El cuento se llama Las Ánimas. La comarca de Las Yeguas es el lugar donde ocurrió este cuento. Ahí vivía Don Cándido Medina, viejo campesino con su mujer La Lola. A don Cándido le decían canducho y le gustaba el campo, le gustaba la siembra de maíz y frijoles. Toda su vida había vivido ahí en la comarca de las yeguas, donde las tardes tenían el sabor del pasado y donde
los días pasaban sin prisa, con calma, paso a paso. Sí, paso a paso las horas, paso a paso los minutos y paso a paso los segundos.
Sanducho, ya viene
el invierno, ¿eh? Sí, pronto va a caer el primer aguacero. Ya voy a ir preparando la tierra para la siembra del maíz.
Ay, a ver si este año los encomendamos a las benditas ánimas del purgatorio.
Está bien, Lolita.
Te aseguro que dándole limón a las ánimas y rezándole, la cosecha de maíz va a ser buena.
Oíme, Lola.
Ajá.
Y vos creías que las pobres ánimas peinando y todo en el purgatorio van a estar ayudándole a uno a sembrar buen maíz? Esas son historias de vieja.
Ay, Dios mío. Ya comienza vos con tu estupidencia. No solo vas a salar la cosecha, sino que vas a salar toda la casa. De las ánimas del purgatorio no debe uno hablar mal. No, no, no.
Bueno, bueno, si yo no estoy hablando mal, niña. No
estés
haciéndome clavos ya.
¿Qué?
Yo no estoy hablando mal. Simplemente digo, pues, pregunto, pues, pienso, pues,
que
cómo hacen las ánimas del purgatorio para estarle ayudando a uno hasta en la siembra del
maíz. Bueno, pues, yo no sé cómo hacen, pero la verdad es que hay que encomendarse a ellas. No hay como las ánimas benditas del purgatorio. Yo toda la vida he sido devoto en las ánimas y a mí nunca me han fallado. No, no, nunca, nunca.
Ah, bueno, bueno, bueno. Y si no va bien en el mail, lo primero que vamos a hacer es comprar una yunta de huella para trabajar mejor
No, no, Canducho, no. Yo quiero que compremos una o dos vacas para tener leche en la casa y poder hacer cuajada y queso.
Primero los bueyes, una y un té bueyes.
Primero las vacas.
Digo que primero los bueyes, primero los bueyes
Pero necesitamos las vacas, primero las vacas. Primero las
bueyes y no me estés
fregando mal, hola
Bueno, al fin y al cabo no estemos pelando el venado antes de matarlo. Primero hay que sembrar el maíz. Eso es lo primero. Y no me contradigas más, Lola, que me voy a enojar. Y cuando me enojo, no respondo. No me
contradigas más
Era terco, don Canducho. Bien terco. Cuando decía, esta mula es mi macho, no había quien lo convenciera de lo contrario. No había. Bueno, pues, comenzó a preparar la tierra para la siembra del maíz. Y llegó el invierno. Y sembró el maíz y comenzó a crecer aquel maizal. Pero nunca falta un pelo en la sopa.
Lola, el maizal viene bueno. Pero ahora se lo comienzan a hartar los venados. Estos cachudos se están hartando las matitas del maíz.¿
Y de ahí fue? ¿Matarlos?¿ No te gusta tirar venados? Si les
tiro y no les pego.
Por
cuenta son venados brujos, venados con espíritu. No les pego, Lola, no les pego. Imposible, no les pego.
Bueno, pues ofrécele el cuero a las ánimas del purgatorio.
Para qué jodió que era un cuero,
un ánimo? Vas a ver que cuando tiras venado, entonces sí lo vas a matar. ¿Eh? Vas a ver. Resale a las ánimas del purgatorio y ofrécele el cuero del venado. Vas a ver que sí, vas a ver.
Todas las tardes llovía y todo el campo se ponía verde y el maizal iba para arriba, amigos. Pero diario aparecían los rastros de los venados y las matas del maíz, diario aparecían comidas de los cachudos. Bueno, quiero decirles que por aquella comarca de las yeguas andaba con una estampa de las ánimas del purgatorio,¿ saben quién? Que no lo adivinan, huichos. Ojalá hubiera sido Adolfito Cuadro. Andaba recorriendo los cacerillos pidiendo
limosnas para la estampa de las ánimas del purgatorio. Una vieja estampa encuadrada en un nicho portátil adornada con flores y con una veladora.¿ Saben quién? Nada menos que Aniceto Prieto.¡ Buenos días
granita!
