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es Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. El viernes 1 de noviembre de 2024, Iván Colmenares, un abogado colombiano de 35 años, salió de su casa en la ciudad de Arauca, en Colombia, para cruzar la frontera con Venezuela. El plan no era quedarse en ese país, sino tomar un atajo para llegar a Cúcuta, otra ciudad colombiana. Su familia vivía ahí. Por Colombia, el viaje puede tomar más de 10 horas. Por Venezuela, en cambio,
solo son 5. Es una ruta que Iván conocía muy bien, la había hecho muchísimas veces.
Era un territorio que yo ya había explorado porque siempre he vivido en frontera. Yo soy de Cúcuta, entonces para mí el territorio venezolano no es nuevo. La dinámica es algo normal y pues no vas a imaginar que algo pueda llegar a suceder.
Cuando llegó al puesto de control, lo primero que hizo, como siempre, fue entregarle su pasaporte al funcionario de turno.
Y el guardia, este era un agente de una fuerza que se llama EGCIN, que es la Dirección General de Contrainteligencia Militar, Y me dice que me tiene que hacer una entrevista para sellarme el pasaporte. Yo le aporto mi información y él me dice que tengo que acompañarlo a unas oficinas porque me tiene que hacer otra entrevista. Yo le digo,¿ pero por qué? O sea, no entiendo. Yo solamente iba a viajar, voy por mi casa, no estoy entendiendo nada de lo que está pasando.
El funcionario le dijo que era un procedimiento normal, que tranquilo, que todo estaba bien. Pero Iván intuía que algo andaba mal. Nunca le había pasado antes y lo que argumentaba el funcionario no tenía mucho sentido.
Supuestamente mi perfil profesional o las actividades que yo desarrollaba generaban un riesgo para la soberanía del país. Y yo como que, o sea,¿ qué está pasando?
Para ese momento Iván tenía dos trabajos. Era abogado para una organización humanitaria que atendía a refugiados y, al mismo tiempo, defendía a soldados del ejército colombiano en sus demandas contra el Estado.
Me dice que esas organizaciones internacionales llevan información al gobierno de Estados Unidos y que yo en ese momento no me mencionaba por qué él me estaba haciendo ese tipo de comentarios.
El hombre escoltó a Iván fuera del edificio. Enseguida llegó una camioneta negra con vidrios polarizados. Y me dice, vámonos, tenemos que irnos ya. Lo montaron en la camioneta, le quitaron el celular y lo pusieron en modo avión. A
punta de mentiras te van llevando de un lado a otro y ya está en el punto en el que ya estás secuestradísimo.
Nuestra productora Mariana Zúñiga nos sigue contando.
A Iván lo llevaron a un puesto de control militar en Guadualito, un pueblo a 35 minutos del punto de la frontera donde lo detuvieron. Le hicieron las mismas preguntas una y otra vez hasta el cansancio. Si tenía vínculos con algún líder político venezolano, si pertenecía a algún grupo o partido político en Colombia, si había recibido dinero o instrucciones para desestabilizar al gobierno. Esa noche durmió sobre una manta
en el piso de una oficina. A la mañana siguiente lo trasladaron a otro puesto de control en otra ciudad diferente, San Fernando de Apure. Allí lo volvieron a interrogar. con un tono mucho más amenazante. En la noche lo llevaron a un cuarto y durmió sentado en una silla. Luego, otro traslado. Esta vez a San Juan de los Morros.
Me llevaban como a puros puntos, como guarniciones militares o destacamentos militares. Obviamente, en todos estos traslados eran encapuchados y esposados, pero tranquilo que eso era, decían que era algo, un protocolo de seguridad.
Iván estaba completamente perdido. No lograba asimilar nada de lo que estaba pasando.
Yo en realidad nunca dimensioné. A mí me costó digerirlo. Yo supuestamente estaba en un proceso de investigación. Que si a mí no me encontraban nada, pues que yo vine para mi casa en 10, 15 días.
Tres semanas como mucho. Eso es lo que le decían para que se quedara tranquilo. No lo estaba, pero a Iván no le quedó más remedio que dejarse llevar. Al cuarto día lo volvieron a trasladar. Cuando lo bajaron de la camioneta, le quitaron la capucha y las esposas. Iván observó todo. Reconoció que estaba en Caracas justo cuando vio que en frente del lugar al que lo llevaban estaba el edificio de Telesur, un canal de televisión con el
que creció Iván en Cúcuta. Esta vez, su lugar de reclusión iba a ser la sede de la Dirección General de Contrainteligencia Militar. Al entrar, lo llevaron a una habitación grande y sin ventanas conocida como La Pecera. Es un lugar con paredes transparentes de acrílico para que los funcionarios puedan vigilar constantemente a los detenidos.
En un cuarto frío, un congelador horrible, tu cuerpo totalmente mentalizado en no morirte del frío.
Iván vio a decenas de personas, muchas sentadas en el piso. La mayoría venezolanos, pero no todos. Rápidamente se dio cuenta que no era el único extranjero allí.
Habíamos alrededor de 40 extranjeros peruanos, bolivianos, italianos, había franceses, había de todos lados del mundo.
Cuando empezó a hablar con algunos de los que estaban allí, se comenzó a dar cuenta que ninguno había sido detenido por robo, ni por asesinato, ni cualquier otro delito. Fue obvio que los habían detenido por motivos políticos.
El líder social, el líder político, el ministro de no sé qué, entonces era ese tipo de...
Y es que, después del fraude electoral del 2024, el régimen de Maduro intensificó la persecución a opositores y la detención de ciudadanos. Ese año también hubo un aumento sin precedentes en la captura de extranjeros. Muchos terminaron allí, en La Pecera, donde las condiciones eran terribles.
