La Palancona (CUENTO DE MIEDO) - podcast episode cover

La Palancona (CUENTO DE MIEDO)

Nov 20, 202515 min
--:--
--:--
Download Metacast podcast app
Listen to this episode in Metacast mobile app
Don't just listen to podcasts. Learn from them with transcripts, summaries, and chapters for every episode. Skim, search, and bookmark insights. Learn more

Episode description

Nadie quería encontrarse con este temible espanto

Transcript

Speaker 2

Y el cuento de ahora es muy bonito, Wicho. Sí, porque han de saber que en un vallecito llamado El Guavillo, salía la palancona. Pero bueno, más mejor déjenme contarles el cuento.

Miren qué bonito que es El Guavillo. El Guavillo es un vallecito igual que antes Igual que hace 40 años cuando salí a la palancona Un vallecito enmontañado donde no llegan chunches No hay carreteras No hay tufa gasolina, ni teléfono Ni tanta necedad como en las ciudades La gente del Guavillo vive tranquila Sí, ahí viven oyendo la corporancia Uno que otro indio medio rascando la guitarra que no la pueden ni rascar Pero ahí están ellos Todavía hace como tres años anduve yo por ahí y hablé con el

juez de Mesta, don Alcibiades Torres, un viejito que se la sabe todas. Él me palabrió muchas cosas. Muchas cosas. Entre otras, esta que les voy a contar. Florinda

Speaker 4

y qué es lo que pasa aunque no oigo como todos los días el bullicio y los hipotes en la escuela?¿ Qué es lo que pasa? Pues no

Speaker 5

sé, Alcibiades. No sé

Speaker 4

Como juez de meta que soy, yo debo preocuparme de todo esto.¿ No será que hoy es día de fiesta?

Speaker 5

Pues a lo mejor es día de fiesta y no nos hemos dado ni cuenta. Pero espérate un momentito. Voy a preguntarle a la maestra de la escuela. Ay, nomás si tú vives. Espérame, niño, espérame.

Speaker 4

Anda, Florinda, anda. Oye, Marti, yo no he sabido que se iba de fiesta. Anda, anda. Ah,¿ y eso dice la maitra? Francamente, Florinda, yo no creo en eso.

Speaker 5

Pero es verdad. Es verdad. A la maitra le vinieron a avisar... y ningún cipote vino a la escuela... ninguno

Speaker 4

pero decime a dónde fue que le salió el espanto...

Speaker 5

venían todos los cipotes como todos los días... bajando la cuesta del Totolate... todos en grupo para la escuela... cuando en el propio río le salió la palancona...

Speaker 4

la palancona...

Speaker 5

sí, Alcibiades... dicen que es una mujer altísima... trancona, toda sucia, de creñada, ojos como de lechuza y dientes largos largos, como de un tipiscuente. Y dicen que es flaca, flaca, que parece esqueleto y que el pelo de creñado le llega hasta la rodilla. Ay, hasta yo estoy

Speaker 4

nerviosa, Alcibiade. No hay por qué ponerse nerviosa, Florinda, no hay por qué. Tarde o temprano vamos a terminar con ese espanto a la palancona. Eso de que ni los hipotes pueden venir a la escuela por miedo a la palancona está muy mal. Muy mala cosa, muy mala cosa.

Speaker 2

Poco a poco la gente fue teniendo miedo, a tal punto que cuando las sombras de la noche caíban, cuando eran las siete de la noche, amigos, el Guavillo era un pueblo muerto, ni un alma. Todas las puertas cerradas y todo en un silencio sepulcral. Y cuando alguien por cualquier motivo se atrasaba haciendo algún mandado y tenía que entrar de noche al pueblo, venía temblando.¿ Era seguro que le salía aquel espanto?¡ La palancona!¡ La palancona

Speaker 3

La palancona!

Speaker 2

Bueno, así estuvo el asunto en el guavillo un montón de tiempo. El único hombre realmente preocupado del asunto era don Alcibiades, el juez de Mesta. El resto de la gente no hacía nada. Con cerrar las puertas temprano y no salir de noche, les bastaba. En cuanto a la escuela, pues, se había cerrado porque los hipotes tenían miedo que les saliera la palancona.¿ Qué tal

Speaker 4

No, no, no, no, no, no.¿ Y qué es esto? No, no puede ser, Florinda. Esto no puede seguir así.

