Bueno, pues aquí tienen el cuentito de hoy.¿ Saben cuál es? La pisota, amigos, la pisota. Este cuentito que ahora les voy a palabrear, amigos, se le atribuye a la hermosa ciudad de Santo Tomás, allá en el departamento Chontales. Hace mucho tiempo, cuando era un pueblito chiquitito Cuando no había carreteras y nadie conocía los vehículos en esos sectores El
cuento me lo palabrió Coquillo, ¿sí? Santo Tomás siempre fue un pueblito precioso, amigo Fresco de clima y productor de las mejores cuajadas chuntaleñas Región ganadera por excelencia, amigo Bueno, aquí en Santo Tomás donde el aire es más puro, amigo Aquí donde la gente es más buena y donde uno está más cerquita, más cerquita del cielo. Aquí ocurrió esta historia que ahora les voy a palabrear, amigos. Historia auténtica, oigan.
Ay, supieron la noticia.¿ Cuál noticia, Tentá? Pues que viene el pagrecito. El misionero que vino el año pasado. El que bautizó a Filimoncito, mi nieto.
Ah, ya sé,
ya sé. Sí, sí, sí, sí
Aquel que tiene una mulita negra que se llama Lapisota. Ah.
Exactamente, el mismo, el mismo. Viene en la otra semana y viene solito él en su misma mulita, en la pisota.¿ Qué te parece? ¡Ah,
magnífico, magnífico! Por fin vamos a tener un curita otra vez. Ah, si ya era tiempo
Claro que sí.
Solo ese jurista se atreve a venir a estos lugares
tan remotos. Bueno, yo supongo que tenemos que arreglar y limpiar la iglesia, ¿verdad? Ah,
claro que sí. Y Napoleón y Eugenio tienen que ayudarnos. ¿Qué? ¿Napoleón? Napoleón, Eugenio, alístense, que tenemos que ir a barrer y limpiar la iglesia.¡ Viene el padrecito! Claro,
con que ya tenemos. Así es la cosa, pues, Gerarda. ¡Ay, cuánto viene el padrecito,
hombre! Pues
en la otra semana. Sí, en la
otra
semana. Este es el
curito aquel de la mulita aquella que le dicen la pisota,
¿verdad? Exacto, Napoleón. El de la mula, la pisota. ¡Eugenio! ¡Oye,
Eugenio!
Qué fue, hombre?
Apúrate, hombre, que tenemos que ir a barrer la iglesia, hombre... y a sacudir los santos y a quitar todas las telarañas que hay.¿ Y ahí?¿ Viene el curita entonces, hombre? Sí, hombre, Eugenio, viene el curita, viene.
Sí, y acordate, Eugenio... Que vos sos su ayudante y su sacristán. Acuérdate que él mucho te quiere. Sí,
claro
cómo no me voy
a acordar si el padrecito me quiere mucho? Yo soy el que le encillo la mulita y también se la desencilla la pisota.¿ Vendrá con la misma mula
Sí, sí, sí, sí. Viene en su misma mula la pisota.¡ Qué alegre! Entonces quiere decir que viene el padrecito, pues. Más alegre es lo que tenemos que hacer, Eugenio. Apurate. Hay que barrer toda la iglesia que está toda sucia y polvosa. Hay que sacudir los santos. Yo creo que vamos a tener que retocarlos. Acabar con tanto murciélago que hay en la iglesia. En fin, pues... Bueno, hay mucho que hacer
Sí, sí, sí. Hay mucho que hacer. Comencemos ya. Porque el trabajo es bastante. Vos y yo, Tencha, tenemos que lavar los manteles de la sacristía y
del
altar y tener la ropa lista al padrecito. ¡Vamos, vamos
ya! ¡Apurémonos, pues, apurémonos! ¡Rápido, rápido!
Ocho días más tarde, montado en su bonita lapizota, ante el júbilo del pueblo entraba el padrecito misionero. Venía quemado por el sol, amigo, humildemente vestido con su sotana café. Las campanas del pueblo repicaron echando a volar sus voces tímidas. Y hasta la última viejita salió del último ranchito para oír lo que el padrecito iba a decir en la iglesia. El padre se bajó de la mula en el propio atrio de la iglesia, amigo. Era un misionero joven, virtuoso
y sacrificado, amigo. Saludó a toda la gente, caras que les eran familiares ya, y luego fue hasta el púlpito para hablarles.
