Aquí estamos, hombre. Siempre puntual y siempre llegando al corazón de la gente, hombre. Sobre todo los que están fuera del PAI, hombre. Esos que están viniendo a Cuentagota. Y eso que es su derecho comunicar a Wences, entrar al PAI, pero al extranjero, hombre, qué raro, ¿verdad? Le abren las puertas de par en par, hombre, así son algunos,¿ cómo no? Hombre, hay sucesos que le marcan la vida pueblerina y la gente y los parroquianos que habitan en un sector del PAI, pues...
Me palabrearon, amigos, que este suceso fue... Verífico, amigos. Suceso en el Valle de Coajiniquil. Así se llama y así se los voy a palabrear.
Despertando los gallos en el valle de Coajiniquil, la gente se levanta a sus quehaceres diarios, amigo. Ordeño, siembra, socola, cuidado de potreros, etcétera, etcétera. Aquí en este vallecito, Lorenzo Fuentes, campesino madurado por los años y el trabajo, también madrugaba. Y más ahora, amigo, cuando tenía que ir a trabajar a... al pueblo en una jornada de seis horas en mula. Así, mientras le ponía la albarda a su mula parda, hablaba con su mujer, que ya con el fogón encendido preparaba
el café. Ya está listo el café, niña. Hoy está. En
un momento, Lencho. En un momento.
Es que quiero que te lleves un aliñito de frijolitos molido, queso y tortilla rellena.
Está bien, Goyita, porque el camino es bien largo.
Ah, procura no venir tan noche
Goyita. No tengas cuidado, Goyita. Ah, oíme. Hoy debe venir Abelardo por la carga en Mike que se va a llevar. Sí, le va a llevar el compadre Jenny. Le abrís la troja, ¿verdad? Y le entregás todo el maíz, oíste.
Ah, bueno, pues, eso sí viene
Cómo que sí viene?
Bueno, pues, porque como le diste 20 pesos de adelanto, ahora, pues, ya no tiene interés en venir. Es que dicen que músico pagado no toca buen son.
Ah, no, Goyita. Abelardo es un hombre muy cumplido. Yo lo conozco desde hace más de treinta años. Y es carretero... Pero es de los carreteros del más cumplido del valle, pues. Él va a venir por el
mar.
Vas a ver que sí.
Bueno. Bueno, aquí está el café. A ver
pues.
Vení, toma. Vení, toma.
Mientras sorbía el trago de buen café, Lorenzo pensó un momento en el carretero Abelardo, amigo. Abelardo era un viejito muy querido en el valle. Era el carretero de Coajiniquil, siempre cumplido, hombre de palabra, sin vicio, ordenado en su vida, amigo, ordenado en su trabajo también. Abelardo había sido el carretero desde hacía más o menos unos 30 años en el pueblo. Por eso, Lorenzo no pudo dejar de decir...
Bueno, mira, eso de que músico pagado no toca buen son, eso no va con Abelardo, Goyita, yo te lo aseguro. Él va a venir hoy por la carga de maíz.
Ah, bueno, pues entonces no te preocupes, Lorenzo. Si Abelardo viene, yo le entrego el maíz. Y él se lo lleva al compadre Eugenio. No hay cuidado por eso.
Ve y decime una cosa.¿ Ya me alistaste la comidita
Ya está puesta en la alforja. Ve, llevas la magnífica por si te coge la noche, ¿ah
La magnífica. No solo la magnífica, sino que el cordón de San Francisco también.
Ajá
¿Dónde?
Vas completo, pues
Estoy completo
No se te olvide traer los fósforos, ¿oyiste? Y recordá también las candelas.
Aquí
están bien caras
Bueno, pues, Goyita... Hasta la tardecita, si Dios quiere, pues.
Que te vaya bien, Lorenzo. Y que Dios te acompañe.
Bueno, pues, ahí nos vemos, Goyita. Ahí nos vemos.
Nos vemos. Ay, tan largo ese camino. Y este Lorenzo tan solo que le gusta caminar. Siempre debería andar acompañado por cualquier cosa. Ah, pero en fin, que Dios lo acompañe.
Y así, Lorenzo, montado en su mula parda, comenzó la jornada de aquel día, amigo. Iba rumbo al pueblo vecino. El camino era camino de bestias, pero bueno y parejo. De modo que a paso de escotero, pues, el viaje al pueblo se hacía en unas cinco horas, poco más o menos. Por eso, Lorenzo calculó
Bueno,
pues
cinco horas. De aquí a las once de la mañana estoy llegando al pueblo. En una hora hago lo que tengo que hacer. Compro las cositas que voy a llevar. A esta se le olvidó apuntarme el gas y la manteca. Bueno, después vuelvo a la casa. ¡Ay! Como a las cinco o a las seis de la tarde estoy de vuelta. ¡Vamos, mulita! ¡Vamos! ¡Vamos, mulita!
Y luego los caminos, los llanos, las montañas y los ríos que tuvo que atravesar, amigo. Al mediodía llegó al pueblo, hizo varias cosas, miró a dos amigos que tenía en el pueblo, hizo las compritas que tenía que hacer, y como a la una y media de la tarde, emprendió el viaje de vuelta, amigo. Para ese entonces estaba comenzando el invierno, Y a medio camino se dejó venir un aguacero enorme que refrescó la tarde, amigo. Refrescó el tiempo. El cielo estaba encapotado. Y la tormenta era pareja en
toda la región, amigo. Porque la Goya, su mujer, allá en su casa, en el valle, también miraba la tormenta. Santísima Virgen.
Ojalá que los rillos no se salgan de madre. Al pobre Lorenzo le va a agarrar la tormenta en el camino.
Mamá,¿ y usted no va a ir a la vela? Y el disjunto está tendido y todo.
