¶ Infancia en Gaza y Sueño de Libertad
Una advertencia antes de comenzar. Este episodio contiene descripciones de violencia. Se recomienda discreción. Esto es Radioambulante. Soy Daniel Alarcón. De niño, Refat Alatama tenía dos formas de entretenerse.
Una era jugar fútbol. Me conocían por el mejor arquero. Vivíamos en un barrio que estaba cerca de las montañas. Íbamos a jugar en las canchas en las montañas.
Y la otra, ir a la playa. En realidad, no había muchas más opciones.
No es como una ciudad normal donde tiene parques, tiene lugar para divertirse. Era el único lugar donde queríamos, a veces cuando queríamos pasar un buen rato, ir a la playa con los chicos y jugar fútbol.
Refat vivía en Gaza. Nació allí en 1977 en esa franja estrechísima de tierra en la costa mediterránea. Se recorre en apenas una hora y media en coche de norte a sur y en menos de 30 minutos de este a oeste. Pero está superpoblada, viven más de 2 millones de personas, casi tantas como en Medellín o en Quito, un extremo de la frontera linda con Egipto y el resto con Israel. Cuando Refat era pequeño, Israel de hecho ejercía el control de Gaza desde adentro.
Hasta para ir a la playa había unos puntos donde teníamos que pasar, donde a veces los soldados del ejército israelí nos maltrataban. Nos pegaban a veces y cuando las cosas se ponían feas había varias semanas de toque de queda donde la gente no podía salir a la calle.
Por eso, cuando Refat terminó el colegio a finales de los 90 y le tocó elegir qué estudiar, optó por una carrera que en ese entonces las universidades aún no ofrecían en Gaza.
Quería conocer más países, quería vivir en libertad. Decidió que sería médico. La primera lección era medicina. Porque esa profesión en Palestina es algo bonito que todos lo aprecian y lo valoran y además te beneficia mucho en la parte económica.
Así saldría de allí y además podría ayudar a su familia que no era pequeña. Él es el segundo de 13 hermanos.
La familia siempre tiene la esperanza de que sus hijos cuando crezcan tengan una buena profesión, que tengan un buen estado económico para ayudar a la familia.
Para ese momento irse al extranjero a estudiar no era algo tan extraño. Había incluso agencias que se encargaban de los trámites para los estudiantes que querían salir de Palestina. Traducían el título, ayudaban con todo el proceso de la visa, con conseguir el pasaje y con un cupo en ciertas universidades. Para promocionar sus servicios repartían folletos en los colegios, en las mezquitas. Era habitual irse a Turquía, a Ucrania, a Alemania,
pero Refat descartó esas opciones. En Turquía había que hacer un examen y no se sentía confiado en aprobarlo. Ucrania en su época tenía mala fama. Contaban que había estudiantes que pagaban para aprobar asignaturas. Y Alemania le resultaba demasiado caro a Refat. Pero de pronto apareció una cuarta opción
Bolivia. Refat nunca había oído hablar de ese lugar. Le
atrajo porque en los folletos aparecía una universidad no tan cara. Y después de averiguar un poco, supo que vivir allí tampoco era costoso. Eso le convenció. Refat, con apenas 20 años, no tenía dinero para él solo costearse algo así, claro. Pero su padre, como tantos otros casatíes, trabajaba por entonces en Israel y ganaba bien. Se comprometió a ayudarlo. Era algo así como una inversión, apostar por su hijo más estudioso para que luego él les ayudara a salir adelante.
Estudiar afuera era un lujo, porque salir afuera quiere decir que alguien te tiene que mantener y cada mes tiene que mandarte dinero, y no todo el mundo contaba con ese dinero.
Con el dinero asegurado, Refat contrató los servicios de una agencia. Y un par de meses después, en 1998, sin haberlo imaginado nunca,
¶ El Regreso a una Gaza Irreconocible
aterrizó en Bolivia. Lo que no sospechaba entonces era el papel inesperado que ese país y lo que estaba a punto de aprender en él tendría en su vida. Nuestra productora Sara Selva Ortiz nos cuenta.
Cuando Refat llegó a Bolivia, era un joven con ganas de conocer cómo era el mundo fuera de Gaza. Enseguida empezó a hacer amigos, a empaparse de esa nueva cultura. Estaba feliz.
Yo deseo vivir toda mi vida como en esa época, porque era el tiempo donde tenía menos problemas, menos preocupaciones. Yo estudiaba medicina, pero salía, paseaba, salía con mis amigas, fiestas.
No le costó adaptarse.
No es tan complicado aprender el español cuando estás viviendo en el país, siendo joven, que tienes que enfrentarte a la vida, estás sola, sin familias.
Veía novelas mexicanas. Con eso aprendía vocabulario al mismo tiempo que intentaba descifrar cómo eran los latinoamericanos. Y escuchaba música romántica, tratando de entender lo que decían.
Para sentir las canciones, vivir las novelas, me demoró un poco más. Tal vez me costó un año.
Y a los dos años ya estaba totalmente integrado.