Con 70, 100 personas detenidas. asinadas, durmiendo en el piso y con dos baños. O sea, imagínate tú el momento de levantarte en las mañanas y de esperar 100 personas para que tú puedas ir al baño. O sea, eso es algo que uno no alcanza a imaginar. Y pues esperar un pedazo de arepa y un pedazo de carabota que le tiraban a uno ahí. El hecho de todas las mañanas tú pensar y qué está pasando y por qué estamos acá. Y el problema es que ellos nunca nos decían nada.
Entonces tú en realidad no sabías qué era lo que pasaba.
Como 20 días después de haber llegado a la pecera, una madrugada los despertaron a todos. Los encapucharon y los subieron uno a uno a un autobús.
Nos van a deportar, dije yo. Si van 20 días, yo creo que alguna deportación o algo. Gracias a Dios. Nos vamos a ir para la casa y se acabó
esta vaina. Pero 30 minutos después llegaron a una cárcel que se llama CESMAS, Servicio Especial de Máxima Seguridad. O como le dice todo el mundo en Venezuela, Rodeo 1. Lo que Iván no sabía en ese momento es que esta es una prisión a las afueras de Caracas, construida en los años 80 para presos comunes, pero ahora funciona como centro de detención para presos políticos. Yo
recuerdo que esa noche nos bajaron y nos sentaron en un patio, nos quitaron las capuchas, Y teníamos unos reflectores así de luz, claro, en candelilla a los ojos y tú lo que intentas es como cubrirte. Y están los antimotines, está el director, los custodios, todo el personal de la prisión al frente tuyo, con escopetas, con gases lacrimógenos, con máscaras y nos pusieron un uniforme azul.
Hay algo que hay que entender sobre el sistema penitenciario venezolano. El color del uniforme determina tu estatus. El azul es para los procesados, los que todavía esperan un juicio. El amarillo, en cambio, es para los penados, los que ya tienen una sentencia. A Iván le entregaron el azul. En ese momento él no tenía idea de lo que ese color significaba. No sabía que le acababan de poner el color de los que esperan un proceso que, en Venezuela, puede tardar
años o incluso no llegar nunca. Con los reflectores dándole en la cara y rodeado de hombres armados, el director del penal tomó la palabra. Y
empiezan con sus amenazas de que aquí van a hacer lo que yo les diga, porque yo soy el director. En ese momento el director se llamaba Tiburón.
Se dio cuenta que en el rodeo 1 nadie usa su nombre real. Todos los custodios tienen un alias.
Como... perro, gato, mico, bichito o macaco. Y yo decía,¿ esta gente quién es? Pues imagínate tú, delante de toda esa gente, me van a matar, me van a fusilar acá. En cualquier momento me sacan y me pican.¿ Qué vas a ver?
Cuando el director terminó de hablar, los custodios levantaron a Iván y al resto de los hombres del piso. Los encapucharon de nuevo y así, a ciegas, los llevaron a sus celdas. Y
cuando empiezo a escuchar... Y eran las puertas que se estaban cerrando frente a nosotros. Y ya, cuando me di cuenta, estaba con un señor de 50 años, italiano, y era mi nuevo compañero de celda. Disculpa
si no hablo perfecto español. Yo soy Mario Burló, tengo 52 años, soy de Italia y vivo en Torino. A Mario, como a Iván, lo detuvieron en noviembre
del 2024 en circunstancias muy parecidas. cruzó de Colombia a Venezuela por un viaje de negocios y terminó allí, en el
Rodeo 1.
Cuando el funcionario recibió el pasaporte de Mario, hizo una búsqueda en Google y encontró un video donde aparecía en la Cámara de Diputados de Italia una vez que lo invitaron como representante de una asociación de empresarios. Por solo ese hecho, lo acusaron de ser un político que venía a derrocar al gobierno de Maduro. A Mario todo eso le pareció absurdo y exigió hablar con su embajada, pero el funcionario se negó. Tú no puedes hablar
con nadie. Tú eres un terrorista.¿ Cómo un terrorista? Una locura
A partir de ese momento, Mario quedó incomunicado. Pasó por un proceso casi idéntico al de Iván hasta que finalmente lo trasladaron al Rodeo 1. Al verse en la celda, los dos sonrieron. Apenas habían cruzado palabra en la pecera, pero se reconocieron de inmediato. Iván sintió tanto alivio al ver una cara conocida que lo primero que hizo fue abrazar a Mario. Luego comenzaron a hablar.
Iván me dice tranquilo, yo soy evocado, o sea, tenemos razón. Iván, aquí somos terroristas, no hay problema de justicia o no justicia.
Iván tenía la esperanza de que todo se solucionaría pronto, pero Mario no estaba igual de optimista.
Mi corazón sabía que era un secuestro.
Y no tenía ninguna claridad de cuándo ni cómo iba a acabar.
Una pausa y volvemos. o la historia de la organización, incluso sobre las historias que ya hemos hecho. Son preguntas que nos llegan a los medios de contacto que tenemos o que nos hacen cuando asistimos a alguna conferencia o evento. Entonces, se nos ocurrió hacer un Ask Me Anything, Pregúntame lo que quieras, un episodio donde respondemos cualquier duda o curiosidad
que tengan sobre Radioambulante. Para eso, queremos pedirles que si tienen alguna pregunta que siempre nos han querido hacer, nos la manden en forma de nota de voz a un WhatsApp que hemos abierto. El número es más 1-555-917-9841. Repito, más 1-555-917-9841. También pueden encontrar el número y un link al WhatsApp en las notas del episodio. Por favor, solo envíen notas de audio, ojalá tampoco muy extensas, y digan su nombre y desde dónde nos escuchan antes de la pregunta.
Muchas gracias. Ya queremos oírlos. Estamos de vuelta en Rada Ambulante. Mariana Zúñiga nos sigue contando.
La celda era una habitación muy pequeña, como de dos metros de ancho por dos de largo. Tenía una letrina y justo al lado una litera de cemento con una colchoneta en cada plancha.
Era un colchón pequeño, pequeño. No lindo, era sucio.
Y pues obviamente sin ningún tipo de comodidad, ¿no? O sea, sin almohadas, sin cobijas, sin nada. como perros literalmente tratados.
