Antes de comenzar una advertencia, en este episodio al lenguaje explícito se recomienda discreción. Esto es Rambulante, soy Daniel Alarcón. Hoy empezamos con una mudanza. Es un sábado de enero del 2000. Daniela Tobar tiene 20 años y va en su tercer año de la carrera de teatro en la Universidad de Chile. Está por dejar la casa donde vive con su madre y sus dos hermanos en la Florida, un barrio periférico de Santiago, para irse a vivir al centro de la ciudad.
Y a mí en ese momento me pareció súper cool, o sea, como entretenido, voy a estar viviendo sola.
El sueño de cualquier estudiante universitario, tener un espacio propio para hacer lo que se le antojara. Estaba feliz y no era la única.
Tenía mis más cercanos amigos en ese entonces que estaban felices, encantados. Decía, Dani, te vamos a ir a ver, vamos a hacer fiestas y vamos a hacerlo estupendo.
Ese sábado temprano en la mañana Daniela empezó a juntar todas sus cosas.
Era verano, entonces bueno, ropa ligera, vestidos, zapatos. Me acuerdo de haber llevado también, en esa época yo tenía mi radio para escuchar CDs. Llevé mi radio con mis CDs preferidos.
Madonna, Cyndi Lauper, también alguno de Rafaela Carrá y Alejandro Sanz. La casa donde se mudaba tenía patio, así que también agarró una piscina de esas de plástico para armarla apenas llegara. En verano hace mucho calor
en Santiago, entonces yo dije, bueno, me podré dar un pequeño chapuzón
Cuando terminó de empacar todo, una camioneta llegó a buscarla y salieron rumbo a la nueva casa de Daniela. Estaba ubicada en la esquina de las calles Moneda y Bandera, a metros de la casa de gobierno, en medio de bancos y justo enfrente de una iglesia.
Y llegué a la casa por una súper sorpresa porque me la había imaginado un poquito más grande,
pero muy chiquita. Muy chiquita. Un rectángulo de aproximadamente 5 metros por 2, el tamaño de un contenedor.
Entonces entrabas a este rectángulo, tenías inmediatamente, bueno, tenías todo junto, era como un ambiente entero. Me acuerdo que la cerradura era muy particular porque estaba como abajo en la puerta, pero abajo.
Pero eso no era lo único extraño de esta casa. Definitivamente no era una casa común y corriente porque en realidad era una especie de experimento. Una casa de vidrio, completamente transparente, incluso el baño. Ahí Daniela viviría su vida a la vista de todo el mundo. Cualquiera que pasara por allí la podría ver haciendo lo que hacemos todos, dormir, cocinar, ducharse. Todo lo que hiciera dentro de la casa estaría expuesto
al escrutinio público. Y eso, a principios del 2000, en la prehistoria de los reality shows y de las redes sociales, En un Chile conservador que llevaba pocos años de democracia, no pasaría para nada desapercibido. Apenas unos días después de la mudanza, estallaría el escándalo. Nuestra productora Aneris Casasuz reportó esta historia. Aquí Aneris.
Antes de seguir, quiero contarles cómo fue que Daniela llegó a vivir en una casa de vidrio en pleno centro de Santiago. Todo empezó con un aviso que vio en la cartelera de la universidad.
Creo que decía exactamente, se necesita actriz para vivir en una casa de vidrio.
El aviso tenía además el logo del Fondart, el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, un concurso público que dependía en ese momento del Ministerio de Educación de Chile. Daniela pensó que si estaba involucrado el Fondart, el trabajo sería pago.
Como buena estudiante de familia humilde nunca tenía muchos recursos y me interesaba sobre todo porque quería tomarme vacaciones. Y como ya se acercaba el verano, dije, bueno, voy a ir, me voy a presentar, a ver qué tal.
Ese aviso lo había pegado Arturo Torres. En ese entonces, Arturo era un arquitecto recién graduado que trabajaba en una oficina de la universidad y que durante sus años de estudio se había empezado a obsesionar con un tema. Las casas de vidrio. Construcciones que ya desde principios de 1900 pretendían integrar a sus habitantes con el entorno. Este es Arturo.
Y de repente me hizo clic. con lo que había visto en Francia.
Cuando era adolescente, Arturo vivió tres años en Lyon por el trabajo de su papá. Llegó a una escuela nueva con un idioma nuevo. Pero no fue eso lo que más le sorprendió.
Lo primero que me llamó la atención es que los baños no tenían muros en el liceo. Entonces uno veía como una persona estaba orinando desde el pasillo. Entonces era como, bueno, será así, ahora que es de octubre lo hacemos. Pero luego empecé a entender que eso era parte de una política mucho más compleja
Porque no era solo en el liceo. En muchos restaurantes los baños eran mixtos y el urinario estaba a la vista. Y cuando iba a la playa veía cómo la gente se sacaba la ropa, se quedaba completamente desnuda y luego se ponía el traje de baño. El desnudo en público, que a Arturo le resultaba casi escandaloso, estaba completamente normalizado.
