¡Que ganas por leerles!
Es muy difícil que la persona que lee, grande o pequeña, se vaya a sentir sola, o al menos se sentirá menos sola, pase lo que pase. Por ello, si a nuestros hijos les inculcamos la lectura, les estamos dando un regalo.

Es muy difícil que la persona que lee, grande o pequeña, se vaya a sentir sola, o al menos se sentirá menos sola, pase lo que pase. Por ello, si a nuestros hijos les inculcamos la lectura, les estamos dando un regalo.
Enseñar a pensar y a reflexionar a nuestros hijos es una tarea pendiente de nosotros los padres. El apóstol Pablo le aconsejó a su discípulo Timoteo que se dedique a pensar, a reflexionar en la verdad, en lo justo, en lo honesto, en la bondad. Grandes temas para hacer filosofía de vida, pero, sobre todo para que afiancemos nuestra conexión con la fuente de esa filosofía: Jesucristo.
Ahora, en este tiempo, hablamos de los valores como si fuesen un abrigo que se pone y se quita, pero no, los valores somos los seres humanos. Quiero decir, no nos colocamos los valores encima nuestro, sino que entramos en ellos.
Cada adolescente es un mundo en sí mismo, es una época de explosión de las emociones, de gustos, de experimentación, de autoafirmación, es decir, los chicos empiezan a sentir la necesidad de autonomía, pero de mucha afirmación mientras van formando su propia identidad.
Todos los seres humanos poseemos en potencia todas las virtudes humanas, mismas que necesitamos irlas desarrollando para fortalecer nuestro carácter y ser más efectivos en nuestros roles y relaciones.
La inteligencia emocional, es esa capacidad de la mente para percibir, para comprender, para expresar y regular emociones y para percibir y comprender las emociones de los demás para que esta información guíe nuestra conducta o nuestros pensamientos.
Descripción: Los padres son quienes marcan una impronta en la formación emocional de los hijos, la forma re reaccionar emocionalmente de los padres ante las diferentes circunstancias se verá también en sus hijos
Es posible mantener una relación sana y emociones sanas en nuestros hijos cuando mostramos interés genuino por nuestros hijos.
Todas las emociones, incluso las negativas, tienen un valor y una enseñanza.
La compasión y el perdonar es un desafío de vida para un padre que desea dejar una huella profunda a las siguientes generaciones.
Tener padres que escuchen más a sus hijos es un gran regalo para ellos y un legado al menos para las siguientes dos generaciones.
Qué hacer cuando los hijos comienzan a entonar la irritante frase de “estoy aburrido” y que repetirán durante muchos años si no ponemos remedio.
Descripción: Más allá de cómo halar de dinero con los pequeños, llega el momento en que hay que dárselo y dejar que ellos tomen la decisión de usarlo con responsabilidad.
Los padres se alegran por todo lo bueno que alcanza su hijo, sean logros materiales o intelectuales. Y por ninguna cualidad se alegran más que por la sabiduría que demuestre tener, porque la sabiduría allana el camino del éxito.
Haz lo que sea correcto, pórtate bien y regresa tempano son entre otras las recomendaciones de la mayoría de los padres cuando los hijos salen a sus citas. San Pablo diría: “Sé un ejemplo para todos (los creyentes) en lo que dices, en la forma en que vives, en tu amor, tu fe y tu pureza”.
Un padre está llamado a consagrarse para el servicio de la vocación paternal, es un apostolado que empieza en casa y a Dios le importa demasiado nuestra repuesta a vivir esta misión.
Un hombre con el alma generosa, un espíritu sencillo y una actitud cortés lo convierte en un hombre valiente y anhelado para seguir construyendo familia.
La felicidad de un padre está directamente relacionada con la de los hijos. Si nos sentimos plenos, realizados y felices, podremos prestarles más atención, cuidados y tiempo de calidad que si nos sentimos agotados, desbordados y tristes.
Si papá aun le compra juguetes, videojuegos y mamá aun le prepara los alimentos y limpia la habitación para el hijo que ha pasado los 25 años es probable que tenga un “Peter pan” en su casa y, no un hombre que se está preparando para enfrentar el futuro, con todo el compromiso y responsabilidad que eso implica.
El que los hijos no puedan controlar sus impulsos, deseos y emociones es algo que a los padres les cuesta comprender. Advertir los riesgos y peligros es propio de un adulto, pero no de un niño, de un adolecente o, de un joven. Por ello los padres debemos ayudarles a nuestros hijos desarrollar hábitos, pues somos el resultado de lo que hacemos repetidamente.
Los niños y las niñas no juegan para aprender, pero aprenden porque juegan, dijo Jean Piaget. Por eso los pequeños cuando juegan de verdad, pueden olvidarse hasta de comer. El sentido de aventura le llena al ser humano, desde su infancia, de placer y satisfacción, que es el motor más potente para avanzar con motivación en la vida. Los padres no podemos perder esta perspectiva para ser más significativos en nuestros hijos.
Casi ningún padre piensa al inicio de la crianza de sus hijos que en poco tiempo se irán. De hecho ese tiempo llegará, a su debido tiempo. Pero qué pasa si el asunto es precoz, si los hijos empiezan ya en la adolescencia a considerar la idea de irse de casa. De hecho, el abandono precoz, o la fuga de los chicos de sus hogares está encendiendo las alarmas en las familias en este tiempo.
Nunca antes los niños han tenido la necesidad de que los padres intencionalmente compartamos experiencias que nos ayuden a forjar vínculos entre nosotros y nuestros hijos, lazos que esperamos no se rompan y dejen huellas en sus vidas.
Los hijos reciben una impronta en el desarrollo de su identidad, lo cual determinará su manera de relacionarse con sus pares, pero sobre todo con una mujer. Por lo tanto, que un padre tenga claro su naturaleza masculina, su autoimagen varonil será la clave para formar hijos que superen el estigma del machismo en nuestra sociedad.
He escuchado que llega el momento cuando un padre puede relajarse respecto al cuidado y dedicación a los hijos. La respuesta a esta inquietud depende de cuánto comprendemos sobre la naturaleza de ser papá, eso marcará el norte en nuestro rol paternal.
Siempre me he preguntado si uno, como hombre, lleva innata la vocación de ser papá, es decir, ¿Hay hombres que definitivamente no nacieron para ser padres? He escuchado en numerosas ocasiones decir a muchos amigos que luchan con su apego y pasión al rol paternal. Yo mismo me pregunto con frecuencia si soy el papá entregado a esta tarea que mis hijos necesitan.