Pues les decía que el cuento de hoy se llama La Forastera y aquí les va, oíganlo. Desde que aquella forastera llegó al galope, ya Aniceto se inquietó y no le importó que fuera hija del teniente que habían mandado de comandante y que por cierto era hombre muy bravo. Hombre de pocos amigos. Y muy celoso de que la anduvieran enamorando a la niña, a su hija. Aquella chavala tendría unos 20 años. Y era guapísima.¿ Para qué guapísima?
Hombre, Fili. Ajá. Fili. Sí.¿ Y acaso qué está Carelara, pues
Vos que perdés, pues, hombre. Pero vos tenés que acompañarme en la serenata ahora en la noche. Hombre, Niceto, mira, vamos
a ser francos
hombre. En primer lugar, esas serenatas tuyas ya ni gracia tienen porque ni bebes.
Mira, Fili, te permito pues que lleves tu pachita, pues. No,
no tienes que permitirme, estoy hablando siempre. No
no, pero te voy a decir pues que yo no tomo. Yo no tomo, lo importante es que me acompañes a cantar. Hoy le pongo otra serenata a Linesita, me la forastera.
Pero, hombre, ni siquiera, hombre, ya le hemos puesto tres serenatas, hombre.¿ Qué te importa, bojo? Yo le puedo poner cien. Oye, te han echado preso tres veces, hombre Oye, hombre. No ves que es la hija del teniente ese, hombre.
Pero la muchacha, no estás viendo cómo, si la muchacha se va a bella por mí, no es que me topa. Que le pongo la serenata, se la pongo, uh. Que se la pongo, se
la
pongo la serenata.
Pues yo no. Yo no quiero caer preso, hombre. No.
Sí, vos no vas a caer, hombre. Soy yo el que caigo. No.
Y después yo tengo que sacarte.
Ya me acostumbré, Phil. Ya hasta me hace falta. Si yo llego a poner la serenata y no me echan preso, yo solo me voy al comando a echarme, hombre.
Ni siquiera estuviera la muchacha cerca en la misma casa.
Y no me importa que me echen preso, hombre. Al día siguiente me saca mi mamá. Y hasta me siento cómodo en la reja. Vamos, fili. Vamos.
No, no voy.
Oye, no seas mal amigo, hombre.
No voy.
Vamos. Siga, siga, siga, filia, siga. Siga, filia. Cuando yo la vi de... Fue por la bajada de Gaparventura, venía del río. Con su tinajita baja en la cintura, todo el teleque. Y se reviró su linda pantorrilla, que desde el cereje. Con el movimiento de su rabadía, cuando yo la vi.
Y aquella noche, como todas las noches que Aniceto le ponía serenata a la hija del teniente, a la segunda o tercera canción llegó el raso guandique y...
¡Aniceto
¡Ay, mami!
A la reja!
Otra vuelta, raso guandique!
Qué orden superior!¡ A la reja!
Oh, Dios mío, pero ve a, ve a ras, hombre. Te
lo dije, hermano. Lo que es eso, yo me voy. Yo te lo dije. No
te vayas, oh, Dios mío. No puedes
irte, Filiberto,
no puedes irte. No me dejes solo, oh, Dios.
La orden es llevar preso a Aniceto.
Pero, hombre, mire.
Solo a Aniceto. Pasa, Aniceto.
Don Rosa, digo, don Raso.
Pasa, pasa
Pero, hombre, oh, Dios mío.
Otra vez, Tula.
Ay, sí
Otra vez preso tu hijito.
Pero no por bolopancracio. No. Sino que por poner una serenata. Y eso no es delito. Eso es un abuso lo que han hecho con él.
Sí, pobrecito, ¿verdad?
Sí.
Nunca ha escandalizado. Jamás se ha tomado un trago. Nunca se lo ha llevado la cabra flaca.
Qué cosa es eso?
Uno de los rasos que viene ahí de vez en cuando a hacer sus pescas por
aquí.
La cabra flaca.
Sí, ajá
Nunca se lo ha llevado.
Bueno, pues... No,
no, qué baño, si el pobrecito jamás ha echado un traguito. Vos vas a ir a pagar la multa, ¿verdad?
Pues sí.
Hasta cuándo tú la...?¿ Hasta cuándo?
Es mi hijo, Pancracio. Acordate que es mi hijo. Y si yo no lo saco, pues¿ quién lo va a sacar, ah? No me estés criticando por eso.
No, chula, si no te critico. Pero es necesario ponerle fin a tanta multa y tanta carceliada. Vamos a quedar en la calle, niña. Cada lunes y martes está sacando al hombre la casa. Qué
bárbaro allá de repente.
Mejor pagale un sueldo y que se mame ahí en el patio. Que no salga a la calle. Porque gasta más sacándolo todos los días de la cárcel. Ven, niña, hay que convencer a Niceto de que deje ya de poner serenata a esa muchacha. No le conviene. Ni a ella, ni a él. No le conviene.
Bueno, bueno, eso lo veremos más tarde. Por favor, ahorita tengo que ir a la cárcel a sacar a mi hijo.
Vaya, dispare la...
¡Ay, regreso! ¡Ay, regreso!
