La Vieja Ermita del Galope (CUENTO DE MIEDO) - podcast episode cover

La Vieja Ermita del Galope (CUENTO DE MIEDO)

Nov 21, 202522 min
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

En esta ermita asustaban

Transcript

Speaker 2

Hola, Wilberto.¿ Cómo estás, hombre?¿ El cuento de hoy, decís?¿ El cuento de hoy? Ahí les veo el cuento, hombre. Ahí les veo el cuento. La vieja ermita del galope es el cuento de hoy. Óiganlo, óiganlo. Esto fue en aquellos tiempos que se pierden en el olvido, Wilberto. ¡Uh! Hace muchos años, Willy. Cuando estaba recién hecha la ermita del galope, era la misma ermita de agora, Willy. Nada

más que más nueva. Un solo galerón con fachada blanca, con ladrillos de barro, con pilares de pil, sin cielo raso. Se le veían las vigas al desnudo, Willy. Como a los seis meses ya estaba la ermita llena de murciélagos. Los murciélagos son ámbulos del ermita del galope, Willy, ¿sí? A un lado del ermita estaba la casa coral, hermosa, y un gran corredor que servía hasta para una escuela, para dar catecismo a los niños, para todo. También había un hermoso patio en la casa coral, y al fondo

un excusado, un interior de pompón. Bueno, en aquellos tiempos el curita del galope era el padre Centeno, un hombre muy bueno, muy virtuoso, mi libertad. Jamás dejó de atender a sus fieles, jamás. Él vivía en la casa coral y tenía como sacristán a un campesino soltero que cuidaba muy bien de la ermita. Acompañaba al padrecito en la misa, en los rosarios y en todo. El sacristán se llamaba Serapio Monte. Bien recuerdo el nombre.

Speaker 3

Hijo, el próximo mes comienzan los rezos a la Virgen. Es mayo,

Speaker 4

mes de la Virgen. Así es, padrecito. Todo está listo, no se preocupe. Ya toda la gente sabe eso. No se preocupe.

Speaker 3

Bien, hay que limpiar la imagen. Mandar a lavar y a planchar las cortinas, desempolvar las paredes, arreglar los altares, ¿verdad? Sí, no se

Speaker 4

preocupe, padrecito, que la virgencita va a quedar relucientante, hijo mío, no se preocupe. Hijo

Speaker 3

no puedes moderarte un poco el lenguaje.¿ Por qué, padre? Siempre dices palabrotas.

Speaker 5

No, pero sí, no es nada

Speaker 3

más. Y además, hijo, estos murciélagos son una verdadera plaga. Se cuelgan en todo el techo. El altar aparece con suciedades de murciélago todos los días. Y tras el nicho de la Virgen también hay muchos murciélagos. Sí, padrecito.

Speaker 4

Tienes razón, es cierto eso. Hombre, y qué feos son, ¿verdad? Parecen el diablo esos jodidos murciélagos.

Speaker 3

Hijo, no se dicen murciélagos. Se dice murciélagos. Bueno, bueno, padrecito, pero... Son feos esos, esos vampiros. No son vampiros, hijo, son vampiros.

Speaker 4

Parecen el diablo Eso

Speaker 3

Speaker 4

es cierto. Tienen las alas de demonio, como con alambres de paraguas. Y tienen también, ¿sabes?, las orejas como cachitos.

Speaker 3

Son el puro diablo, son joyitas. Hijo, no hables tanta mala palabra, eso es malo. Hay que usar bien el idioma. Cierto

Speaker 4

padrecito, eso es verdad, cierto. Es que a veces me olvido. Hay que usar bien el idioma. Hijo

Speaker 3

se dice idioma, no indioma. Ay,

Speaker 4

está bien, padrecito, está bien. Hombre, pero hablando de los vampiros, esos de los murciélagos, pues, dicen, padrecito, que donde hay murciélagos,

Speaker 3

Hay esperitos que asustan. Tonterías, hijo, tonterías. Tonterías como las mías, tratando de corregirte. ¿Cuándo? Los muertos descansan en la paz del Señor.

