanto esfuerzo para conseguir esta firma. A menos que viera su colección como una inversión, una manera de hacer dinero. Pero no, esto no es un negocio para Alexis. Todo lo contrario.
Sí, sí, yo vendo también la... hay un par de pesos aquí, pero... No los vendo, siempre me ofrecen comprarme las cosas los dealers.
Los dealers, es decir, la gente que se dedica a conseguir autógrafos de celebridades para revenderlos.
Yo las fui, me ofrecen chavos ahí al momento para que se las venda, para yo venderla al triple.
Yo nunca vendo nada. A Alexis no le gusta ponerle preso a su colección, pero en más de una ocasión me mencionó que probablemente tiene más de 200 mil dólares en autógrafos. para comprar un buen apartamento en Puerto Rico o comenzar un negocio propio. Pero Alexis no vende sus autógrafos. Y la gran pregunta, Alexis,¿ por qué?¿ Por qué lo hace?
Por qué sí? Es que no tiene razón de ser. Es una estupidez realmente. Te pones a pensar, es completamente una estupidez. Pero una estupidez que me gusta y me despeja la mente de la vida diaria, de mi casa, me saca de los problemas. Si estoy teniendo un mal día me voy a firmar y aunque no me firmen la paso bien.
Quizá es aquí que comencé a entenderlo. Alguna gente hace yoga, otros se juntan con los amigos a jugar póker, a otros les gusta probar recetas nuevas a ver qué tal les sale en su propia cocina. Esa necesidad humana de aliviar las tensiones diarias, de buscar una válvula de escape, es algo que todos buscamos. Y lo que a alguien le parece relajante y placentero, a otro le puede parecer desagradable y hasta incomprensible. Desde que se mudó a Chicago,
su hobby se ha vuelto aún más importante. No siempre había sido así. Antes de mudarse, Alexis tenía una galería de arte exitosa en Puerto Rico, pero en 2012 a su esposa le ofrecieron un trabajo en Chicago. Ella trabaja en publicidad y la habían llamado de una agencia importante.
Y ella me dice, mi sueño siempre, mi meta de vida era llegar afuera y trabajar afuera, que alguien me llamara de una agencia grande y me llamaron. Y yo, de esposo, mi trabajo como esposo es Pues ver, complacer a tu familia y que todos estén felices.
Entonces Alexis, su esposa y sus dos hijos pequeños se mudaron a Chicago. La familia llegó a la ciudad en enero del 2013, en medio de un invierno muy crudo. Las noticias reportaban que en el zoológico de la ciudad
iban a meter al oso polar adentro porque tenía frío. Eso es para que tú sepas el frío que hacía.
Y esa fue la bienvenida que les dio la ciudad. Alexis pasó a ser un padre a tiempo completo y creo que le gusta, aunque también tiene sus opiniones muy particulares al respecto.
Simplemente tienes que hacer lo que puedes y play by ear, tratar de hacerlo mejor, pero está difícil. Y no te llega un cheque todas las semanas, papá. Estás jodiéndote trabajando 20 horas corridas con los nenes. Yo mientras se acaba el día y yo los veo a los dos vivos, hice mi trabajo bien.
Y para tratar de encontrar algún sentido de normalidad dentro de esa nueva realidad, Alexis recurrió a su viejo hábito de buscar autógrafos.
Después del corte, Alexis se abre camino en una nueva ciudad y tiene un encuentro con Guns N' Roses, pero no de la manera que esperaba. Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Chicago no es San Juan, no solo por el frío, que es francamente chocante para cualquier caribeño, sino también porque la oferta cultural para un coleccionista como Alexis era como llegar a las grandes ligas. Luis Trelles nos sigue contando.
No fue fácil, pero con el tiempo Alexis empezó a ver posibilidades en Chicago que nunca hubiera tenido en Puerto Rico. Es una gran ciudad. Todo tipo de artistas y deportistas pasan por allí.
Aquí todos los días uno puede filmar. Entonces... Pues, hermano, después de estar todo el día con los nenes, tan pronto mi esposa llega, hermano, yo necesito un break. Y entonces me voy a firmar. Empecé a irme a firmar todos los días otra vez.
Las oportunidades son tan abundantes que Alexis hace una lista detallada de todos los conciertos y presentaciones diarias que habrá en la ciudad. Y me la enseñó. El calendario estaba lleno por los próximos seis meses. Léeme las fechas y a quién tienes ahí.
Dream Theater.
Una banda de heavy metal progresivo.