La reja de la celda estaba tapada casi por completo con una lámina de metal. Era imposible ver el pasillo. La única forma de asomarse era montándose en la cama de arriba. Iván se trepó y solo pudo ver las celdas de enfrente. En ese momento estaban vacías. Luego vio pasar un custodio. Aprovechó la oportunidad y le preguntó.
Dónde estoy?¿ Por qué estoy preso? Le decía yo. Me dijo, no, tú no eres un preso, tú eres un PDL. Y yo, quiero que es un PNL, no un privado de libertad. Y, pues, estar preso, ¿no? Para mí eso es... Soy un preso. No, no, no. Tranquilo, tranquilo. Cualquier momento te vas.
Iván llevaba detenido más de 20 días. La respuesta parecía un mal chiste. Esa primera noche en la celda, Iván no durmió prácticamente nada y lloró en silencio durante horas. La
celda oscura, los roedores, las cucarachas. No, o sea, era... Un conjunto de todo. Aparte, en esa época yo recuerdo que estaba llegando el diciembre y hacía frío en la noche. Y pues no teníamos ni una sábana con que arroparnos, no teníamos nada. O sea, el trato siempre fue inhumano y degradante para nosotros. A
Mario, por ejemplo, un custodio le había pegado con la culata del fusil en las costillas.
Ellos eran totalmente cansados, tenían dolor. Ellos dormían mucho, dormían mucho.
A la mañana siguiente, Mario se despertó y se asomó por la reja. Lo primero que vio fue a un custodio con una máscara negra. Poco después, escuchó el alias del custodio y eso fue suficiente para aterrorizarse.
Se llamaba Hitler.
Te puedes imaginar dónde estábamos, dice Mario. O sea, si a uno de esos guardias lo llamaban Hitler, bueno, eso decía todo. Fueron pasando los días y a Iván y a Mario no les explicaban por qué estaban ahí. Lo único que les decían era que estaban bajo investigación.¿ Cómo investigación
Quieren hablar con abogados?¿ No se puede hablar con abogados?¿ No se puede
hablar con nadie? Nada. Para este punto, la familia de Iván llevaba semanas sin saber de él. Liliana, su hermana menor, vive en Cúcuta y habló por última vez con él apenas dos horas antes de que lo detuvieran. En ese momento, Iván solo esperaba que le sellaran el pasaporte. Esta es Liliana. Después
de ese mensaje, Iván no volvió a contestar el teléfono. Pasaron un par de horas hasta que una noticia llegó desde la frontera.
Una amiga de la familia que vive en Arauca le confirmó que Iván había sido detenido. Ella había ido hasta el puesto de control porque el mismo Iván se lo pidió antes de quedar incomunicado. Fue la última persona que logró verlo antes de que se lo llevaran. Cuando Liliana se enteró, decidió no llamar a su mamá de inmediato, pues no la quería preocupar. Tratamos de hablar con ella,
pero prefirió no participar en esta historia. Pero bueno, lo primero que hizo Liliana fue llamar a una prima que también vive en Arauca, para pedirle que se acercara al punto de control. A su prima le dijeron que no se preocupara, que probablemente lo soltarían por la mañana, pero ya sabemos que no fue así. Al día siguiente, su prima volvió a preguntar y ahí la versión fue otra.
A Iván se lo habían llevado para Caracas. Para ese punto, ya Liliana se empezó a preocupar y tuvo que decirle a su mamá lo que estaba pasando.
Estaba demasiado disgustada, estaba llorando, estaba incontrolable, incontrolable, esa es la palabra. Fue un momento de mucha tristeza, de preocupación, porque no teníamos certeza de lo que estaba pasando, no sabíamos por qué se lo habían llevado. Entonces todo
fue muy confuso. Ese mismo día pusieron la denuncia de desaparición. Liliana estaba en Bogotá por trabajo, así que aprovechó para ir a la Defensoría del Pueblo y a la Cancillería. Después de contar su caso, no le dieron una respuesta alentadora. Le dijeron que con Venezuela no había mucho diálogo y que obtener una respuesta podría tomar meses. Pero la mamá de Iván se negaba a sentarse a esperar, así que se fue para Venezuela.
Desde un principio me dijo, yo no voy a volver hasta que no sepa algo su hermano. Estuvo en Caracas, fue a todos estos lugares intentando crear algún tipo de información. Fue a tribunales, fue a todo lo que se pueda ir. Y pues obviamente nadie le dio una respuesta, nadie, nada. De hecho, el embajador de Colombia en Venezuela le dijo como que, señora, váyase, porque es peligroso
Después de pasar 25 días en Caracas buscando a su hijo, le tocó hacer lo que no quería y seguir el consejo de la embajada, devolverse a su casa en Cúcuta y esperar un milagro. En el rodeo, Iván y Mario poco a poco se fueron resignando y adaptando a una rutina. El día empezaba temprano, a las cinco y media de la mañana, con una revisión que allá llaman el pase de número, básicamente el conteo diario de los presos.
y nos levantaban con un pase y número pero al verito entero en pleno pasillo si tú estabas dormido era un susto increíble entonces tenías que levantarte vestirte y pararte en la reja decías tu nombre completo pedían tu nacionalidad y ese era el inicio del día
al finalizar el conteo les pasaban el desayuno por una pequeña abertura en la puerta a las 2 de la tarde el almuerzo y luego como a las 6 la cena Entre cada comida les llevaban dos baldes de agua para bañarse y limpiar la celda.
Tristemente la rutina es muy repetitiva, demasiado repetitiva.
Este es Manuel Alejandro Tique, aunque prefiere que le digan Alejo. Es colombiano, de Bogotá, trabajador humanitario del Consejo Danés para Refugiados. A Alejo también lo detuvieron en la frontera. Iba a Venezuela para dar una capacitación, pero nunca llegó a su destino. Alejo llevaba dos meses en el Rodeo 1 cuando llegaron Iván y Mario. En ese momento, todos los extranjeros estaban en el primer piso. Pasaban las 24 horas del día encerrados en la celda. No los dejaban salir nunca. A nada.
