La imprenta en las Misiones
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Hoy en este espacio acerca de lo que conocés de Misiones, vamos a referirnos a un hecho muy singular como lo fue la instalación de la imprenta en las Misiones Jesuíticas. Todo un acontecimiento por cuanto esta imprenta, que funcionó en la misión de Loreto, hacia 1700, fue la primera de toda Sudamérica y de lo que más adelante sería la República Argentina. Unos 80 años antes que en Buenos Aires y 65 antes que en Córdoba, considerados por entonces los puntos culturalmente más desarrollados del virreinato.
¿Cómo fue posible que en medio de los montes, en una situación de aislamiento tan grande se construyera una imprenta de tipo europeo con la cual fuese posible editar libros de calidad? Como en otras empresas pioneras, esto fue posible gracias a la iniciativa de los jesuitas Juan Bautista Neumann, austríaco, y José Serrano, español, cuya mayor preocupación era que los libros religiosos, escasísimos por entonces y custodiados como objetos valiosos, pudieran multiplicarse y llegar a más fieles.
Desde hacía por lo menos 200 años se sabía que la forma más eficaz de difundir las ideas era a través del libro impreso, ese maravilloso invento del alemán Gutemberg, y los jesuitas venían reclamando a España tener maestros impresores en América, pero, al no haberlo logrado, fue que Neuman y Serrano se pusieron a construir una imprenta con maderas del monte misionero, y a fabricar los tipos de imprenta, es decir, las letras, a partir de estaño, un material que abundaba en las misiones, también la tinta, lograda con mezclas de vegetales entre los que no faltaba la yerba mate. Solamente el papel provenía de Europa.
Fue así que estos maestros impresores de las misiones, con aquella imprenta de madera, editaron el primer libro hacia 1700, el Martirologio Romano, que es un catálogo de los santos y mártires de la iglesia traducido por el padre Serrano, y del cual aparecerán ejemplares impresos en otros pueblos de las misiones, lo que ha llevado a pensar a los estudiosos del tema, como el padre Guillermo Furlong, que aquella primitiva imprenta era trasladada temporariamente de un pueblo a otro, como a Concepción, a Santa María la Mayor o a San Javier, donde se imprimían nuevos ejemplares. Al parecer la imprenta como maquinaria se trasladaba, pero en cada lugar habrían existido talleres donde indígenas especializados fabricaban los tipos y sabían acerca de la composición de las páginas hasta que llegaba la imprenta ambulante.
Esto de la especialización de los indígenas es una certeza por cuanto en 1724, en Santa María fue impresa una obra escrita por un cacique de ese pueblo, Nicolás Yapuguay, titulada Explicación del catecismo en lengua guaraní, y otra titulada Sermones y ejemplos en lengua guaraní, bajo la dirección del padre Paulo Restivo. Y en ese mismo año Nicolás Yapuguay, que era también un músico destacado de Santa María, editó otra obra hecha en la reducción de San Francisco Javier.
Así, en medio del monte, varios libros se
editaron en las misiones jesuíticas cuando en el resto de lo que iba a ser la
República Argentina, aún no se conocía la imprenta.