Aquí van las
ánimas. ¿Qué? ¡Ay, qué alegre! ¡Canducho! ¡Canducho!¡
Aquí están las ánimas!¿ Cómo las ánimas? Están saliendo los muertos, los espíritus. ¿Dónde?
¿Dónde? No, niño, no, no, no. Las ánimas benditas del purgatorio.¿ No ves que las andan en rogativa? Vienen a visitarlos.
¡Ah, vaya carajos!¡ Qué susto el que me diste! Yo creí que habían visto algún ánima, algún muerto. Ajá,¿ y vos quién sos, hombre?
Bueno, yo soy mi gracia mía, ¿verdad? Aniceto Prieto, oriundo del Galope, devoto perpuesto de las benditas ánimas del Purgatorio... para servir primero a Dios, y después a las semejantes, y después a usted.
Mucho hablar. Y el que mucho habla, mucho hierra. Mucho hablar.
Bueno, ya después, si yo venía con las ánimas que andan recorriendo estos lugares para darle buena suerte. Ay, gracias,
mijo, muchas gracias. Precisamente estábamos esperando para decirles que los protejan el maizal...
Ay, las ánimas son buenísimas para eso.
Sí, ¿verdad?
Un maizal. Sí. Hombre, las ánimas son sabias en eso.
Son, digamos así
como...¿ Cómo qué? Como,
pues,
como esos que sacaron sus posgraduados, ¿eh? Ya ves, son de especialistas en maizales. Pero
dime una cosa,¿ el maizal está bueno? Lo malo son los venados que se hartan las mazorcas tiernitas.
Todo eso lo remedian las ánimas, hombre, no se aflija. Todo eso lo remedian las ánimas
Y decime...¿ Cuánto cobran las ánimas por remediarme el problema de los venados que se hartan el maíz?
Bueno, y hay así habiéndolo, pues... Así como... Como así, pues, como... Por ser aster, digamos, ¿verdad? Y hay, pues... Bueno, y hay, pues, y hay... A ver... Pues sí, cómo no. Las animas no cobran, pero... No
cobran
No, no cobran. Pero hay que darle así como su limonita, digamos, pues, ¿verdad? Sí. Todo depende, ¿ves? Todo depende.
Depende de qué?
Bueno, depende de lo que a usted quiera. Si quiere, digamos, un trabajo rápido y desactivo, pues hay que pagar un poquito más y rezarle más fuerte.
Ah, pero vale la pena, Canducho. Vale la pena, sí, sí, sí. Claro que vale la pena
claro, doñita. Usted sabe mucho de estas cosas. Sí, sí
claro que
sí. Por el caso, digamos, de... ¿Qué? Si la entalamos aquí en el corredor, digamos, la imagen, ¿verdad? La ponemos aquí, la imagen de las ánimas, y le rezamos, digamos, esta novena.
Sí.
Cuesta cinco bolas.
Cinco bolas.
Sí. Traducido, pues, si quiéramos así al... Al inglés son cinco pesos. Si le rezamos un rosario,
¿verdad?
Ya esas son palabras, digamos, un poquito mayores. Ellas por un rosario les resuelven el problema de los venados
Decime,¿ cuánto vale el rosario?
Bueno, el rosario, bueno, y hay pues, y hay pues, y hay pues, y hay pues, y uno tiene así como dijéramos, ya viéndolo, ¿verdad? Así como, escomismáticamente, pues así,
¿verdad?¿ Cuánto vale?
Digamos ahí, treinta bolas.
De cabro, las bolas.
Bolas que traducido pues al italiano quiere decir pesos, hombre.
Ah, pesos. Pensaba que eran bolas de cabro. Pero oíme, Aniceto. Vámonos
don Cando.
El problema es que yo les tiro a los venados con mi rifle, pero no les pego.
