Y aquí va el cuentito de ahora, amigo. Aquí va el cuento de hoy.¿ Cuál es? Las ceguas del Coyolar, hombre. Ese es el cuento de ahora. Las ceguas del Coyolar. Oigan, oigan. Amigo, si yo no hubiera vivido esto... créanme que no lo creyería... aquellas mujeres condenadas metían miedo, Wilberto... sucedió en un pueblo de Nicaragua... hace mucho tiempo... oigan el cuento, oigan... en aquel pueblo había un picadito incorregible, Wilberto... sí hombre... Toñito Rugama...
terrible al guaro, oíste... sí hombre... Hasta el punto pues de que Andy trabajaba, solo vivía bebiendo guaro. Su mamá, una ancianita, vivía preocupada por él. Sufría la pobre viejita con aquellas bebiatas del condenado Toñito. Ay, ay,
ay, ay, canta y no llores, porque cantando ya le era angelito lindo. Los corazones. Ay, hijito,
hijito, otra vez bolo vos. Ay,
no, óyeme, óyeme. No, mamita, no, no. Óyeme, óyeme. Unos traguitos, nada más. Unos traguitos.
Ay, qué barbaridad, hijito, si venís cayéndote de bolo. Qué barbaridad. Ojalá que una de estas noches te asusten las ceguas, porque te compongás de una vez. Óyeme
ceguas. Óyeme. No me hagas reír usted, mamita, no me hagas reír.
Palabra que le voy a pedir a San Pascual.
A quién? Que las
ceguas te peguen un buen susto para ver si te componés.
Óyeme,
mamá. Te oigo, hijo.
Tengo hambre.¿ Por qué no? No me hace, digamos, una sopita. Ay, Dios mío. Una sopita. Qué vida,
qué vida. Beber y beber sin
trabajar. Con chile
Qué vida es. Pero allá iba la pobre anciana, Wilberto. A preparar la sopa, ¿oyeste?
Ella tenía la esperanza de que algún día su Toñito dejara de beber y se dedicara a trabajar. Así son las mamas, hombre, Wilberto. Sean como sean, los hijos siempre los quieren, ¿oyiste? Y aquella anciana, pues, no era la excepción de la regla.
Pobrecito mi hijo. Bueno, tal vez se compone y comience una nueva vida. Tal vez...
Amigo, aquí yo era todas las noches, o mejor dicho, todas las tardecitas, porque hasta la cantina la cerraban temprano, Gulliverto. Cuando eran las siete ya no había un alma en el pueblo. Todos tenían miedo, hombre. Le tenían miedo a
las ceguas del coyolar. que era precisamente en el barrio donde vivía Toñito, donde salía... sí, y ahí quedaba la cantina también... y es que... había razón para tener miedo, Wilberto... vieran visto ustedes, amigos... vieran visto qué horrible era aquello... todo era que en la ermita tocaran a ocho de la noche... para que se comenzaran a oír los gritos de ceguas por todas partes. A las nueve ocho comenzaba la cosa, Gulliverto. Había un alma en las calles, Gulliverto.
Todo oscuro porque no había luz eléctrica en ese entonces. Y todas las casas estaban cerradas. Las viejitas se santiguaban y los cipotes, pues, se iban a acostar temprano. Ay,
Dios mío, las tres divinas personas nos protejan. Y ya comenzaron las ceguas del Coyolar. Ya comenzaron. Ay, nombre del Padre, del Espíritu Santo, Amén.
Algo, las cejas del coyolar decían que eran unas mujeres malas que había en aquel pueblo y vivían precisamente una cuadra antes de llegar a la cantina Las Resbalosas, que es donde bebía Guaro Toñito. La mamá de Toñito quiso jugarle una broma a su hijo para ver si dejaba de beber, por eso un día se fue a hablar con el cantinero.
Ay, doña Eulogia, qué milagro por aquí. Ah
no creerás que vengo a echarme un trago?
Y por qué no?
No, no, no, vengo a hablarte de mi hijo Toñito.
Son bromas, doña Eulogia.
No hay cuidado. Mire
quiero decirle algo sobre Toñito, su hijo. Yo no puedo correrlo. Si él viene aquí, yo tengo que venderle guaro.
Óyeme primero, mi hijo. Después, pues, habla. Óyeme, por favor. Lo que quiero es que hoy en la noche me retengas aquí a Toñito hasta que sellan después de las ocho.
Qué es lo que está tramando, doña Eulogia
Nada más hace lo que te digo, hijo. Métele plática o lo que vos querrás. Pero que se vaya cuando ya hayan dado las ocho en la noche. Eso es lo que quiero.¿ Estamos claros?
Estamos claros. Yo lo retengo aquí hasta las ocho. No, no se preocupe, doña Eulogia. No se preocupe.
Aquella anciana lo que quería... era curar a su hijo de las bebederas, Gulliverto. Quería darle un buen susto para ver si así dejaba de beber, hombre. Por eso quería... que solo le asustaran las cebas del cordiolar... y en efecto, así sucedió... oiga, oiga...
