Antes de comenzar, una advertencia. En este episodio hay escenas fuertes que no son aptas para niños. Se recomienda discreción. Aló, ¿Dr. Reyes de Chandía? Por favor, que nos ayuden, que cese el fuego. La situación es dramática. Esto es Rao Ambulante, soy Daniel Alarcón.
Estamos aquí rodeados de personal del N-19.
Y este es Alfonso Reyes de Chandía, presidente de la Corte Suprema Colombiana. En la tarde del 6 de noviembre de 1985, estaba en el cuarto piso del Palacio de Justicia, en Bogotá.
Estamos con varios magistrados, un buen número de magistrados y de personal subalterno. Pero es indispensable que cese el juego inmediatamente
Ese día, la guerrilla del M-19 se tomó el Palacio de Justicia en la capital colombiana. Y esta entrevista se hizo para la radio Todelar. Se escuchó en todo el país.
Divulgue a la opinión pública eso para que el presidente dé la orden.
Y quienes hayan escuchado la desesperación en su voz jamás lo olvidarían.
El asalto comenzó a las 11 y 40 minutos de la mañana. Los guerrilleros entraron a las oficinas del primer piso y ordenaron a sus ocupantes tirarse al piso. Dos heladores que trataron de impedir la entrada fueron muertos.
Los policías que había alrededor del palacio oyeron esos primeros disparos y reaccionaron para tratar de controlar la situación. Inicialmente no sabían de qué se trataba ni qué grupo era. Corrían por la Plaza de Bolívar intentando entrar al edificio, pero desde las ventanas los guerrilleros les disparaban. Llamaron refuerzos. Luego se supo que eran 35 guerrilleros los que entraron al
Palacio de Justicia. Tomaron como rehenes a todas las personas que estaban adentro, magistrados, consejeros de estado, visitantes ocasionales, personal de servicio. En cuestión de minutos, el ejército y la policía rodearon el edificio. Y como se escucha en la entrevista con el presidente de la corte, esa tarde, este edificio público, en pleno centro de Bogotá, a pocos metros del Congreso y de la Casa Presidencial, este edificio parecía
más bien un campo de batalla. El enfrentamiento entre el ejército, la policía y los guerrilleros duraría un día entero. Es difícil saber cuánta gente había dentro del palacio al momento de la toma, pero lo cierto es que todo terminó con más o menos 100 muertos, entre guerrilleros, militares, policías y civiles.
el interior del edificio quedó casi completamente destruido. Esta semana se cumplen 40 años de la toma del Palacio de Justicia, un acto de violencia política que marcó la historia de Colombia. Por eso, hoy volvemos a estos dos episodios que publicamos hace algunos años, para no olvidar, porque lo que pasó ese día, las diferentes versiones de lo que ocurrió, sigue siendo tema de controversia. Nuestro productor senior, David Trujillo, nos cuenta la historia.
El M-19 nació en 1970. No es la única guerrilla en la historia de Colombia, claro, pero sí fue la única que nació como guerrilla urbana. En algún momento sí lo hicieron, pero cuando empezaron, no eran esos guerrilleros que quizás están imaginando, los que andan por el monte o tienen campamentos en
la selva. Al contrario, el M-19 se caracterizaba por hacer actos de protesta muy llamativos, como el robo de la espada de Simón Bolívar o el robo de más o menos 5.000 armas de una instalación fuertemente custodiada del ejército en Bogotá. Pero sí se parecía a las otras guerrillas en esto. Quería llegar al poder por la vía armada y eso la llevó a una pelea muy sangrienta contra el Estado
que dejó varios muertos. Tres años antes de la toma, en 1982, el gobierno de Belisario Betancur había abierto la posibilidad de una salida negociada al conflicto con varias guerrillas. Esto incluía al M-19. No quiero que
se derrame una sola gota más de sangre colombiana de nuestros soldados
tan negados ni de nuestros campesinos. Hasta se alcanzó a firmar un acuerdo en 1984 para parar el fuego y buscar la paz.
Hoy, a la una de la tarde... Pero
a pesar de que sí se firmó, en realidad nunca hubo voluntad de paz de ninguno de los dos lados. Siguieron atacándose mutuamente y el cese al fuego nunca se cumplió. En 1985, con la toma del palacio, el pacto con el M-19 se rompió definitivamente.
Los guerrilleros que se tomaron del Palacio de Justicia hoy tenían provisiones, ropa, comida, drogas suficientes para pasar varias semanas dentro del edificio. Dos tanques del ejército están en el patio interior del edificio. Aún quedan muchas personas en diferentes oficinas.
El presidente Betancourt, como comandante supremo de las Fuerzas Armadas, era quien debía tomar la decisión de cómo enfrentar la toma. La situación era muy confusa. Muchos familiares de rehenes solo podían darse cuenta más o menos de lo que estaba pasando por televisión y por radio, esperando ansiosos que todo terminara bien. Mi
nombre es María del Pilar Navarrete Urrea, tengo 53 años
Pilar es la esposa de Héctor Jaime Beltrán, uno de los meseros de la cafetería del Palacio.
Estudiaba en el colegio con la hermana de Héctor Jaime, o Jimmy, como le dice ella.
Alguna vez tuvieron que ensayar juntas una obra de teatro en la casa de los Beltrán. Ese día Pilar lo conoció, un muchacho que había nacido en Sahagún, en la costa caribe colombiana, y que tenía un acento que a Pilar le gustaba. Empezaron a salir y luego se hicieron novios. Un año después tuvieron una hija. Estaban muy jóvenes, pero decidieron casarse y vivir juntos. Después vinieron dos hijas más
y ahí la situación económica se hizo más complicada. Jimmy trabajaba en lo que resultara, como bodeguero en un almacén de telas o en una tienda de repuestos de neveras. Pilar se encargaba de cuidar a las niñas, que todavía estaban muy chiquitas. Y sí, era difícil, sobre todo por las deudas. Pero Pilar la recuerda como una época bonita. Quería mucho a su esposo.
La sonrisa, el hablado, cómo me trataba. Éramos muy felices porque no dejábamos de bailar, porque no dejábamos de reír.
Amorosísimo, con sus días muy felices de tener las niñas. A principios de 1984, Jimmy se quedó sin trabajo. No era el mejor momento porque no tenían ahorros y encontrar empleo era muy difícil. Por un lado, Jimmy era muy joven y no tenía una profesión. Y por el otro, el país pasaba por una recesión económica. Pero además de todo, Pilar estaba embarazada otra vez de su cuarta hija. Tenía tres meses de embarazo. Pero en esos días, la prima de Pilar la llamó y le dijo...
Pilar, imagínate que mi novio, el papá de él, le dieron la cafetería del Palacio de Justicia que queda en la Plaza Bolívar para que la administre. Y él necesita personas confiables que trabajen. Y mira, a mí no me parece malo. Jimmy puede ser de mesero. Le dije, Jimmy, de mesero.