Me hizo clic esas dos ideas, la idea de las casas de vidrio con la política francesa y dije, ah, voy a usar la casa de vidrio, como la historia, el cano de las casas de vidrio, para plantear un tema en Chile, que es el tema de
la penalización del cuerpo y la cultura judeo-nistiana que está como controlando toda nuestra forma de vivir.
Soñaba con hacer un proyecto sobre eso, pero no tenía cómo financiarlo.
Encima, me decían que ese tipo de cosas eran hígoras, digamos, no
tenían ningún sentido. Hasta que, en 1999, aparecería una oportunidad para Arturo.
Porque decidimos crear un área que no existía antes en el fondo de la cultura, que se denominó Artes Integradas.
Ella es Nevia Palma, coordinadora del Fondart en ese entonces. Hasta ese momento, las categorías se habían centrado en áreas más tradicionales, como música, teatro, danza, literatura, artes visuales.
pero no había un espacio más específico donde diversos lenguajes artísticos se combinaban.
Entonces yo dije, aquí está, yo puedo argumentar que estos artes integradas estoy mezclando teatro, artes visuales y arquitectura y sería financiable, y eso fue lo que hice
Arturo armó el proyecto para presentarse al concurso en solo dos semanas. Lo tituló Nautilus. la nueva casa transparente para armar en su lote suburbano.
El objetivo era, como te decía, generar un choque, tal cual, un choque cultural entre unas ideas de la transparencia humana y la idiosincrasia chilena extremadamente hipócrita en ese minuto.
El proyecto llegó a las oficinas del Fondart junto con otro centenar de propuestas. El jurado encargado de evaluarlas estaba integrado por cinco personas, todas con muchísima trayectoria en el mundo de la cultura y las artes. Al momento de decidir al ganador, eligieron por unanimidad el proyecto de Arturo.
No hubo duda. Según los jurados de esa época, de todos los proyectos postulados, Lejo era el mejor proyecto.
Es que el proyecto era muy original.
Proponía... la intervención de un espacio público al centro de la ciudad donde una persona, no señalaba si era hombre o mujer, iba a vivir de manera cotidiana y donde iba a ser absolutamente transparente.
Algo que para Nibia resultaba particularmente oportuno.
E instalaba varios temas. Cómo en la sociedad chilena los debates públicos se habían privatizado y lo privado se estaba haciendo público.
Me dio un ejemplo. En ese momento me dijo... Muchos programas de farándula se ocupaban de hablar de la orientación sexual de algunas personas públicas que no habían salido del clóset.
Pero debates tan relevantes para la sociedad chilena como el divorcio, por ejemplo, se impedía que se hiciera el debate en el espacio público que correspondía y se arreglaba y se contenía ese tema en casas de parlamentarios en conjunto con la Iglesia Católica.
El Fondart le dio a Arturo unos 10.000 dólares al cambio de la época para ejecutar el proyecto. Pero, según recuerda Arturo, solo los materiales costaban cuatro veces más que eso. Intentó buscar patrocinadores. Pero el proyecto era demasiado polémico. Nadie lo apoyaba. Así que el resto de la plata salió de Arturo y del grupo de 40 amigos que se habían sumado a la idea. Entre ellos, el arquitecto Jorge Cristi, quien empezó
a diseñar la casa de vidrio junto con Arturo. Les prestaron un espacio en la universidad para comenzar la construcción. En ese taller armaron toda la estructura, pero los vidrios, como eran muy pesados, se montarían directamente en el terreno que consiguieran. Arturo había pensado que lo ideal sería tener la casa en marcha durante un año. Pero la plata no les alcanzaría para rentar un espacio por tanto tiempo.
Entonces ahí cambié el proyecto y dije, bueno, hagámoslo un mes más. Hagamos un mes, que no es lo ideal, porque la idea original era que estuviera tanto tiempo, tanto tiempo, una persona viviendo adentro, que al final se naturalizara y ya nadie hablara de la cosa.
Se pusieron a buscar el terreno. La condición era que estuviera en una zona donde hubiera mucho movimiento de gente.
Y lo que hicimos fue hacer un listado del sitio de guiazo, creo que eran 12 o 10, y empezamos a buscar los datos de los dueños y a negociar inmediatamente, en paralelo.
El que más les interesaba por su ubicación era un terreno baldío que pertenecía a una compañía de seguros. Estaba a una manzana de la moneda, el Palacio de Gobierno, y en una calle llena de bancos. Y listo. Firmaron un contrato para rentarlo por dos meses, considerando que necesitarían unos 15 días para montar la obra y otros 15 para desarmarla.
Y con eso logramos ese sitio que era el mejor, sin duda. Era como donde las papas queman, ahí exactamente.
Porque además de estar en el centro político y financiero, había otra particularidad que lo hacía aún más interesante. Estaba justo enfrente de una iglesia, la iglesia de las Agustinas. Un templo cerrado a un lado y una casa transparente del otro. Dos símbolos totalmente opuestos separados por apenas unos metros. Ya tenían el terreno y la construcción de la casa estaba en marcha. Ahora deberían buscar a la persona que
viviría adentro. Primero pensaron en la posibilidad de que fuera alguien del equipo, pero luego decidieron que mejor fuera una actriz o un actor para que no se abrumara el estar tan expuesto. Y así fue que empezaron a pegar los avisos en todas las escuelas de arte de Santiago.
