Una chica insaciable - podcast episode cover

Una chica insaciable

May 08, 202515 min
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Pamela es una adolescente que se siente atraída por Daniel, el amigo de su papá.

Transcript

Los momentos en familia son más agradables disfrutando de un desayuno con unos deliciosos huevos, especialmente cuando son de Eggland Best. Tienen un sabor deliciosamente fresco y la mejor nutrición, como 6 veces más vitamina D, 10 veces... más vitamina E y el doble de omega 3 y B12 que los huevos regulares. Para nosotros, los huevos pueden ser cocinados de cualquier estilo, siempre y cuando sean los mejores. Eggland Best. Mejor sabor, mejor nutrición, mejores huevos.

Yo siempre tuve una debilidad por los hombres maduros. Me gusta mostrarme delante de los amigos de mi papá y seducirlos. Muchos me desean. Pero jamás atreverían a insinuarme algo, ni siquiera a mirarme. Algunos de ellos son los más atrevidos. Me miran un poco con cuidado de que mi padre no se diera cuenta. Daniel es mi preferido. Es el gran amigo de mi papá y el más atractivo.

Los dos siempre se juntan a charlar cuando yo me arreglaba para salir con mi novio. En ese momento yo me ponía una bata y la dejaba un poco abierta. Para que Daniel vea mi ropa interior. Él se ponía colorado. Y se escondía. Trataba de concentrarse en la conversación que tenía con mi papá. Intentaba no mirarme, pero le resultaba difícil no hacerlo. Ese día fue...

Ellos estaban jugando a las cartas y yo estaba sentada en un sillón, hablando por teléfono con una amiga. Tenía las piernas un poco abiertas. Para que Daniel me mirara. En ese momento suena el timbre de casa. Era Claudio, mi novio que pasaba a buscarme. Sí, seguí hablando que yo voy a atender la puerta, deja. En ese momento mi papá...

Me dejó sola con su amigo. Yo me levanté, intentando terminar la conversación y me puse de espaldas. Daniel corta el teléfono y me pone una mano en la boca por atrás. mano entre las piernas. Me metió bien adentro un dedo en la vulva y con otro me presionaba el agujerito del culo mientras me decía cosas al oído. ¿Te gusta que te meta la mano en el culito, putita? Daniel no dejaba de mirarme las piernas. Estás calentita. Que eres verga.

Después de decirme eso, me soltó y volvió a sentarse donde estaba jugando. En ese momento llegó mi papá y mi novio. Hola, mi amor. Yo no podía creer lo que había sucedido. ¿Qué pasa, Daniel? ¿Hoy tenés un mal día? Te volví a ganar, ¿eh? Daniel no dejaba de mirarme las piernas y se pasaba la lengua por los labios. Yo no podía creer que él me tratara como una cualquiera. Lo que más me excitaba era que yo podía ser su hija y él me deseaba como una mujer.

Hola. Hola, soy Daniel. Hola. Te espero el viernes a la noche en mi casa. Te voy a dar eso que tanto estás buscando. Señor, este... Te espero el viernes a la noche. A mí me gustaba Daniel. Me calentaban los hombres maduros. ¿Por qué no? No iba a tener otra oportunidad como esta. Muchas veces me había imaginado esta situación. Yo desnuda en su cama y él metiéndome su pene por detrás y dándome como un animal.

Durante toda la semana me preparé para ese momento. Suspendí el encuentro con mi novio y me arreglé para ir a la casa de Daniel. Me puse una tanga negra de encaje. Que se me metía bien en el culito. Unas medias negras hasta los muslos. Y un vestido también negro. Bien cortito. Y que tenía un escote en la espalda. Me pinté. Y me puse un rico perfume por todo el cuerpo. Cuando llegué a su departamento...

Me atendió enseguida. Yo estaba muy nerviosa. Me temblaban las piernas. Daniel bajó a recibirme. Estaba vestido con un pantalón elegante. Y una camisa muy linda. Yo pensaba que iba a subir a su departamento. Pero él me llevó a una plaza que estaba enfrente de donde él vivía. Por suerte no había nadie y nos sentamos en un banco. Yo tenía un poco de vergüenza hasta que llegamos.

Qué lindo vestido tenés. Gracias. Me puse linda para vos. ¿En serio? Pero entonces sos más putita de lo que yo me imaginaba. Dale, arrodillate. Yo me agaché y él se bajó al cierre. A ver, pendejita, cómo la chupás. Daniel tenía una verga muy grande. Apenas entraba en mi boca. Sí, putita. Él me agarraba de la nuca y me cogía por la boca. Me excitaba.

Él me tratara como una puta. Chupa puta, chupa chupa. Dale que te gusta. Mis labios agarraban con fuerza esa verga. Él me la metió hasta la garganta. Su miembro tenía un gusto saladito que me volvía... a ver todo en el chito. Y quemar mi boca Yo lo miraba y eso a él lo calentaba Después de un rato me llevó detrás de unos arbustos Me acostó boca abajo Y levantándome la falda, me ensartaba con su enorme verga. Me la metía por completo y sin detonarse. Yo estaba muy mojada.

Y al estar tan excitada, no me dolió cuando me acertó de golpe. se movía a su ritmo. Estaba tan excitada que ardía de placer. Sí, por favor. Dale. Dale, Daniel. Ay, Daniel. Sí, sí. Ay, que no me voy a tener, sí. Ay, me encanta, sí, sí, hace minutos, sí, sí. Sí. Sí, sí, sí, sí, sí, sí. Ay, qué poquito me hace sentir. Sí, sí, sí, sí. Yo acabé de una manera impresionante. Mientras que él seguía bombeando cada vez más, con cada ensartada me hacía ver las estrellas. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

Tenía que tener su recompensa. Me había acogido como nunca antes lo habían hecho. Sí, sí. Traste mi vera, traste la toda. Dale, papi. Sí, dame, barba, papi, dámelo todo, ¿sí? Yo estaba boca abajo, dominada, sometida por este macho. Me sentía una puta. y tenía un hombre dispuesto a hacerme sentir su rigor. A hacerme suya. Él seguía y seguía. Y no podía parar. Y yo estaba a punto de llegar al segundo orgasmo. Sí, porque...

Putita, te voy a dar tanta verga que te voy a dejar seca. Ay, ay, ay. Ay, sí. Así, papita, sí. Ay, qué linda verga. Sí. Andes y así locos un placer infinito Subió la falda, me bajó la tanguita y me ensartaba por el culito. Yo sentía por el culo un dolor muy fuerte. Me tapó la boca con su mano para que nadie escuchara mis gritos. Él me la metía y me la sacaba. Mi cuerpo se paralizaba y mi culito ardía y gozaba.

Daniel. Pavela, ¿ya te vas? Esto no nos puede volver a pasar. Me tranquilizó que él me vuelva a llamar por mi nombre. Y no como una cualquiera. Al parecer las cosas volvían a la normalidad. Salí de esa plaza. Tomé un taxi. El taxista me miraba. Parecía que sabía lo que había hecho, lo puta que era. Por momentos no podía sostener su mirada. Pero solo pensar en lo que había hecho con Daniel me calentaba de nuevo. Y al meterme la mano entre las piernas...

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