Se le hacía raro porque no tenía experiencia en eso, pero la propuesta no sonaba mal. Trabajaría de 7 de la mañana a 5 de la tarde y tendría libres los fines de semana. Lo mejor de todo era que aparte de su salario mínimo, iba a recibir propinas, una plata extra que le serviría muchísimo. Así que aceptó. Esa cafetería estaba dentro del palacio y la visitaban los magistrados, funcionarios públicos o visitantes de las cortes. Era un espacio agradable, de
pisos de madera. Y tenían cortinas en paño grandísimas que caían
Y en tapete oscuro. Y había mesas redondas muy bonitas.
Después de unos meses trabajando ahí, Jimmy estaba feliz como mesero, así no le gustara el corbatín que tenía que usar. Se la llevaba bien con sus compañeros, podía jugar fútbol los domingos y pasar más tiempo con su familia. No sabía mucho de política, en realidad le interesaba poco, pero en las noches le contaba a Pilar que había atendido a tal magistrado o a tal político, a gente que
veía en los noticieros. La situación económica se hizo más estable y tenían planes como comprar una casa o viajar a Sahagún, pero no había afán.
Lo vivimos bien, tal vez después él diría, oye, ya esto no es suficiente, ya las niñas están grandes, ya trabaja tú y yo estudiaría o otras cosas, pero para ese entonces era perfecto
El Palacio de Justicia era uno de los edificios más importantes de la vida pública colombiana. No solo era sede de la Corte Suprema, sino del Consejo de Estado. Cada día se llenaba de funcionarios, de abogados, jueces, la gente que de alguna u otra manera tomaba decisiones que afectaban el futuro del país.
Nací en Colombia, en Barranquilla. Éramos cinco hermanos, ya se murió uno, soy la menor de cuatro hermanos.
Esta es Diana Andrade. Su papá, Julio César Andrade, era abogado. De joven tuvo varios cargos importantes en Barranquilla, pero...
Desafortunadamente, en uno de sus cargos de juez, fuimos amenazados y salimos para Bogotá a comenzar una nueva vida.¿ Qué pasó?
Era 1984, un momento muy complicado para Colombia, sobre todo por el narcotráfico que estaba invadiendo todos los rincones del país, incluida la política nacional. Por otro lado, los grupos armados ilegales, tanto guerrillas como paramilitares, vieron en el narcotráfico una buena opción para financiarse, y empezó una guerra por el control de tierras para cultivo, rutas de tráfico y pistas de aterrizaje. Además, se había desatado una gránula de violencia contra las personas
que trabajaban con la justicia, algo sistemático. Entre 1979 y 1991, un promedio de 25 jueces y abogados eran víctimas de atentados o eran asesinados cada año. Un año antes de la toma del palacio, mataron al ministro de justicia. El papá de Diana, Julio César, era juez de instrucción penal en Barranquilla. Esa figura ya no existe, pero en resumen, se encargaba de investigar posibles culpables de diversos crímenes. Una labor muy riesgosa
en esos años. Cuando llegaron a Bogotá, Julio César tenía 37 años, Diana tenía 6. Usaba gafas que lo hacían ver 20
años mayor, pero pues era joven, era un tipo muy serio. muy estudioso, muy intelectual, de principios bien fuertes. Lo recuerdo escribiendo con la máquina de escribir, tomando café y fumando.
Los magistrados de ese momento servían de por vida, o hasta que ellos mismos se retiraban por voluntad propia. Cuando uno dejaba el puesto, el resto de los magistrados escogía el reemplazo dentro de una lista de candidatos que cumplieran ciertos requisitos. Así que buscaban abogados jóvenes, muy brillantes y dedicados, que los ayudaran en esos últimos años y más adelante pudieran reemplazarlos en sus puestos. Entre esos abogados jóvenes estaba Julio César Andrade.
Mi papá entró como auxiliar del magistrado Dante Fiorillo Porras en el Palacio de Justicia.
Pero claro, Diana no sabía nada de eso en ese momento.
Yo ni siquiera sabía que mi papá a dónde trabajaba. Yo solo sabía que leía, leía libros, leía libros, leía libros.
Un año después de que Julio César entrara a trabajar al Palacio de Justicia en 1985, la posibilidad de paz con el M-19 empezaba a desvanecerse. El ejército mató al segundo al mando del M-19 y después la policía asesinó a 11 guerrilleros que estaban repartiendo leche robada en un barrio popular de Bogotá. El M-19 sentía que el gobierno no respetaba el acuerdo de paz que se había firmado un año
antes y empezó a planear actos violentos para protestar. El 18 de octubre del 85, por ejemplo, algunos medios revelaron que la inteligencia militar había descubierto un plan del M-19 para tomar el Palacio de Justicia. Pero la situación estaba complicada no solo por el lado del ejército, la policía y las guerrillas,
sino también por los narcotraficantes. El grupo de los extraditables, narcos que no querían ser extraditados a Estados Unidos, estaban amenazando a varios magistrados porque en ese momento era la Corte Suprema la que estaba decidiendo si era legal o no extraditarlos. Esas amenazas, que ya eran constantes, hicieron que la policía reforzara la seguridad del palacio y restringiera la
entrada de personas. No era difícil proteger el edificio. En ese entonces, el palacio solo tenía dos entradas, la del estacionamiento y la principal que daba la plaza de Bolívar. Pilar, la esposa de Jimmy, el mesero de la cafetería, vio mucho al palacio. Casi todos los días lo esperaban en la cafetería y luego se devolvían juntos a la casa. Pero desde que empezaron a reforzar la seguridad, Jimmy le dijo que era mejor que no fuera. El 6 de noviembre
de 1985 era un miércoles. Ese día Pilar tuvo que ir hasta el colegio de su hija mayor a pagar la matrícula. Había acordado con Jimmy que después lo llamaría al teléfono de la recepción del palacio para confirmarle que todo había salido bien. Pilar volvió a la casa con sus hijas.
Le empecé a llamar a las 11 de la mañana y ocupada, ocupada, 11 y media, ocupada, pi, pi, pi, pi, entró una amiga mía, Pili, de los dirigidos de la emisión de Santa María del Palacio de Justicia.
Pilar corrió a prender el radio.
¡Extra! Ofrecemos en Caracol un boletín extraordinario de última hora.
Urgente. Acaba de ser tomada la Corte Suprema de Justicia. Atención, la situación es delicada.
Me encuentro acá, a escasos metros de la entrada principal del Palacio de la Corte. Unidades de la PM, de la policía, en este momento están contestando los disparos que se producen en el interior, especialmente en el...