Speaker 4

Pero... Ay, yo me han dicho, pues, que donde hay murciélagos, hay esperitos.

Speaker 3

Y yo te digo que el que aprende a hablar mal, nunca hará bien las cosas. Eso

Speaker 4

digo yo también.

Speaker 3

Recuerdo cuando estábamos en el seminario, tenía un compañero que se llamaba Roy.¿ Cómo se llama? Roy. Nunca aprendió a leer, jamás, nunca le pudo entrar. Tenía como enrollado, pues, el cerebro. Bueno, con decirte que no se pudo hacer sacerdote porque jamás aprendió nada. Sí. Y además te digo, hijo, siguiendo la conversación, que los espíritus no tienen nada que venir a hacer aquí. No, ¿verdad? Solamente en casos muy especiales. Muy especiales. No andes creyendo en cuentos.

Speaker 4

No, no, no, no, no creo, no, no, no. Pero es que le digo, pues, como quien dice. Hay mucha gente, ¿verdad?, que dicen que le han dicho, ¿verdad? Y ellas me dicen a yo, ¿verdad? Y me han repetido también. Donde hay murciélagos, hay espíritus... Y como aquí en la iglesia y en la casa cural hay mucho murciélago, pues entonces debía haber espíritus en cantidad.

Speaker 3

En todo caso, hijo, los espíritus no le hacen daño a nadie.¿ Verdad que no? No. A los que hay que tenerle miedo es a los vivos, no a los muertos. Los vivos sí son peligrosos. Los muertos no.

Speaker 4

Tienes razón, padrecito. Pero... Hombre, eso de ver un espíritu debe ser horrible. ¡Ay, mamita! Ya me acordé. Hasta que se me ponen los pelos como carne de pollo. Padrecito, yo le tengo miedo a los

Speaker 3

espíritus. Escúchame, hijo. Olvídate de los espíritus y prepara bien el altar de la Virgen, que el próximo mes es el mes de la Virgen. ¿Entendido? Y llegó el mes de la Virgen, amigo. Muy hermoso, muy alegre. Y pasó ese mes, y otro, y otro mes. Pasó un año, y otro año, y otro año más.

Speaker 2

El tiempo iba pasando. La ermita del galope seguía llenándose de murciélagos. Eran tantos los murciélagos que hasta que negriaba el techo, amigo. Parecían tucos de cera negra pegados en las vigas del ermita y en toda la artesón de la casona. Hasta en la casa cural había murciélagos. Serapio seguía siendo el sacristán del padre Centeno. Fue su sacristán toda la vida. Con alguna frecuencia el padre salía del pueblo. Y en veces le acompañaba Serapio. Otras veces no. Serapio

se quedaba en la iglesia atendiendo a la gente. Rezando el rosario con las viejitas viatas del pueblo. Cuando el padre no estaba, Serapio era el jefe, amigo. ¿Sí? Pero casi siempre... El padrecito estaba allí, amigo.

Speaker 6

Serapio Decime una cosa,¿ cuándo viene el padrecito?

Speaker 4

Hoy viene, niña Clemencia.¿ En qué puedo servirla? Yo soy, digamos, como digamos... su ayudanto... su sacristán y servidor suyo, por supuesto.¿ En qué puedo servirla?

Speaker 6

No, Serapio. Lo que quería era... confesarme Ah, no, eso no.

Speaker 4

Eso sí que no puedo hacer yo. No

Speaker 6

Óyeme, Serapio. Y aquí, en esta iglesia... Eh, no asustan con tanto murciégalo que hay. Pues no, ña Clemen, aquí no hay sustos. Ah, pero mejor cuídate, mijo, mejor cuídate. Donde hay murciégalo, hay espíritu. Y espíritu malo. Espíritu burlone.¿ Cómo dice

Speaker 7

ña Clemen

Speaker 4

Espíritu burlone, dijo.

Speaker 6

Sí.