Decía, se busca personas para que vivan en una casa transparente. Y a grande decía actriz y otro decía actor.
Ahí fue cuando Daniela vio el anuncio en la cartelera de su universidad. Llamó al teléfono que aparecía y la citaron para una entrevista. Cuando le dieron los detalles del proyecto, le interesó aún más.
El símbolo social político que me dio la idea de la Casa de Vidrio fue súper potente. Lo encontré súper interesante, simbólico, necesario. Fue súper necesario.
Súper necesario en una sociedad en la que el fantasma de la dictadura todavía estaba muy presente y donde la democracia recién empezaba a consolidarse. Además de Daniela, solo dos actrices más habían llamado por el aviso. Una de las candidatas era pintora y la otra tenía el pelo teñido color lila.
Finalmente elegimos a Daniela porque era la más normal, se veía como persona normal. Y no iba a hacer ninguna actividad demasiado extraña en la casa que pudiera vincularla con la idea tradicional de arte.
Unos días después de la entrevista, llamaron a Daniela para avisarle que había sido elegida. Estaba feliz. Le pagarían casi 400 dólares por el trabajo. Y con eso cumpliría su sueño de poder seguir de vacaciones. La consigna que le dieron fue bien clara.
El guión era, esta es tu casa, haz lo que te dé la gana.
Lo más que les interesaba era una completa naturalidad, que fuera yo misma.
Podría salir a clase, a los ensayos de sus obras, a hacer las compras y recibir visitas en la casa. Así que, unas semanas después, ahí estaba Daniela, entrando un sábado caluroso de enero a su nueva casa, la casa de vidrio, la escena con la que empezamos esta historia. Apenas llegó, ordenó sus cosas. y luego se puso a estudiar el libreto de la obra que estaba ensayando. Como era fin de semana, había muy poco movimiento en la zona.
Por la noche recibió un grupo de amigos músicos, prepararon la cena y tomaron unas cervezas.
Todo muy tranquilo, muy relajado, disfrutando yo de esta posibilidad que tenía de estar sola en mi propio espacio. Porque era eso, ¿no? Estar en mi casa, en mi baño, sacarme la ropa, meterme a la ducha, hacer pipí,¿ me entiendes tú? Entonces era como muy natural. Realmente en ese primer día yo creo que no me provocó gran cosa que me recuerde ese primer día.
La casa estaba rodeada por unas rejas con una puerta metálica. A toda hora, incluso de noche, había alguien del equipo de Arturo que permanecía detrás de esas rejas por cualquier problema que pudiera surgir. Querían asegurarse de que todas las instalaciones de la casa funcionaran bien y de asistir a Daniela en caso de que necesitara algo. También querían ir registrando las reacciones de las personas que pasaban por ahí.
El domingo, Daniela recibió a su mamá para almorzar. Luego armaron la piscina de plástico y la llenaron con agua. Más tarde salieron a comprar unas cosas y el día terminó con normalidad. El lunes, con la apertura de los bancos y el movimiento típico de un día laboral, empezó a haber más movimiento por la zona. Temprano en la mañana los oficinistas pasaban apurados para llegar al trabajo. Ese día Daniela se levantó y, como acostumbra hacer cada mañana, se metió a la ducha.
Claro, y al principio no había mucha gente y después cuando terminé la ducha había un poquito más de curioso y bueno...
La gente pasaba por afuera, no se debía mirar. Una cosa bien curiosa, era como que pasaban así, miraban como de reojo, como que no entendían qué estaba pasando.
Arturo y su equipo trataban de escuchar lo que decían. Los que pasaban especulaban con todo tipo de teorías. Algunos hasta llegaron a pensar que se trataba de una publicidad de shampoo. Cuando salió de la ducha, Daniela siguió con su rutina habitual. Salió de la casa y se fue a ensayar su obra. Llegó por la tarde, cenó y se acostó a dormir. Pero el martes todo empezó a cambiar. A un periodista del diario La Segunda le había llegado el rumor de que una casa de vidrio se había
montado repentinamente en la esquina de Moneda con Bandera. Así que se acercó hasta el lugar para comprobarlo. Y efectivamente, ahí estaba la casa con Daniela dentro. El diario es vespertino. Así que esa misma tarde publicaron un artículo con varias fotos de Daniela, incluyendo una de la ducha.
Y explotó, pero explotó así, salió a todos lados, empezaron a ligar los camiones de televisión.
Para el miércoles ya no había ningún medio en Santiago que no hablara de la casa de vidrio.
Se había convertido como un show 24-7 en todos los canales, en todos los canales. Era impresionante
Es una casa de cristal. Es una casa de cristal donde está viviendo una persona. Vimos que ha hecho de todo, vimos cómo se...
Y con semejante difusión, cientos de curiosos empezaron a llegar hasta el lugar.