Cómo no, mijo?¿ Cómo no? En cuanto venga Lorenzo, los vamos a ir juntos al velorio. Pobre Lorenzo. Viene cansado. Pero estoy segura que va a querer ir a la vela.
Yo voy a estar allá, mamá, oye. Allá nos vemos.
Está bien, mijo, está bien. Vaya pues, está bien, está bien.
La tarde se había puesto negruzca, negruzca, mijo. Había dejado de llover... pero el cielo estaba ennegrecido por nubarrones. Lorenzo venía en su mula, atravesando el llano de piedra larga, amigo, cuando vio a lo lejos que una carreta avanzaba en el mismo sentido. Naturalmente, unos momentos después, la mula de Lorenzo alcanzó a la carreta y cuando estuvo al lado de ella, miró que el carretero era...
Mira
Abelardo, soporno. El
carretero no contestó de momento, amigo. Venía envuelto en un bramante... con el sombrero roto, inconfundible, ladeado sobre la cabeza. Fue hasta el segundo llamado de Lorenzo que Abelardo contestó.
Mira, Abelardo,¿ qué haces aquí tan lejos, hombre?¿ No fuiste por el maíz, pues?
ando jalando una madera de don Tano Benavides. Precisamente, Lorenzo. Quería verte para devolverte los 20 pesos que me diste
Cómo que devolverme los 20 pesos? Ya no me vas a cargar el maíz, pues
Cómo no? Pero será hasta la otra semana, como el miércoles
Bueno, pues, no importa, hombre. Quédate con los 20 pesos.
No, no, no. Una semana pueden ocurrir muchas cosas.
Hombre.
Mejor te los devuelvo y después me pagas de un
solo. Pero hombre Abelardo, pues de todas maneras me vas a cargar el maíz, hombre. Quédate con los 20 pesos.
Insisto, Lorenzo, mejor no. Mejor me pagas después. Toma tus 20 pesos. Toma.
Pero hombre Abelardo, hombre. Yo sé que vos sos un hombre honrado.
Precisamente por eso, Lorenzo. Toma los 20 pesos.
Abelardo se había puesto en pie, amigo. Caminaba sentado sobre un cajoncito, encima de la carreta, choceando los bueyes. En aquel momento se puso en pie y estiró la mano, dando a Lorenzo aquel billete de 20 pesos, remojado por la lluvia, amigo. Lorenzo todavía no comprendía aquella actitud de Abelardo.
Hombre, Abelardo, siempre hemos sido amigos, hombre. Yo desde Cipotillo te conozco a vos. Vos conociste a mi tata y a toda mi familia. Has sido siempre el carretero que hemos ocupado los otros. Precisamente
Lorenzo. Precisamente por eso. Quiero ser honrado hasta el fin.
Inexplicablemente, Lorenzo sintió algo así como... como un respelo en todo el cuerpo, amigo. La tarde moría y moría. Le faltaban como dos leguas para llegar a su casa. No quiso insistir más. Extendió la mano y cogió los 20 pesos todos mojados, amigo. Mientras decía...
Yo nunca he desconfiado de vos, Abelardo. Bien sabes que siempre te hemos estimado mucho nosotros. Gracias, Lorenzo, yo lo sé. Gracias. Entonces, te espero la otra semana, pues.
Si Dios quiere, Lorenzo. Porque si Dios no quiere, no. Por supuesto, Abelardo, por supuesto. Bueno, yo doblo en este camino a la izquierda. Ajá. Salúdame a todos mis amigos del valle. Que te vaya bien, Lorenzo. Adiós, Abelardo. Adiós. Espera una otra
semana, ¿oíste? Hombre, qué raro veo a este Abelardo. Bien raro. Y me devolvió los 20 pesos que le había dado de adelantado. Bueno, pues, ya se me hizo tarde y la Goyita debe estar esperando. Vamos, mulita. Vamos, vamos, mulita.
Serían como las seis de la tarde, la horacioncita, amigo. Cuando Lorenzo, montando su mula aparte, estaba entrando al valle, dobló en la primera esquina y cogió directo para su casa. Entró por el patio y bajó de la mula, amarrándola mientras la Goya se le acercaba para decirle...¡ Malas noticias
Lorenzo!¡ Malas noticias!
Ya lo sé, sí, ya lo sé.
¿Ah?¿ Ya lo
sabe? Sí, sí, ya sé que Abelardo no vino por la carga en May. Bueno, pues lo acabo de encontrar en el camino, pues, y me dijo que no podía venir hasta el próximo miércoles. ¿Cómo?¿ Qué te asusta? ¿Cómo,
Lorenzo?¿ Qué encontraste a... Abelardo en el camino.
Así es, Goya, así es. Hace como una hora lo encontré. No
no, no, no puede ser, Lorenzo.
Pero por qué?
Abelardo está velándose en su casa. Está difunto. ¿Cómo?¡ Lo están velando!
Cómo así, goyita? ¿Difunto, decí?¿ Abelardo difunto?
Sí, Lorenzo, sí. Hoy en la mañana recogieron su cuerpo del fondo de un abismo.
Cómo vas a creer? Se
fue al abismo con todo y su carreta y su bueye.
Santísima Virgen. Ay
sí
Entonces, pues... Entonces, pues... Quiere decir, pues, que yo estuve hablando con... con Abelardo ya difunto.
Sí. Ya
estaba muerto. Entonces, hablé con... con un muerto.
En el valle de Coajiniquí lo supo mi abuelo, Gilberto. ¿Sí? Auténtico, hombre. No lo creyé, ¿verdad? Hombre, pero en el campo hay cosas raras, hombre.¿ Crees vos que salgan los muertos, eh? ¿Crees? Pues auténtico.¡
Ahí nos vemos, Rufaido! CC por Antarctica Films Argentina