Duermes un poco, te dedicas a hacer ejercicio.
Hablas con el compañero de celda o con los vecinos a través de la reja. Y sobre todo, cuentas los días.
Haces la típica rayita de los días. luego ya un tiempo te aburres de eso, se vuelve totalmente rutinario.
Iván, Mario y Alejo no tenían muy claro lo que estaba pasando adentro, y menos lo que estaba ocurriendo afuera. Había un parlante en el pasillo, pero lo único que emitían, y su único contacto con el mundo exterior, era el canal del Estado.
Programa 92, aquí estamos siempre, avanzando, caminando.
El martes nos ponían a un programa que se llamaba Maduro Más, que era el programa de Maduro. El jueves nos ponían el mazo dando por Diosdado Cabello.
Bienvenido a su programa número 556 de Con el Mazo Dando.
Y los viernes nos ponían un programa que se llamaba Sin Truco Ni Maña, que lo daba una diputada venezolana que se llama Tania. Ella es Tania y
esto es Sin Truco Ni
Maña. Y A veces los sábados nos quería poner a lo presidente.
Muy buenos días a toda Venezuela. Aquí estamos en a lo presidente
Era el Chávez de hace 30 años, del 2000, por allá. Dios, imagínate la tortura. Todo esto es una tortura blanca. Es una tortura que no vemos, pero que existe.
Incluso en alguno de esos programas de televisión nacional, a veces nombraban a varios de los extranjeros que estaban en el Rodeo 1. los acusaban de ser mercenarios o espías.
Hoy vamos a dar detalles sobre la captura de un nuevo grupo de mercenarios que no son los únicos
Imagínate tú escuchar a tu secuestrador riéndote, diciendo que estaban presos los terroristas, o sea, los terroristas éramos nosotros.
Al Albanés tenía tres teléfonos. Esos teléfonos... Oro puro. Y a los, no sé todavía porque mi amigo no me lo ha dicho, al búrgalo y al argentino como está su teléfono. Si vienen para acá a conspirar los vamos a agarrar.
Es que agarraron a los mercenarios que iban a matar a Maduro y se reían de la situación. Y ellos como si nada en la calle estuvo literalmente preso, incomunicado, violado de derechos, hasta más no poder. era realmente en tu cabeza, si tú no tienes la fuerza mental, esto te jugaba una mala pasada.
Así fueron pasando los días, las semanas. Salir de la celda era una rareza. Al principio el aislamiento fue total. No vieron la luz del sol ni una sola vez. Iván dice que los tenían prácticamente escondidos.
Entonces, no sé de quién los escondían o por qué los escondían tanto, pero tenemos prohibido hablar con la gente de arriba.
La gente de arriba. Es decir, los presos que estaban en el segundo y tercer piso, justo encima de ellos. Algunas celdas de ese primer piso tenían una ventanita con vista al patio. Desde ahí, Iván y los demás podían ver a unos presos a los que sí los dejaban salir a caminar bajo el sol. Por la forma en que hablaban, sabían que eran venezolanos.
Te encontraban hablando con personas de arriba, te castigaban, te cambiaban de celda, te llevaban a un fuerte castigo, qué sé yo. Por uno pagábamos todos, entonces... Un ejemplo, si nos traían un café en la mañana, el café no volvía por una semana.
Pero eventualmente consiguieron la manera de comunicarse. Como la tubería de esa cárcel es una línea recta que pasa por todos los pisos, el sonido viaja a través del tubo. No tardaron en darse cuenta que podían hablar por ahí. Solo tenían que arrodillarse frente al hueco de la letrina y hablarle directamente al tubo para que los oyeran.
Yo digo, wow, o sea, yo llegué a comunicarme con la gente del tercer piso por medio de la letrina. Era bastante, era el instinto de supervivencia.
Los más osados se saltaban el paso de la letrina y hablaban directamente con los venezolanos a través de la ventana que daba al patio.
Y a partir de allí comenzó una comunicación de ida y vuelta en el cual nos daban un poco más de información sobre la situación en el exterior.
Y es que los venezolanos tenían algo que los extranjeros no. Visitas.
Nosotros teníamos menos derechos que los venezolanos por el hecho de ser extranjeros.¿ Por qué? No lo sé. Pero a veces sentíamos que teníamos menos derechos que la esposa. Nos sentíamos menos que menos. Entonces intentábamos enviar mensajes. Obviamente esto era escondido.
Ningún familiar de los extranjeros presos sabía que estaban allí. Es como si se los hubiese tragado la tierra en el momento en que cruzaron la frontera. Por eso, dependían por completo de que los presos venezolanos los ayudaran a sacar un mensaje al mundo exterior. Mientras que para la mayoría la rutina seguía igual, despertarse antes del amanecer, hacer algo de ejercicio, hablar con el compañero de celda, rayar la pared, comer y dormir, había un preso estadounidense que tenía una diferente.
Todos los días, sacado, él... Peleaba y solicitaba tener comunicación con un abogado, solicitaba tener comunicación con su familia, solicitaba que lo liberaran.
Pero una mañana algo cambió. Se salió de la norma. Y la cárcel también.
Ese día continúa, continúa, no para. Y desde otros pisos lo escuchan y comienzan también a quejarse de la situación y empiezan a golpear las puertas.
Todos empezamos a darles patadas a las puertas y tratando de derrumbarlas. Inicia una pequeña revolta
El motín estalló un viernes y siguió todo el sábado. El domingo por la tarde, Tiburón, el director de la prisión para ese momento, ordenó la entrada de un equipo antimotines. Los oficiales ingresaron al penal armados y, en cuestión de minutos, acabaron con la revuelta.
Obviamente fuimos reducidos a nada. gaseados con gas pimienta, todos vomitando con ese gas y gas lacrimógeno y de todo.