Yo creo que en ningún momento se imaginó ni se vislumbró una cobertura a ese nivel y tampoco la reacción. Salvaje.
Porque tanto a los curiosos como a los medios solo parecía importarles una cosa. Cuando Daniela estaba en el baño.
Una mujer se bañaba completamente desnuda sin importar la cantidad de gente que la observaba.
Se metió al baño, a la ducha, se bañó, se secó, se echó polvo, crema. Después ella se supone que andaba dispuesta, se puso toalla higiénica.
Paulina, el que pasa es que ella se levantó... Fue a los baños, se lavó los dientes y se duchó. Y después pueden ver, no hay cortina en el baño. Y toda la gente que estaba acá, por supuesto, cuando se empezó a humillar, se dieron
cuenta.
Y la mayoría son
hombres, ¿ah? La mayoría, mira, por ejemplo,¿ ustedes se dieron cuenta? Pero claro, mirando por
acá Pero
dónde está esto? Esto está en bandera con moneda. Bandera con moneda, exactamente. Estamos en la mitad de la calle. Fíjense nomás, los minores llegan hasta la otra cuadra, Paulina. A ver, a ver, a ver.
Y muy pronto todo terminaría de salirse de control. Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta. Anneris Casasuz nos sigue contando.
De pasar casi desapercibida los primeros días, la Casa de Vidrio se había convertido de repente en el tema de conversación de casi todos los programas de Chile. Para Arturo, el autor del proyecto, se estaba generando un fenómeno como de muñeca rusa.
Había gente mirando la obra desde la calle, luego habían camiones de televisión mirando a la gente mirando la obra y luego habían canales internacionales mirando a los canales de televisión que estaban filmando la obra. Entonces se produce una cosa súper loca de amplificación. Este
por ejemplo, es un informe de la agencia internacional Associated Press.
Algo extraño está pasando en el centro de Santiago, dice el periodista. En una casa de cristal construida especialmente para ella, la vida doméstica de la actriz Daniela Tobar está a la vista de todos. Es el sueño de los boyeristas, termina diciendo.
Porque de hecho, los minores no eran solo los que pasaban por ahí. También empezaron a llegar personas de otras ciudades para ver con sus propios ojos lo que ya habían visto en televisión. Todo el mundo opinaba.
Un proyecto muy interesante, este es el futuro. Esto entre 3 millones de... qué sé yo, en mil años más, dos mil años más, va a ser el futuro. Las casas estas van a ser todas de vidrio. No me gusta mucho. Porque
se pierde la privacidad de una casa, todo. No, no me gusta.
Y muchos no tenían pudor de confesar lo que habían ido a
ver
Daniela no tenía televisión dentro de la casa, pero escuchaba los gritos y podía ver los equipos de todos los canales que estaban apostados en el lugar.
Después fue muy fuerte lo que comenzó a pasar, como la gran masa de gente que había afuera esperando el momento de la ducha. La
ducha y también el baño, o sea, hacía sus necesidades ahí. Todas esas imágenes fueron como amplificadas al 1000% en televisión, con Zoom. Yo
me sentí violentada con eso, violentada por los gritos de afuera.
Una vez la Daniela no se duchó y la gente le gritaba cochina.
La mamá de Daniela, que la veía toda hora en los programas de televisión, la llamaba por teléfono, muy preocupada. A
esas alturas ya yo creo que mi familia en general estaba un poquito aturdida y yo creo un poco preocupada también. Yo también.
Lo que más le molestaba era el enfoque que los medios le estaban dando al tema.
Como resumir todo este gran proyecto, al momento de la ducha, a mí eso me produjo mucha obfuscación. De que esto se haya centrado en si Daniela tenía más poto o menos poto, poto es el culo, en Chile se le dice poto, o buenas tetas o malas tetas,¿ me entiendes? Entonces para mí era una ofensa, una falta de respeto.
La casa de vidrio, o más bien los escasos minutos en que Daniela estaba en el baño, habían desencadenado una especie de catarsis colectiva.
Son tantas cosas que se abrieron ahí, de lo que nosotros éramos también como país, respecto a tantos años de dictadura, de represión, de castigo por la sexualidad o de temas tabúes que salieron ahí, yo creo, a la luz.
Acá otra vez Nibia. la entonces coordinadora del Fondart. Yo
creo que fue una expresión brutal de machismo, porque el 90% de los que estaban mirando eran hombres. Y mirando desde lo lascivo, desde el intento de controlar el cuerpo de una mujer. Entonces eso generó una dinámica que prácticamente impidió hacer la conversación de fondo de lo que era el proyecto.
Como ya dijimos, Arturo quería detonar una conversación en torno a la idea de la transparencia en una sociedad, según sus propias palabras, hipócrita. Pero por supuesto nadie, ni en los medios ni en el público, le estaba dando esa interpretación. Nada más se hablaba de la ducha. Con semejante repercusión mediática, el teléfono de Arturo no paraba de sonar. Apenas estalló el escándalo, lo llamó el administrador de la empresa que le había alquilado el terreno.