Speaker 5

Y qué vamos a hacer, Alcibiades? No hay remedio. Hay que esperar en Dios. Hasta el pagrecito vino y anduvo regando agua bendita por todas las calles.

Speaker 4

Pero no es posible, Florinda. Esto tiene que tener una explicación. Yo me paso toda la noche despierto, me salgo a la calle, hago pipí ahí a la par del palo y nunca, nunca me sale a mí la tal palancona.¿ Por qué?¿ Por qué? Ah

Speaker 5

bueno, pues dale gracias a Dios que el espanto no te quiere salir a vos. Dale gracias a Dios, alcibiade. A nosotros tal vez no nos sale, porque diario rezamos el rosario.

Speaker 4

Mira, Florinda, el rosario no es para que a uno no le salgan los espantos. Esos son cuentos de vieja. Deja de estar mezclando el rosario con esto.

Speaker 5

Y entonces decime,¿ por qué no nos sale a nosotros?

Speaker 4

Lo único que yo sé es que ya escribí a Managua y que la próxima semana viene un comandante nuevo. Es un sargento de por estos lados y se la sabe toda. Con él vamos a encontrar el espanto de la palancona. Vas a ver que sí. Ay, Alcibiades.¿ Y qué

Speaker 5

ganás con encontrar al espanto,

Speaker 4

ah? Pues averiguar quién es y qué es lo que quiere. Y hacer que en el guabillo todo siga igual como antes. Y que los hipotes vayan a la escuela como antes. Y que la gente pueda salir de noche y no tener miedo.

Speaker 5

Y quién

Speaker 4

es el comandante que viene? Es el sargento Sosa. Según dicen, es un hombre valiente y está dispuesto a buscar el espanto hasta encontrarlo. En la próxima semana viene el sargento. Yo confío en que él y yo podamos encontrar a la tal Palancón. Seguro que la agarramos.

Speaker 2

Ocho días en después estaba llegando al pueblo del Guavillo el sargento Sosa, indio del lugar muy aventado, valiente y dispuesto a todo. Habló largamente con el juez de Mesta, Y ambos dos hicieron un plan. Buscarían a la palancona día y noche y por todas partes.

Speaker 4

Sargento, según me han dicho, la palancona mucho sale en las orillas del

Speaker 2

río. La han

Speaker 4

visto en la poza del Toromuco. También en la poza de la Rosal. También bajando la cuesta la vieron los hipotes de la escuela en pleno día. En

Speaker 6

pleno día. Hombre, caray, porque nos la agarraron,

Speaker 4

hombre. Jesús, sargento, y esta gente es inútil. No ve que todos salen huyendo cuando oyen hablar del espanto de la palancoña, pues.

Speaker 6

Bueno, pues a usted y yo la vamos a agarrar, don Alcibiades, hombre. Vamos a buscar este jodido espanto donde sella. Espero que usted no tenga miedo, jodido

Speaker 4

A la hora que usted quiera, mi sargento, de día o de noche, yo no conozco el miedo, jodido.

Speaker 6

Vamos a ir a instalarlos hoy desde las cinco de la tarde... escondido en los matorrales en la poza del Toro Muco. Alístese, don Alci, y lleve bien puestos los pantalones, oído. Hoy comenzamos, hoy comenzamos.

Speaker 2

Y comenzaron aquella misma noche. Vigilaron hasta las cuatro de la mañana y nada, amigos. Al día siguiente en otro lugar, luego en otro y en otro y en otro. Nada. Ni señas de la palancona. Día y noche recorrieron todos aquellos caminos. A pie, montados. Y nunca les salía el espanto. Pues un día, como a las tres de la tarde, pasando por el río en la poza de la Rosal, el sargento dio un salto desde su bestia y cogió su pistola.

Speaker 6

Pronto, pronto, don Alfie. El espanto, oigo. Allá está escondido en aquellos matorrales.

Speaker 2

Oye

Speaker 6

sargento,

Speaker 2

oye.

Speaker 6

Allá, jodido. Vamos, don Alfie. Es una mujer enorme. Allá está jodido.

Speaker 4

No la

Speaker 6

ves, hombre. Parece una gigantona. Sí, es altísima, hombre. Vamos rápido, don Alfie. Vamos antes que se corra. Vamos, vamos. Vamos, vamos.