Mamita... ahí regreso, oye...
voy
a ir a la resbalosa...
ah voy
a ir a la resbalosa... la resbalosa, está
bien hijito... que te vaya bien, oíste... andás real, eh
y esa pregunta mamita... ofreciéndome reales usted, hombre... y eso de dónde le he salido, hombre
bueno, mi hijo... bueno, me cayeron unos realitos hoy... Y quiero darte gusto. A ver, toma estos cinco pesos.
Hombre, esto es un milagro.
Y aunque vengas más noche, pues yo te voy a tener lista tu sopita, oye
Hombre, estoy de suerte yo. Bueno, mamita, hombre, muchas gracias. Yo sé que las mamas así son, me son babosadas. Yo voy a regresar pronto,¿ lo oyes? Bueno hijito, te espero
Bueno, Toñito se fue a la resbalosa a echarse esos traguitos, amigo. Y el cantinero pues cumplió con el encargo. Le dio guaro y plática también. Y así entre trago y plática dieron a cinco, seis, llegaron a siete, amigo. Y a ocho. Y Toñito seguía bebiendo.
Óyeme, óyeme, otro trago, jodido. Ahora ando reale. Óyeme, óyeme, cantinero. Otro trago, ahora andorrías de joyo. Ve,
Toñito, es mejor que te vayas.¿ Cómo es la cosa? Ya todo el pueblo duerme. Óyeme. No hay un alma en la calle. Yo que
pierdo.
Bueno, ya son más de
las
ocho, mejor te vas. Te pueden salir las ceguas del Coyolara.
Qué ceguas ni qué nada? Óyeme, óyeme, óyeme. Servime el último trago. Óyeme, servime, óyeme.
Gilberto, dicen que no es lo mismo verla venir que platicar con ella, ¿verdad? Y eso es cierto, amigo. La purita, ¿verdad? Toñito con sus traguitos pues estaba hablando golillada. Pero cuando salió a la calle se encontró solito en aquella oscurana. Y vio cómo la luna venía saliendo poquito a poco. Y sintió el frío fresco de la noche. Inmediatamente pensó y tuvo miedo,
amigo. Ay. Chóchome. Dime. Dime,¿ salían las deudas del criolar?
Palabra, amigos, que se le fue el guaro al diablo, ¿oyen? Sí, se le fue el guaro a la porra. No es cuestión, amigos. Se sintió de pronto como espeluzcado, como que tenía los pies de plomo. No pensó en otra cosa que en llegar el marito a su casa, amigos. Comenzó a caminar ligerito, medio tambaleándose. Pero iba ligero, amigo. Se dio cuenta que eran como las ocho de la noche, más o menos. Que era la hora en que salían las cejas. Y de pronto, oyó los gritos lejanos.
Santo Dios!¡ Santo Dios! ¡Ay! Casi me revientan los oídos las eguas. El curro cosco se hizo de verdad las eguas del coyolá. Tengo que llegar a mi casa.¡ Voy corriendo!¡ Voy corriendo!
Y empezó a correr, amigo. No había caminado ni media cuadra cuando los gritos de las eguas se fueron acercando a él. Y sintió como lo rodeaban todas ellas. ¡Ay!
¡Ay!¡ Las eguas!¡ Me comen las eguas! ¡Aquilio! ¡Aquilio
¡Aquilio!
Amigo,¿ no tuvo más remedio que subirse arriba de un enorme palo de Guanacaste que estaba en el solar? empezaron a arruinar el palo a dar vuelta alrededor del palo gritando y riendo y el pobre Peñita temblaba de pie a cabeza erizaba con calentura dominado del susto Muy de mañana, los vecinos descubrieron a Toñito desmayado arriba del palo de Guanacaste, amigo. Se reunió mucha gente y lo bajaron. Y mandaron a llamar a su mamá. Estaba vivo, amigo. Estaba vivo, pero desmayado.
Llamen al doctor pronto. Toñito,¿ se puede? Amigo, y así lo llevaron a su casa.
Lo frotaron con manteca y cuchuco. Le dieron agua, café negro. Y por fin, como a las dos horas, volví en sí, amigo. Estaba como dundo, jugando de cegua como vibración.
Mamá. Mamá. Mamá. Óyeme. Óyeme, ¿qué? ¿Oh? ¿Oí?¿ Dónde estoy?¿ Dónde estoy yo? La...
La ceba La ceba del coco La ceba del coco Amigo Así quedó Toñito
para
toda la vida, ¿oye? Por esto, Pachito
Como jugado de cegua. Como dundo. Pero con todo, su mamá le decía.
Pobrecito tuñito. Ni me arrepiento ni siento remordimiento. Lo prefiero dundito y no borracho. Algún día se va a curar. Algún día.
Pero no se curó, Wilberto. Se quedó jugado ese, ¿oíste? Sí, hombre. Aunque no lo creía.
