Bueno, pues vamos con el cuentito de ahora, amigos.¿ Saben cuál es el cuento de hoy? Aquí está. La suerte de Lucas Fuentes. Ese es el cuento de hoy. La suerte de Lucas Fuentes. Oigan, amigos, oigan. El cuentito de hoy sucedió en un vallecito del departamento de Esteligüe, pero no quiero decir el nombre del lugar ni el nombre auténtico de la gente, ¿oíste? Ah, pero¿ qué es auténtico? Es auténtico, eso sí te lo aseguro. Lucas Fuentes era
un hombre joven, ¿oíste? Trabajador, pero lo molestaba mucho ver que los ricos del pueblo gastaban en cosas inútiles. Y él, pues, vivía como concho, palmado, no tenía nada, amigo. Ni siquiera tenía cómo darle buena vida a su abuelita, una ancianita que era lo único que tenía en el mundo. Por eso Lucas vivía suspirando.
Ay, jodido, hombre.¿ Por qué seré tan pelado yo, jodido hombre?¿ No hay mayor desgracia que nacer uno pelado? Nadie le hace caso, nadie lo toma en cuenta. Vivió un endeudado y siempre al dich, collol quebrado, collol comido, como dicen. Ay, si yo tuviera plata, jodido, hombre. Si yo tuviera plata, jodido, y a ver lo que es saber manejar los reales, jodido, allí van a ver.
Así vivía Luca, amigo. Siempre lamentándose. Siempre ambicionando reales. Buscando cómo tener reales. Ya les dije que Lucas era buen muchacho, amigo. Y que posiblemente teniendo reales, pues... Iba a saber emplearlos, amigo. Un día palabreando con su abuela... Ajá
abuelita.
Mi hijo,
mira
Últimamente te noto como nervioso, como inquieto.¿ Qué te pasa, amigo?
Nada, abuela, nada me pasa. Es que yo quisiera... Quisiera tener muchos reales. Para que usted pasara una vejez más tranquila, abuela.
Ay, mi hijo. Pero si yo estoy bien así.
No, que va a estar bien
Para qué quiero más?
Cómo que para qué quiero más?
Me basta con que vos seas un muchacho educado, trabajador.¿ Para qué quiero más?
Ay, se puede tener más, abuela. Viera usted cómo vive la familia de Chepe Molina. Lo viera. Su mamá, su abuela, todos viven bien. Tienen todo.
Yo también tengo todo. Todo, mi hijo. Y yo te aseguro, mi hijo, que vivo mejor que ellos.
Hombre.
Ay, vos no sabes las desgracias que le da Dios a los que tienen reales. En cambio yo, soy sana, vivo tranquila. Papá,¿ qué quiero reales, mi hijo? Papá, ¿qué? Decime, a ver.
Bueno, pues yo no sé, pues, pero de todas maneras, mamá, voy a comenzar a comprar loterías, son babosadas.
vas a gastar los reales de balde. Tal
vez no, abuela, tal vez no. Con un poquito de suerte, pues me puedo sacar algún premio.¿ No cree usted?
Ay, mira, mi hijo. Mi tata, que en paz descanse... cuando le hablaban de rifas y loterías, decía... la mejor lotería es el trabajo.
Ay, no crea, mamá, no crea. Hay muchos que se han sacado premios. Y grandes. Hay mucha gente.
Pero cuando ya han gastado más.¿ Quién sabe cuántos años comprando la tal lotería?
Mire, abuelita. Desde hoy voy a comprar lotería. Y le voy a rezar mucho a la virgencita y espero que usted también lo haga para que nos mande un buen premio.
Ay, Jesús, mi hijo, la virgencita no anda concediendo esos favores
Ah,¿ eso cree usted? Dice el padrecito que la virgencita puede hacer cualquier favor cuando se le pide con fe. Yo le voy a pedir con fe, ¿ah? Ahí va a ver, abuelita. Va a ver cómo me va a hacer que yo me saque la lotería. Ahí va a ver. Ahí va a ver. Ay, mi
hijo, mi hijo. Seguí trabajando tal como estás.
