Somos fabricantes - podcast episode cover

Somos fabricantes

Dec 13, 201616 minSeason 6Ep. 4
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Los Hermanos Zampelunghe decidieron intentar lo imposible. Y lo lograron.

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Transcript

Speaker 1

Bienvenidos a Red Ambulante desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Como ahora formamos parte de NPR, queremos volver a nuestras historias favoritas para presentárselas a nuestra nueva audiencia. Comenzamos entonces hoy en Cábana, Argentina. Es un pueblito en una zona rural del estado de Córdoba.

Speaker 2

Soy Elio San Pelumbre. Nací el 2 de abril del año 33. Mi profesión es agricultor. El estudio llegué

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a tercer grado, tercer grado primario. Helio y su hermano Jorge Zampelunge crecieron durante los años 30 y allí, en medio de la nada, se dedicaron a inventar máquinas. Nuestros productores Ariel Plasencia y Luciano Daniele visitaron a Helio, que hoy tiene más de 80 años y vive en la misma casa y tiene el mismo taller de siempre. Luciano Daniele nos cuenta más.

Speaker 3

Cuando llegué a la casa de Helio, él estaba a punto de salir para misa. Me pidió que lo esperara y me dijo que ahí quedaban su casa y su galpón abiertos. que me sintiera en libertad de mirar y agarrar lo que quisiera. Sin dudarlo, me metí en el taller y me encontré con el resumen de lo que

había sido la vida de los hermanos Zampelungue. No solo los inventos y artefactos que habían construido desde que eran chicos, sino además miles de pedazos de hierro, de madera, voleas, muchas herramientas, unas oxidadas y otras no, y ese motor rústico pero fiel que le dio forma a muchos de los inventos. Cuando Helio volvió de misa, Me encontró examinando todo el taller e intentó explicarme que esa misma curiosidad fue la que lo inició en el camino de los inventos.

A pesar de su timidez, cuando le pregunté sobre su infancia, me empezó a describir este pueblo en el que creció.

Speaker 2

Era muy despoblado, pocas casas, muy pocas. Después se agrandó más. Era un pueblito lindo, muy tranquilo. A

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mí me gustó siempre. Está bueno. En el campo donde vivían no había luz eléctrica. El pueblo está más o menos a dos kilómetros. Vivían, y aún hoy, de la agricultura y la ganadería. Ni siquiera hoy en día hay agua potable. La sacan de un pozo. Y en esa época no tenían acceso a la radio. Muy de vez en cuando les llegaba uno que otro periódico de la capital de Córdoba. Eran los comienzos de los años 40. El único contacto con el mundo exterior era la pequeña escuela

a la que iba Helio con su hermano. Al no tener con qué entretenerse, Helio pasaba su tiempo acostado en el pasto viendo cómo pasaban los aviones fumigadores. Se obsesionó con los aviones.

Speaker 2

Cuando tenía 7 u 8 años, bueno, se me metió en la cabeza de que quería hacer avión. La pasión más grande mía era hacer avión. No era tanto el deseo de volar, sino de hacerlo y de verlo volar. Y cuando mi hermano era más grande, bueno, le comenté a él, y él decía, tú tenés mucho más entusiasmo de hacer avión

Speaker 3

Los hermanos se enteraron que existía una revista gringa que se llamaba Mecánica Popular y le rogaban a sus padres que se la consiguieran. Esta revista existió desde 1902 y su idea era introducir a los lectores en el hágalo usted mismo, enfatizando en cómo la ciencia y la tecnología se podían aplicar a la vida diaria. La versión latinoamericana se comenzó a conseguir en Argentina desde el 47. Y fue uno de los pocos materiales de lectura que llegaba a manos de los hermanos Ampelungue.

