Los Tiempos de Don Silvestre – Pancho Madrigal - podcast episode cover

Los Tiempos de Don Silvestre – Pancho Madrigal

Aug 12, 202517 min
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Este era clase cepillo

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Speaker 2

Ves que me acabo de bajar y ahí la tengo amarrada esta mula serrera que ando ahora? Ahí está la mula serrera esa. Como no tengo otra, pues, todo está escaso aquí, ¿eh? Y ni al barda tengo. Al lomo es mula y vine. Pero¿ qué vamos a hacer? Oiganla, oiganla. Hombre, este cuentito les viene como anillo al dedo a todos aquellos serviles de antes y de ahora. A los serviles de siempre. Qué animal amanece esta... También a los siervos de los poderosos, a los adoradores y a los cepillos.

Asente para allá, hombre, qué mula más necia esta, hombre. Qué mula cerrera esta, hombre, jamás la pude domar, hombre. Hombre, este es un cuento, como les estaba diciendo, hombre, de un alcalde de antaño. Sí, hombre, pero es una lección para todo tiempo. Una lección para los oportunistas, para los arrastrados, que con tal de estar en el poder son capaces de todo. Bueno, pues aquí les ve el cuento. Aquí les...

Imagínense que este cuentito sucedió hace tanto tiempo. Que en este tiempo, pues, no había nacido Jeremías Prieto... ni existía el raso guandique en el pueblo, no, no. En aquel tiempo, el hombre más prominente del galope... era don Silvestre Domínguez. Era alcalde. No se conocía ningún alcalde más que él. El alcalde era nombrado por el presidente de la república... Y como don Silvestre era cepillo y servil, salamero y arrastrado,

pues era el eterno alcalde del galope. Fue él mismo, sí, hombre, él, quien hizo poner aquel pedazo de riel en la plaza. Y era su secretario el que daba la sor. Y se enorgullecía de eso don Silvestre

Speaker 3

A ver, díganme una cosa.¿ Qué alcalde se preocupó nunca porque los habitantes del galope pudieran saber la hora? A ver, díganme, ¿quién, quién, quién? ¿Ah? ¿Yo?¿ Solo yo? Yo soy el único que siempre ha pensado en este pueblo, en el bienestar del pueblo, tal como lo ha repetido en muchas ocasiones el excelentísimo señor presidente de la república y líder indiscutible de la paz y el progreso de la nación.

Speaker 4

Es verdad o es mentira,

Speaker 3

secretario?

Speaker 4

Es verdad, señor don alcalde. Claro que sí que es verdad.

Speaker 3

No, no, no, no. Si es que si usted me dice que no, lo corro, secret. Lo corro. Bueno, y acuérdese, secret, que en el otro mes viene el señor presidente a la debilización de su estuatoa. Hombre

Speaker 4

pero no se dice estuatoa. Así no se dice, señor don

Speaker 3

alcalde.¿ Y cómo se cree, cómo? Bueno, pues... El estuatua que yo le di a hacer al señor presidente, es su estuatua.

Speaker 4

No, pero ve ya, con su permiso suyo, pues, señor don alcalde, no se dice estuatua, se dice menemento.

Speaker 3

No sea bruto, hombre, se cree. En todo caso será monumento, monumento. Pero bueno, bueno, ya lo sabes. El otro mes viene el señor presidente. Y hay que alistarlo todo. Mi discurso y todo.¿ Estamos claros?

Speaker 2

Había en el galope en ese tiempo un curandero muy famoso, campesino, sin instrucción, pero con un gran sentido de la honestidad y con cierta filosofía de la vida propia de la gente sencilla. Este curandero se llamaba Arturo y le decían Tucho.

La gente lo buscaba sobre todo por su especialidad. era especialista en curar a gente que tenía joroba... a gente conchuda... a personas encorvadas... mejor dicho a todos los que eran cuscos... como le dicen allá al lado de la Segovia... conchudos le dicen al lado de León... muchos jorobados o conchudos... ve, aquí también... habían sido curados por Tucho... el caso más típico era el de Doña Sinforoz...