Llegaron muchas personas cercanas a mí, que son bolivianos, que me decían... sos latino, nada que ver con palestino, tu actitud, tu acento, todo es latino. Así que bueno, me decían el palestino, camba
Camba, que es como se les dice en Bolivia a las personas de la zona de Santa Cruz. Refat estaba tan a gusto allí que pasó el tiempo y terminó quedándose, 12 años. Le dio tiempo a mudarse a Santa Cruz, a terminar la carrera, a enamorarse, casarse incluso, y conseguir de paso la nacionalidad boliviana. Pero el matrimonio no duró mucho. Ella, cuenta él, le rompió el corazón y terminaron divorciándose. Poco después, Refat se fue a trabajar a Salta, una provincia fronteriza
en Argentina. Pero al cambiar de país, comenzó a sentirse solo, a extrañar a su familia, a Palestina. Sentía que hasta se le estaba olvidando el árabe, su lengua materna.
Casi no hablaba el árabe. Era la comunicación con mi familia menos, cada vez menos, porque ellos tenían sus cosas y yo tenía mis cosas. Así que estaba como... viendo que me estoy alejando o estoy olvidando de cosas mías que no quiero perder.
Así que decidió regresar. Su idea era pasar unos meses en casa y volver después a Salta.
Ir a Gaza, actualizarme, volver a hablar más en árabe. Es como cargarme de nuevo,¿ me entiendes? Y volver y seguir lo mismo.
Volver a Gaza fue impactante. Era 2010. Refat llevaba más de una década sin ver su barrio en la ciudad de Han Yunis, al sur de la Franja. Lo primero que le sorprendió fue el ruido. En ese entonces, Israel había bombardeado la única central eléctrica de la franja y solo había cuatro o cinco horas de electricidad al día. Por eso casi todos sus vecinos tenían generadores que sonaban
durísimo.
Todo era abrumador. Los primeros días, Refad los pasó con su familia. Recuerda a todos sus hermanos reunidos en casa de sus padres, escuchando a su madre contar historias de cuando eran niños.
Elia es como el almacén de los recuerdos, que Elia cuando se sienta con nosotros empieza a hablar, se acuerdan de tal cosa, se acuerdan cuando tenías un año, se acuerdan de bromas que hacíamos, de cuentos, de muchas cosas, entonces esos recuerdos son muy lindos para nosotros.
Allí fue aún más consciente de todo lo que se había perdido.
Hay cosas que no se recuperan. Una hermana mía que la dejé cuando tenía como dos, tres años. No la vi cuando tenía cinco, seis, siete, diez o doce. Perdí todo ese tiempo. Muchos sobrinos que son nuevos, que no había visto, han nacido mientras yo estaba afuera. Esposas de mis hermanos que no conocía. Así que tenía que conocer a todos, visitar a todos.
Cuando alguien volvía a la franja después de tantos años fuera, Era habitual pasar unos días recibiendo a vecinos, a amigos, a compañeros del colegio, pasar tiempo juntos, ponerse al día. Pero esa vez a Refat casi nadie lo visitó.
No logré ver amigos que han sido mis compañeros, que hemos tenido muchos recuerdos, que los vi en la calle. No sé, no me saludaban porque no me veían o tenían vergüenza de saludarme o porque no han venido. A
veces apenas les reconocía. Yo
cuando fui tenía como 32 años. Pero cuando miraba a mis compañeros, que son la misma edad, le daba 40, 45. Con cabello más blanco, con pelones, con cuerpo desgastado, con cara estresada. Y cuando les preguntaba, oye,¿ pero qué es de fulano? Que era nuestro amigo, que jugaba con nosotros fútbol, que era mi compañero, que salíamos siempre.¿ Por qué no vino a visitarme?¿ Por qué? Me dicen, no sé, la gente ha sufrido mucho aquí.
¶ El Horror del 7 de Octubre y la Lucha Médica
Hay mucha gente que han perdido sus familiares, hay gente que han perdido su trabajo, hay gente que se ha vuelto mal de la cabeza
Ya nada era igual. La situación de la franja había cambiado mucho en esos 12 años en los que Rafat estuvo afuera. La historia de Gaza, de cómo llegó a ser lo que es, es una historia de décadas que no se puede explicar del todo en un episodio. Hay años de desplazamientos, de dolor, de crímenes contra la humanidad. Lo cierto es que la Gaza a la que llegó Refat era muy diferente a la de 1998, cuando se marchó a Bolivia. En ese momento era un territorio que Israel controlaba militar, social
y económicamente. Cuando volvió, en 2010, ya no. El control lo tenía jamás. Jamás es muchas cosas para diferentes personas. Para algunos países, como Estados Unidos, Argentina, Canadá o Reino Unido, es una organización terrorista. Para otros, como Irán y Turquía, Es un grupo de resistencia legítimo. Nació como un movimiento político islamista y una milicia con un principio claro, la
resistencia armada contra la ocupación israelí. Ganó las elecciones en 2006, aunque terminó expulsando a sus oponentes palestinos, a Fatah, con un conflicto armado. Desde entonces no se han vuelto a celebrar elecciones. La respuesta de Israel fue imponer un bloqueo que empezó en 2007, que continúa hoy en día y que
ha ido aislando y asfixiando a la franja. Israel controla todo lo que entra y todo lo que sale, y decide cuándo entra y cuándo no. Controla los pasos fronterizos, el espacio aéreo, el mar, todo menos el paso de Rafá, por donde Rafá salió para marcharse a Bolivia. Allí, en teoría, el control lo tiene Egipto, pero Israel sigue teniendo una enorme influencia. Además, no es raro que el paso permanezca cerrado durante largas temporadas. Hay años en los que solo
ha estado abierto 30, 40 o 50 días. El bloqueo llevó a Gaza a un colapso económico. El padre de Refat perdió su empleo en Israel. Trabajaba en una planta de reciclaje de metales, separando chatarra, pero ya no podía cruzar las fronteras con facilidad y trabajar fuera dejó de ser una opción. Había que buscar trabajo dentro de Gaza, de lo que fuera, mecánico, carpintero, conductor.