Al recordar ese domingo, Iván, Alejo y Mario coincidieron en algo. Aunque fueron ellos, los extranjeros, quienes iniciaron la protesta, El castigo fue peor para los venezolanos.
Hay venezolanos y le masacraron, le
masacraron. Los llevaron por allá un poco de tiempo castigados y les quitaron las visitas mucho tiempo.
El director directamente los separó, los esposó en el suelo y los llevaron a lo que es el cuarto piso, que son las celdas de castigo.
Unas celdas de aislamiento totalmente cerradas donde llevaban a los que, según el criterio de los custodios, se portaban mal. Pero no solo era eso, sino la humillación a la que los sometían para llevarlos hasta allá.
Te llevaban desnudo, delante de todos tus compañeros, encapuchado, esposado. O sea, eso es algo totalmente en contra de la etnia humana
Independientemente de la nacionalidad, sobre todos los presos del rodeo pesaba siempre el mismo riesgo, terminar en el cuarto piso. Y es que no solo era estar aislado. En el cuarto piso pasaban, y seguramente siguen pasando, las peores torturas. Balizas, asfixia con gases lacrimógenos o incluso intubaciones a la fuerza. Después del motín, a inicios del 2025, el director ordenó un cambio de celdas. A todos los extranjeros los agruparon en
el mismo sector. Primer piso, pasillo C. Cada cierto tiempo, la puerta del primer piso se abría para recibir a un extranjero nuevo en el Rodeo 1. Los que tenían más tiempo asimilando el encierro sentían que era su deber ayudarlos. Llegaban perdidos, desorientados, sin entender dónde o por qué estaban allí.
La tarea de nosotros era como primeros auxilios psicológicos, como el que oye, tranquilízate. No podíamos vernos, pero hablábamos por el pasillo. Entonces,¿ cómo estás?¿ Cómo te sientes?¿ De dónde eres?
Cálmate, mira, aquí estamos nosotros.¿ Necesitas apoyo? Cualquiera de nosotros te dará apoyo.
Para pasar el tiempo hablaban de sus vidas, de sus familias, de lo que harían al salir de allí. A veces también cantaban.
Recuerdo una noche en la que se cantó bastante vallenato. Luego pasamos a
voladas. Cantaba Volare. Marina, Marina.
Y Iván Colmenares me cantó la música colombiana, la salsa. Me cantó Fimón.
En la sala de un hospital, a las nueve y cuarenta y tres, nació
Simón. Mi amiga preferida,
Simón. Alejo sonríe cuando piensa en esa noche.
Hay un pequeño desahogo y estás encerrado, sí, pero es un compartir en el cual sientes gratitud y te sientes aliviado de cierta forma.
Además de las charlas y los cantos, el grupo encontró otra forma de matar las horas, jugar ajedrez. Iván empezó a fabricar todas las piezas con papel higiénico y jabón para poder jugar con sus compañeros
Entonces yo hacía reinas, hacía los peones, hacía las torres, hacía los alfiles
Pero había un detalle. Cuando comenzaron con el ajedrez, no todos sabían jugar o tenían el mismo nivel. Iván y Mario, por ejemplo, aprendieron a jugar ahí dentro. Pasaban horas practicando. Fue una gran distracción.
Podíamos jugar a distancia, ni siquiera teníamos que estar en la misma celda. Se pasaba el tiempo,
se pasaba el tiempo. Pasaba el tiempo, día tras día, sin poder resolver la pregunta que tenía todos angustiados.¿ Por qué estaban allí?¿ Por qué el régimen de Nicolás Maduro estaba capturando extranjeros? A finales de ese mes, enero de 2025, finalmente lo entendieron. Una pausa y volvemos. Estamos de vuelta. Mariana Zúñiga sigue con la historia
El 31 de enero de 2025, cuando Iván y Mario llevaban un poco más de dos meses detenidos y Alejo ya llevaba cuatro, pasó algo que finalmente les dio pistas de por qué estaban ahí. La noticia salió en todo el mundo.
Venezuela libera a seis estadounidenses tras una reunión diplomática de alto nivel. Estaban detenidos en su territorio la mayoría desde 2024.
Precisamente se conoció el momento en que los estadounidenses liberados hablaron con el presidente Donald Trump en el avión que los llevaba de regreso a casa. Un enviado del presidente Donald Trump se reunió con
Nicolás Maduro y poco después ocurrió esta liberación. Muchos la vieron como una táctica de Venezuela para obtener ciertos beneficios, especialmente el alivio de las sanciones petroleras y el reconocimiento de la legitimidad del régimen ante el nuevo gobierno de Trump. Iván se enteró por los venezolanos de arriba.
Recuerdo que allá llegó la noticia, cuando los venezolanos nos daban las noticias a nosotros, porque ahí no pasa nada sin que nosotros no lo sepamos
En ese momento, Iván empezó a entender todo.
Mira, Maduro estaba muy asustado de perder su presidencia. Entonces, él necesitaba que la comunidad lo reconociera como presidente. Y necesitaba tener fichas, necesitaba tener muñequitos para poder decirle, ay, venga, yo soy el presidente de Venezuela, acá le tengo un agente.¿ Por qué no?¿ Qué vamos a hacer? Negociemos. Que se entraran a negociar con él.
También a finales de enero o principios de febrero, ninguno recuerda con precisión la fecha, llegó otra novedad para los extranjeros. Después de meses de encierro absoluto, finalmente un día lo sacaron al patio. En el caso de Iván, había pasado 90 días sin salir a la luz del sol. Me llamó la atención que lo que más le emocionó no fue sentir el aire fresco, sino el encuentro con sus compañeros. Verlos cara a cara, sin una reja de por medio.
Pues en el patio uno intentaba como hacer relaciones con los otros amigos, pues con las otras personas que estaban ahí dentro. Personas que no podías ver todo el día, porque estaban o en otras celdas o en otros, si me entiendes.
A partir de ese momento, la rutina cambió. Empezaron a verse todos los días, al menos una hora, y el vínculo entre ellos se hizo más fuerte.