Hijos míos,
aquí me tienen de nuevo. Estaré con ustedes durante varios días. Y tal como manda la Santa Madre Iglesia, estoy a sus órdenes para confesar, bautizar, efectuar casamientos, administrar los santos sacramentos a todo el que lo desee. Y ya lo saben, no se necesita tener dinero para estar en gracia de Dios. Los sacramentos no cuestan ningún dinero. Son gratuitos. Dios los confiere a sus ministros gratuitamente. Y nosotros los damos también gratuitamente.
Estoy a sus órdenes. Y me alegra estar con ustedes. Y además, para finalizar, les doy mi bendición. En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Qué tal, amigo? Hablaba claro aquel hombre, ¿verdad? Clarito. Pues bueno, un y otro día estuvo el misionero haciendo el bien a toda aquella gente, amigo. A toda la gente del pueblo. Casó a más de cuatro. Y todos los sábados, pues, había confesión, amigo. Su sacristana era, como ya lo oyeron, Eugenio. Y con frecuencia, pues, hablaba con el padrecito. Padrecito
Sí, hijo...
Esa mula que tiene usted es muy buena... Yo
creíba que...
En el viaje pasado se le iba a quedar pegada
en los lodazales...
No, hijo... La pisota es una mula joven y fuerte... Es la mejor mula que he tenido... Y vieras cómo camina de noche... Es segura... Presiente el peligro... Y además... No le teme ni a los peores caminos...
Sí, eso estaba viendo, padrecito
Usted tiene suerte, padrecito. En estos caminos muchas mulas han quedado atascadas en los lodazales. Crecen mucho los ríos, hijo. Claro,¿ cómo no van a crecer? Se arrastran hasta ranchos y animales enteros. Y dejan además enormes fangales, padrecito. Tiempo de invierno este es horrible, padre.
Alguien llama, hijo. Ve a abrir la puerta.
Cómo no, padrecito?¿ Cómo no?
Este padrecito... Es que... Es que me urge hablar con él. Quiero hablar con el padrecito, por favor.
Pasa, hija.¿ Qué ocurre?¿ Puedo servirte en algo?
Sí, padrecito. Es que mi mamá... Mi mamá se está muriendo. Y pide que usted vaya a confesarla. Ella vive en el valle... En el valle del Guarumo. Que queda lejos, padrecito.
No importa, hija. Despreocúpate. Yo voy.
Y va a ir usted hasta el Guarumo, ¿eh? Eso es lejos, padrecito. Recuerde que estamos en invierno. Si el río crece, usted no va a pasar de vuelta. Eugenio, prepárame la mula, la pisota. Pero, padrecito, si el río crece y se lleva el puente viejo que ya está podrido, usted no regresa, padre. Eso queda lejos,
padrecito. No importa. No voy a dejar que una persona muera sin confesión. Prepara la mula. Pronto, Eugenio.¿ Cómo no, padrecito
Cómo no? Y así fue, amigo. Le alistaron la mula a la quesota. Y al rato el padrecito pues iba atravesando montañas y llanos. Y aquella mujer adelante enseñándole el camino. Tan pronto, en aquel valle del Guarumo, se desató un tremendo aguacero, amigo. El padre llegó cubierto con un capote y pisando el fango, el lodo. Pero llegó a la casa de la enferma. Ya, ya llegamos,
padrecito. Aquí dejé la mula. Venga para acá. Entremos. Aquí... Venga... Venga
El padrecito había llegado a tiempo... La anciana moribunda tuvo... Un último aliento para recibir la absolución...
Y murió tranquila, mi hija. Calma
hija. Calma. Al menos llegué a tiempo. El Señor la recibió en su santo seno.¿ Y ahora,
pagracito?¿ Se va a ir?¿ Se va a ir de vuelta aquí? Con este aguacero
¿eh? No hay cuidado, hija. Hace tres años estuve por aquí. Mi mula lapisota conoce bien el camino. Además, confío en Dios de que no ha de seguir lloviendo. Bueno, hija. Ya he cumplido mi deber y debo marcharme. Ya la noche se viene encima.
Gracias, padrecito. Muchas gracias. Y que Dios lo acompañe.
Caramba, hombre. Lloviendo de esta manera. Y el padrecito no ha vuelto del guarumo. Y si lo dije que no fuera hombre.¿ Y ahora cómo diablo va a pasar el río? La creciente dicen que se llevó el puente. ¿Mamá?