Y quién dice que no va a seguir trabajando?
Que esa es la mejor lotería. El trabajo, mi hijo. Solo el trabajo.
Alberto, y no es mentira, hombre. Desde aquel día, Lucas compró lotería. En aquel tiempo los sorteos eran cada quince días. Pero Lucas le rezaba a la virgencita todos los días. Todos los días a las ocho de la mañana. Cuando casi nadie había en la iglesita, pues. Llegaba Lucas a paleabriar con ella.
Virgencita, me estás oyendo, ¿verdad?¿ Qué te cuesta empujar la bolita de la lotería y hacer que yo me saque un premio? Vamos a ver,¿ qué te cuesta a vos? Yo te voy a hacer un nuevo altar. También voy a reparar la iglesia. Le voy a dar reales al padrecito.¿ Qué te cuesta a vos, virgencita?¿ Qué te cuesta? Por favor, virgencita, hace que mi número salga premiado en este sorteo.¿ Lo vas a hacer, virgencita?¿ Verdad que lo vas a hacer? Todos los días, como les digo...
A las ocho de la mañana llegaba Lucas a palabrear con la virgencita. Pero también todos los días a la hora en que Lucas estaba en la iglesia, se aparecía un picadito del pueblo. Uno que era conocido como el Loco Méndez. Este picadito llegaba a interrumpir el pedimento de Lucas.
Virgencita. Virgencita. Yo solo te pido un chelín. Un chelín para quitarme la goma. Me estoy muriendo, virgencita.
Carajo, hombre. Ya vino este picado a fregar a la virgencita. Qué vaina.
Un chelín, virgencita. Mi chelín, porque me estoy muriendo de goma. Te prometo que esta es la última vez. La última vez.
Lo comendé. Toma, ve. Toma un chelín.
Voy a andar?
Sí, toma. Pero por favor no me estés distrayendo la virgencita, hombre. No me la estés distrayendo. Toma tu chelín y andate
Pues gracias, hermano. Me
salvaste. Andate, andate.
Bueno, y aquello llegó a ser ese rutín, amigo. Diario llegaba Lucas y diario llegaba Méndez el picadito, familiar del Isímaco. Y diario tenía Lucas que darle el chelín al picado. Virgencita
ya te estoy hablando yo, ¿verdad? Pero yo no te pido tanto. Solo te pido un chelincito para quitarme la goma. Te juro que va a ser la última vez, ¿ves? Por eso, ¿viste? Va a ser la última vez también que me tome un trago. Te lo juro, virgencita.
El reloj, comente. Mira... Toma tu chelín, pero andate. A la pelica. Andate ligero. No me estoy distrayendo la virgencita, hombre. Mira, yo le estoy pidiendo un loterillazo. Si me haces el favor, te voy a dar todos los chelines que querrás. A ver, pues, hombre, el chelín, dámelo. Toma, toma. Gracias, pues, hombre. Toma, quita el chelín, pero anda.
Adiós, virgencita.
Cuando el día siguiente el picadito le estorbó el rezo, claro, nunca se arrechó, amigo, no aguantó. Le dio el chelín, pero todo aquel día pasó pensando en la forma de librarse de aquel picado que llegaba a estorbarle, amigo. Sobre todo en la forma de rezarle con tranquilidad a la Virgen, de pedirle lo que quería sin que aquel picado viniera a estorbar su rezo, amigo.
La Virgencita sabe que yo soy sincero. Y lo que le ofrezco se lo voy a cumplir. Pero ese condenado loco siempre llega a interrumpir el rezo. Hombre, yo tengo que pensar en la forma de librarme de este hombre. Tengo que pensar hoy mismo en la forma de que este picado no de entre más a la iglesia a estorbarme el rezo. Que a este paso la Virgencita no va a poder oírme. Y ya solo faltan siete días para el solteo de la lotería.¿ En siete días la
virgencita puede oírme? Claro que sí. Claro que sí. Ya sé, ya sé. Tengo una buena idea.