Y lo pagué porque las niñas estaban ahí todas almorzando. Y no, a él no le pasa nada. Porque él no es ninguna persona importante. Porque él no es ningún magistrado. Porque él no es guerrillero. A él no le pasa nada. A él lo van a dejar ahí quietico. Él sale muy pronto.
También estaba tranquila por lo que había pasado en febrero de 1980, cuando guerrilleros del M-19 se tomaron la embajada de República Dominicana en Bogotá. Esa vez tuvieron como rehenes a más de 50 personas, entre embajadores, funcionarios del Estado y personal del servicio. Pedían la salida de la cárcel de 300 compañeros suyos y 50 millones de dólares. Si no les cumplían, amenazaban con matar
a dos rehenes cada 10 minutos. Empezaron las conversaciones con el gobierno de Julio César Turbay, el presidente de ese entonces, y al segundo día dejaron salir a los empleados de la embajada. Después de dos meses de negociación, liberaron el resto de los rehenes. A cambio, recibieron un millón de dólares y asilo político en Cuba.
Yo soy Gabriel Andrade, soy abogado, hijo del magistrado auxiliar Julio César Andrade.
Gabriel es el hermano mayor de Diana, la que vimos hace un rato. Cuando fue la toma del palacio tenía 17 años. Ese día estaba en el colegio presentando su último examen de matemáticas para graduarse un mes después. La
rectora entró y me dijo, Andrade, vamos que lo llevo a su casa.
No entendía. Le preguntaba a la rectora qué pasaba, pero ella le decía que en su casa le explicaban.
Cuando llegué, mi mamá estaba oyendo radio. No, que hay algo allá en el Palacio de Justicia. Tu papá está allá. Que me iba a imaginar yo semejante cosa.
El día anterior a la toma, y por razones que aún siguen sin estar claras, quitaron a los 22 policías que vigilaban el palacio. Quedaron a cargo solamente seis heladores de una empresa privada de vigilancia. Por eso fue tan fácil que entre las diez y media y las once de la mañana, siete guerrilleros entraran caminando por la puerta principal, y otros 28 entraran en camiones por el estacionamiento. Muy rápidamente
se fueron tomando los cuatro pisos del palacio. El M-19 pedía que el presidente Betancur fuera hasta el Palacio de Justicia. Querían que los magistrados de la Corte lo juzgaran, entre otras cosas, por haber incumplido el acuerdo de paz. También pidieron que se fueran publicando sus comunicados en diferentes medios del país a medida que avanzaba la toma, dando a
entender que iban a ser varios días. La idea que tenían era de una negociación prolongada, algo parecido a lo que había pasado con la toma de la Embajada de República Dominicana cinco años antes. Pero no contaban con que la fuerza pública actuara tan rápido para retomar el edificio. Los guerrilleros disparaban por las ventanas a los policías que corrían alrededor, y ellos también les disparaban para poder entrar al palacio. En ese intercambio de fuego inicial, mataron a
un transeúnte. Poco tiempo después de la toma, francotiradores de la fuerza pública se ubicaron en edificios cercanos. La zona fue acordonada y las tropas del ejército llegaron a la plaza de Bolívar.
La ciudad fue totalmente aislada en el centro. Hubo movilización de unidades del ejército y de la policía. Estas últimas especializadas para rescates, acciones contra el secuestro.
Gabriel estaba desesperado. Su mamá ya había hablado con Julio César por teléfono y le había dicho que no se moviera de la casa. Pero Gabriel quería que él mismo le explicara qué estaba pasando. Entonces lo llamó a su oficina y logró hablar con él.
Me dijo, esto está muy duro. Quédate allá, ya yo le dije a tu mamá lo que tenía que hacer. Yo nunca le oí la voz a mi papá temblando como ese día.
El presidente Betancourt dio las primeras instrucciones a la fuerza pública alrededor de la una de la tarde. Tenían que entrar al palacio y liberar a los rehenes. Los militares se instalaron en la Casa del Florero, un museo que queda justo al frente del palacio cruzando la calle. Desde ahí se manejaba toda la operación de retoma del palacio. Pilar, la esposa de Jimmy, se fue a la casa de su suegra a esperar. En televisión salían informes cada tanto.
Los periodistas empezaron a informar lo que alcanzaban a ver desde afuera.
A la una y cuarenta minutos de la tarde del día de hoy, las fuerzas de seguridad lograron rodear el Palacio de Justicia intercambiando disparos con los individuos que se tomaron dicho palacio. Varias ambulancias apostaron para recoger heridos. Ver televisión
fue cruel. Cada vez que salía alguna persona que les arrastraron o algo, uno quería reconocerlo entre esas personas.
Pilar vio que la situación se estaba complicando cuando empezaron a llegar tanques de guerra a la plaza de Bolívar.
En sentido norte-sur, los tanques entran por la carrera séptima. El cascabel está a punto de ingresar.
Salió humo del palacio. Los periodistas no podían saber qué pasaba, pero suponían que eran los militares que ya estaban adentro y que lanzaban bombas de humo. La
angustia que se siente es algo impresionante. Sentía que me iba a morir.
Vamos a una pausa y ya volvemos. Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Pilar, la esposa de Jimmy, y Diana y Gabriel, los hijos de Julio César, seguían por televisión el minuto a minuto de lo que estaba pasando en el palacio. Mientras tanto, el presidente de Colombia, Belisario Betancourt, había dado la orden a la fuerza pública de entrar al edificio y liberar a los rehenes. David Trujillo nos sigue contando.
Los militares se comunicaban entre ellos por radiotelefonos. Algunas de estas comunicaciones fueron interceptadas por un radioaficionado que vivía a pocas cuadras del palacio. El material se entregó a la justicia 20 años después, pero durante varios años, nadie, aparte del aficionado y los militares, oyó estas grabaciones que incluimos acá. No son grabaciones tan claras, pero lo que se alcanza a escuchar es cómo el militar va pidiendo acción y ruido. Oigan.
Acaba de llamar Paladín 6, dice. Que no los dejen descansar, es decir, que no dejen de disparar en ningún momento, así los guerrilleros lo hicieran. Paladín 6 es el nombre con el que se identificó en la operación el general Rafael Zamudio, el comandante del ejército. Mientras tanto, la policía decidió intentar entrar por encima del edificio.
Helicópteros de la Policía Nacional entonces comenzaron a descargar agentes especiales que se descolgaron por varias de las paredes del Palacio de Justicia para internarse en los pisos superiores de dicho edificio y enfrentar a los del M-19.
En la casa del magistrado auxiliar Julio César Andrade la angustia era muchísima.