¿Mamá?¿ Y cómo va a ser el padrecito para pasar el río si no hay puente, ah?¡ Santo Dios! Pero si el río
arrastró el puente. La verdad que no había pensado en eso.¿ Cómo va a ser el padrecito? Se puede ahogar junto con su mula la pisota.
Eso es cierto. Es bien peligroso, muy peligroso. Pues si el padre se mete al río, se ahoga. Sí, se ahoga.
Tengo
una idea ya, papá.
Regonamos a toda la gente del
pueblo.¿ Qué vamos a hacer con eso?
Regonamos, hombre. Y vamos a la orilla del río a esperar al padre, hombre. Llevemos hachones de ocota y lámparas. Cuando lo veamos al otro lado del río, pues le gritamos que no pase. Que no hay puente.
Buena idea, hijo, buena idea. Hombre
de verdad, que nadie ha pensado en eso, es buena idea. Vamos, avisémosle a toda la gente y
vámonos. Vamos pronto antes de que siga el 6, es
demasiado tarde, vámonos.
Y así fue, amigos. Inmediatamente se reunió a toda la gente del vecindario... Se reunieron como 40 personas alumbrándose con rajas de leña, con candiles y lámparas de batería. El río quedaba como una media legua. Aquel grupo de personas caminaban apresuradamente previniendo el peligro que corría el padrecito y su mula. Pero no habían llegado al río todavía cuando se toparon con el padre que venía montado en su mula, mi amigo.
Y cómo hizo para pasar el río, padrecito? Si no hay puente, hombre.
Cuál río, hijos?
Cuál río
Qué hace tanta gente aquí?¿ Ha pasado algo?
Pues sí, padrecito, hombre
El río creció y se llevó el puente. Si no hay puente,¿ cómo hizo para pasar? ¿Qué? Pues entonces, hijos.
Si pasé por el río, debe estar bueno el puente.
No, padrecito, no está bueno. Yo lo vi de la tarde. Pero si la correntada se llevó el puente, se lo llevó, ¿verdad?
Sí, sí, es cierto. Vamos al río, padrecito. Vamos, vamos para que vean. Vamos, vamos,
vamos todos.
Bueno, toda la gente siguió camino del río, que ya estaba muy cerca, amigos. Y al llegar, todos alumbraron y vieron que del puente no quedaba más que una viga podrida y vieja, amigos. Casi cubierta por la corriente de agua. Una sola viga, amigos.
Te fijas, padrecito
Te fijas? No hay puente, hombre, no hay puente. Es posible que usted haya pasado por allí. Cualquiera que intente pasar se mataría, padrecito. Cualquiera se mataría. Ciertamente,
hijos míos. Ciertamente Y ahora que recuerdo. Hace poquito. Cuando pasaba por aquí. Sentí un tronido feo. Y al escuchar ese tronido. Recé un padre nuestro. Mi mula, la pisota. Caminó sobre esa viga.
Es imposible,
padrecito. No, hombre.
Esto quiere decir, hijos
míos,
que Dios me ha protegido.
Ha sido Dios. Sí, padrecito
Ese es un milagro de Dios. Sí, un milagro de Dios. Y su mulita, la pisota. Sí, la pisota es una mula de verdad, padrecito. ¿Dónde, no? ¿Dónde? No lo creen, amigos. Esto sucedió en el pueblito de Santo Tomás hace mucho tiempo. ¿Sí? Si ustedes hubieran visto lo que quedaba del puente, comprenderían que aquel fue un auténtico milagro, amigos. Yo lo vi. Además que Coquillo me contó este cuento, amigos. ¿Sí? Por varios días la gente pudo ver aquel pedazo de viga
vieja que quedó del puente, nada más. Era una noche oscura y lluviosa. Y con el río crecido, amigos. Cuando el padrecito misionero pasó sobre ese pedazo de viga podrido. Ni el macho de Nelo Bravo hubiera hecho eso, ¿verdad? Aunque ese macho de Nelo Bravo es muy inteligente. Dice Nelo que un macho de él hubiera cruzado para atrás, dice. Será cierto.¿ Quién sabe? Gulliverto, no lo cariñé. Te quedas con la boca abierta todavía.¡ Ahí nos vemos, Gulliverto! Gracias.