Mañana Bootsy
Collins. Legendario bajista de funk. Actual de comedia setentera. Cantante conocido internacionalmente por el kitsch desbordante de sus presentaciones en Las Vegas. Trompetista de smooth jazz. Y nada, en medio de todo eso, el plato fuerte, Guns N' Roses. O sea, Alexis es una máquina de conseguir autógrafo. Una bestia peluda, como él mismo diría. Nunca para. Para que quede claro, esa misma tarde, después de haber madrugado y fracasado en el intento de conseguir la firma Axl Rose, Alexis me
volvió a buscar. Tenía una nueva misión. Conseguir el autógrafo del legendario bajista de funk, Bootsy Collins. Si conoces la música de James Brown o Parliament Funkadelic, has escuchado a Bootsy. Entonces, de camino a conseguir su autógrafo, Alexis me explicó que para él, Bootsy Collins... Es una leyenda que yo pensaba que estaba muerta, loco, es increíble. Pero no, está vivo todavía. Y ese día iba a estar en un evento diseñado para fans como él, para firmar álbumes y que la
gente se pueda tomar fotos con Bootsy. En inglés se llama un meet and greet. Cuando llegamos al lugar, había una fila que le daba la vuelta a la manzana. Más de 300 personas. casi todos con sus discos debajo del brazo. Y claro, el que más álbumes tenía era Alexis. Eran tantos que los otros fans en la fila se acercaron a él para ver los discos que había traído. Fue la primera vez que pude ver el mundo de los
coleccionistas en acción. Cómo hablan y se acercan los unos a los otros, cómo comparan discos y objetos que para cualquier otra persona no tienen ningún valor. Pero para ellos sí. Fue bonito en realidad, darme cuenta que Alexis pertenece a un mundo No está solo. Su obsesión es compartida y comprendida. Había traído seis álbumes de vinilo, mucho más que los de los otros en la fila. Y es que con Alexis un solo autógrafo nunca es suficiente. Siempre quiere más.
Y está dispuesto a hacer casi cualquier cosa con tal de conseguirlo. En esta ocasión me reclutó para conseguir firmas adicionales, porque era un evento donde solo se podía firmar un solo álbum por persona. Y así fue como acabé en la fila con él, para pedirle una firma a Butzi. Lo puedo ver, ahora sí que siento la expectativa. Butzi está... Y como uno esperaría que estuviera Butzi con su...
Vestido de los setentas todavía. Su sombrero, sus gafitas, sus prendas, algaretes...
Con su sombrero alto y psicodélico, gafas en forma de estrellas y botas con plataformas de 3 pulgadas, Butzi parecía que acababa de salir de Alicia en el País de las Maravillas, pero en versión funk de los 70. Y nos firmó. Y debo confesar que es emocionante. Minutos antes, Alexis tuvo que explicarme quién carajos era Butzi. Cuando por fin lo tuve delante,
no me pude controlar. le dije que era su fan número uno nunca antes había conseguido un autógrafo de alguien famoso y estaba listo para ir a celebrar a la barra más cercana para mi sorpresa Alexis no se sentía igual que yo cuando le tocó acercarse a Butzi se tapó la cara lo más que pudo con la capucha de su chaqueta como si se estuviera tratando de esconder ni siquiera le habló me sorprendió esa reacción Yo pensaba que alguien como él buscaba autógrafos porque le gustaba conocer
gente famosa. Pero Alexis se fue tan rápido que tuve que salir corriendo detrás de él. Y luego hizo algo que nunca llegaré a comprender. Se fue directamente al final de la cola y se puso en fila otra vez. Por eso se había ido tan rápido. No quería que Woodsy ni los organizadores del evento lo reconocieran. para poder conseguir más autógrafos. Al día siguiente, Alexis y yo regresamos
al Hotel Península, donde se estaba quedando Axel. Después de nuestro triunfo con Bootsy, ya le estaba encontrando el gusto a esta vaina, y también me comenzaba a obsesionar, ya no con la firma de Axel, sino con la persistencia de Alexis. Quería entender por qué se sometía al frío y al rechazo con tanta tenacidad. Y fue mientras esperábamos fuera del hotel que Alexis me contó la peor parte de ser un cazautógrafo. Los dealers. La gente que se dedica a buscar firmas para revenderlas.
Y se ponen bien nasty y empujan y gritan y se meten en el medio y dan codazos. Son bien hardcore y bien nasty. Son como animales. Y esos son el tipo de gente que los artistas odian y evitan.
Los dealers terminan ahuyentando a los artistas. Los fans y coleccionistas como Alexis terminan pagando el
precio.
Esto era algo que yo no había visto todavía. Ese día no había dealers esperando fuera del hotel. Ni siquiera había otros fans. Solo estaba Alexis con un par de álbumes de Guns N' Roses debajo del brazo. Y por primera vez en este proceso largo y tedioso, tuvo un golpe de suerte. Una SUV negra y brillosa se acercó a nosotros en la acera. La ventana de tinto oscuro se abrió. Adentro había un chofer que evidentemente se había interesado por los álbumes de Alexis, porque los miraba con
mucha insistencia. Alexis me pidió que me quedara atrás y él se acercó al chofer. Lo grabé hablando desde
lejos.