Era como el hecho de pasarnos un jugo. o cosas así como tan sencillas que tú puedes vivir ahí dentro, o como de se me acabó el jabón, regálame un pedazo si tienes, cosas así, pasarte un pedazo de pan o una galleta si te daban o algo
Gestos de amabilidad que en medio de ese encierro y de ese horror eran un recordatorio de que seguían siendo humanos. La amistad en ese contexto se convierte en una estrategia de supervivencia, pero también en un acto de rebeldía, Y algo que, estando en libertad, puede parecer tan insignificante como mandar saludos, adentro lo era todo.
Algunos dirán como que, ay, qué bobada enviarle saludos a alguien. Pero es que estando en una situación como la que nosotros estábamos, un saludo era alegrarte el día. Era como despertarte con un sentimiento de cariño, de hermandad, de amistad, de amor. Ellos intentan cosificarte. Entonces tú simplemente crees que no vales nada o no, pero si te sientes querido y importante para alguien y te lo está demostrando enviándote un saludo, es como que alegraba un poco aquellos días ese hecho.
Al mes siguiente, en febrero de 2025, a Iván lo sacaron del rodeo por primera vez y lo llevaron junto a otros compañeros ante un juez. Recordemos que Iván es abogado de profesión. y conoce bien cómo debería verse el debido proceso. Pero, según él, aquel lugar estaba muy lejos de ser un tribunal de verdad.
Es un payaso vestido de juez, con más payasos de fiscales y secretarios y de cosas.
Iván sabía perfectamente que lo que estaba pasando no era legal. Desde su mirada técnica, lo que tenía enfrente era una puesta en escena, un simulacro de justicia. Le imputaron delitos de espionaje, sabotaje, terrorismo…
O sea, yo era el criminal, el más grande buscado por toda Venezuela.
Nunca pudo ver el expediente. No se le permitió tener asistencia consular ni tampoco un abogado privado. Bueno, ni a él ni a nadie.
El abogado defensor, que era un abogado chavista, nos dijo, no pregunte nada, no pregunte nada para que no digan nada. Tu abogado te decía eso y yo, ah, ok, gracias abogado. Era una farsa, era una mentira.
Esa fue la primera y última vez que Iván y los demás estuvieron frente a un juez. También fue la única vez que vieron a un abogado. Al volver al penal, retomaron la rutina de siempre. El tiempo se estancó. Pasó marzo, abril, mayo. Luego llegó junio. Para Iván ya habían pasado siete meses de encierro. Entonces un día ocurrió otra novedad. A él y a otros extranjeros les permitieron hacer su primera llamada. El turno para llamar se asignó por orden de celda.
Iván estaba en la número 8, pero tres puertas antes, en la celda número 5, había otro colombiano que, como Iván, era de Cúcuta.
Y él no tenía número de teléfono, entonces no iba a llamar a nadie.
O sea, no tenía a quién llamar porque no recordaba ningún número de memoria.
Y yo le dije,¿ por qué no llamas a mi mamá? por lo menos pídele el favor de que te busque a tu esposa y se comunique con tu familia para que por lo menos sepa que tú estás acá.
Iván le dictó el número a través de la reja. El colombiano lo memorizó y cuando los custodios lo llevaron al teléfono, llamó a la mamá de Iván. Fue a través de ese compañero que la mamá de Iván pudo finalmente confirmar que su hijo estaba vivo.
Y le dijo como que tranquila, su hijo está bien. Entonces ya cuando llamé fue como que sí, claro, la euforia de mi mamá y demás, pero pues ya estaba un poco más controlada o ella intentaba controlarse para no afectar mi estado anímico. Imagínate tú después de siete meses de no saber de tu hijo y te llama cinco minutos a decir estoy bien, tranquila, no sé cuándo vuelva. Es preocupante para toda familia.
Fue muy, muy, muy triste. Pues era una alegría saber que él estaba vivo, que realmente estaba vivo. Al mes siguiente, un rumor que venía de los venezolanos de los pisos de arriba empezó a correr por la prisión.
Recordemos que después de iniciar sus deportaciones masivas, el gobierno de Trump acusó de pandilleros a 252 venezolanos y los envió al SECOT, la cárcel de máxima seguridad de El Salvador. Ahora se decía que esos venezolanos que Estados Unidos había deportado iban a ser canjeados por varios extranjeros presos que estaban en Venezuela. En el Rodeo 1, la noticia generó mucha expectativa. Y yo
recuerdo que escuchábamos cada fin de semana No, que van a liberar, pero entonces están pidiendo que todos los presos políticos de Venezuela los van a soltar por los 250 que están en el extranjero.
Hasta que el 18 de julio del 2025 el canje llegó. Así llegaron al aeropuerto internacional de Maiketía los migrantes venezolanos que estuvieron cuatro meses presos en El Salvador. El Salvador liberó a los 252 venezolanos del SECOT y a cambio... Maduro soltó 80 presos políticos venezolanos, pero solo a 10 extranjeros, y todos eran ciudadanos estadounidenses. Poco después, el gobierno de Donald Trump ordenó un despliegue militar en el Caribe bajo el argumento de
intensificar la lucha contra el narcotráfico. Pero lo que todos vimos en las noticias...
Con mucha atención en sus pantallas pueden ver las primeras imágenes de los barcos de guerra que se
dirigen hacia aguas cercanas a Venezuela. Se interpretó y se vivió de manera muy particular en el Rodeo 1. Para Iván, esos barcos tenían una sola explicación, el descontento de Trump tras los resultados del canje.
Por eso fue que Donald Trump, perdón la palabra, se emputó. Entonces, desde ahí empezó una coartada de Donald Trump. Al mes le envió la primera flota.
Las noticias fueron llegando al rodeo a cuentagotas.
Que llegó un barco, que llegó otro barco, que llegó un portavión, que llegó... No, nosotros vivíamos en una agonía cada fin de semana que llegaban las noticias.¿ Por qué?¿ Pero por qué no se meten? Pues aquí es lo que pasa.
