El cuentito de hoy es de miedo, pero fue y sigue siendo verdad. El cuento lleva por nombre La Tenebrosa Casa de Chubasco. Aquella casona siquiera tenebrosa, era una casona que todavía está en la ciudad de León. León ha sido una ciudad famosa por su antigüedad, sus calles viejas y empedradas, sus balcones coloniales y sus casonas antiguas enormes y asustosas. La casa de don Pedro Tellez, apodado Chubasco, era enorme y todavía está en el mismo lugar en León.
Chubasco había sido un viejo avaro que murió de repente y solo tenía sobrinos y un hermano. y desde que el murió en aquella casona empezaron a asustar aquella casona enorme con corredores de media cuadra de largo con un enorme patio y su traspatio con caballeriza y un alto donde guardaban chunches viejos nadie quería alquilarla y pasaba desocupada la mayor parte del tiempo Pero un día, ya cuando la ciudad de León se volvió comercial, llegó alguien que
quería poner una bodega de distribuidora. Este alguien se llamaba Ramiro y decidió alquilarla para bodega y para vivir en ella. Dormía en un aposento enorme y en veces cuando el calor era sofocante, dormía en un hamac en medio del enorme corredor Ramiro no conocía el miedo, pero hubo momentos en que sí tuvo miedo. Aquella bodega tenía un celador porque había que cuidar en la mercadería. Ramiro contrató un celador.
El celador, pistola al cinto, cuidaba todas las noches, recorriendo la acera y el gran San Juan, el San Juan de aquella casona. Un día el celador Pedrito
López le dijo a su patrón... Y ay, don Ramiro, parece que se desveló anoche, ¿verdad?
Cómo decís, Pedrito?¿ Que me desvelé? No, hombre, jamás he dormido tan bien como anoche.
No, patrón, hasta se desveló, hombre. Que no la vi de yo acaso, pues.
Te digo que no, Pedrito. Yo me acosté como a las nueve y caí como plomo. Era, hombre. Dormí de un solo tirón toda la noche. Dormí muy
bien. Hasta está bromeando, patroncito. Me está bromeando, ¿verdad, hombre? No, nada de bromas
Pedrito. Yo no acostumbro bromear. No acostumbra. No. Te digo que dormí como nunca. No me desperté en toda la noche. ¿Roncó, pues? Totalmente. Ni los murciélagos, ni las lechuzas que a veces me desvelan, las oía anoche. Entonces
Entonces, patrancito...¿ Quién era el hombre que se paseaba por todo el corredor como... como digamos, como a las doce de la noche? Un hombre paseándose por todo el corredor. Sí, patroncito, hombre, yo lo vi de al hombre. Bueno, pues yo no dije nada porque ya yo creí que era usted.
Hombre, Pedrito, es necesario que te vayas acostumbrando. Ese hombre que viste era Chubasco
Chubasco, dice. Pero si Chubasco murió
hace varios años, hombre. Así es. Pero aquí asusta casi todos los días. Ay, mamita. No hay que hacerle caso, hombre. Los muertos no hacen daño. Ay, mamita linda,¿ cómo que no hacen daño? Ya te vas a acostumbrar, Pedrito. Es cuestión de costumbre, pura costumbre.
Durante el día, aquella casona misteriosa era distinta. Era normal, la gente pasaba por la acera y los trabajadores entraban y salían con mercaderías que cargaban y descargaban. Ah, pero apenas entraba la noche, ya nadie pasaba ni por la acera. Únicamente quedaban don Ramiro y el celador Pedrito. Y entonces comenzaban, sobre todo los piernas, aquellos sustos. ¿Qué,
qué, qué, qué es esto, don Ramiro? Hombre, seguro que se cayeron algunas cajas en la bodega. Anda, ve qué pasó. Yo, yo, que yo, yo,
que yo vaya, patrón. Sí. Pues... Eso yo no voy. Yo solito no voy, güey
Jesús, hombre. Eso no. Anda, anda a arreglar las cajas que cayeron. Tal vez los gatos la botaron. No,
güey. Eso yo solito no voy, patrón. Mira, yo lo siento mucho. Va, va, va
Está bien, está bien. Te voy a acompañar, pues. Vamos. Vamos.
Ambos fueron a la bodega donde habían oído aquel ruidaje. Llegaron y...
Hombre, todas las cajas están en su lugar. Aquí no ha caído ninguna caja.
Ah, bueno. Bueno, pues, entonces, pues,¿ qué fue el ruido?
Bueno, Pedrito, ya te dije que aquí asuste chubasco, eso es todo. Uy, tan tranquilo que lo dije, ¿eh?¿ Qué voy a hacer?¿ Que me ponga a temblar, a llorar o qué? Yo
sé que el
chubasco es un espíritu burlón. Y los espíritus burlones se burlan.
Ay, mamita linda, cuando yo lo oí, lo de mi espeluna. Hasta que se me pone el cuero como carne de gallina. Pues era
una gallina muy vieja y muy dura.
La
carne está más tiesa que va a hacer de encargo. Eso cree usted, ¿verdad? Bueno, ya te vas a acostumbrar, Pedrito. Ya te vas a acostumbrar. Bueno, hoy voy a dormir en la hamaca. Hace demasiado calor
Lo que sé yo voy a estar ahí afuera hoy, ahí en la acera. Está bien, está bien,
está bien, Pedrito, está bien. Pasa buenas noches. Buenas noches. Buenas noches.