Unos minutos después, el carro se fue, y Alexis me explicó que era el chofer de Slash. el guitarrista de la banda, que le había dado información de cuándo y cómo saldría del hotel esa noche. Era todo lo que necesitaba para hacer un nuevo plan Un coleccionista extremo como Alexis depende de estar en el lugar correcto y en el momento exacto. Así es como logra toparse con el chofer de un guitarrista famoso, casi por accidente. Pero más importante es la tenacidad. Es un
compromiso que solo pueden entender los del propio gremio. Pero ese compromiso,¿ de dónde viene? Me imagino que es distinto para cada uno. Me quedaba claro que el hábito de salir a firmar se había hecho más frecuente desde que Alexis se mudó a Chicago, y que en los últimos meses Alexis lo hacía con un nuevo fervor. Las firmas en sí no parecían importarle tanto. Era más bien el proceso de salir a buscarlas, una tras otra, como si
hubiera algo en esa transacción que le hacía falta. Algo que se le había perdido y que estaba tratando de encontrar. Alexis me había dicho que era su manera de bregar con las presiones del día a día, su válvula de escape. Pero yo me sospechaba que había algo más. No fue fácil llegar a esto. Aunque lo conozco desde hace años, Alexis no es un tipo que se abre fácilmente. Ya lo han escuchado. Es un tipo con mucha seguridad. Siempre está buscando un ángulo nuevo, alguna ventaja para conseguir su
próxima firma. pero lo hace con sentido del humor. Se ríe fácilmente, hasta de sí mismo. Pero yo intuía que lo de las firmas era una cosa seria. Me tardé en llegar a la razón de fondo. Creo que le pregunté por qué lo hace de mil maneras, y cuando finalmente respondió, digo, cuando finalmente respondió de corazón, fue como abrir un grifo.
Este, nada, nos mudamos en el 2013. Y en el 2016 a mi papá le diagnosticaron cáncer del páncreas, que es pena de muerte, básicamente. Estuvo, está, estuvo muy cabrón difícil.
La noticia fue devastadora.
Es bien difícil estar acá, a la distancia, sabiendo que cada día que pasa, se pierde. Y sabiendo que mi papá tenía fecha de expiración de un año.
Eso era lo peor de todo, estar lejos de Puerto Rico y de su familia.
Me arrepentí de haberme ido. De no estar ahí para él, para mi mamá, para mis hermanos, para ayudar. Súper fuerte. Y perder a tu mejor amigo. Es difícil. Es difícil.
El padre de Alexis murió el 8 de abril de 2017. Alexis viajó a Puerto Rico para el funeral y después se dedicó a encontrar un comprador para la colección de tarjetas de béisbol de su padre. Era una colección valiosa y Alexis sentía que tenía que venderla para revertir el dinero con su madre y sus hermanos. Deshacerse de todas esas tarjetas fue uno de los momentos más difíciles de su vida.
Pero las vendí. Se me rompió el corazón, pero... Era algo necesario, como ejercicio de dejar ir y...
Y todavía está luchando entre despedir a su papá y tratar de mantenerlo vivo de alguna manera. Salir a firmar su manera de procesar el duelo.
Pero sí, esto es algo que yo hago y llevo siempre a mi papá conmigo. Sí, porque siempre me acuerdo cuando era chiquito que iba con él, siempre. como si estuviera él en el carro operando.
Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta. Luis nos cuenta el resto de la historia.
La noche del concierto fue la última vez que salí con Alexis. A las 11 de la noche lo llamé y me contestó con la misma actitud de
siempre.
Y nos fuimos al United Center de Chicago, el coliseo multitudinario donde Guns N' Roses estaba tocando. Alexis sabía que la banda saldría para la próxima ciudad esa misma noche y no parecía muy optimista con la idea de llegar a verlos.
Que básicamente la posibilidad de que firmen es negativo. Es cero por ciento. Pero nada, para que los vea yéndose, ¿no? Y vea a la coahuita yéndose.
Tenía razón. Necesitábamos algún tipo de desenlace. Aunque solo fuera ver al grupo alejarse en su autobús. Cuando llegamos al Coliseo, Alexis se estacionó en una calle trasera. Es un experto en encontrar los espacios que el público no ve. las puertas de atrás y las zonas de carga por donde entran y salen los artistas. Caminamos hasta llegar a la cerca. A lo lejos se veían los autobuses de la banda y los camiones de equipo. Y esta vez no estábamos solos.
En la cerca había cinco fans que acababan de salir del
concierto.
Aunque su voz suena gruesa, este era poco más que un niño, de unos 16 años nomás. Y me contó que él y sus amigos habían visto el show cuatro veces en las últimas cuatro ciudades donde Guns N' Roses había
tocado.