Las semanas fueron pasando y aunque las operaciones en el Caribe continuaban, los extranjeros ya habían abandonado la esperanza de que una incursión militar los liberara. Así llegó octubre. A finales de ese mes, el cónsul y el embajador de Colombia visitaron el Rodeo 1 para evaluar la posibilidad de que algunos de los colombianos salieran. La idea era reunirse con los presos colombianos, aunque lo que se iba a hablar
en ese encuentro no estaba claro. Eran un poco más de 30 personas, pero la reunión no convocaron a todos, solo a 15. A Iván no lo invitaron. Alejo, en cambio, sí estaba en la lista. La reunión fue tensa y caótica.
Por más que lo intentas, no terminas generando un diálogo. sino que haces como un choque. Estás estresado, no pueden hacer nada hasta ese momento. Un poco de frases allí que al final es como, pero sáquennos, por favor, díganos algo de cómo es nuestra situación. Y pues son 15 personas, cada una intentando hablar desde su perspectiva, no fluye.
Al día siguiente, llamaron a los que habían quedado fuera de la primera reunión. Entre ellos estaba Iván. Antes de que se fuera, Alejo logró hablar con él en el patio.
Iván, es tu turno, tú eres abogado. Intenta más o menos dirigir la situación. Intenta que se coordinen entre ellos y que no haya tanto ataque, sino de verdad que se genere un diálogo a ver qué se puede hacer con el embajador.
Iván y los otros 16 colombianos salieron del patio ese día pensando que irían a una reunión con el embajador, pero no.
Nos llevaron a una habitación, nos quitaron absolutamente todos nuestros uniformes.
Les raparon el pelo al ras. Luego, les ordenaron que eligieran ropa de una montaña de prendas usadas. Y
nos entregan ropa de gente extraña, no sé, del preso de ahí, como que pongan, busquen lo que les quede y pongan.
Iván no entendía lo que estaba pasando. Lo único que se le ocurrió es que los estaban cambiando de cárcel.
Yo dije, bueno, la reunión de este embajador es para que nos pongan en una cárcel donde al menos podamos llamar o tengamos más libertad, pensé yo en ese momento.
Cuando terminaron de vestirse, los esposaron, los encapucharon y los subieron a un autobús. En ningún momento les dijeron a dónde iban. Andaron por más de 14 horas. Yo
ni siquiera sabía con quién iba, porque no podíamos hablar, no sabíamos nada.
Finalmente el autobús se detuvo. Se subió un guardia y dio la orden, que quiten las capuchas y las esposas.
Cuando él nos quita las capuchas y las esposas, nos hacen hacer una fila en el bus. Y yo empiezo a mirar el lugar y yo, esto lo conozco. Yo fui pasado por acá.
Era el puente internacional Atanasio Girardot, que divide Colombia y Venezuela. Del otro lado estaba su ciudad, Cúcuta.
Entonces dice el guardia que gracias a las buenas relaciones y la diplomacia entre Colombia y Venezuela, íbamos a ser liberados.
Era el 24 de octubre de 2025. Iván fue liberado después de 357 días detenido en Venezuela, casi un año de su vida. Esa mañana el puente internacional estaba lleno de periodistas, pero también de caras conocidas. Allí lo esperaba su mamá, su hermana Liliana, sus amigos más cercanos y algunos familiares. La noticia se había filtrado un día antes, cuando el presidente
Gustavo Petro confirmó la liberación del grupo. El rumor llegó rápido a las madres de los 17 colombianos, que junto a la prensa se movilizaron desde la madrugada.
Había tanta gente que era increíble, o sea, era muy abrumador tanta gente.¿ Dónde está Iván?¿ Dónde está Iván? Y yo gritábamos y gritábamos alrededor de mucha gente y todo el mundo abrazándose. Pero ya después que ya lo vimos, obviamente, mi mamá y yo, lo único que hicimos fue correr a la gente y
saludarlos
Después de eso, pues ya obviamente todo el mundo se incluyó, todo el mundo que para saludar, que para abrazar, que para besar, entonces... A mí me costó un poquito reconocerlo, la verdad. Estaba caldeado, flaco, muy, muy flaco
Entre todo el ruido, Iván se sentía desorientado.
Yo en ese momento me sentía como feliz y contento. Feliz porque estaba recorriendo mi libertad. Y triste porque mis otras personas, los que quedan allá donde están. Dejaba atrás amigos y hermanos que dicen... Nunca tuve una como que, oiga, me voy, chao. Un gusto haberlo conocido, muchas gracias por todo. Nunca tuvimos esa despedida.
Desde entonces, Iván ha intentado recuperar su vida anterior de a poco. Pero el proceso no ha sido fácil. Le costó meses asimilar su libertad.
En parte, extrañaba mi celda, lo que estaba viviendo, si me entiendes. Que te cambien tan abrupto, es totalmente chocante, ¿no?
Perdió el trabajo que tenía. Extrañaba los días antes de la detención, su rutina. Después de un año de ausencia, cambian miles de cosas. Pero iba más allá. También extrañaba a sus compañeros del Rodeo 1 y se dio cuenta que pensaba constantemente en ellos.
Extrañaba mucho a mis amigos, las personas con las que hablaba todos los días. Mario burló, que era otro amigo que tenía al frente, que era como un padre para mí en ese momento. Yo duré días sin dormir pensando, llorando, angustiado, con ansiedad. Son situaciones bastante fuertes que uno pasa después de ese trauma, ¿no?
Mientras tanto, Mario y Alejo seguían en el Rodeo 1. Ahí estaban el 3 de enero de 2026, el último día de Maduro en el país. Se
escuchan helicópteros. Son las 1 y 58 de la mañana. Están atacando el Fuertes de Uno.
Esa madrugada... Sí sentimos y escuchamos el sonido de un avión, más o menos por 40 minutos o una hora, que sí fue extraño. Pero pues en mi caso yo les digo que siempre han habido sobrevuelos, entonces no sé. Calma que la verdad no creo que haya pasado nada.