Pasó de ganar unos 2.000 dólares a ganar unos 200.000. Con esta nueva situación, su padre ya no podía seguir ayudando a Refat con sus estudios. Muchísima gente acabó sin trabajo, las fábricas cerraban, no podían recibir material de fuera ni tampoco exportar nada al exterior. Los agricultores no podían cultivar porque no podían acceder a sus tierras ni pescar en el mar. Si lo intentaban, se arriesgaban a recibir un disparo de
un soldado israelí. En Gaza empezó a faltar trabajo, comida, electricidad, medicinas, empezó a faltar de todo. Y a eso se sumó la guerra. O mejor dicho, las guerras. Entre 2008 y 2009, Israel estuvo 22 días bombardeando la franja. Mató a más de 1.400 personas. A esa Gaza llegó Refat dos años después.
Hay personas que su actitud ha cambiado. Antes, cuando eran más jóvenes, eran más divertidos, más juguetones. Ahora están más serios. El estrés que se vive en Gaza también afectó a muchos.
Desde Bolivia, Refat hablaba con su familia y le contaban, claro, que estaban sufriendo, que el bloqueo hacía la vida imposible, que un familiar había muerto en un bombardeo. Refat solía estar pendiente de las noticias que llegaban desde allí.
Yo nunca pude abandonar las noticias porque es mi pueblo que siempre ha sufrido, pero mirar las noticias es diferente de vivirlo al día.
Lo que vio esas primeras semanas de regreso cambió sus planes.
Mi intención no era quedarme en casa, pero me quedé porque estaba obligado a estar ahí.
Notó a sus padres más mayores, más dependientes, y se sintió en deuda. Le tocaba apoyarles.
Quería darles algo de alegría. No quería abandonarles. Ellos querían
¶ Buscando Ayuda: Videos, Crisis Humanitaria y el Bloqueo de Rafah
que esté cerca de ellos. Veían en mí una fuerza, un apoyo que puedo estar.
Su madre además le insistía. Quédate y cásate aquí. Forma una familia y luego te vas a donde quieras. Refat aceptó. Se quedaría un año y después volvería a Argentina. Homologó su título, empezó a trabajar como médico, conoció a Noha, una mujer gazatí, también de Han Yunis, unos 14 años menor que él. Se casó y empezó a formar una familia, tal y como le pedía su madre. Su primera hija nació en 2013, poco después de que Israel bombardeara de nuevo
la franja. Esa vez lo hizo durante ocho días seguidos, matando a más de 160 personas. Los planes de Rafat de salir de Gaza empezaron a frustrarse. Para poder hacerlo necesitaba dinero para pagar a las autoridades egipcias, y ahorrar en esas circunstancias era dificilísimo. No podía ayudar a sus padres, como se había prometido, ni tampoco reunir el dinero suficiente para sacar a su familia de allí. Por la crisis
y bloqueo no nos pagaban los sueldos, nos pagaban a veces el 20%,
el 30%. El resto se lo quedaba debiendo al gobierno, que en teoría se comprometía a pagar cuando mejoraran las circunstancias. Pero en Gaza las cosas nunca mejoraban. Al contrario, en 2014, de nuevo, otra guerra. 50 días de bombardeos en Gaza. Más de 2.000 asesinados.
Eso nos mantenía siempre quebrados. No podés ahorrar nada, no podés escapar. Así que estaba como preso.
Pero la idea de salir siempre estaba presente. Aunque siempre, también, había algo que le impedía irse. La pandemia. Nuevas guerras en 2021, en 2022. Y su familia, además, seguía creciendo. Salir era cada vez más costoso. En 2023, Refaya tenía cinco hijos. La mayor, Mira, tenía 10 años y el más pequeño, Ayham, dos. Y entonces...
El grupo militante Hamas lanza una incursión sorpresa contra Israel desde Gaza y desata la mayor escalada de violencia en la región en años.
Hamas ha golpeado desde la franja de Gaza por tierra, mar y aire. Ha lanzado miles de cohetes. Escalada más mortífera posible. Llegó
el 7 de octubre.
Ya volvemos.
Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Sara nos sigue contando.
La mañana del 7 de octubre, Refat acababa de terminar una guardia en el hospital. Llegó a casa agotado, deseando dormir. Pero justo antes de meterse en la cama...
Empecé a escuchar un montón de misiles saliendo, ruido. Vos mirabas el cielo, salía uno por ahí, otro por allá, diez por allá, y salían de golpe
Nunca había visto algo así.
Empezamos a ver las noticias, encender la tele para ver qué pasa. No sabíamos si era un ataque israelí, si era una incursión, no sabíamos nada.
Refat se enteró de lo que había pasado. Combatientes de Hamás y otras milicias lanzaron miles de cohetes desde la franja de Gaza hacia Israel y casi al mismo tiempo lograron burlar los controles israelíes, en teoría inquebrantables, y cruzar la frontera. Una vez dentro, asaltaron bases militares y atacaron Kibbutzim, esas comunidades civiles cercanas a la frontera. Los miembros de Hamás disparaban a los que intentaban escapar, lanzaban granadas y
prendían fuego a las casas. Algunas personas fueron secuestradas, la mayoría asesinadas.