Speaker 5

¡Eh, Tucho! Me ha dado resultado tu medicina. Mírame la joroba, mírame.

Speaker 6

A ver, a ver

Speaker 5

a

Speaker 6

ver Sí, ya se forró, son babosadas. Ya las estoy viendo.

Speaker 5

Ya levantó la cabeza. Levanta más

Speaker 6

la cabeza

Speaker 5

Ya

Speaker 6

camina más, digamos, más enderezada Porque la verdad es que antes casi pegaba la cabeza al suelo. Sí, doctor Tucho

Speaker 5

pero ahora estoy mejor.

Speaker 6

Y se va a enderezar más cuando siga tomando la medicina que le di. Claro

Speaker 5

que la voy a tomar.

Speaker 6

Tome. Estas raíces de montaña son excelentes. Oye, tome.

Speaker 5

Digo tomando una cucharada tres veces al día.

Speaker 6

Sí, sí, sí. En dos meses más ya va a estar buena. ¿Oyó? Y caminando como si fuera una muchacha de 15 años. ¿Oyó? Va a ver que sí. Dios

Speaker 5

te oiga, hijo mío.¿ Y de dónde saca esas raíces, doctor Tucho?

Speaker 6

El secreto está en la preparación de la medicina, doña Ciforosa. Hay que hervirla treinta y trece veces.

Speaker 5

Y

Speaker 6

rezar treinta y trece oraciones distintas. En fin, usted tome la medicina y siga durmiendo en una cama dura, de madera, de pino, si es posible. Que pase el siguiente, Ticho.¿ En realidad?

Speaker 2

Aquel curandero llamado Tucho, había curado a muchos jorobados, conchudos o cuscos que le dicen. Hombre, aquí hay conchudos que tienen su gran joroba, pero a eso nadie los puede curar. Son conchudas. Hombre, y aquella receta, pues era un secreto que Tucho guardaba celosamente. Pero, me preguntarán ustedes,¿ qué tiene que ver el curandero Tucho con el alcalde Don Silvestre de este cuento? Ah, sí, hombre, tiene mucho que ver. Y ahí lo van a oír al final, pongan cuidado, hombre,

no sean impacientes, hombre. Lo que quiero decirles es que, pues este Tucho había curado a muchos, a muchos. Era famoso curando a gente turcucha o jorobá, con problemas en la espalda o la rabadilla. Bueno, si tenés algún dolorcito en el espinazo, oí bien este cuento. Bueno, pero volvamos al problema, al del alcalde don Silvestre con su secretario.

Speaker 3

Se cree

Speaker 4

Diga, señor don alcaldo.

Speaker 3

Ya fue a revisar el trabajo de la estatua del señor presidente?

Speaker 4

Sí, señor, ya fui. Y vea, quedó igualito a él. Igualito al señor presidente.

Speaker 3

Dígale, excelentísimo señor presidente.¿ No ve que es excelentísimo? A ver, a ver, repítalo

Speaker 4

De excelentísimo señor presidente.

Speaker 3

Eso. Así es como se le debe llamar al señor presidente.¡ Excelentísimo señor presidente! Tal como yo le voy a decir en mi discurso.¿ Qué tal irá a parecer al excelentísimo señor presidente... cuando vea la estatua que le di a hacer en el propio centro de la plaza? Tengo para ser alcalde toda la vida.

Speaker 4

Pero, bueno, señor don alcalde, si hasta toda la vida ha sido alcalde de aquí, hombre. Pues

Speaker 3

claro, si no hay otro. Yo soy el único.¿ Quién me va a sustituir? A ver, decime, ¿quién? Conteste, señor,¿ se cree? Bueno, pues.¿ Hay en este pueblo algún hombre que pueda sustituirme? Eh, bueno, pues... Mire, Sacre, si contesta mal, lo corro, jodido. Conteste.¿ Hay alguien que pueda sustituirme? Diga, dígase,¿ hay alguien que siquiera me

Speaker 4

pueda sustituir? Bueno, pues, francamente, pues, no, señor don Alcaldo. Hasta es el único. el único que puede ser alcalde

Speaker 3

Eso, carajo, eso. Está como que me diga que alguien pueda sustituir... al excelentísimo señor presidente de la república. Nunca, nunca.¿ O piensa usted, se cree que alguien pueda sustituir... a ese excelente hombre que es el excelentísimo señor presidente?