No se preocupe, hombre. Las ánimas benditas del purgatorio lo arreglan. Y
mejor las del purgatorio, porque eso de traer pulgas a la casa no me gusta mucho. No, ya
que no sabe, esto es que gramaticalmente son las del purgatorio porque vienen de despulgar. Es así como quien dice, pues así como las ánimas cuando entran y salen, entonces como no pueden salir quedan adentro. En el purgatorio. En el purgatorio, ahí quedan despulgando ellas. Ya, ya Así es que vea, le voy a decir una cosa, no se preocupe cuando tire y no pegue. Las ánimas benditas del purgatorio se lo arreglan. Hoy mismo usted va a matar el primer venado. Yo voy a ir con usted.
Y vamos a llevar la estampa de las ánimas, hombre. Vamos a ver si le falla el pulso.
Mira, Ani.
Sí, don Cando.
Yo tengo años de que el pulso me falla.¿ Vos creías que pueda pegar hoy?
Jesús, hombre.
Tiraron veñado a los que se están hartando el maizal.
Qué árbaro! La ánima bendita del purgatorio nunca fallan, hombre. Sería la primera vez que fallaran. No, hombre. Primero echen en la alcaldía las 30 bolas de imagen. Bueno, porque ustedes saben, no porque lo primero es lo primero, el primero es la limosna, ¿ves? Porque si en después uno no, tampoco, porque uno puede tener la intención y en después no lo echa, entonces no le resulta la cosa.
Más mejor, digamos,
rematar ya antes del mes, así que en después le rezamos el rosario
Y si no me ha chovenado las ánimas del purgatorio, me devuelven el dinero. Eso
será otra cosa, vamos a ver el por qué las cosas. Ya luego en la noche vamos a tirar el primer venado, no se aflija.¿
Estamos claros? Sí, Canducho, sí. Ni lo pensé siquiera, no, no, ni lo pensé. Está
bien, está bien, está bien. A dos puyas no hay toro valiente.
No, no es asunto de toro, don Canducho
es asunto de venado. Sácate 30 pesos del tinajón donde guardamos los reales, Lola. Sí
sí, claro,
claro. Sácate 30 pesos y confiemos en que no me va a fallar el pulso.
Eso sí, reguemos el rosario primero, porque... Fugar con el santo menos con la limosna, ¿ves? A lo que reza el rosario primero. Las ánimas benditas no entienden si uno no les reza.
¡Ay, qué alegre! Tener en la casa las ánimas benditas del purgatorio.¡ Qué alegre!
Es como dijéramos, de honor. Este asunto es de honor. Eso sí, don Canducho, el cuero del venado es para las ánimas benditas del purgatorio
Convenido, Aniceto, convenido. Ok,
mamé, lleve de igual pichicle cajete de fósforo. Sí, ok, si ya se tarde mi artumbo, ey. Manos a la obra, manos a la obra. Ánimas benditas por las 30 bolas que les puso Don Canducho, ya que le cuestan mucho a los reales y en este tiempo todo se ha puesto muy caro. Porque ya ven ustedes que los frijoles han subido y el maíz ha subido y el gas ha subido y la manteca ha subido. Y un chancho no se consigue y a veces sale con semilla. Y cuando uno consigue carne la consigue muy cara. Por todo eso,
por todo eso, benditas ánimas del purgatorio. Mmm
qué modo tan raro de rezarle a las ánimas del purgatorio. Te fijás, Lola
No, no, pero es que cada rezador tiene su forma distinta de rezarle a las ánimas. Ay, fíjalo, este hombre sabe. Este hombre es especialista en rezarle a las ánimas. Este hombre sabe mucho.
Vamos a dejarlo.
Porque un maizal no puede ser maizal. Ni las mazorcas pueden ser mazorcas. Ni los chilotes, chilotes. Ni las matas, matas. Cuando los venados cachudos parecidos al demonio. Uy, uy, uy. Vienen y terminan con los humildes maizales. Por todo eso, ánimas benditas. Les pido poner bueno el pulso a don Canducho. Para no fallar ni un tiro. Y matar hoy al mismo, al primer venado. Ejen, ejen. Dios te salve María, llena de gracia el Señor contigo, bendita tú entre todas las mujeres,
bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa
María María, llena de gracia el Señor, bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Dios te salve María, llena de
gracia el Señor contigo, bendita tú entre todas
las mujeres, bendito es el
fruto de tu vientre Jesús.