Y les voy a decir una cosa, amigo. Yo creo que la virgencita premió a Lucas. No por bueno, sino por inteligente. Qué carajo más vivo, Wilberto. La idea que se le ocurrió fue formidable. Oye, oye. Oye. Aquella mañana del día siguiente, muy a las siete y media, Lucas estaba en la puerta de la iglesia, amigo. No adentró directamente donde la Virgen, no. Estaba en la puerta, esperando con una botella de guaro en la mano el momento
en que apareció por las calles el loco Mendes. Venía como siempre, amigo, de
goma. Ay, mi salud, mi amor. Michelin Michelin solo la virgencita puede salvarme
oíme lo comente oíme mira no molestes a la virgencita por favor no me la distraigas¿ Cuántas veces querés que te lo diga, hombre? Michelin, hombre. Michelin, hermano. No hay chelín. No hay chelín. Chelines ya no hay. Pero mira, tengo algo mejor para vos. Aquí tengo esta botella de guaro. Tomá. Aquí te echás... Ahorita mismo te vas a echar un buen trago. Y por favor, te me acostás a dormir, ¿oíste? A dormir la goma, se ha dicho. Me premiaste, loco. A ver, a ver, a ver. Voy a tapar, espérate.
Que
me catas un mal sabroso. Te gustó, ¿verdad? Ya te doy uno, ¿no? No, yo no tomo. Mira, ahorita acostate ahí mismo, ¿ve? En el atrio. Te vas a acostar a dormir. Pero no entres a distraerme de la virgencita. Estamos claros. No hagas de jocotes ni nada. Suficiente. Mañana también te voy a dar otro trago igual.¿ Estamos claros? Pero no me distraigas a la virgencita. No me la distraigas.
Aquel día, Lucas pudo rezarle a la virgencita y pedirle a su gusto y a todo cuanto quería, amigo. Tranquilamente. Lucas era buen muchacho, amigo. Y le pidió a la virgencita nada más y nada menos que la lotería
Vas a ver, virgencita. Yo no te engaño, vos me conoces. Dame la lotería. Dame la lotería y vas a ver... Vas a ver qué linda te vas a mirar en el altar nuevo que te voy a mandar hacer. Si hasta el carpintero lo tengo listo. Nada menos que espinosa. Bueno, aunque me lo entregue dentro de un año y lo estrené dentro de dos años, no importa, pero va a ser bien hecho, eso sí. Y te voy a dar una corona con estrellitas doradas. Y te voy a comprar
un nuevo manto. Porque mira, virgencita, ese manto que tenés, eso ya no sirve. Está muy desteñido, virgencita. Amigo, no me lo van a creer.
Pero el día siguiente se voló la lotería. Yo les dije que no me iban a creer. Pero yo no sé, amigos. Sería pura coincidencia, como dicen. Pero Lucas hoy tiene reales. Se voló el gordo. En aquel tiempo era grande también. Y Lucas hoy tiene finca, mujer, hijos, estudiando y todo. Y la iglesita de aquel lugar está bien cuidadita, amigos.
el atrium ladrillado, bueno y el altar, bueno el altar no lo he terminado Espinosa, pero todavía está en que se lo va a componer, tiene coronas nuevitas, estrellitas doradas que le dio Luca y el manto azul nuevito amigos, nuevito, bueno pero también hay una cosa, hay algo que quiero decirle, este cuento es cuento Jero, si, el dicho sigue siendo muy cierto, La mejor lotería es el trabajo, ¿oíste, Willyberto? El trabajo es la mejor lotería, hombre.¡ Ahí nos vemos, Willyberto!