Tengo flashbacks así de acordarme en mi casa había un sillón, un sofá marrón y me acuerdo de que toda mi familia empezó a llegar de Barranquilla y todos los hermanos de mi papá lloraban y se sentaban en el sillón y cada vez empezaba a llegar más gente, más gente, más gente lloraba. mi mamá ya estaba bajo el efecto de tranquilizantes intravenosos porque ya las pastillas no le hacían fue muy duro
a medida que el ejército entraba con todo su arsenal iba liberando rehenes y los llevaban custodiados hasta la casa del florero esta es una de las comunicaciones interceptadas en las que hablan de eso Estamos evacuando, evacuando
adicionalmente unos 20 rehenes que se encontraban en el tercer piso.
Unos 20 rehenes liberados del tercer piso del palacio
Escuchábamos diferentes emisoras porque estaban pasando nombres de personas que se habían comido en diferentes lados, pero nunca escuchamos el nombre de él, nada. Era totalmente un caos, un caos todo.
Pasadas las dos de la tarde, Alfonso Reyes Echandía, el presidente de la Corte Suprema, que ya escuchamos antes, trató de comunicarse directamente con el presidente Betancur para pedirle un cese al fuego, pero este no le contestaba. Lo intentó a través de otros funcionarios públicos y le mandó mensajes con ellos, pero Betancur no quiso atenderlo. La razón que daba era que Reyes tenía una ametralladora en la cabeza y que, por lo tanto, todo lo que fuera a
decir iba a ser obligado. En un momento, el hijo de Reyes Echandía, Yesid, pudo comunicarse con su papá después de llamar a varios teléfonos del palacio. El magistrado le contó que el único que podía dar la orden de cese al fuego era el presidente de la República, pero que tal vez había un problema de comunicación entre él y las tropas. Yesid le propuso salir al aire en varias emisoras para que Betancur y todo el país lo escucharan.
Este es parte del audio que oímos al principio, de la emisora Todelar.
Doctor Alfonso Reyes Echandía, cuéntenos,¿ pero qué hay que hacer? Pues
que el presidente de la República dé finalmente la orden de cese al fuego. En ese momento, Alfonso Yaquín, guerrillero del M-19, le arrebató el teléfono.
Cerca de las 5 de la tarde, el presidente Betancur y sus ministros, que estaban reunidos, lograron comunicarse con el M-19. Les informaron que ya estaban completamente rodeados. Si se rendían, les prometían respetarles la vida y someterlos a un juicio justo.
Los guerrilleros respondieron que el M-19 jamás se rendía, pero aceptaron dialogar si el ejército y la policía dejaban de disparar. La respuesta del gobierno fue que sí, pero con la condición de que ellos lo hicieran primero y dejaran libres a los rehenes. Finalmente, nunca se pusieron de acuerdo de quién cesaría fuego primero. Betancur nunca habló directamente con los del M-19 y tampoco le pasó al teléfono a Reyes Echandía. Su decisión fue seguir con el operativo. En este audio
se escucha cómo el ejército prepara explosivos. Le envío cuatro cargas de cráter, 40 días de TNT, cordón detonante, estopines. La idea es
localizar a los chusmeros esos, colocar la carga para abrir un rato y por ese rato aventarles granadas y fumígenos y lo que sea, ¿siga?
Abrir un roto, es decir, romper un hueco en el techo con explosivos para poder entrar al cuarto piso. El objetivo era pasar por ese hueco y acabar con todos los guerrilleros. El verbo que usa es fumigar. Lo que nunca se escucha en estos audios del ejército es cómo
pretenden proteger a los rehenes. La ministra de comunicaciones de ese momento, Noemí Zanín, había enviado un telegrama a los medios pidiendo que no informaran en directo sobre los hechos y que no revelaran los movimientos de la fuerza pública para no entorpecer el operativo. Después de que se emitiera la súplica de Reyes Echandía, la ministra Zanín envió otro telegrama pero esta vez prohibiendo directamente la transmisión de ese tipo de entrevistas. En televisión acataron la orden y dejaron
de informar en directo. Solo en la noche, los noticieros sacarían notas de lo que había ocurrido y siguieron con la programación, que incluía un partido de fútbol del torneo local. Pero varias emisoras de radio siguieron informando. Algunos periodistas contaron después que recibieron llamadas de la ministra Zanin ordenándole suspender las transmisiones y que si no lo hacían, mandaría al ejército para que apagara los equipos. La prohibición de transmitir
en directo y de sacar entrevistas, eso es comprobable. Existe el telegrama. Sin embargo, lo que Sanin siempre ha negado es la amenaza de suspender las transmisiones a la fuerza. Sea lo que sea, al final terminaron las emisiones y transmitieron el partido de fútbol. Hacia las 5 de la tarde, el ejército ya había retomado la mayor parte del edificio. Solo faltaba el último piso, donde quedaban varios rehenes, incluidos los magistrados. Esta es otra de las comunicaciones interceptadas de
los militares. Quien habla es el coronel Luis Carlos Adovnik, el segundo al mando de la Brigada 13 del Ejército. Informaba que las bombas no pudieron abrir los huecos como habían esperado.
piso, las cargas no funcionaron, abrieron unas boquetes muy pequeñas y por lo tanto no hemos podido. Ahí están parapetados con sofás, con armarios, con archivadores, etc. Y ha sido bastante difícil.
Los militares y policías no conocían el palacio, no sabían por dónde moverse en medio de disparos, explosiones, humo y escombros. Tampoco sabían la ubicación exacta de los rehenes y los guerrilleros. Acá continúa hablando el coronel Sadóvnik.
No habrá posibilidades de que algún magistrado haga un plano más o menos aproximado de allá del Palacio de Justicia o de que alguien suministre el plano? Estamos aquí en esa diligencia,
vamos a
ver, estamos en esto, estamos trabajando sobre eso, cambios.
Hay versiones encontradas sobre esto, pero al parecer ni los militares que se movían desde abajo ni los policías que intentaban entrar por el techo revisaron los planos a tiempo. En el caso de los policías, sabían que había una puerta que dividía el techo del cuarto piso, pero no se imaginaban que fuera metálica, muy pesada y que tenían que dinamitarla para entrar. Al final de la tarde, mientras se realizaba su operativo, el gobierno intentó hablar otra vez
con el M-19 y con los rehenes. Empezaron a llamar a todas las oficinas, pero fue imposible. Tal fue el nivel de descoordinación que mientras unos ministros llamaban para dialogar, otros representantes del Estado, en este caso los policías, dinamitaban la puerta de seguridad y entraban al cuarto piso. Y ahí las comunicaciones se cortaron definitivamente. En la noche, los noticieros de televisión retomaron la transmisión.
Son las 7 y un minuto en la noche, la toma continúa, los guerrilleros mantienen sus rehenes en el cuarto piso del Palacio de Justicia. A esta hora también se han logrado rescatar del edificio a más de 150 personas, entre magistrados, abogados que se encontraban litigando ante la Corte, secretarias y mucho personal, tanto del Consejo de Estado como de la Corte Suprema de Justicia.