Don Ramiro se acostó tranquilamente en la hamaca. Era una noche cálida, de esas noches lionesas en que no se mueve ni la hoja de un árbol. La casa estaba topida de murciélagos. De repente se oía el silbido de una lechuza. Pero luego, todo quedaba en el más profundo silencio. Y fue aquella noche cuando don Ramiro, ya entre dormido y despierto, pudo oír más claramente que nunca cómo unos pasos bajaban del altillo, que había sido la vieja oficina
de don Pedro Telles, apodado Chubasco. Oyó clarito cómo los pasos bajaban. Clarito lo estaba oyendo don Ramiro, clarito Sintió como los pasos bajaron el último peldaño de la escalera Y luego comenzaron a caminar por el corredor Como a 50 varas de donde él dormía en la hamaca
Carajo, este espanto no lo deja dormir a uno Bajó del alto Y viene caminándose acá. Estoy oyendo sus pasos. No, no hay duda. Viene acercándose. Viene para acá, donde yo estoy en la hamaca. Por primera vez en mi vida comienzo a sentir miedo. Tengo miedo. Vamos a ver qué hace Chubasco cuando llegue aquí. Cuando pase por donde yo estoy acostado. Quiero ver qué hace. Vamos a ver qué hace. No, los muertos no hacen nada.¿ Por qué voy a tener miedo?¿ Por qué? Me voy a cobijar desde la cabeza hasta
los pies. Y eso es todo. Voy a esperar. Voy a esperar.
Aquello era tremendo. Don Ramiro por puro honor no gritaba del miedo. Los pasos estaban como a cinco varas. Ya lo sentía cerquita, cerquita. Luego... Los pasos se detuvieron exactamente junto a la hamaca. Don Ramiro se quedó quieto, quieto. Hasta contuvo la respiración por un momento. De pronto sintió que alguien puso la mano en el mecate de la hamaca. ¡Ay,
Dios mío!¡ Es en serio la cosa
Y luego sintió que le dieron un jamaquión tan grande que lo sacudió todo. Un jamaquión que hizo que la hamaca se balanceara tremendamente echándolo al suelo.
¡Ay, Dios mío! ¡Pedrito! ¡Pedrito! ¡Pedrito! Luego, un silencio profundo
Cuando Pedrito llegó, alumbrando con su foco, encendió el switch de la luz y...¿ Y ahí, patróncito, qué?¿ Qué hoyo le pasó, hombre
Y ahí? Aquí no hay nada, hombre.
Me lo espanto. Me lo espanto, Pedrito. ¿Qué? Me jama... Me jama... Me jamaqueó la maca.
Me botó. Sí, pero... Sí, pero de aquí no hay señas de espanto, patrón, hombre.
Vino a ser herida ella suya, hombre. No, hombre... Yo sentí los pasos que bajaron del alto. Era hambre. Luego sentí los pasos cuando se vinieron acercando. No acree, hombre. Luego sentí cuando se detuvieron junto a mí. Era hambre. Sí. Sentí que agarraron el mecate de la hamaca. El brazo de la hamaca y... Y luego me dieron un jamaquión tremendo.
Jamaquión tremendo. Y no dice que... que a usted no le tiene miedo a los espíritus, pues, hombre.
Pedrito.¿ No oíste una carcajada?
Cómo no? Sí lo oí, hombre. Hace poquito no fue, pues. Pero yo creíba que era usted que se estaba riendo el espanto, hombre.
Mañana, Pedrito... traeré a un padre aquí para que... para que riegue agua bendita... esta casa jodida... está embrujada... y de ahí...
se apagó
la luz eléctrica...¿ quién la apagó
quién apagó la luz?... ay mamita linda, yo no fui patrón... seguro que fue el espanto... alumbra con el foco Pedrito, pronto... y ahí... ahí vienen los pasos otra vez... ay santísima virgen de los espíritus burlones... De la mojita de la cartuja matagalpa. Ay, mi, mi. Mire, patrón. Sí. Mi, mi, mire.¿ Qué pasa?
Al alumbrar con el foco, Pedrito se quedó tieso. Don Ramiro también. Como a diez varas de ellos, el espanto estaba parado, alto, blanco, estirado. Ambos dieron un grito y salieron corriendo.¡ El muerto!¡ Yo me voy!¡ Un muerto!¡ Un muerto!¡ Me voy! Al día siguiente, en el periódico de León, Ramiro leyó un aviso luctuoso que salió y que decía así.
La familia Telles invita para la misa del décimo cuarto aniversario de la muerte de su querido deudo, Pedro Telles, apodado Chubasco.
La casa todavía existe, Willyberto. Todavía. Y siguen asustando. Jamás dejaron de asustar. Esas casas leonesas son famosas por eso, Willyberto. Sobre todo cuando el muerto cumple su aniversario. Es cuando más asustan, hombre. Y esto no es... no es cuento. Esto es una realidad, hombre. Fue auténtico esto, Willyberto. ¿Oíste? Todavía lo recuerda en el león ese... ese susto que le pegaron a Ramiro. Sí, hombre, Willyberto. Auténtico.