Estaban allí por la misma razón que Alexis y yo. Y entonces apareció el grupo, o al menos algunos miembros. Slash, el guitarrista y otros músicos más llegaron con sus maletas de instrumentos. Estaban a unos 15 metros de distancia y Alexis... Alexis se activó tan pronto lo vio. Se aferraba a la cerca y le gritaba a Slash que por favor le regalara un autógrafo,
solo uno.
Pero Slash ni se inmutó. Siguió directo al autobús. Las puertas se abrieron para dejarlo entrar y luego volvieron a cerrarse. Y desapareció. Feo. Alexis estaba despechado. Yo también. Volvimos al carro y esta vez estábamos seguros de que ya no íbamos a conseguir nada. Pero entonces pasó algo inesperado. Las puertas del autobús se volvieron a abrir y apareció una silueta a contraluz. Muchísimo pelo rizado y un sombrero de copa.
Era Slash, que se estaba bajando del bus. Era todo lo que hacía falta para que Alexis saliera corriendo Y yo me fui con él. Acompañado por su guardaespaldas, Slash se acercó a los chicos que estaban esperándolo y comenzó a firmarles CDs, camisetas y boletos de concierto a través de la cerca. Alexis era el último en la fila y se estaba impacientando. Pero cuando llegó el turno de Alexis, Slash lo miró de arriba abajo y se detuvo. Dijo que no confiaba en él y se negó a firmarle.
Su guardaespaldas lo acusó de ser un dealer que iba a revender el autógrafo en eBay.
Alexis
le decía que no. Pero cuando el guardaespaldas le exigió que le mostrara su boleto del concierto Alexis no tenía nada que enseñarle porque no había ido al
concierto. Para
Slash, esta fue la gota que colmó la
copa.
Y terminó diciéndole que apestaba a dealer de eBay. Fue un golpe muy bajo para Alexis. Lo estaban acusando de ser todo lo que él odia en el mundo de los autógrafos y no sabía cómo responder. Slash estaba a punto de irse y fue en ese momento que decidí romper todas las reglas del periodismo y me metí en la historia. Se supone que yo me iba a dedicar
solo a documentar a Alexis sin influenciar los hechos. Pero había pasado demasiado tiempo con él en los últimos días y no quería que se fuera a su casa con las manos
vacías.
Y por eso le dije a Slash que Alexis era un tipo genuino, quien no revendía
autógrafos.
Que simplemente era un fan que quería un autógrafo. Y Slash... Le firmó. Pero no sin antes decirle que no quería ver el disco que estaba autografiando en eBay. Y luego se fue.
Te lo firmó?
Sí.
Está
firmadito, dedicado. Pero ven lo que te digo.
Unos minutos después, ya dentro del carro con Alexis, finalmente pude ver por qué lo hace. El frío, las horas muertas de espera, el rechazo de tantas celebridades. Es difícil de explicar. Esa sensación de tener un disco garabateado en las manos y pensar que has logrado algo grande. Algo que a Alexis le va a durar el resto de su vida. Al
menos algo se firmó, cabrón. No perdimos el full entero.
No, pero puedo ver la emoción de esta mierda.
Es un tribeo. Ya se fue la guagua de él
Esperamos un rato más por Axel pero nunca apareció. Realmente ya no nos hacía falta. Eran las 3 de la mañana cuando regresamos a nuestras casas y aunque no habíamos conseguido el autógrafo que Alexis quería conseguimos algo más. Ese momento en que Alexis logró convencer a uno de sus ídolos de adolescencia que le diera un autógrafo. Y eso era suficiente.
Hace un tiempo, Alexis nos contó que Ryan Loveless, su amigo colombiano, le consiguió un dólar firmado por Axl Rose. Luis Trelles es Senior Editor and Embedded de National Public Radio, vive en San Juan, Puerto Rico. Esta historia fue editada por Camila Segura y por mí. El diseño y sonido es de Andrés Aspiri, con música de Remy Lozano y
de Andrés. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Leán, Adriana Bernal, Anderis Casasuz, Diego Corzo, Emilia Herbeta, Camilo Jiménez Santofimio, Germán Montoya, Sara Selva Ortiz, Samantha Proaño, Natalia Ramírez, Juan Pablo Santos, Bruno Selsa, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Franklin Villavicencio, Luis Fernando Vargas y Mariana Zúñiga. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios. Se produce y se mezcla en
el programa Hindenburg Pro. Si te gustó este episodio y quieres que sigamos haciendo periodismo independiente sobre América Latina, apóyanos a través de Deambulantes, nuestro programa de membresías. Visita radioambulante.org y ayúdanos a seguir narrando la región. Radioambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.