Estos son testimonios de personas rescatadas a esa hora.
Yo pensé que no salía de ahí. El edificio está muy destruido por dentro. Yo creo que casi totalmente los vidrios.
Cuántos muertos más o menos hay en este momento
Ni idea, yo no vi nada
Todas las armas que existen yo creo que las dispararon y las van a funcionar hoy en la toma de la corte
Los guerrilleros pronunciaban algunas consignas o algo?
Viva Colombia, fue lo que yo más les oí.
El coronel Alfonso Plazas Vega era el comandante de la Escuela de Caballería y fue uno de los militares que lideró la retoma del palacio. Alrededor de las nueve de la noche, en plena plaza de Bolívar, se bajó del tanque que él mismo manejaba. Los periodistas corrieron a entrevistarlo.
Quiero manifestarles que la situación está perfectamente controlada. No hemos podido hacer una contabilización de bajas, pero hay bastantes bajas. No tengo conocimiento de rehenes.¿ De cuánto han sido liberados? Esa información no la tengo porque el personal que iba siendo evacuado, que iba saliendo, los rehenes que íbamos sacando, los íbamos entregando al 2 de la brigada, quien está ejerciendo un control
Esto que acaba de decir el coronel Plaza Vega será importante después. Los rehenes liberados, explica él, fueron entregados al B2 de la brigada 13 del ejército, es decir, a la sección de inteligencia militar, que era la encargada de custodiar a los rehenes que sacaban del palacio. Sobre el operativo, el coronel no mostró ninguna duda.
Aquí no van ellos a asustarnos ni a atentar contra ninguno de los poderes, ni contra ninguna de las ramas del poder público.
El presidente de la Corte Suprema de Justicia ha pedido que se desee
el fuego? Si a mí me disparan, yo contesto el fuego. Yo entré con mis carros, me recibieron a fuego, disparé. No sé.¿ Qué haría usted? El presidente de la Corte Suprema de Justicia ya ha pedido No sé, yo no sé quién esté adentro o quién esté afuera. Yo sé que salieron varios magistrados, no sé si tal vez esté entre ellos.
Plazas Vega realmente no respondió la última pregunta.¿ Por qué no habían escuchado la súplica del presidente de la corte? Uno de los periodistas le preguntó que cuál era la decisión de la fuerza pública. Plazas Vega respondió con una frase que quedó en la memoria del país. Mantener la democracia
maestro
Mantener la democracia, maestro. La última noticia que recibió el país, como a las 10 de la noche, fue esta.
Está en llamas la parte oriental del Palacio de Justicia. Está prácticamente destruida. Algunas personas, incluidas secretarias y magistrados, están saltando al vacío desde las ventanas. La confusión es total en estos instantes en el edificio donde funcionan los máximos tribunales, la Corte Suprema y el Consejo de Estado.
Con el Palacio de Justicia ya en llamas, las tropas se retiraron. Como a las 2 de la mañana, cuando el incendio había bajado, un tanque disparó un cohete contra la fachada para que el humo saliera. Ya no hubo más disparos esa noche. Ya volvemos. Estamos de vuelta en Radambulante. Soy Daniel Alarcón. Lo último que se supo esa noche del 6 de noviembre era que el palacio estaba en llamas. Las tropas se retiraron alrededor de la medianoche mientras el
fuego bajaba. Para las familias de Héctor Jaime Beltrán y Julio César Andrade, fue una noche de pura angustia. A la mañana siguiente, las tropas entraron otra vez al edificio. Esta es una de las comunicaciones interceptadas. Hablan de lo que encontraron. Anoche se rumoraba
la presencia de magistrados y de consejeros
¿Cambio? R. Yo tengo ocupado ese piso y realmente allí no hay nada. Está totalmente destruido.
Parecía que ya no había rehenes. Al escuchar esta respuesta, el general Rafael Zamudio, comandante del ejército, parece no entender.¿ No han tenido evidencias, voces, gritos, alguna cosa de los rehenes?
No, a veces grita esta gente que necesitan la presencia de la Cruz Roja, pero de inmediato la complementan con disparos. Pero de rehenes todavía no se ha escuchado nada claro.
El general Zamudio, con autorización del ministro de Defensa y del presidente, ordenó entonces lo que se conoció como Operación Rastrillo, que consistía en acabar con todos los guerrilleros que quedaban adentro y recuperar el control total del edificio.
Estamos con toda la libertad de operación y jugando contra el tiempo. Por favor, apurar, apurar a consolidar y acabar con todo. Y consolidar el objetivo, siga.
Estos audios no son tan fáciles de entender a veces, pero Zamudio deja algunas cosas muy claras. Tenían carta libre para acabar con todos los guerrilleros que quedaban adentro y recuperar el control total del palacio. A eso de las diez y media de la mañana salió por la puerta principal del palacio el consejero de estado Reinaldo Arciniegas. Estaba agitando un trapo blanco. Los militares lo recibieron y lo
escoltaron hasta la casa del florero. Ahí Arciniegas les dijo que todavía quedaban rehenes, que él había estado en un baño con unas 70 personas, entre guerrilleros y rehenes, y que lo habían dejado salir para llevarle un mensaje al presidente Betancur. Pedían que dejaran entrar a un delegado del gobierno para negociar, a algún periodista y a la Cruz Roja. Este es Carlos Martínez, el director en ese entonces del Socorro Nacional
de la Cruz Roja. Aquí habla con un noticiero justo antes de que intentara entrar al palacio.
Voy a tratar de entrar con cinco socorristas para revisar quiénes son los heridos que hay, en qué condiciones están y si se deben movilizar, si se pueden movilizar. En una misión neta y absolutamente humanitaria.
El gobierno le pidió llevar una carta y un walkie-talkie para empezar el diálogo con los guerrilleros. Era la última esperanza para mantener vivos a los rehenes que quedaban. Sin embargo, como se comprueba con este audio interceptado, los militares no lo quisieron dejar entrar. Quiere Paladín que se dilate un poquitico el acceso de Martínez, dice. Paladín, recordemos,
es el general Zamudio.
Y así fue. A Martínez no lo dejaron entrar en ese momento. Los enfrentamientos continuaron y el director del Socorro Nacional de la Cruz Roja no pudo llevarle el mensaje a los guerrilleros. David Trujillo nos sigue contando.