Pero sí pasaba. Hay un bombardero en este momento en Iguerote. Están cayendo los misiles. Están cayendo los misiles. Están cayendo los misiles en Iguerote.
Estados Unidos atacó varios puntos estratégicos de Venezuela en un operativo militar al que llamaron Resolución Absoluta. Fue un operativo relámpago que, en cuestión de horas, capturó a Maduro y a su esposa Cilia Flores. Ese mismo día, la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, tomó el poder como presidenta interina. Pero de esta noticia se enteraron solo hasta una semana después, cuando los presos venezolanos recibieron la visita de sus familiares.
Y escuchas cuando uno de los compañeros dice por ahí que atraparon a Maduro. Eso sí es una noticia. Y la cárcel está en un griterío constante en ese momento.
Esa misma semana, el presidente de la Asamblea Nacional anunció que iban a liberar a un número importante de presos políticos.
Durante toda esa semana está saliendo gente. Salen los europeos y salen los asiáticos.
Entre ellos estaba Mario, que salió el 13 de enero. Lo llevaron a la Embajada de Italia para reunirse con el embajador y el cónsul. De allí, lo escoltaron directamente hasta un avión. Solo hasta media hora después del despegue, cuando supo que ya estaba oficialmente fuera de Venezuela, Mario pudo, finalmente, sentirse
tranquilo.
Estos meses, Mario ha tratado de recuperar sus hábitos. Sobre todo el sueño, aún le cuesta dormir más de cuatro horas. Cada vez que puede, habla de su experiencia en Venezuela y pide por la liberación de sus compañeros. Pero de vuelta en el rodeo, Alejo seguía esperando su salida.
Pasa un lapso de una semana, dejan de haber salidas, quedamos los latinos prácticamente. Luego pues sale el panameño, luego hay otra pausa y es como, debería ser más rápido. Salen los hondureños y pues después salgo yo.
Alejo salió libre el 10 de febrero de 2026. Pasó 17 meses en la cárcel. Cuando dejó el rodeo, todavía quedaban 16 colombianos, un cubano, un argentino, un búlgaro y un francés. Cuando hablamos, le pregunté si tenía alguna idea de por qué él sí salió y los demás no, si sabía de algún criterio o de alguna orden específica.
Me lo pregunto todavía, porque no sé exactamente la situación de la salida. Entonces, pues, estás agradecido, obviamente, pero también te quedas allá con esa culpa interna de que ellos siguen allá pensando en ellos. Te preguntas de verdad,¿ por qué?¿ Qué fue lo diferente en esta situación?
Aún no lo sabe. De todas maneras, estos hombres tienen claro algo. Ahora los une un vínculo único. Se creó en la impunidad y en el abuso de poder y se fue afianzando a medida que compartían toda esta experiencia llena de injusticias, maltratos y horrores. Ese vínculo aún sigue fuerte. Para mantenerse conectados, los extranjeros que han salido del Rodeo 1 crearon un grupo de WhatsApp al que llamaron Los Libertadores.
Saludos para todos los compañeros del grupo, a los que estamos afuera y a todos los que quedaron allá.
Qué bueno que esta pesadilla se terminó, qué bueno que estás con familia y... Es un lindo agrado ver que estás aquí en nuestro grupo, que la hermandad de este grupo se sigue creciendo y creciendo como debe ser.
Cuando Iván llegó al grupo, en octubre de 2025, apenas eran 12 o 3 integrantes. Ahora son más de 60. Cada vez que alguien nuevo se une, todos lo reciben con alegría.
Es emocionante ver que cada día se llena con un integrante más, que ha aparecido tal persona, que vamos a agregar a este compañero que estuvo con nosotros.
Es un espacio donde pueden hablar de un trauma que solo ellos pueden entender. Uno que, para muchos, no es tan fácil de compartir con sus familias.
Pues, madre, comprender el encierro, de verdad, el... tener ese espacio tan pequeño durante las 24 horas del día, sin poder moverte más que eso. Las únicas personas que pueden entender eso son los chicos con los cuales conviviste.
Y le hacemos mucho para que nuestros hermanos que están en Rodeo 1 salgan a compartir de su familia, de los seres que más uno ama en el mundo. Señores
acabo de tener una charla larguísima con José María. Está todavía muy impactado con todo lo de las salidas. Ténganle paciencia. Él ya está agregado en el chat. Está súper feliz. Tiene mucha información para compartir con nosotros. Ya
en casa. El trabajo lo tengo asegurado. La familia. Este fin de semana paso con mi hija. En eso estamos. Intentando ser normales.
Es justo esto lo que están tratando de hacer ahora. Intentar volver a la normalidad.
En febrero de 2026 se aprobó una ley de amnistía para liberar a los presos políticos, pero apenas dos meses después el gobierno la eliminó y frenó las excarcelaciones. Esta medida dejó a cientos de personas tras las rejas. Mariana Zúñiga es productora de Radio Ambulante y vive en Caracas. Esta historia fue editada por Camila Segura y Luis Fernando Vargas. Bruno Selsa hizo la verificación de datos. El diseño y sonido es de Andrés Aspiri, con música de Ana Tuirán,
Remi Lozano y Andrés. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paula Aleán, Adriana Bernal, Aneris Casasuz, Diego Corzo, Emilia Herbeta, Camilo Jiménez Santofimio, Germán Montoya, Sara Selva Ortiz, Samantha Proaño, Natalia Ramírez, Juan Pablo Santos, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Luis Fernando Vargas y Franklin Villavicencio. Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Studios. Se produce y se mezcla en el programa
Hindenburg Pro. Si te gustó este episodio y quieres que sigamos haciendo periodismo independiente sobre América Latina, apóyanos a través de Deambulantes, nuestro programa de membresías. Visita radioambulante.org y ayúdanos a seguir narrando la región. Radioambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.