Empezaron a dar imágenes como los grupos de resistencia están paseando en las colonias, subiendo los tanques de Israel, quemando tanques.
Horas después también llegaron al festival de música Nova, donde asesinaron alrededor de 380 personas y decenas fueron secuestradas. Estaban de fiesta cuando milicianos de Hamas se rompieron en parapente y comenzaron a disparar.
Los gritos y las explosiones se apoderaron de la escena.
De este
sitio se han recuperado al menos 260 cadáveres.
En total, mataron a más de 1.200 personas y volvieron a Gaza con 250 rehenes, civiles y soldados.
La respuesta de Israel ha sido brutal.
Empezaron a atacar mi barrio, departamentos, edificios. El
Gabinete de Seguridad de Israel declaró formalmente el estado de guerra.
Empezaron a atacar todo lo que daba vida a nosotros. No había electricidad, ya no hay colegios, ya no hay trabajo, todo está bloqueado. No
entraba agua ni comida, nada. Ya no era un bloqueo, era un estrangulamiento. No era la primera vez que Israel atacaba y ahogaba así a la franja, pero Refat sabía que esta vez era diferente, más brutal. Lo veía en su día a día, en el hospital.
Gaza ha sido un lugar de experimentar armamento y eso lo vimos también en las heridas que nos
obligaban al hospital. Refat trabajaba entonces en el Hospital Europeo, uno de los principales del sur de la franja. Cuando empezaron los bombardeos estaba a punto de terminar una nueva especialidad en anestesia y terapia intensiva, pero su día a día cambió por completo. El hospital no dejaba de recibir pacientes, por la mañana, por la tarde, por la noche, y él tenía que hacer de todo.
Como apenas había gasolina, los hospitales empezaron a mandar autobuses para recoger a sus empleados y llevarlos a sus puestos de trabajo. Ahí, en el hospital, a los dos meses de empezar los bombardeos, Refad recibió una de las peores noticias.
Tenía guardia y le tocaba con su mejor amigo.
Y no llega. Aviso a mi jefe, le digo a mi compañero de trabajo, estoy con mucha carga de trabajo y no apareció. No sé si está mal. Bueno, lo vamos a llamar. Pero justamente después de dos horas nos dice que fue atacado con su familia. En ese ataque murió él, murieron sus dos padres, su hermano, sus dos niños y solamente se quedó una niña de él sobreviviente. con graves heridas, que ahora está viviendo después de recuperarse.
Y era un amigo, como hermano. Lo perdí y estuve trabajando con esa rabia, con ese dolor.
Recibir ese tipo de noticias pasó a ser algo habitual. Mataban a enfermeras, a médicos, a tíos, a primos. Pero sentía que tenía que seguir.
Mi deber era ir al hospital y atender a los pacientes que eran demasiados.
El horror venía de todas partes, de lo que veía en el hospital, pero también de la constante zozobra del día a día. Se la pasaba pendiente del teléfono, sufriendo
¶ La Última Esperanza: Evacuación y Culpa del Sobreviviente
por separarse de su familia, de Noja y de sus cinco hijos.
Pensaba eso todos los días.¿ Qué hago si pierdo a un niño?¿ Qué harán ellos si a mí me pasa algo? Muchas veces han sido los ataques cerca de ellos, me tenía que llamar y la gran preocupación era que las llamadas no agarraban. Ahora no sabes si ellos no contestan porque han sido atacados o no contestan porque no hay señal. Y tienes que estar con los nervios todo el tiempo hasta que logras hablar con ellos y saber que están bien.
Y a pesar de que los pensaba constantemente, no tenía tiempo de detenerse en esa incertidumbre. No paraban de llegar pacientes.
Era sobrecarga total para todo el equipo médico. Ese tiempo, en vez de trabajar lo normal, teníamos que trabajar el doble, a veces el triple.
Y sin salario. Si ya en condiciones normales no lo recibía completo… Ahora mucho menos. Cuenta que apenas les entregaban 100 dólares cada dos meses.
Todos están trabajando en las mismas condiciones, tratando de soportar eso y no podían abandonar el hospital. Tienen que hacer su deber porque todos los que están atacados son gente nuestra también. Puede ser tu primo, puede ser tu madre y tenemos que servir a todos y aguantar pensando que eso va a terminar ya pronto, pero nunca terminó. Era
puro horror, horror perpetuo. Refat sabía que solo había una opción para huir de eso. salir de Gaza. Y esa pasó a ser su misión. A los pocos meses, cuando Refat vio que Israel no tenía intención de dejar de atacar, se puso en contacto con la embajada que Bolivia tenía en el Cairo, en Egipto. Como dijimos, Refat tenía pasaporte boliviano, se había nacionalizado mientras estudiaba allí, cuando se casó. Pensó que como boliviano, ese gobierno podría ayudarlo a evacuar junto
con su familia. Pero poco antes, a finales de octubre, a raíz de lo que estaba sucediendo en la Franja, Bolivia rompió sus relaciones diplomáticas con Israel, así que, en esas circunstancias, esa gestión era aún más complicada. Aún así, le dijeron que lo intentarían, que fuera paciente. Conforme pasaban los meses, la situación en Gaza solo empeoraba. En enero de 2024, Israel lanzó una ofensiva contra Han Yunis, la ciudad de la que vivía Refat. A veces, Israel avisaba cuando venía un ataque. Por
varios medios. Primero, folietos.
folletos que lanzaban desde el cielo informando de las zonas rojas, las que iban a ser atacadas y las, en teoría, zonas seguras.