Con la información que dio el consejero de Estado, que había salido con el trapo blanco, el ejército supo que todavía quedaban unos 10 guerrilleros, así que todos los ataques se concentraron en ese baño de 20 metros cuadrados. Cerca de las 4 de la tarde, los enfrentamientos terminaron y finalmente dejaron entrar a la Cruz Roja. Los últimos rehenes vivos empezaron a
salir del edificio. Había varios heridos y en los videos se ve cómo los soldados los montan en caminas de la Cruz Roja o los cargan en hombros hasta la Casa del Florero. El miedo de los militares era que los guerrilleros se escaparan. No estaban vestidos de civiles, sino con uniformes camuflados. Pero el ejército creía que podían ponerse la ropa de los civiles e intentar pasar desapercibidos. Así lo describen en este audio interceptado en el que se
refieren a los guerrilleros como basuras. al personal de empleados y
magistrados para utilizarlos ellos y poder salir como evacuados, cambio. Todo ese personal se está concentrando para efectos de verificación.
O sea que custodiaban a todas las personas rescatadas hasta la casa del florero para identificarlas. En este auto interceptado, se demuestra que dudaban hasta del personal de la Cruz Roja. Piden tomar las huellas dactilares a los camilleros. Y
reseñar, tomar las huellas Con los que no podían identificar, la orden era clara, detenerlos y mantenerlos aislados. Aislados, aislados.
Entre los rescatados había varios magistrados, pero no Alfonso Reyes Echandía, el presidente de la Corte Suprema que había pedido el cese al fuego. En este audio interceptado, se oye a un soldado informarle a su superior sobre Reyes Echandía. General
para informarle, de acuerdo a los magistrados que ya salieron, informa que el doctor Reyes Echandía, presidente de la Corte, fue muerto por los guerrilleros. Diga.
Poco después de las 4 de la tarde, unos soldados se asomaron por el techo del palacio y levantaron las manos en señal de victoria. Este fue el símbolo de que, en teoría, habían triunfado. Pilar
Navarrete la esposa de Jimmy Beltrán, el mesero de la cafetería, seguía sin saber nada de su esposo.
como hacia las 2 de la tarde, 3 casi, nos llama mi cuñado y nos dicen que eso ya había terminado, que nos fuéramos a
buscar a Jimmy al palacio. Por lo menos 30 o 40 personas murieron carbonizadas durante el incendio del palacio. Pasará el tiempo y tal vez nada quede plenamente establecido porque los testigos y protagonistas de las obras cruciales murieron. No hay una cifra oficial de muertos, tampoco se sabe cuántos guerrilleros formaban el comando. Lo cierto es que todos murieron.
Estaban sacando muchísimos cadáveres a la Plaza Olivera y los estaban amontonando todos los que sacaban de adentro. Le salía humo de la boca, calcinados, el olor a carne quemada era impresionante, era impresionante.
El hermano de Jimmy había estado cerca del palacio desde el día anterior, atento a lo que pasaba. Cuando la retoma terminó, logró entrar a la cafetería y se dio cuenta de que ahí no había pasado nada. Todo estaba intacto. Había jugos en las mesas, comida servida, ningún plato roto y ninguna señal de disparos. Solo faltaba la caja registradora, pero ni siquiera el fuego había tocado el lugar. En el piso de la cafetería encontró la cédula de Jimmy,
como si lo hubiera botado en algún momento. Eso les dio esperanza de que estaba vivo y que probablemente lo habían sacado herido. Empezamos a ir a hospitales, pero eso era una cosa como ahorita las películas en guerra, que la
gente va corriendo preguntando por sus familias por todo lado. Todo el mundo corría, todo el mundo preguntaba, todo era una locura.
En esa tarde del 7 de noviembre, la familia del magistrado auxiliar Julio César Andrade oía la radio para intentar saber algo de él. Estaban dando información de gente rescatada, de personas heridas y a los hospitales donde las llevaban. Diana, la hija, que en ese momento tenía 6 años, recuerda que también decían los nombres de las personas muertas.
Cuando salió el nombre de mi papá, todo el mundo empezó a gritar, a gritar. Los hermanos de mi papá se abrazaban. Ese día como que me di cuenta que,¿ quién me va a volver? Como que,¿ cómo así? Se murió. Uno a esa edad no sabe ni qué es la muerte, ¿no?
Después de la noticia, no quedaba más que ir a recoger el cuerpo. El problema era que más de la mitad de los cadáveres estaban carbonizados.
Lo más difícil es la identificación por cuanto las víctimas quedaron en su mayoría totalmente carbonizadas.
En el curso del día fueron extraídas del interior del palacio 58 bolsas con restos mortales de partes identificadas.
Esas bolsas y los cuerpos que no estaban quemados los llevaron al Instituto Nacional de Medicina Legal, la entidad en Colombia que se encarga de los temas forenses. Les tomaron radiografías para buscar balas o esquirlas de bombas y a los que se podía les hicieron pruebas de sangre para ver si habían muerto por respirar humo. Pero la identificación fue muy compleja. Era imposible tomarles huellas dactilares a los
cadáveres carbonizados porque no había piel. Examinar las dentaduras era una opción, pero no todas las familias tenían cartas dentales de sus familiares para compararlas. La mejor opción fue reunir cosas que se encontraron cerca del cadáver, como restos de ropa, o también objetos personales como relojes, collares, anillos, o identificar prótesis o injertos metálicos. Esas cosas solo las podían reconocer
los familiares. Entonces Gabriel, que era el hijo mayor de los Andrade de solo 17 años, tuvo que ir a esta medicina legal para tratar de reconocer a su papá.
Había cadáveres y cadáveres y cadáveres calcinados. Era el piso lleno. Había un soldado. Y me dijo, entre. Y empiece a mirar de aquí para allá. Y de allá para acá. Y los va revisando en ese.
Pero entre los cadáveres carbonizados y reconocibles no encontraba a su papá. Hasta que... Y
yo encontré la cédula adherida en el cuerpo carbonizado. Con la cédula de buena fe. No te queda más que creer.
La prueba de ADN no existía todavía en el país, así que la cédula y unos trozos de ropa le dieron la certeza de que ese era su papá. El militar anotó el nombre y el número de la bolsa donde estaban esos restos carbonizados. Le dijo que se fuera para una funeraria en Bogotá, que en dos horas llegaba al cuerpo, y así fue. Diana recuerda que se reunieron ese mismo día en la funeraria para recibirlo. Unos militares les entregaron los restos en una caja.
Cuando mi mamá quiere ver los restos, le dicen que no, que los restos, el atabón está sellado. Hay una caja metálica y hay orden de no abrirla.
No insistió. Quizás era mejor no ver un cuerpo carbonizado. Y era suficiente con lo que había visto Gabriel, que además estaba en shock. Todo fue muy rápido. Al otro día, el 8 de noviembre, lo llevaron a Barranquilla para enterrarlo. Para la familia de Jimmy, todo fue más lento. En ninguna lista de heridos aparecía. Nadie les daba una respuesta.