Speaker 2

Ambos dos corrieron tras unos matorrales. En efecto, allí estaba una mujerona altísima y picada, sucísima, careta, desgreñada, visca, encorvada de la espalda y se raiba estúpidamente como Dunda, enseñando dos enormes dientes como tipiscuintes. El sargento, pistola en mano, le habló

Speaker 4

¡Sargento!

Speaker 6

¡Momento, palancona! Si te corres

Speaker 4

te mato

Speaker 6

jodida. Un momentito, jodida. Ahí va vos,

Speaker 4

la jodida. Sargento, no la quiere. No, no la quiere. No, no, no. No, no, espérese, espérese. Esta mujer me parece haberla visto en alguna parte. Esa cara, esa cara yo la conozco, yo la conozco

Speaker 6

No, me está jodiendo ese espanto

Speaker 4

don

Speaker 6

Aldiviares.

Speaker 4

Es

Speaker 6

una mujer cualquiera, me parece trastornada. Ve, qué babosa. Está

Speaker 3

enferma de la mente,

Speaker 6

mírala cómo se ríe. Ríe

Speaker 3

y qué

Speaker 6

jodida. Le estoy poniendo la pistola en el pecho y está riendo de qué jodida. Está loca

Speaker 4

Es una trastornada, sí, hombre, sí.

Speaker 6

Es una trastornada. Llevémosla al comando y que la gente vea el espanto. Bueno, vamos. Chóchón, alcibiades, pero qué mujer más alta, hombre. Y si yo le llego a la cintura, hombre. Qué barbaridad. No te rías así que me pones nervioso, hombre. Chóchón, los brazos son puro hueso. La nariz puntuda. Y como que están quemando un monte, don Alci.

Speaker 3

Con calor y

Speaker 6

haciendo quemas en los potreros, vea qué babosada. Bueno, pasamos a jambadas.

Speaker 3

Amarremos y llevemos

Speaker 6

la comadre. Vamos

Speaker 3

pasamos.

Speaker 2

Bueno, pues todo el pueblo del Guavillo miró en pleno día al sargento, al juez de mesta y a la palancona caminando hacia el comando. La gente, pues, se asomaba y los hipotes iban sumándose en procesión, hincando y fregando a la pobre mujer que solo se reía abundamente.

Speaker 8

Pobrecita la palancona, amigo.

Speaker 2

Pobrecita, en verdad. Si no era ningún espanto, huicho. Era una pobre mujer trastornada. Ahí estuvo en el comando un rato hasta que se presentó una anciana, doña Ticha Mendoza, y le dijo al sargento.

Speaker 7

Es mi hija, sargento. Démela.¿ Es tu hija? Sí, yo la

Speaker 6

tengo.¿ Cómo la

Speaker 7

dejan dar por ahí por los caminos? Pero es que, véyame, sargento, yo la tengo encerrada en un cuarto. Pero en veces se me sale, ¿ve? Oíme,

Speaker 4

Ticha. ¿Qué? Este es tu hipótame.

Speaker 7

Sí, sí.

Speaker 4

Y no dijiste que se te había muerto a los 15 años?

Speaker 7

Eso dije, Alcibiades, pero era mentira. La pobrecita está viva. Es como fenómeno. Alta, alta, vica, entratornada la pobrecita. Voy

Speaker 3

a

Speaker 7

amarrarla bien para que no se me vuelva a salir.

Speaker 2

Aquella pobre anciana era la madre de la palancona. Solo ella a su madre la cuidaba y no le gustaba que la gente se riera de su hija. Y menos que la creyeran un espanto y le hubieran puesto el nombre de la palancona. Por mucho tiempo había estado encerrada la palancona en un cuarto y nadie en el pueblo lo sabía. No era ningún espanto. De modo, huicho, que no tengas miedo, hombre. Ese espanto no existe. No hay tal palancona. No tengas miedo. El cuento es auténtico. La

palancona que se llamaba Cheva ya murió. Mi tata me contaba este cuento, hombre. Muy bonito, por cierto. Sí. Si no, pregúntale a la licenciada, hombre. Muchos no lo creen, pero... Es auténtico, hiero. Auténtico

Speaker 3

Ahí nos vemos, Beriberto!

Transcript source: Provided by creator in RSS feed: download file
For the best experience, listen in Metacast app for iOS or Android