Segundo, tienen páginas que anuncian que nosotros les seguimos para saber a dónde vamos, qué hacemos. Y tercero, algunas incursiones han sido de sorpresa y están los tanques a las puertas del barrio y empiezan los drones que gritan con micrófono que tienen que abandonar, tienen una hora para salir.
Cada vez que eso pasaba tenían que buscar un lugar al que marcharse, a casa de un familiar o de un conocido. La primera vez pudieron moverse dentro de Han Yunis, pero Israel siguió avanzando y no les quedó más opción que marcharse a Rafá, más al sur, a pocos kilómetros de la frontera con Egipto. La familia tuvo que separarse, eran muchos para quedarse en un mismo lugar. Refat y su hijo Amir, de ocho años, se fueron a casa de un familiar, y Noja y el resto de los
niños a la de otro. Estaban en la misma ciudad, pero a unos tres kilómetros de distancia. Refat dejaba a Mir en casa con sus primos y tíos y se iba a trabajar, o a buscar comida, gas, agua. Todo lo esencial escaseaba y había que conseguirlo día a día. Pasaba horas y horas haciendo colas para recibir ayuda humanitaria.
Vas cada dos días más o menos, tenés que hacer una fila de tres, cuatro horas para recibir miseria. Te dan un papel higiénico, un jaboncillo, una lata de poroto, una lata de queso. Algo así. Que solamente si lo llevas eso a la casa, apenas alcanza para el desayuno.¿ Y qué hago con el almuerzo?¿ Y qué hago con el día siguiente?¿ Y qué hago con la cena?
El agua era algo preciadísimo, que había que racionar
Pasamos cinco meses viviendo muchas personas, compartiendo el mismo baño, hacíamos fila para el baño. No podías apretar, cada vez tenías que ahorrar agua.
La situación era cada vez más desesperada. Su casa estaba destruida, su coche también. Lo había perdido todo. Necesitaba dinero y no tenía de dónde sacarlo. La embajada boliviana en el Cairo no le ofrecía una solución, así que Rafat empezó a pensar en otras alternativas. Solo había una, en realidad, salir por el paso de Rafat pagando a una empresa egipcia que se encargaba de conseguir los permisos. Antes del 7 de octubre, ese trámite podía costar 300 o 400 dólares por persona.
Pero con la guerra, los precios se habían disparado. Era una oportunidad más para lucrarse. Pedían hasta 7.000 dólares por persona.
¶ Una Nueva Vida en España y el Compromiso Futuro
Para sacar a toda su familia, Refah necesitaba
unos 30.000. Anteriormente, cuando pasaba alguna crisis, encontrabas algún hermano, algún primo, algunas personas en Gaza que podías pedir préstamo, ayuda, algún tipo de cosas. Pero llegó la situación donde Gaza está totalmente destruida. Todos los que están en Gaza necesitan el mismo tipo de ayuda que vos necesitas. Entonces tenés que salir de ese cajón y buscarlo afuera. Ahí empecé a buscar solución afuera de Gaza.
Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Sara nos cuenta el resto de la historia.
Refat empezó a retomar el contacto con los amigos que había hecho en América Latina, a escribirles por redes sociales, a ver si lo podían ayudar. Le dieron dos consejos, que creara una campaña de recaudación de fondos para poder recibir donaciones y que empezara a grabar y a publicar vídeos contando su día a día.
Vi que he tenido un arma en mi
mano. Fue entonces cuando recordó que él tenía una herramienta que llevaba años sin usar. algo que casi había olvidado y que apenas nadie a su alrededor tenía.
Era un arma que me sirvió a mí y a mi familia.
Refat sabía español y por fin iba a poder utilizarlo.
Yo
soy el doctor Refat Latam, le hablo de aquí, desde Rafa. Hoy día es el 29 de febrero. Aquí le muestro dónde estoy refugiado con mi hijo.
Empezó a grabar y a publicar vídeos en Instagram. Eran de esos vídeos de« Un día en mi vida». Hay miles en redes sociales. Generalmente son personas yendo a su trabajo, mostrando su casa, su carro. Pero los de Refat mostraban la vida en medio de un genocidio. Los sucesos más atroces que hemos visto en nuestras pantallas en los últimos años.
Hola amigos,¿ cómo están?¿ Qué tal todos?
Grababa prácticamente cada día.
Aquí
estoy saliendo del hospital europeo. Ya como ven,
parece como un barrio. Hay muchos refugiados.
No era una persona de redes, apenas tenía unos cuantos seguidores, pero pronto empezó a llegar a más y más gente.
Salía a comprar algo, todo oscuro aquí. Ya saben que los ataques de Israel acabaron con todo lo que es puente de electricidad.
Mostraba cómo conseguían agua, comida.
Al centro de cogiado para recibir algunas cosas. Aquí están. Unas galletas, un papel higiénico.
Y cómo vivían los ataques?
Qué tal, amigos?
No sé si escuchan ese sonido tan fuerte.
Son los aviones, están en el cielo. Hay muchos aviones ahora encima de Rafa.
En este vídeo, Refat está con sus cinco hijos en el patio de la casa en la que vive, en plena noche. Están sentados alrededor de una fogata improvisada. El más pequeño de todos, Ayham, de tres años, agita con un papel las llamas.