Speaker 4

Modernícese. Fabrique un avión. El avión metálico que usted puede construir. Usted también puede viajar al espacio

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Titulares como estos dispararon la inventiva que Helio reconoce tener desde chico y que le fue transmitiendo a su hermano. Pero esa afición por las hélices y las turbinas no fue fácil de poner en práctica. Tuvieron que aprender todos ellos mismos. La construcción del avión tuvo varios retos, pero uno principal, el dinero. Los Ampelungue lo resolvieron abriendo un pequeño taller mecánico en su chacra.

Speaker 2

Cuando hicimos unos pesos salimos en busca del motor. Fuimos a un aeroclub. El que lo atendió, no sé si era el presidente del aeroclub o el dueño del motor. Y lo pregunta,¿ en qué lo vamos a utilizar? Queremos hacer un avión. Pero dice,¿ ustedes son ingenieros? Más que ingenieros. Y si lo hace, no pretenderá que vuele. Bueno, salimos de ahí bastante desanimados.

Speaker 3

Esa experiencia empezó una relación complicada con el avión y su futuro. Los hermanos se dieron cuenta que al contar la verdad de sus planes, la gente se burlaba de ellos. Así que decidieron decir mentiras y decir que el motor era para construir una lancha. Y ahí lo pudimos conseguir más fácil.

Speaker 2

Pero el que lo vendió el motor no estaba muy convencido. Se quiso llegar hasta la chacra nuestra. Y ahí comprobó que estábamos haciendo un avión, no una lancha.

Speaker 3

Hasta logró convencerlos de que dejaran su obra. Y así fue por un par de años, hasta que un buen día decidieron seguir con la construcción. Los problemas de la falta de recursos, de la energía eléctrica y hasta de la ausencia de planos fueron resueltos poco a poco.

Speaker 2

No había planos, no había nada de eso. Dice, revista sí, pero medidas, todas esas cosas, no había nada. Cuánto largo que un avión, no lo tenían ellos. Eso todo lo hacían acá con nosotros. Tizan el suelo, sino por medio de palo y marcaba la forma en que era el avión. Nada

Speaker 3

más que

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eso.

Speaker 3

La noticia de que los hermanos Zampelungue habían vuelto al proyecto del avión no demoró en correr por el pueblo. Y

Speaker 2

cuando iban por el pueblo, la gente, algunos los cargaba. Dice, con una tenaza y un martillo pretenden hacer un avión, no es posible, bueno. Pero¿ cómo lo desanima la gente? Ahí estaría en su acierto, no sé. Pero lo desanimaba cualquier cantidad de eso.¿ Quién no iba a volar?¿ Quién no iba a volar

Speaker 3

Graciela Bartoli, una vecina de los hermanos, se acuerda bien de las opiniones divididas que tenía la gente.

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Sí recuerdo que fue todo un alboroto. No era simple decir, bueno, hizo un avión y va a salir volando. Gente le creía y gente decía, bueno, no, eso aterriza a tierra, viene a pique. Y otros, bueno, conociéndolo como eran ellos dos, apostaban a que sí.

Speaker 3

Después de dos años de duro trabajo, la nave estaba terminada. Helio tenía 30 años y Jorge 20. Pero venía el gran problema.¿ Quién lo volaba? Nosotros ni uno ni otro éramos pilotos. Tenían entonces que encontrar a alguien dispuesto a correr el riesgo de volar un avión hecho en casa. Según Helio, se

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enteran dos pilotos de la localidad vecina. Era José Araya y Libro Biondi. Y se vinieron. Cuando lo vieron, lo vieron tan bien terminado que se tenía mucha fe que iba a volar bien.

Speaker 3

Libero Biondi, piloto de profesión, todavía recuerda ese momento, aunque en su versión los zampelungues fueron quienes lo buscaron a él y lo convencieron de pilotear el avión. Y

Speaker 6

no

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había

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muchos aviadores en aquella época. Era uno de los pocos. Así que vinieron a buscarme y me convencieron. Un día me invitaron para comer un asado y de paso volar el avión. Y me dijeron que estaban esperanzados que el avión volara, que querían ver si volaba o no volaba.