Después
de
descartar hospitales, ya dijimos,
nos queda medicina legal. Llegaron como a la medianoche del 7 de noviembre al mismo lugar donde Gabriel reconoció a su papá. Pero hubo trabas. Militares afuera. O policías. No, acá no hay permiso
a entrar. Mañana vengan a primera hora. Todavía no habían llegado los cuerpos
Así que se fueron a la casa para volver temprano al otro día. Esa noche, el presidente habló por televisión diciendo que lo que se hizo fue defender el Estado y sus instituciones. Habla en tercera persona.
Esa inmensa responsabilidad la asumió el presidente de la república, que para bien o para mal suyo, estuvo tomando personalmente las decisiones.
En los días siguientes a la toma, medicina legal de una cifra de 94 personas muertas, incluyendo 11 magistrados. Hubo también muchísimos heridos, una tragedia nacional. Sumado a las pérdidas humanas, fue también un golpe mortal a la rama judicial del Estado. Acabaron con las cortes, con sus magistrados y con su sede. Y claro, con miles de documentos, la mayoría de papel, que se volvieron cenizas.
Debido a la destrucción de los archivos en ambos tribunales, se calcula de seis meses a un año por lo menos el tiempo que durará la reconstrucción de los procesos. Se quemaron pruebas originales, peritazgos que ya habían sido presentados y pruebas a funcionarios públicos que ya no están en sus puestos.
Y el edificio, pues por dentro quedó destruido casi por completo y lo tuvieron que reconstruir todo. Solo volvió a funcionar 14 años después, en 1999. Pilar y su familia llegaron muy temprano el 8 de noviembre a seguir buscando a Jimmy en Medicina Legal.
Entraba la gente y parecía como cuando uno llega a una feria a comprar muchas cosas. Todo el mundo mirando por todo lado. Bolsas de polietileno muy gruesas, amarradas. Y afuera había un rótulo que decía sexo femenino, tres, cuatro cuerpos, dependiendo de los que hubiese. Edades aproximadas, 32, 34 años.
No había el espacio suficiente para acomodar a la cantidad de cadáveres que había. Cada vez que llegaban nuevos, los iban amontonando en mesas. Pilar hacía hasta lo imposible para reconocer a su esposo. Buscaba un tatuaje que Jimmy tenía en el brazo, por ejemplo. En los cuerpos carbonizados, buscaba otras cosas. Yo me acordaba cómo
tenía su dentadura perfectamente y que tenía un platano acá en el brazo. Y yo buscaba eso y mirar las telas a ver qué había.
Pero era como buscar una aguja en un pajar.
Ni la dentadura, ni nada coincidía con nada. Y todos los días lo mismo, todos los días lo mismo.
Pilar estuvo en esas una semana, esperando a que llegaran más cuerpos. Nadie daba información clara, solo rumores. Aunque no era cierto, decían que había gente viva todavía en el palacio. La gente en la
calle decía, es que dentro todavía uno pasa y se escucha gritar la gente, es que por las cañerías se están escapando los guerrilleros. Es que se escuchan gritos, llantos en el ascensor, es que van a traer más gente porque en tal lado, a ver, una cosa macabra.
Según documentos de medicina legal y de las autoridades militares, de los 94 cuerpos registrados, 54 se entregaron a sus familias. Es decir, en principio en la morgue quedaron 40 cuerpos que nadie reclamó, incluidos los de 14 guerrilleros. El 9 de noviembre, los jueces penales militares que habían sido designados para establecer qué pasó en el palacio, ordenaron mandar los cuerpos no identificados a una
fosa común en el cementerio del sur en Bogotá. La razón fue, en parte, evitar que el M-19 se metiera a medicina legal a recuperar los cuerpos de los guerrilleros. Poco a poco, en los días siguientes, los mismos jueces militares fueron mandando los otros cuerpos que nadie reclamaba a
ese mismo lugar. Y es que para completar, una semana después de la toma, hubo una avalancha por la erupción del volcán nevado del Ruiz en Armero, donde murieron más de 25.000 personas, y muchísimos cadáveres empezaron a llegar a medicina legal,
que ya no tenía espacio suficiente. Los documentos de medicina legal certifican que a la fosa común se mandaron cuerpos del palacio, algunos identificados como los de los guerrilleros y otros no. También llegaron otros tantos de armero, pero hay cifras que no concuerdan, porque unos documentos registran 36 cadáveres del palacio y otros 38, cuando se suponía que en la morgue habían quedado 40 cuerpos.¿ Qué pasó con los otros que no
se registraron en la fosa común? Resulta que entre los cadáveres había algunos que no tenían nada que ver con los hechos del palacio. Simplemente llegaron a medicina legal por esos días y por razones que no se han podido aclarar, fueron registrados como del palacio. Ahí pueden empezar a darse cuenta del desorden que hubo con el tratamiento de los cuerpos.
Lo cierto de todo esto es que había personas que no aparecían ni vivas ni muertas, no estaban en las listas de heridos y sus cuerpos tampoco habían sido identificados en medicina legal. Entre esos estaba
Jimmy.
Y es que no era la única, había otras personas en esa misma situación.
De tanto conocernos en diferentes lugares como por tres, cuatro días seguidos, nos empezamos a dar cuenta. Todos de la cafetería
No todos, pero sí la mayoría. En total eran los ocho empleados de la cafetería y tres visitantes ocasionales del palacio. Como una semana después, cuando ya no llegaron más cuerpos del Palacio Medicina Legal, las familias de los desaparecidos decidieron buscar juntas en otras partes. Entonces formaron una especie de grupo de búsqueda y se repartieron funciones. Una opción era preguntar en bases militares en la ciudad, como el Cantón Norte.
Allá nos íbamos unos, otros nos
íbamos a ver videos. Videos de noticieros de televisión en los que aparecían los rehenes rescatados. No fue el caso de Pilar, pero algunos familiares de los desaparecidos lograron reconocer, en esas imágenes de baja calidad, a su ser querido siendo llevado por militares a la casa del florero. Y no solo eso, también había testimonios de gente rescatada que vieron salir vivos a algunos. Eso les dio esperanza. Si
unos estaban vivos, tal vez los otros también. además ya sabían que en la cafetería no había pasado nada pensaban en la posibilidad de que estuvieran detenidos en esa época la constitución le permitía a los militares y policías retener a cualquier persona sospechosa de alterar la paz pública las familias por eso pensaban que muy seguramente a sus parientes los tenían presos en algún lugar mientras comprobaban que no eran guerrilleros que habían salido vestidos de civil además algunas
recibieron llamadas anónimas diciéndoles que efectivamente estaban detenidos Pero pasaban los días y no aparecían. Hablaban con militares y con policías. Les explicaban las llamadas, los videos, los testimonios de conocidos, pero nada. Una y otra vez les dieron la misma
respuesta.
Esa respuesta no los convencía.
Porque yo miré todos los nutrientes de todos esos huesos que encontré y no lo vi porque no vi un pedacito de tela porque su cédula estuvo rodando y él tuvo que haberla botado en algún momento.