Estoy distrayendo con ellos un poco, haciendo una fogata, les voy a hacer un tecito ahora. Y bueno, como siempre amigos, aún necesito su apoyo.
A Refat se le ve tranquilo en los vídeos, no habla acelerado ni entre lágrimas. Casi cuesta entender cómo puede mantener la serenidad ante tanto terror.
Me decían, oye,¿ por qué no lloras? Le digo, pero yo no lloro.¿ Me entiendes? Es difícil que yo llore. A pesar de todo lo que estamos pasando. No quiero hacer ese show. Estoy viviendo una crisis. Que estoy mostrando lo que es. No es momento de llorar. Es momento de trabajar. Y cuando llegue el momento de estar a salvo. Me quedaré llorando en una playa. En una cama. En donde sea. Donde me siento con ganas de llorar. Así lo miraba. No dormía muchas noches hablando con mucha gente.
Me quedaba con el teléfono en la mano todos los días. Buscando hablar con personas. abrir más caminos, tratar de llegar a más gente. Hay personas que me apoyaban psicológicamente. Hay personas que me llamaban todos los días para saber si hemos comido, si estamos bien, si nos pasamos la noche bien.
Le escribían desde Chile, Argentina, Bolivia, España, gente que no había visto nunca, pero que había conectado con su historia a través de las redes. Pronto, la cuenta de Refat en Instagram llegó a tener más de 100.000 seguidores.
Esas personas te dan ánimo, te dan esperanza. Y pensás que el mundo no es tan malo. Lamentablemente hay mucha maldad, pero a cambio hay muchas personas que sí quieren ayudar y tienen buen corazón, en todos lados
En abril, tres meses después de comenzar con la campaña, Refat ya había conseguido más de 10.000 dólares. Era mucho dinero, aunque no suficiente para pagar su salida. Para eso necesitaba otros 20.000. Pero poco después, esa opción, la de pagar para salir por la frontera, dejó de estar disponible. El 6
de mayo de 2024, Israel invadió Rafá y bombardeó la frontera.
Ya nadie podía salir por allí. Refat estaba entonces en el epicentro de la noticia y los medios vieron en él una oportunidad. Lo
que vamos a hacer ahora es ir hasta Rafat porque ahí está el doctor Refat.¿ Qué tal? Muy buenos días, doctor. Muy buenos días.
Era testigo de lo que pasaba en Rafat y podía contarlo en español.
Han dejado anuncios para que evacuemos otra vez a otras zonas cerca de Janiones. Estamos obligándonos a ir a una zona... donde totalmente está destruida. Vamos a ir encima de los escombros. No sé cómo lo vamos a arreglar ahí.
Ya no solo pasaba las noches respondiendo a sus seguidores, también a los periodistas que le escribían desde distintas partes del mundo pidiéndole una entrevista. Refat se convirtió en una especie de reportero para medios en español.
Antes de nada,¿ cómo está? Aquí, con vida aún, pero bueno
Esos primeros días de mayo tuvo que regresar a Janyunis, que ya para entonces estaba totalmente destruida.
Aquí, en Janyunis, entre los escombros... Buscando
tener nueva vida aquí. Ya la gente llega mucho de Rafa escapando. Antes escapaban de aquí hacia Rafa, ahora escapan de Rafa hacia aquí.
El dinero que recaudaba ya no le serviría para salir de Gaza, pero sí podía utilizarlo para el día a día, para poder pagar el alquiler de un apartamento cuando casi nadie podía hacerlo, cuando apenas quedaban unos pocos edificios en pie. Muy pocos podían comprarse un panel solar, pagar 15 dólares por una cebolla o comprar harina a 50 euros al kilo. A veces tenía dinero y no teníamos
cosas que comprar,¿ me entiendes?
Sacar dinero en efectivo en Gaza era complicado. Había que ingeniárselas, a través de criptomonedas, por ejemplo, y las comisiones eran altísimas, de hasta el 50%. Pero el dinero le alcanzaba para sobrevivir, para ayudar a su familia incluso, a sus padres, a sus hermanos… Y para pequeñas victorias, momentos de celebración en medio de tanto horror. Una ducha, un corte de pelo, una buena comida.
Bueno, aquí un día más sin casa con mis niños. Bueno, están felices por conseguir eso. Hemos conseguido cinco huevos. Así que, bueno, están riendo todos, felices con los huevos.
Llevaban meses sin conseguir huevos. Se sentían como un lujo.
Entonces, al verlo, al comerlo, es como una fiesta en la casa. Y trataba de hacer las cosas, acercarlas a la normalidad con mis hijos.
Celebrar los cumpleaños, por
ejemplo. En ese tiempo de guerra nadie hacía cumpleaños. Pero yo tenía que hacerlo con ellos. Pero al mismo tiempo, no tenía que mostrar eso a otra gente. Porque imagínate, no podés mostrar mucha alegría mientras hay gente que está sufriendo al lado. Entonces quería hacer esa felicidad a pequeña escala, en un lugar para aliviar a mis niños, pero no dañar a otras personas.
Refat estaba convencido de que tarde o temprano lograrían su objetivo, salir de Gaza. Y eso le repetía a sus hijos. Les enseñaba fotos de Jordania o de España, de ciudades donde no había destrucción ni escasez. Les prometía que algún día vivirían ahí, a salvo, que irían al parque a jugar, que volverían a la escuela. La duda que le atormentaba era si lograrían hacerlo todos con vida.