Speaker 3

Líbero, ni lento ni perezoso, se animó a aceptar volarlo.

Speaker 6

Recuerdo que le dije, mirá, digo, San Pelungue, yo no me hago responsable si al aterrizar lo rompo.

Speaker 3

Pero Líbero nos asegura que él no aceptó el desafío por valiente. No, siempre fuimos valecobardes.

Speaker 6

Era la edad que era joven, la edad del pavo tal vez. Y entonces en aquella época a uno le gustaba cualquier cosa. Y habré tenido 25, 27, 28 años habré tenido.

Speaker 3

Después del asado, llegó el momento clave. Ver si volaba o no.

Speaker 6

Bueno, en verdad que no fue tan fácil porque... Había un potrero de cerdo y para levantar vuelo sacaron un alambrado y al levantar vuelo, en el primer intento, se plantó el motor y vuelo otra vez, la segunda también. Entonces me di cuenta de que tenía, por ejemplo, 10 litros de nafto, 15, y al cambiar de posición para levantar vuelo no entraban hasta el carburador y se plantaba y

Speaker 3

caía. Entonces decidieron echarle 20 litros de nafta a ver qué pasaba. Y ahí sí anduvo, sí.

Speaker 2

Lo agarraron y lo sacaron afuera. Y lo llevaron a punta del potrero. Y allá lo aceleraron. Qué alegría nosotros cuando lo vimos en el aire. Pero el miedo era muy grande.

Speaker 6

No, cuando estaba arriba estaba un poco preocupado. Tenía miedo de romper el avión cuando aterrizaba. Así que no tuve tiempo de mirar por dónde iba. Y sí, miedo, sí. Di una vuelta grande y me acuerdo que cuando quería doblar, el avión se iba. Y entonces andaba un poco preocupado. Así que di una vuelta y apunté ahí al potrero y lo pude aterrizar con mucha suerte sin romper el avión, el tren, nada. Cuando aterrizó fue una cosa

Speaker 2

que no se puede contar.

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Los San Pelungue para ellos fue un día espectacular porque lloraban. Después venía gente del pueblo Cábanas y venían y me felicitaban por el viaje que hice sobre Cábanas. Y resulta que me llevo una sorpresa, yo ni sabía que pasé sobre Cábanas, de la preocupación que tenía para poder aterrizar y no romper el avión, ni sé por dónde pasé. Y ahí me enteré de que sí, que había volado sobre Cábanas.

Speaker 3

Los recortes de periódicos que todavía decoran el galpón de los San Pelungue reviven la hazaña. Y encima vuela, fue el título del diario más importante de la región. Era marzo del 64 y los pocos medios de la época cayeron a los pies de Helio y Jorge. Para la gente de Cábanas fue un gran acontecimiento. Pero no todos los habitantes creían que el avión de los hermanos hubiera volado. Así que exigieron un segundo vuelo. Entonces al año, el año viene un piloto

Speaker 2

de la ciudad de Venado del Puerto. Y le dije, no, dé una vuelta

Speaker 3

al puerto, así lo ven todos. Venado tuerto, dijo él. Así se llama la ciudad de donde venía el piloto. Todos vieron volar el avión que había construido Helio junto a su hermano. Llegar a este momento había consumido todo en las vidas de Helio y Jorge. El sueño que tuvo Helio cuando apenas tenía siete años se materializó a los treinta. En un lugar como Cábanas, en los años sesenta, un hombre de su edad ya tenía esposa e hijos. Helio ya se sentía demasiado viejo.

Speaker 2

Mirá si tendría pasión de hacer un avión que tenía miedo de casarme. Porque alguna chica se da por mirarme. Pero si tengo una mujer que no es contra el avión, se termina el sueño. Después, a los 30 años, voló el avión. Bueno, vamos a buscar novio y más que ya no me miraba nadie. Y tú que sigues solo, ¿no?