Speaker 4

Pues, este...

Speaker 3

Lo corro, jodido. Solo el titubeo es para correrlo.

Speaker 4

Jodido, qué babosada, ¿eh? No, pues, señor don alcalde, hombre. No hay quien lo sustituya. No hay.

Speaker 3

Eso, eso, eso. Tanto yo como alcalde, como el excelentísimo señor presidente de la república, somos insustituibles. Repítalo, ¿ah? Insustituibles. Eso es.¿ Estamos claros? Insustituibles.

Speaker 4

Bueno, pues, así es, señor don alcalde. Así es, pues.

Speaker 3

Y ahora, dígame ese creyente. ya pusieron en la plaza la tarima para el discurso que yo voy a pronunciar.

Speaker 4

Claro que sí, hombre, por supuesto que sí.

Speaker 3

Y ya le avisó a las comarcas vecinas... a los empleados de la alcaldía y del correo y del hospital y de los telégrafos... que tienen que venir a recibir al señor presidente. Sí, señor, claro que sí. Y ya lo sabe. Al que no venga, ¡cha! Me lo pone en la lista para despedirlo

Speaker 4

inmediatamente. ¡Inmediatamente!¿ Estamos claros? Estamos claros, señor don alcalde. Estamos claros.

Speaker 3

No es posible que mientras yo le tengo tanto cariño al excelentísimo señor presidente... cariño que me ha llevado a hacerle un estuato en la plaza del pueblo... Hay empleados que viviendo de la bondad del excelentísimo señor presidente, no vengan a recibirlo, a victoriarlo, a aclamarlo, a amarlo como yo lo amo. No, no, no, no, no, no es posible. Al que no venga lo corro, se cree.¿ Estamos claros? Lo corro.

Speaker 4

Entendido, señor don alcalde, claro que sí. Entendido, hombre.

Speaker 2

Así estaba la cosa. El alcalde aquel, eterno alcalde del galope, hasta que murió un buen día, había hecho levantar una estatua para el presidente. Una estatua que, de ella pues ni señas quedan hoy en día. Y bueno, llegó el día en que tenía que llegar el señor presidente, uno de aquellos machetones de antaño, a inaugurar su propio monumento.

El pueblo estaba muy alegre, El pueblo se llenó de fuereños atraídos por el guaro que iban a repartir, guaro que tenía listo el señor alcalde, había música de chichero, bandas populares que habían antes, y la gente recibió con entusiasmo al presidente, y naturalmente el alcalde, el alcalde que era el cepillo por excelencia, fue el primero en subirse al entarimado que habían preparado para decir su discurso. Pero

le quiero decir algo, eso sí, hombre, pongan atención. El señor alcalde sacó su papel donde tenía escrito el discurso. El presidente estaba frente a él, como a uno cinco pasos. Pero fue tanta la inclinación que hizo el alcalde, la genuflexión que hizo, que casi ponía la cabeza en el suelo doblando la cerviz, que ocurrió algo muy lamentable. Excelentísimo

Speaker 3

Amadísimo, eficientísimo y queridísimo señor presidente de la rep...

Speaker 5

¡Ay! ¡Ay!¡ Me muero!¡ Me muero!

Speaker 2

Todos se quedaron asustados viendo aquello... El alcalde se había agachado tanto que cuando quiso enderezarse no pudo. Se quedó trabado. Le agarró un dolor profundo en la rabadilla al doblar exageradamente el cuerpo en una servil reverencia al presidente.