Llega un momento donde estás pensando que ya,¿ cuándo te llegará el turno? Dices, bueno, ya, todos se fueron, me quedo yo. Solamente quedo yo, entonces,¿ cuándo me toca? Porque ahí no había lugar donde esconderte. Atacan bajo tierra, atacan hospital, te pueden atacar en el camino. Vos estás caminando, pueden atacar un carro que está caminando al lado tuyo.
Un día, estando de guardia en el hospital,
me escapo unos minutos a fumar un cigarro Y justamente abro la puerta trasera de la tránsito intensiva, me siento a la puerta y apenas enciendo mi cigarro con mi café y empiezan a salir sonidos de muchas bombas por todos lados.
Un misil había impactado a unos 10 metros de donde estaba él. Refat se tiró al suelo
En un momento donde no entendés lo que está pasando, todavía no sabes qué pasa.¿ Qué están atacando? Si terminó el ataque, ¿no? Y quería escapar, abrir la puerta de la emergencia, de tránsito intensivo para entrar. No podía por las cosas que venían. Se llenó de humo, piedras, todo. Y no sé, no sabía en ese momento si iba a salir de eso o iba a ser víctima, no sabía.
Ese día, el 13 de mayo de 2025, Israel lanzó seis bombas en el hospital y sus alrededores. En las imágenes... Se ven los cráteres enormes que dejaron las explosiones. Mataron a 28 personas. Refat no sabe cómo se salvó. Refat llevaba más de un año tratando de salir, y todo iba peor. Al bus, de camino al hospital, cada vez se subían menos compañeros. Y en el recorrido solo se veía destrucción.
Cada día me siento en el bus y mirando a la derecha y a la izquierda. Todo el trayecto son tres kilómetros para llegar al hospital. No puedo encontrar ningún edificio parado, ninguna casa parada. Todo está hecho mierda. Y yo mirando, como está mirando montañas de escombros que no tienen fin hasta llegar al hospital. Y eso me causaba mucho dolor. Digo, cada vez que miro, mierda,¿ cuándo eso se va a acabar? Y la impotencia me mataba. Porque logré cosas, pero esas cosas que logré todavía no me
sacan de gas. Logró
dinero, atención, movilizar a mucha gente. Pero nada era suficiente. Sus hijos empezaron a dudar de su palabra, a pedirle explicaciones. Y
Bolivia seguía sin ofrecerle una solución. Le repetían una y otra vez lo mismo, que lo estaban intentando, pero que Israel se negaba
y que cualquier salida necesitaba su autorización. Después de meses sin novedades, en agosto de 2025, Refat se hartó. Empecé a dar duro a la embajada
con videos.
No estamos logrando salir de Gaza y seguimos atrapados. Ya no podemos tener más paciencia esperando que el gobierno boliviano haga algo. Yo estoy rogando las respuestas y me dicen que tenga paciencia.¿ Cómo tener paciencia?
En octubre, con cerca de 70.000 muertos y el 90% de los edificios de la franja destruidos, Israel aceptó un alto el fuego. Habían pasado dos años desde el inicio de los bombardeos.
Alto el fuego desde Gaza. Acaban de anunciar alto el fuego en Gaza.
Y las gestiones entonces se aceleraron.
Recibo una llamada que era del interior de Palestina y me dice yo soy la oficina de la Embajada de México, WDX Jordania.
Como Bolivia no tenía relaciones con Israel, habían conseguido que México hiciera de intermediario.
Te llamamos porque estamos colaborando con Bolivia para sacarte, que posiblemente te confirmamos la salida en unos días. El 22
de octubre de 2025, a las 4 de la mañana, les esperaban en un centro de una organización humanitaria para sacarles de Gaza.
Ya está. No pensaba que iba a llegar el momento de que nos llamen para salir. Así que ni yo lo podía creer.
Refat pasó el último día visitando a sus hermanos y a sus padres. Después de tantos desplazamientos, todos vivían desperdigados por distintas zonas de la franja. No era la primera vez que Refat se despedía de su familia, pero esta vez era muy diferente.
No es cuestión de ir a estudiar unos cinco años y volver. Es una forma de empezar la vida otra vez afuera y no sabemos cuándo si nos vemos otra vez. Es lo que duele. Antes viajé sabiendo que voy a estar un tiempo y volveré, encontraré a mis padres un poco mayores. Pero ahora, si vuelvo en unos años, tal vez no encontraré a uno o los dos.
Ahora, además, se iba sin apenas buenos recuerdos que llevarse. Su madre se quedó llorando.¿ Y su padre?
Me dijo, pero hijo,¿ te vas a ir y nos vas a dejar? Pero le dije, papá, no estoy dejando. Estoy buscando forma de apoyarles. Si yo estoy aquí, no puedo ayudarles. Soy un víctima más con ustedes.
Por la noche, la familia de su esposa, Noja, fue a despedirles. Para ella era la primera despedida, la primera vez que salía de Gaza. Para ella era una
experiencia tremenda. Quiere salir, pero no quiere salir
Su madre había muerto hace unos años y su padre era muy mayor. Cenaron todos juntos por última vez. Después Noha y los niños se acostaron unas horas, pero Refat no, estaba demasiado nervioso. A las tres de la mañana un coche les recogió en su casa. No llevaban maletas, solo podían llevar el teléfono móvil y los documentos. Se fueron con lo opuesto. México y Bolivia hicieron las gestiones, aunque
el destino final de Refat era España. Pero primero tenían que cruzar la Franja de Gaza, en una ruta aprobada por Israel. El conductor recibía órdenes del ejército. Gira a la izquierda, sigue, espera. Era un trayecto de apenas 30 minutos que hicieron en varias horas.