Y me dice, oye Arturo, tienes que parar la obra.
Tienes que parar la obra. Arturo le recordó que él le había informado de antemano de qué se trataba el proyecto, que de ninguna manera lo iba a parar. Le dijo, además...
Este tipo de obra se trata de eso, es una obra dada, o neo-dada, donde lo que pase es lo que tenga que pasar. Uno pone como un detonante y puede desarrollarse en cualquier dirección. Y me dice, no, es que no me estás entendiendo, tienes que parar la obra.
Arturo se tenía estudiado el contrato de alquiler al dedillo. Sabía que no podía exigirle eso. Pero el administrador insistió.
Entonces me dice, no, es que no me estás entendiendo, me van a echar. Si no se va a dar la obra, me van a echar.¿ Cómo te van a echar si tú eres el gerente de la empresa? Me dice, el dueño, el dueño te va a echar.¿ Pero quién es el dueño? Agustín Edward. Agustín Edward, concha de tu madre.
Agustín Eduards era el dueño del diario El Mercurio, que había tenido un vínculo estrecho con la dictadura de Pinochet. Chuta
no tenía la menor idea. Me había metido en la pata de los caballos, pero en la pata misma de los caballos. Estábamos poniéndole el ají en el culo a una de las personas más poderosas de Chile y la cosa se había empezado a poner peligrosa. Peligrosa de verdad.
El Fondart, que había financiado parte del proyecto, también quedó en el ojo de la tormenta.
Salió mucha gente en la prensa hablando contra la obra y de cómo el Fondar podía haber financiado esto. Cómo podía usarse nuestros impuestos en financiar tal aberración, digamos.
Y mucha gente que opinaba que era como gastarse la plata de todo el país en esto.
El teléfono de Nibia también estaba que ardía. Por esas horas recibió una llamada de un alto funcionario del gobierno.
Y me dice Nibia, esto está muy complicado, yo creo que habría que suspender esto, está generando mucha polémica. Entonces yo le dije que me lo pongan por escrito ustedes y me lo mandan. No, me dijo, tú sabes que estas cosas no se pueden poner por escrito. Bueno, le dije yo que el que quiera sostener y tenga argumentos para suspender esto, no va a tener problema de ponerlo por escrito.
Nibia sabía que nadie pondría por escrito esto porque sería una censura explícita a una obra artística. Esa era su carta maestra. Y por supuesto no era la primera vez que la usaba.
siempre van a haber, cualquiera sean los signos de los gobiernos, sean de izquierda, de centro, de derecha, sean coaliciones, siempre va a haber alguna autoría que va a querer censurar.
Nibia sabía lidiar con este tipo de presiones y estaba dispuesta a resistir una vez más, aunque eso le costara el cargo.
Tenía clarísimo de que estábamos enfrentándonos a una batalla cultural, ¿eh? de que no podían haber temas vedados, que había que respetar la libertad de creación, que también desde el arte y la cultura había como un cimarron, un terremoto, para construir una cultura democrática. Y
así, entre una cobertura inusitada en la prensa y las primeras presiones, el miércoles llegó a su fin. Aunque la cosa no estaría más tranquila el día siguiente. En la mañana del jueves había cientos de personas agolpadas contra la cerca de la casa.
Ya prácticamente no se podía entrar, en el sentido de que había tanta gente afuera que no se podía uno acercar a la puerta de acceso del sitio.
La policía había llegado a cortar el tránsito porque la calle era un caos. Cuando Daniela quería salir o entrar, Arturo y su equipo tenían que hacer una especie de cordón de seguridad.
Daniela nos llamaba para decirnos voy a salir. Entonces estábamos preparados para que saliera. O, yo estoy a 10 cuadras, voy para allá, voy a llegar en 15 minutos. Entonces preparábamos un poco la situación para que pudiera entrarse y salirse.
Pero el esquema de seguridad pronto se desbordó.
Porque empezó a haber esto del acoso. Empezaron a manosear a Daniela cuando se acercaba a la puerta.
Acá, por ejemplo, se puede escuchar a Daniela mientras intentaba salir de la casa.
La
cantidad de personas, creo que hombres en su mayoría, tratando de tocarme, de agarrarme, de sacarme un pedacito. Yo lo sentí así. Fue salvaje eso. Súper, súper salvaje.
Por esas horas, a Daniela le contaron algo que la horrorizó.
de una chica que pasó por ahí cerca, creo, una manada, lo voy a decir así, una tropa de hombres, la confundió conmigo y creo que la dejaron casi desnuda. Entonces, realmente estamos hablando de salvajismo, de un descontrol total. Y yo creo que nadie nunca se imaginó que iba a llegar a tal punto.
Más tarde, ese mismo día, Daniela tuvo que salir de la casa custodiada por las fuerzas especiales de los carabineros, esos que llevan escudos y cascos.
Y yo tuve que salir con ellos de la casa porque ya en ese momento se temía por mi seguridad.
Ante esta situación, el equipo decidió hacer una reunión de emergencia. Arturo, Daniel y varios más se encontraron en un restaurante cercano a la casa de vidrio.