Speaker 3

Ese seguir solo de Helio es en realidad continuar codo a codo con el hermano, pasar los días en la chacra con sus padres, la agricultura y principalmente en el taller, dedicándole muchas de sus horas a nuevas criaturas mecánicas.

Speaker 2

Hicimos la turbina más de 20 años para perfeccionarla. Cuando vimos que más o menos tenía fuerzas para empujar, bueno, agarramos y diseñamos un carruaje de cuatro ruedas y lo puse muy arriba. Ya a 40, 50 kilómetros daba, pero el ruido era muy grande el ruido. Y una noche se lo daba por pasar en el pueblo. Y la gente no estaba enterada de que nosotros habíamos hecho esa turbina. Y ya a la media de la noche casi estaban todos durmiendo.

Se levantaban de la cama y salían afuera y empezaban a mirar para arriba, creyendo que era un avión, pero no

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no

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era

Speaker 3

un avión. Hoy hay dos helicópteros que inventaron que aún descansan en el galpón. Pero esto sí que nadie se animó a pilotearlos. Sin embargo, Elio no quiso quedarse con la duda y recuerda que por su cuenta resolvió atar el helicóptero a un árbol. Y como si fuese una marioneta, manejó a distancia los controles y logró hacerlo despegar.

Speaker 2

Algunos sí, subí arriba, los manejé, pero no los largué, no los pude largar. Primero para probarlos, los ataban afuera y los manejaba todo por cuerda, ¿no? Y ahí lo aceleraba y

Speaker 3

lo levantaba. La afición de Helio por los inventos siempre lo mantuvo un poco aislado de la comunidad. Se peleaba constantemente con todos, pero siempre tenía a su hermano de su lado. Helio y Jorge contrató a los que le decían que no podían lograr sus metas, desde que eran chicos. Hoy a Helio, con sus 80 años, le toca batallar con uno de sus más crueles oponentes, la soledad de sus días, porque hace un año su hermano Jorge falleció. Es mucho amargo

Speaker 2

sí, pero duele, duele la locura. No, pero en la vida no hay que quererse tanto. No sé si en un catecismo hay que quererse mucho más. No, no creo eso. Porque si vos no te querés tanto, no lo sentís tanto. Pero cuando lo querés, sí.

Speaker 3

Pero Helio sigue trabajando en su taller y sigue soñando con sus máquinas. Combate el dolor de su artrosis trabajando y aunque no nos adelanta mucho sobre su nuevo proyecto, nos deja saber que está haciendo una carroza y que quiere sorprender una vez más a Cábana. Si anda va a ser muy lindo. Yo la

Speaker 2

quiero pasar en el pueblo. Claro, así, un día domingo y paso a la calle. Una pasada

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¿no? Son las seis de la tarde cuando le digo a Helio que ya es hora de que me vaya. Pero Elio parece querer demorarme y que nuestro domingo se extienda. Me dice, yo

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tengo un instrumento

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Está hablando de un acordeón que le regaló su padre cuando tenía 30 años. Me cuenta que después que el avión voló, tomó clases particulares. Lo saca y me sorprendo cuando esos dedos toscos que han manipulado un martillo de hasta 5 kilos empiezan a hacerlo sonar. Helio se guardó para el final la última gran sorpresa. Los únicos acordes que recuerda de memoria son los de un vals que se llama El Aeroplano. El Aeroplano

Speaker 1

Luciano Daniele y Ariel Plasencia son periodistas y viven en la ciudad de Rosario, Argentina. Esta historia fue editada por mí, Daniel Alarcón y Camila Segura. Muchas gracias a Sokio de Punk Productions. El equipo de Radio Ambulante incluye a Silvia Viñas, Ben Martínez, Luis Trelles, Elsa Liliana Ulloa, Barbara Sawhill y Carlos Rolando. Nuestros pasantes son Emiliano Rodríguez, Andrés Aspiri y

Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO. Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web, radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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