Había pruebas de que estas personas perdidas posiblemente salieron vivas. Necesitaban que alguien les aclarara lo que había pasado. Es decir, se trata diferente a la familia de un magistrado buscando a su ser querido que a la de un empleado de la cafetería. Al mes de la toma, Eduardo Maña Mendoza, un abogado que trabajaba con casos de abusos de poder del Estado, buscó a la familia de Jimmy y a las de las otras personas desaparecidas. Del palacio terminaron siendo 12
personas las desaparecidas. De la cafetería eran Luzmari Portela, Cristina del Pilar Guarín, Bernardo Beltrán, Ana Rosa Castiblanco, Carlos Rodríguez, David Suspes, Gloria Estera Lizarazo y Héctor Jaime Beltrán, Jimmy. tres visitantes ocasionales, Gloria Anzola, Norma Constanza Esguerra y Lucian Paro Oviedo, y una guerrillera, Irma Franco, cuya familia se
unió al grupo en 1986. Las familias de estas personas estaban solas en la búsqueda y el abogado Eduardo Maña Mendoza se convirtió en el único que las escuchó en un momento en el que nadie más lo hacía.
Nos reuníamos todos los martes por la noche a planificar, a hacer cosas jurídicamente, nosotros por debajo de cuerda, por donde fuera, esa búsqueda.
Pero era tremendamente difícil. No se podía exigir su liberación porque nadie aceptaba que estuvieran presos. Tampoco se podía empezar un proceso penal porque no había ningún delito. Y aun si lo hubiera, una comisión de esclarecimiento de los hechos designada por el gobierno concluyó que la gente que salió viva del palacio estaba ya con sus familias y que el resto sencillamente había muerto adentro. Caso cerrado. Pedir una
revisión detallada de los cuerpos sin identificar, imposible. Esos cadáveres ya estaban en una fosa común en el cementerio del sur y nadie autorizaba su exhumación.¡ Qué impotencia! Era como gritar debajo del agua. Pero aún así, no paraban de buscar.
Era una esperanza y una emoción grandísima cuando alguien decía, es que me dijeron que los vieron en tal lado, o a mí me han llamado. Todas esas cosas, nos convertimos en una familia
Sentían que su búsqueda era tan justificada, tan obvia. Si se los habían llevado, los querían de vuelta y los querían vivos.
Yo estaba tan segura de la inocencia de él. Yo sé que él fue una persona inocente, totalmente inocente en todo esto que pasó. Inocente. Entonces no tenía por qué haberlo matado, ni por qué haberse lo llevado. Yo no entendía por qué. Y no me cabía en la cabeza que él no iba a volver. Yo creía que el día que supieran que él no tenía nada que ver, él volvía. Yo estaba segura que él volvía algún día.
Esa convicción duró dos años. Luego la idea de que Jimmy estuviera vivo se fue desvaneciendo y Pilar tuvo que aceptar casi a la fuerza que no iba a volver. Pero quedaba la pregunta clave.¿ Qué le pasó?¿ Murió dentro del palacio? Para la familia del magistrado auxiliar Julio César Andrade no fue fácil recibir el golpe de una pérdida tan inesperada. Había salido de Barranquillo yéndole a la muerte y la encontró un año después en Bogotá. Este es de nuevo su hijo Gabriel.
La vida sigue y de la peor manera, ¿no? Porque estamos hablando del sostén emocional, económico, moral. Entonces es como si lo botaran a uno de un carro a 100 kilómetros por hora.
No quisieron averiguar más y prefirieron no volver a tocar el tema. Ni entre ellos mismos, la familia, ni con otras personas. Les causaba muchísimo dolor. Esta es Diana, la hija.
Iba creciendo y veía a los desaparecidos que salían, hacían marchas.
Buenas tardes, mi nombre es Elizabeth López Suspes, yo soy la abriga de David Suspes Ellis, chef de la cafetería del Palacio de Justicia.
A veces estaba mirando en la televisión y yo me quedaba mirándolos, pero yo cambiaba rápido el canal antes de que alguien me viera, que yo los estuviera viendo.
Buenas tardes a todos los que están presentes en la Plaza de Bolívar. Yo soy Alejandra Rodríguez, soy hija de Carlos Augusto Rodríguez Vera, uno de los 11 desaparecidos en el holocausto del Palacio de Justicia.
Pero siempre los miraba y yo, ay, Dios mío,¿ qué se debe sentir estar ahí? Yo me sentía afortunada. Decía, bueno, por lo menos nosotros, mi papá, le dimos sepultura.
Pero de momento, porque después pensaba en todo lo que había pasado, en lo rápido que había sido todo, y el caos en las horas y días después de la toma, y comenzaba a dudar de esa supuesta buena suerte.
Por qué le negaron a mi mamita ver a mi papito? Todo el mundo tiene derecho a tener un cuerpo, una pestaña, un pelo. Déjenselo ver. Crecí pensando,¿ y qué tal que no sea?
Pero cómo se podía saber?
En el próximo episodio,
A mí no me habían dicho que mi papá había muerto en el cuarto piso porque lo encontraron en el patio interno. Pero si estaba tan calcinado el cuerpo porque tenía una cédula casi entera. Empecé a hacerme ese tipo de preguntas.
Era la mujer que yo tanto buscaba.
Lo vi.
Lo vi, era él. Lo vi riéndose. No tengo duda de nada. Era él.
Han pasado 40 años desde la toma del Palacio de Justicia.¿ Qué se sabe de los desaparecidos?¿ Quién responde? David Trujillo es productor senior de Rao Ambulante, vive en Bogotá. Este episodio fue editado por Silvia Viñas, Camila Segura y por mí. La mezcla y el diseño sonido son de Andrés Aspiri. Andrea López Cruzau hizo la verificación de datos. Gracias a Constanza Gallardo, Miguel Salazar y a Elena Urán y a
toda su familia. Queremos agradecer especialmente a Alejandra Quintero Nonsoque, y a Clara Ibarra, quienes nos compartieron una parte importantísima del audio que escucharon en este episodio. Sin la ayuda de Alejandra y Clara, esta historia hubiera sido imposible. El resto del equipo de Ramblante incluye a Paola Aleán, Adriana Bernal, Aneris Casasuz, Diego Corzo, Emilia Herbeta, Camilo Jiménez Santofimio, Natalia Ramírez, Bruno Selsa, Elsa Liliana Ulloa y Luis Fernando Vargas. Carolina
Guerrero es la CEO. Ramblante es un podcast de Ramblante Studios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg Pro. Si te gustó este episodio y quieres que sigamos haciendo periodismo independiente sobre América Latina, apóyanos a través de Deambulantes, nuestro programa de membresías. Visita reambulante.org y ayúdanos a seguir narrando la región. Reambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.