Y ahí dijimos, mira, hay que implementar, digamos, qué sé yo, si se pone peluda la cosa, si se pone difícil la cosa, vamos a sacar a Daniela y que no vuelva más.
Estarían muy atentos a lo que pasara en las próximas horas para tomar una decisión. Luego de la reunión, Daniela se fue al ensayo de su obra con la esperanza de que todo se calmara. Pero lejos estaban de eso. Porque como si todo esto ya no fuera suficiente, aparecieron en el lugar los grupos conservadores. Un hombre, en representación de una agrupación llamada El Porvenir, habló ante las cámaras de televisión.
Una falta de respeto, el hecho de que esa casa de cristal haya sido ubicada justo frente a una de las iglesias más antiguas y tradicionales de Santiago, como es la iglesia del convento de las Agustinas.
A primera vista, los conservadores parecían ser la antítesis de los boyeristas, pero en realidad todo se trataba de lo mismo.
Uno lo quieren ver para, no sé, deleitar sus deseos animales más instintivos, más profundos,¿ me entiendes tú? Y los otros, el rechazo al cuerpo, el pecado. Pero el tema era el mismo, el tema era el cuerpo.
Lo cierto es que el ambiente estaba cada vez más peligroso. Un hombre, incluso, se acercó a la casa para hacerle una advertencia directa a Arturo. cara a cara.
Y me dice, van a venir 25 jóvenes patriotas a destruirlo todo
Arturo ya venía recibiendo tantas presiones que para esta altura no podía saber si la amenaza venía de parte de Agustín Edwards, de los grupos conservadores o de ambos. Pero al fin y al cabo, eso era lo que menos importaba.
Lo que hicimos fue prepararnos para que sucediera. En la lógica dada, dijimos, pongamos unas cámaras para cuando vengan los 25 jóvenes patriotas y destruyan la obra, si queda así, eso quede registrado como parte de la obra
Además, sería una forma de identificar a los agresores. Pero la amenaza había sido lo suficientemente contundente para que Arturo también fuera a hacer la denuncia a la policía de investigaciones. Mientras tanto, seguían pasando cosas muy extrañas en la casa. En algún momento, cuando Daniela ya había salido, alguien había trabado el candado de la puerta exterior. Le metieron un palo de fósforo a la cerradura y ni Arturo ni
nadie del equipo pudo entrar a la casa. Ya todos estaban demasiado asustados.
Yo creo que ellos temían realmente por mi seguridad. Porque claro, por más que se quedaran no sé cuántas personas durante la noche, si venía una tropa de salvajes a querer entrar, iban a entrar. Y podían... fácilmente violarme, despedazarme y quizás comerme también,¿ me entiendes tú? Porque el nivel de salvajismo era eso
Había pasado tan solo cinco días en la casa de vidrio, pero habían sido más que suficientes. Daniela, Arturo y el resto del equipo se reunieron de emergencia y decidieron que ya ella no volvería a la casa. Esa noche durmió en la casa de su madre y luego decidió irse a ensayar unos días a Valparaíso, junto con su compañía de teatro y para escapar del asedio de la prensa. Hasta el momento, los entre comillas patriotas no habían llegado, así que la casa de vidrio permanecía en pie, en
pie pero deshabitada. Así que ahora Arturo y el equipo deberían decidir cómo seguir. Y la respuesta estaría en una carta.
Ya volvemos. Estamos de vuelta. Aneris nos cuenta el resto de la historia.
Después del escándalo, la casa de vidrio resistía vacía en pleno centro de Santiago. Arturo y el equipo se debatían qué hacer con el proyecto. No dijeron nada a la prensa sobre la salida de Daniela. Todo se había salido de control y no querían que volviera a pasar algo así. Así que se tomaron unos días para pensar. Y fue ahí cuando se acordaron de algo.
habíamos nosotros recibido una carta de felicitaciones de Víctor Hugo Gás, que es un actor más bien, es un actor de teatro, pero es conocido un poco porque hace publicidad. Una carta muy bonita, digamos, como felicitando, como gracias, qué sé yo
Víctor Hugo se había enterado del proyecto cuando pasó por un kiosco y vio las fotos de la Casa de Vidrio en la portada del diario La Segunda. Este es Víctor Hugo.
Y aparecía la foto de la chica Daniela Tobar, que la encontré preciosa yo me la imaginé en el espacio navegando en fin me produjo me conmovió mucho esa fotografía de tal manera que llego a la casa y yo escribo una carta al día siguiente voy donde estaba ubicada la casa de vidrio lanzo esa carta hacia adentro porque la Daniela no estaba y pasan dos días y los creadores del proyecto me llaman y me dicen Víctor Hugo quiero que te vengas a vivir a la casa de vidrio porque la Daniela se fue
Víctor Hugo era el candidato perfecto no solo porque estaba fascinado con el proyecto, sino porque además era hombre.