Speaker 4

Cómo es eso? Se burlan de uno, pues.

Speaker 6

No burlan. Bueno, son espíritus malos. Milagro que no hay espíritus aquí con tanto murciélago que hay. Yo creo que hay que ayudarle al padrecito a que se termine tanto murciélago. Aquí deben haber espíritus burlones. Bueno,¿ honde qué?¿ Honde qué no?¿ Honde qué no?

Speaker 4

Espera estos burlones.¿ Qué será eso? Nada. Deben ser puros cuentos. Puros inventos de la gente. Esas son babosadas. Puros cuentos. Puros cuentos. Puros cuentos.

Speaker 2

La noche entró en el pueblo. Oscuro, oscuro estaba todo, amigo. Noche tétrica. El padrecito se suponía que iba a llegar aquella tarde. En veces llegaba de noche, Gilberto. Y Serapio sabía que el padrecito podía llegar en cualquier momento. Bueno, el sacristán Serapio se acostó. No tenía ningún miedo, amigo. La noche estaba bien, bien oscura. Ya había entrado la noche y la luna comenzó a aparecer como a las

diez de la noche. El silencio era profundo, amigo. Como era una noche calurosa, Serapio durmió en la hamaca que estaba en el corredor de la casa coral. Al frente estaba un patio y un jardincito. Los rayos de la luna caían sobre el patio y entraban apenas en el corredor. A lo lejos empezaron a huyar los coyotes. Era usual que en la medianoche galopeñas se oyeran aullidos de coyotes, amigo. Era usual. Serapio seguía durmiendo. Cuando una sombra vestida de negro...

Empezó a caminar de uno a otro lado en el corredor. Sus pasos se oían claritos, amigo, claritos. Serapio no oía los pasos porque estaba dormido. Pero en determinado momento lo despertaron aquellos pasos. Se despertó y, medio adormilado, vio aquella sombra que caminaba a lo largo del corredor. ¡Ay!

Speaker 4

El parejito que ya vino. Parejito, ya vino.¿ Qué tal le fue? No se le ofrece nada.

Speaker 2

Silencio, amigo. No tuvo respuesta. Aquí la sombra se detuvo. Luego siguió caminando hacia la sacristilla. claramente la vio Serapio... y se dijo...

Speaker 4

es el padrecito... que sabrosa está la maca... tal vez no me oyó cuando le hablé... debe estar en la sacristía rezando... y luego va a dormir... bueno pues... entonces quiere decir... porque ya vino el padrecito... Me voy a volver a dormir yo. Siguio pasando la noche amigo.

Speaker 2

Serapio se volvió a dormir, pero como a las dos horas, dos horas más tarde comenzaron nuevamente aquellos pasos. Los pasos eran tan claros y tan fuertes que volvieron a despertar a Serapio, amigo. Abrió los ojos y vio claramente la misma figura vestida con sotana negra. Y le volvió a hablar.

Speaker 4

Y ay, Padrecito. Lo sentí llegar hace un rato.¿ Qué anda buscando en el corredor?

Speaker 8

Nada, hijo. Nada. Ando buscando mi breviario. A propósito, hijo. Bien sabes que tengo una promesa que debo cumplir. Diariamente he prometido confesar a una persona y hoy no he podido confesar a nadie. Es rara esta voz de este cura.

Speaker 4

Tendrá catarro. Bueno, padrecito, pues mire, francamente no sabía yo de esa promesa suya.

Speaker 8

Así es, hijo. Tengo esa promesa y hoy no la he cumplido.¿ Quieres tú confesarte conmigo? Así podré cumplir mi promesa hoy. Me extraña,

Speaker 4

padrecito, esa pregunta suya. Esto es raro, esta cosa, esta escuga. Preguntarme a mí que si quiero confesarme. Me extraña, padrecito. Claro que sí, hombre. Yo me confieso con usted a la hora que te quiera, hombre. Claro que sí.

Speaker 8

Entonces, vamos al confesionario. Vamos. Vamos. Vamos.