Pasamos por zonas que no habíamos visto hace mucho tiempo, que están bajo control de Israel. Las zonas han sido totalmente revolcadas. No estamos hablando de escombros, estamos hablando de que Los escombros ya están debajo de la tierra. No puedes distinguir nada, absolutamente.
En la frontera israelí le recibió el embajador de México y el de Bolivia con un autobús entero para su familia y otra mujer con sus dos hijas.
En ese bus pasamos por el territorio que hace mucho que no hemos visto que es territorio ocupado. Es una maravilla. Es una maravilla esa parte. Está en Cisjordania, en la parte cerca de Jordania. Son partes de montañas verdes. Es nuestro territorio que fue robado. que nos robaron eso y nos tiraron la casa.
A Refat se le cerraban los ojos mientras miraba el paisaje. Por fin su familia estaba a salvo. Podía descansar. Llevaba dos años esperando ese momento. Y era un alivio, por supuesto. Pero no podía evitar sentir también una enorme culpa.
En parte siento que estoy haciendo algo mal abandonar la casa. Hay muchas personas que me hablaron, pero¿ cómo vas a abandonar la casa?¿ Sos médico? ¿Médico?¿ Palestina te necesita?¿ Gaza te necesita? Sí, pero es otras cosas. Mis niños me necesitan. Si yo salvo vidas y dejo a mis niños en la calle sin colegio, sin nada, sin sueldo,¿ cómo voy a vivir? Es que tienes que dividirte en dos. Dejarte la mitad de Aliá y la mitad aquí. Y eso
es imposible. Tienes que estar aquí o Aliá. No se puede dividir.
Refati y su familia pasaron un mes en Jordania antes de volar a España. Les costó acostumbrarse a la calma. Fueron a tomar helado, a jugar al parque, a centros comerciales. Los niños entendieron entonces que las promesas que su padre les había repetido durante meses eran reales. No les estaba mintiendo. La familia aterrizó en España a finales de noviembre y a los pocos días Refat habló con algunos medios. Ya no
estaba en modo supervivencia.
Y sentís ese alivio que ya estás segura, que ya lograste tu meta. Te están bajando las lágrimas porque ya dices que ya, bueno,
ahora, bye. Poco a poco los niños empezaron a recuperar su rutina. Se habían acostumbrado a no ir a clase, a acostarse tarde, y ahora tocaba poner de nuevo su vida en orden. Cuando Refad les ve salir del colegio, siente una alegría enorme, como de misión cumplida. Pero la pregunta de su padre le sigue resonando en la cabeza.¿ Cómo nos vas a dejar aquí?
Me pongo a pensar muchas veces,¿ qué estaría haciendo ahora en Gaza si no hubiera salido? Nada. Estaría uno más que está pidiendo ayuda para sobrevivir con sus hijos.
Ahora su familia deposita en él todas sus esperanzas. Es él, el hermano que ha conseguido salir, el que tiene que ayudarles.
Yo lo que hago es prometerles encontrar alguna forma de ayudarles. A veces quiero hablar con ellos y a veces evito hablar con ellos. Porque quiero hablar con ellos para... para saber que están bien, pero lamentablemente cada vez que hablo con ellos solamente me cuentan cosas que duelen.
A veces, como hacía en Gaza, se queda despierto toda la noche, pensando, intentando encontrar la manera de ayudarles.
Entonces, estando aquí tampoco estoy tan tranquilo, pero lo que me pueda hacer tranquilo es lo que lograré.
Tener un trabajo, una vida estable, amigos, poder mandar dinero a su familia, ir a visitarlos, sacarles de Gaza, o incluso, quién sabe... volver a tener una vida digna allí. De momento, se asegura de tener siempre
huevos en la nevera. Refat Alatama y su familia pidieron asilo en España y siguen esperando la resolución. Refat está homologando su título para poder ejercer como médico. A sus hijos les va bien en el colegio. Están haciendo nuevos amigos y aprendiendo español. Sara Selva Ortiz es productora de Radio Mulante y vive en Madrid. Esta historia fue editada por Camila Segura, Luis Fernando Vargas y por mí. Bruno
Selsa hizo la verificación de datos. el diseño y sonidos de Andrés Aspiri con música de Rémi Lozano y Andrés. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paula Leán, Adriana Bernal, Andrés Casasuz, Diego Corzo, Emilia Herbeta, Camilo Jiménez Santofimio, Germán Montoya, Samantha Proaño, Natalia Ramírez, Juan Pablo Santos, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Franklin Villavicencio y Mariana Zúñiga. Carolina Guerrero
es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Studios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg Probe. Si te gustó este episodio y quieres que sigamos haciendo periodismo independiente sobre América Latina, apóyanos a través de Deambulantes, nuestro programa de membresías. Visita radioambulante.org y ayúdanos a seguir narrando la región. Y bueno, con este episodio terminamos nuestra temporada número 15. Vamos a tomarnos unos meses para
trabajar en la siguiente. Nos escuchamos en septiembre. Mientras tanto, les pido un favor. Si les gustó este episodio o cualquiera de la temporada, por favor compártanlo con un amigo, con un familiar, con su pareja... Todo eso nos ayuda a seguir creciendo nuestra audiencia. Muchas gracias. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.