Bueno, y cuando pasó el rezo y cuando habían puesto en vela aquella imagen de las ánimas, don Canducho preparó el rifle, la lámpara y los tiros. Beniceto pensó para sí.
Este viejo, este pobre viejo,¿ qué diablo va a poder tirar? Todo el pulso le tiembla para ese telegrafista. Hombre, para hacer un mapa estaría bueno este viejo. Lo que voy a hacer es detenerle el chopo y ponerlo de manpuesta sobre mi hombro. Yo le alumbro el venado y tengo que hacer que lo tire. Claro que sí. Hay que pensar que cada venado que el viejo mate son 30 bolas para las ánimas benditas del purgatorio. Es decir, 30 pesos que
se ganan insectos prietos. Eso di, porque las anima.¿ Para qué quieren reales,
hombrecito? Ya se está haciendo noche.¿ Por qué no nos vamos al maizal? Tengo enhoras.
Sí, don Canducho. ¡Munos, munos! Don Canducho llevaba su escopeta calibre 12.
Pianiceto llevaba la lámpara amarrada a la cabeza y en sus manos llevaba la estampa encuadrada de las ánimas del purgatorio. Así, ambos salieron de la casa y cogieron el camino de la vega del río en dirección a la milpa. La noche estaba oscura, era tempranito como las siete, precisamente la hora en que el venado andaba comiendo. Al rato Don Canducho y Aniceto se metieron en un potrero para dar
la vuelta y salir por la ronda del maizal. Ahí era precisamente donde los venados entraban a comerse la milpa. De pronto, de pronto Aniceto se detuvo y... ¿Qué?
Dos chispas. ¿Qué? Dos chispas, Don Canducho. Dos chispas. Listo con el rifle.
¿Qué?
Listo que ahí está el venado, hombre.
Don Aniceto,¿ dónde están las dos chispas?
Allá, mire, hombre, mire. Coja el escopeta y póngalo de manpuesta aquí en mi hombro. Aquí. Así no falla. Las ánimas benditas le están ayudando, hombre. Pronto, pronto
A ver, a ver. Claro, Aniceto. Así no fallo. Seguro que tiro ese venado. Seguro Pero dime, Aniceto.¿ Estás seguro que es venado?
Que uno pierda tiempo, hombre. Apúrese. Tírele pronto,
pronto, hombre. Ahí voy, pues. Ahí voy
¡Ay, jodido! Lo dije. Ahí está el venado doblado, jodido. Las ánimas benditas nunca fallan.¡ Nunca fallan! ¡Munú, a recogerlo! ¡Munú, munú!
Ambos dos caminaron alumbrándose con la lámpara de tirar. Solo caminaron como 40 varas ahí. Sí, en una lomita estaban las chispas. Y Aniceto había visto cómo el animal se había doblado sobre sus patas. Caminaron pues hasta la lomita, pero cuando llegaron y examinaron aquello... ¿Ah? ¿Qué? ¿Qué?¿ Y esto qué es?¡ Qué barbaridad!
Qué barbaridad! ¡Jodido!¿ Qué ha pasado en mí, Aniceto?¿ Qué es esto, Dios mío?¿ Qué es esto? no no Aniceto, Aniceto, he matado a mi mula. No es venado, es mi mula de tía. Y le di el tiro en medio de las dos chispas, jodido. Bueno, y ay,
pues, y ay, pues, y ay, pues, y ay, pues... Bueno, y ay, pues, y ay, pues, y las ánimas no tienen la culpa. Digo yo, pues, ni yo tampoco,
pues... Vos y tus benditas ánimas del purgatorio son los culpables. Ya ves a jodida estampa prestapa.
Eso fue todo, huicho. No pudo hacer más negocio Aniceto, no pudo. El pobre Canducho mató su mula por culpa de Aniceto. Se acabó el negocio de las ánimas, se acabó. Vete a ver si vamos un día de estos a tirar,
hombre.¡ Ahí nos vemos!