Speaker 4

Señor don alcalde,¿ qué le pasó, hombre, ah?¿ Y no ve que no puedo enderezarme

Speaker 3

Estoy trabado. Siento que algún hueso se me atravesó en la rabadilla. Pero es que,

Speaker 4

es que muchos impliquen, no señor don alcalde, hoy yo si casi pego la frente en el suelo.

Speaker 3

Me muero, lléveme a donde el doctor, a donde el doctor Tucho, pronto, pronto, lléveme a donde el doctor Tucho.

Speaker 2

La ceremonia tuvo que ser interrumpida, momentáneamente. El enfermo tuvo que ser llevado del único curandero del pueblo. El presidente desvelizó su estatua y se fue, ¿no? Y el alcalde fue llevado a donde Tucho, que era precisamente especialista en enderezar gente

Speaker 3

Ay, doctor, doctor, cúreme, cúreme doctor Tucho, endereceme, endereceme. Enderecéme, por favor. Un

Speaker 6

momento, don Silvestre, un momento. Es verdad que yo curo jorobados, ¿verdad? Pero este suyo es un caso especial, digamos,

Speaker 3

¿no? Dicen que usted tiene una buena receta, doctora. Unas raíces de la montaña. Ah.

Speaker 6

Pues así es, don señor alcalde, pero es que estas raíces son, digamos, para gente jorobada, ¿verdad? Para cusucos.¿ Y no ve cómo

Speaker 3

estoy

Speaker 6

yo? Para encorvados.

Speaker 3

Y así no estoy yo, encorvado?

Speaker 6

No, no, no, no.

Speaker 3

Me agaché para saludar al excelentísimo señor presidente y me quedé así, todo encorvado, como cusucos.

Speaker 6

Sí, sí, sí, don Silvestre, pero es que vea, mis raíces no sirven, hombre, para curar esa enfermedad suya, hombre.

Speaker 3

Cómo dice, doctor?¿ Que sus raíces no sirven para curarme a mí?

Speaker 6

No, señor don alcalde, no. Usted lo que necesita es otra medicina.

Speaker 3

Cuál es esa medicina

Speaker 6

Yo se la voy a escribir. No se preocupe. Le voy a dar una receta para que... para que compre la medicina que usted necesita. Espéreme un momentito. Espéreme.

Speaker 2

Extrañado el alcalde. Esperó que Tucho escribiera lo que estaba escribiendo en aquella receta. Y lo escribió Tucho, que como les digo, era un hombre honrado, con algo de esa filosofía popular, tan propia de nuestro pueblo.

Speaker 6

Aquí tiene la receta, don Silvestre. Para que no le vuelva a pasar eso que le pasó. Tome. Esta es la receta. A comprar estas medicinas. A ver,

Speaker 3

pasame. Es lo que

Speaker 6

usted necesita

Speaker 3

Pasame la receta aquí abajo,¿ no ve?¿ No ve? Sí, sí, aquí está,

Speaker 6

tome.

Speaker 3

A ver, a ver qué dice la receta. Ay, ay, ay. Tomarse tres pastillas de dignidad cada día.¡ Qué pendeja! Untarse en todo el cuerpo un tarro de pomada de decencia y honradez.

Speaker 4

Qué es esta babosada,

Speaker 3

hombre Qué es esto? Tomar un jarabe contra el servilismo y la adulación. ¡Eh! Usted me está ofendiendo, doctor. Eso es

Speaker 6

lo que usted necesita, jodido. Dignidad, decencia, honradez. Y no andar de servil inclinándose. Me está ofendiendo,

Speaker 3

doctor

Speaker 6

Y váyase de aquí, jodido, que no quiero ver la madre aquí en mi clínica, jodido

Speaker 2

Hombre,¿ para qué ve a Bartolito? Así hay muchos que yo conozco, ¿hom? Allá andan lustrando los zapatos de los jefes, ¿hom? No hay que ser así, ¿hom? Hay muchos que necesitan esta receta, ¿verdad? Dignidad, decencia, honradez, patriotismo. Ahí lo vemos, comancho.

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