Había mujeres que dijeron, bueno,¿ y por qué no ponen un hombre? Les dijeron a ellos, lo dijeron públicamente, entonces digamos que aquí está el hombre. Un poco viejo, un poco guatón, feo, pero ahí está el hombre.
Luego de hablar con su esposa y sus dos hijos, Víctor Hugo aceptó la propuesta. Después de algunos días juntó sus cosas y entró a la casa de vidrio con la misma instrucción que le habían dado a Daniela, que viviera con total normalidad. Y
ahí se juntaban mujeres. Ahora, no era tanta gente como cuando estaba Daniela, supongamos que habían afuera unas 20, 30 personas.
Interesante, porque ya los hombres tuvieron su cortina, ahora le toca a las mujeres.
Bien, porque así los pertenece a nosotros también poder diseñar un poco.
Pero no era nada comparado con lo que había pasado con Daniela.
Podía salir tranquilamente porque yo nunca causé la sensación que causó la Daniela. Porque era hombre y era viejo.
En realidad no tan viejo. Tenía 46 años en ese momento. Pero doblaba a Daniela en edad. Nibia también recuerda muy bien lo que pasó con Víctor Hugo.
Y ahí bajó de inmediato el nivel de asistencia al lugar. Bajó el nivel de interés de la prensa.
Y todo se calmó. Los días de Víctor en la casa pasaron muchísimo más desapercibidos. Llegó a estar menos de una semana, pero cumplió la meta que Arturo quería, que el proyecto finalizara tal como había sido concebido, con un habitante dentro de la casa de vidrio. Días después, la casa se desmanteló y la esquina de moneda con bandera ya lucía otra vez como antes. Pero este no sería todavía el final de la historia.
Porque después nos demandaron...
La polémica seguía, ahora en los tribunales de justicia. Un abogado del Porvenir había iniciado una demanda amparada en el artículo 373 del Código Penal que dice, y cito, que los que de cualquier modo ofendieran el pudor o las buenas costumbres con hechos de grave escándalo o trascendencia sufrirán la pena de reclusión menor en sus grados mínimo a medio. Traduzco, condenas de hasta tres años de cárcel por afectar las buenas costumbres y el pudor. Artículo que al día de hoy sigue vigente.
Era un exceso y un absurdo, digamos
Él es Roberto Celedón, un abogado defensor de los derechos humanos, hoy diputado. Roberto conocía muy bien el proyecto porque había ayudado a Arturo a armar el marco legal de la obra.
Era una experiencia universitaria y académica que tenía una intencionalidad completamente distinta al traje público, a las buenas costumbres.
Cuando se enteró de la demanda, Roberto enseguida asumió la defensa del caso. Arturo recuerda que le dijo.
Si nosotros logramos ganar un juicio, vamos a cambiar la jurisprudencia. Y ahí va a cambiar, en el fondo, si cambia la ley, cambia la cultura, entre comillas.
La demanda, iniciada en el segundo juzgado del crimen de Santiago, era directamente contra Arturo y su equipo. Esta es Nibia otra vez.
Se fueron contra ellos porque eran unos chicos jóvenes recién saliendo casi a la universidad, que estaban recién con este proyecto. O sea, incluso fueron cobardes, por decirte de alguna manera, porque si se hubieran ido en contra del ministerio, la batería habría sido distinta.
El Ministerio de Educación, del que dependía el Fondarte en ese entonces, no figuraba en la demanda. Porque claro, todo el mundo lo sabe, es muy difícil ganarle al Estado. pero todas las demás partes involucradas sí deberían ir a declarar.
Todos los miembros del equipo duro que yo los nombré, dije, mira, estas son las personas que habría que, si quieren, digamos, interrogar para que vean cómo fue, porque en realidad no hay nada sexual en la obra.
Yo de verdad creo que en ellos no hubo nunca una intención de tomar como objeto a Daniela, como objeto sexual, como objeto de apropiación. No, no, yo creo que nunca estuvo esa idea.
Pero en esta instancia tenían que convencer a la justicia de esto. El primero que declaró fue Arturo.
A Daniela también le tocó declarar.
Pero no le mostraron esas cosas macabras, sino que le hicieron preguntas tontísimas.
Claro, las preguntas eran,¿ cómo te bañaste? Bueno, saqué mi ropa y encendí la ducha y me metí a la ducha y me mojé, me jaboné y luego me enjuagué.¿
Cómo me voy a duchar así como todos los días? A Víctor Hugo también le tocó.
Y usted cómo se ducha?¿ Cómo se ducha cualquier persona? Queremos detallar. Bueno, entonces yo ahí le contesto groseramente, bueno, me lavé los cocos, me metí la mano en el poto, qué sé
yo. Pero la transcripción de esa declaración no fue textual.
Entonces la redacción de la secretaria dice que me hice un aseo prolijo.
Para las personas que hacen interrogatorio, para los actuarios, que son los que escriben las declaraciones y todo eso, era como una causa muy divertida, no sé si divertida, pero anecdótica, entretenida. Para ellos
no, nada entretenida. Fueron meses de ir a declarar, de presentar papeles, hasta que, finalmente, el juez tomó una decisión.