Speaker 2

Ya se pueden imaginar ustedes, amigos, la enorme cantidad de murciélagos que había aquí anoche en la nave de la iglesia. Los murciélagos le pasaban zumbando por los oídos, tanto al padre como al sacristán. Ay

Speaker 5

Dios mío, qué horrible.

Speaker 4

Me pasaron cuatro mensajes a los zumbandos por los oídos. Viste barbaridad. Casi me muerden. Siempre es que raro que el padrecito haya venido tan noche. Que se haya desvelado. Y más raro que me salga con eso de que tiene una promesa. Y que me tiene que confesar. Hombre, es bien raro todo esto. Pero en fin, pues. Yo, yo, yo, tú moriégalo. Hijo de diablo.¿ Qué vale que me confiesen? Yo lo voy a seguir. Yo voy a ir al confesionario. El padrecito entró y me está esperando. Yo

Speaker 2

voy a ir a confesar. Se arrodilló al lado del confesionario y comenzó aquella confesión. Era una confesión normal y corriente, amigo. Como cualquier otra confesión. Únicamente que le notaba al padre algo extraño en la voz. Como que era una voz monótona, amigo.

Speaker 8

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, creador y redentor mío, por vos quien soy

Speaker 2

La confesión comenzó y terminó. Luego, ambos, tanto el padre como el sacristán, se fueron a dormir. El padre entró en su dormitorio y Serapio se fue a la hamaca. Eso fue todo. Luego pasó la noche, entró la madrugada y amaneció radiante el día siguiente con los cantos de gallos y trinar de pajaritos. Como a las seis se levantó Serapio para tocar la campanita de la iglesia y llamar a la misa que el padre oficiaba a todos

los días. Pero antes fue al dormitorio a despertar al cura. ¡Padrecito! ¡Ay, padrecito

Speaker 4

¡Padrecito! Voy a abrir la puerta de él. Y es lo de la misa, Padrecito.¿ Y esto qué es, oh? Es que si la cama está intacta, hombre. Aquí no ha dormido nadie, hombre. Hombre, carajo, hombre. Es que el Padrecito vino anoche, hombre. Y me confesó y... Y todo. Padrecito... En aquel momento,

Speaker 2

Precisamente en aquel momento entraba por el portón de la casa a curar el padre Centeno montado en su mulda. Venía llegando aquella hora.

Speaker 3

So, so, mulito, so, so. Uf, qué cansado vengo. Hijo, buenos días. Buenos días, padre Eguito. Estoy llegando. Toca la campana que vamos a celebrar la Santa Misa.¿ Cómo no? Uf, vengo cansado, adultado, pero vamos a celebrar. Bueno,¿ y qué te pasa? Te has puesto pálido y estás temblando. Serapio,¿ qué te pasa?

Speaker 4

Mire, parecito... A usted vino anoche, parecito, ¿verdad? Vino y me llevó al concesionario y me concedió como usted, ¿verdad

Speaker 3

Hijo, debes haber soñado.¿ Cómo que? Sí, soñaste... Yo dormí anoche en los encuentros. Salí hoy a las cuatro de la mañana y estoy llegando. Vamos, vamos a celebrar. Ay,

Speaker 4

mamita linda, no se vaya, padre. Ay, mamita. No, no puede. Por los hábitos de madre Clara que esto no puede. Deja a esa monjita. Es que, padre

Speaker 5

me salió un momo. Me salió un momo.¿ Un momo? Un momo. Me salió un momo. ¿Qué? ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!

Speaker 2

El cuento lo contaba el propio Padre Centeno, Willyberto Quién sabe cómo son los misterios del más allá, ¿verdad, Willy? Pero Serapio hasta que se espeluzcaba todo el cuerpo cuando contaba ese cuento Auténtico, Willy Ciertísimo, hombre

Speaker 3

Ahí nos vemos, Willyberto! ¡Adiós, machito!

Transcript source: Provided by creator in RSS feed: download file
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android