El juez sobreselló definitivamente la causa. Dijo aquí no hay delito.
El hecho de que el juez fuera más o menos probo, logró que se fallara el logro de los honros, pero no fue obvio, fue bastante duro.
Sería demasiado absurdo que hubiese estado en prisión por eso, pero bueno. En Chile hay cosas absurdas, entonces podría haber sido también
Pero había otro motivo más para festejar, porque en la sentencia el juez hizo una distinción importante.
De cuando tú usas el cuerpo en términos pornográficos o de abuso del otro, a cuando lo usas como expresión de arte.
Esa distinción, tal como lo había imaginado el abogado, podría sentar jurisprudencia en el futuro.
En el fondo el artista no solo crea una obra, está construyendo también nuevos paradigmas, poniendo en tensión los que habían. Hay una dimensión simbólica que es muy importante, incluso en algunas producciones u obras que son aparentemente pequeñas, menores.
La Casa de Vidrio resultó ser una especie de antesala de todo lo que vino después.
Se produjo, claro, una cosa ahí que no sé si es promisoria respecto al Gran Hermano. Hay que pensar que Gran Hermano es Orwell. Viene de un libro que hace una crítica al control visual, digamos,¿ no es cierto? Y acá se había producido el fenómeno de Gran Hermano a través de la televisión.
La primera edición del famoso reality show se había estrenado apenas unos meses antes, a fines de 1999, en Holanda. pero recién en los años siguientes llegaría con fuerza a distintos países de Latinoamérica. A Chile no llegó sino hasta 2023, aunque durante todos estos años hubo decenas de realities parecidos. El primero fue Protagonistas de la Fama, en 2003, en el que aspirantes actores y actrices vivían en una casa vigilado las 24 horas del día. Y después de los realities, lo que
ya todos conocemos. las redes sociales que fomentan una cultura de sobreexposición de la vida personal y un consumo de la intimidad ajena, una especie de exhibicionismo y voyerismo colectivo. Pero aunque llevamos años conviviendo con eso, me pregunto si la reacción ante una hipotética casa de vidrio, con una persona real, que apareciera repentinamente en el centro de cualquier ciudad latinoamericana, provocaría hoy algo muy diferente a lo que
generó 26 años atrás en Santiago. Se lo pregunté también a Daniela.
Y yo a veces me pregunto, pero bueno, Daniela,¿ cuál era la reacción que tú esperabas?¿ Que se generara un debate sociológico de cómo somos, de cómo nos vemos, de cómo nos gustaría ser? Es como pedirle peras al olmo,¿ me entiendes
Algo ha cambiado, pero no todo.
Hoy en día creo que hay un grupo, una generación mucho más empoderada de su cuerpo y de defender su género y su femineidad. Entonces, a pesar de que eso está cambiando, creo que hoy en día generaría revuelo también. Hay cosas en el ser humano que no cambian.
Como esa irrefrenable tentación de mirar un cuerpo desnudo, en vivo, y más aún cuando se trata de una mujer.
Atorados por las deudas que le había generado el proyecto, Arturo y su equipo vendieron la casa de vidrio al fotógrafo Roberto Edwards, hermano de Agustín Edwards, dueño del diario El Mercurio. Roberto había apoyado el proyecto desde el primer momento. Hoy está instalada en un espacio de coworking en la comuna de Providencia, en Santiago de Chile. En el terreno donde se montó la casa, se construyó un pequeño centro comercial.
Como parte de los beneficios de pertenecer a Deambulantes, nuestro programa de membresías, Jeff Oxley leerá los créditos de este episodio. Los dejo con Jeff.
Hola, ambulantes. Soy Jeff Oxley de Portland, Oregon, Estados Unidos, y junto con mi esposa, Jeannie Delaney, somos miembros de Deambulantes desde hace dos años. Yo empecé a escuchar sus historias para ayudarme a aprender español, y con el tiempo, ha dejado de ser una herramienta y se han convertido en un compañero que me lleva a lugares a los que nunca iré y me cuenta las historias de personas que de otro modo nunca tendría el placer de conocer.
Si quieres ayudar a que siga narrando América Latina, visita radioambulante.org.donar Aquí los créditos del episodio de hoy. Aneris Casasuz es productora de Radioambulante y vive en Buenos Aires. Esta historia fue editada por Camila Segura. Bruno Selsa hizo la verificación de datos. El diseño de sonido es de Andrés
Aspire con música. y Andrés. El resto del equipo de radioambulante incluye a Daniel Alarcón, Paula Aleán, Adriana Bernal, Diego Corzo, Emilia Herbeta, Camilo Jiménez, Santo Finio, Germán Montoya, Sara Selva Ortiz, Samantha Proaño, Natalia Ramírez, Juan Pablo Santos, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Luis Fernando Vargas, Franklin Villavicencio y Mariana Zúñiga. Carolina Guerrero es la CEO. Radioambulante es un podcast de Radioambulante Studios. Se produce y se mezcla en el programa
Hindenburg Pro. Radioambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Jeff Oxley. Gracias por escuchar.