Y aquella operación era frecuente. Aniceto, encaprichado, enamorando y serenateando a la muchacha. Y el teniente, comandante del pueblo, también encaprichado... Echando preso a Aniceto cada vez que le ponía serenata a su hija. Doña Tula pagando las multas. Y Aniceto, hombre, hasta se estaba acostumbrando ya a dormir en la cárcel. Pero claro, ustedes saben que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Aquello no podía seguir.¿ Y va a quebrar Doña Tula pagando tanta
multa? No, no, no, no, Tula. Y deja de estar bostezando que me vas a dar sueño.
No, niño.
Esto no puede ser. No puede seguir así. No, no, no, no. Bueno,
pero¿ qué hacemos, Pancracio? Aniceto está enamorado de esa muchacha. Le pone serenata. Eso es una cosa normal. Eso no es ningún delito.
Si no es delito, pero te cuesta dinero. Además, tu hijito, si pasa una escoba con falda, él va detrás. Si él no entiende, entre más sucia y más hedionda es mejor
para él. No, niño, eso no es cierto.
No, no, no, hombre, no. Cada serenata de Aniceto te cuesta una multa. Debería sacar mejor el permiso. No, no, no, no, no, no. Mira, Tula tengo una idea.
A ver.
Tengo una idea para quitarle a Niceto la mañeza de ir a ponerle serenata a la muchacha.
Ajá.¿ Y cuál es la idea, niño, ah
Pues estaba pensando bien que aquí no hay más que asustarlo, Tula.
¿Asustarlo?
Exacto. que le salga el muerto... el difunto Pancho Merlo... que dicen que anda saliendo en el solar de Salitas... el
difunto Pancho Merlo... el que se murió hace 15 días
pues... exacto la gente anda diciendo que el espanto de Pancho Merlo... anda saliendo... pues bueno... Pancho Merlo se medio parecía a Evaristo, mi hermano. Y hermano tuyo también. Sí, sí, sí,
cómo no.
El de los modales raros que te he dicho, ¿verdad? De modo que hablemos con Evaristo para que se disfrace de difunto. Y
le salga niceto cuando se vaya a ponerle la serenata a la muchacha, ¿verdad?
Eso, Tula, eso. Aniceto tiene que pasar por el solar de Salita. El viejo avaro ese que viene de vez en cuando aquí. Y ahí le sale el disjunto.¿ Estamos claros?
Sí, sí, Pancracio. Pero cállate
que
ahí viene
Aniceto, cállate. Buenos días, tío.
Buenos días, sobrinito.
Qué tal, Mita?¿ Cómo está la caridad de mis cielos angustiosos? Muy bien, mijo.¿ Qué tal, madre?¿ Cómo estás? Hoy pongo serenato otra vuelta, limecita, Mita.
Bueno, pues alitate la bolsita, Tulita.
Linda la chavalesa,¿ para qué, mamá? Vale la pena. Pero, mijo.
Hoy ponés serenato.
Qué le parece, tío?
Y la vas a poner con quién?
Filiberto con Carelara, cualquiera de ambos dos.
Y qué se ha hecho Carebudo? Digo, Carelara.
Ay, ya anda, si a Carelara está reformada también.
¿Ah, sí?
Ya no debe guaro, ya ni nada.
No.
Ya nada.
Solo dos veces al año?
No, ya no toma, tío.
Ah, sí. Pues,¿ sabes una cosa?
Sí, tío. Hoy
te llevan preso. Hoy dormís en la pulgosa. Y mañana va la idiota, la estúpida, la imbécil, la cara de...
¡Caramba,
niño! mongólica
esta de la tula a sacarte.
Y ya, y para eso no es mi madre ella, pues. La cárcel hizo para los hombres, tío. Y vos
sos hombre.
Y ya, pues ahí no duermo yo, pues ya. Ya, ya. ¿Verdad, madre mía? Claro, mijito, claro. Qué linda, mi madre
Está bien, Aniceto, está bien. Yo no me meto más.
Nunca viene a meterse, tío. Siempre sale mal.
Así lo veo. Anda, ponle tu serenatita.
Gracias, tío.¿ Cuántas
cancioncitas vas a cantarle a la muchacha?
Triste nada más.
Solo tres muy poquito.
Nada más, ¿verdad?
Es
que
solo tres los sabemos, tío. Tres, bueno, repetirla tres veces para que sean nueve y le das chance al raso guandique de llegar
para
que caigas preso.
Eso, tío. Sí
para que durmás en la cárcel. Así es lo que quiero. Mire
tijito, aunque me echen preso, aunque me maten, pase lo que pase, a las diez y media de la noche yo estoy poniéndole serenata a Limecita. ¿Dónde? Hoy le pongo otra vuelta a su serenata o dejo de llamarme Anispray, oriundo del Galope, vecino de San Blas y medio vecino de Mercheche también.
Ah, bueno, entonces se trata de que me ponga una sábana encima, un huarcal en la cara.
Una
candela.
Eso es todo, Evaristo. Nada más que te recomiendo que no camines así como vos lo hacís. ¿Cómo
hermano? Sí,
porque el difunto Merlo era muy machote. Era
más
alto que yo. Sí, sí, caminaba como hombre. Eso
es todo. Ay, carajo,¿ y qué me estás diciendo a mí? No, nada, nada. El chaval lo has peleado conmigo por eso. No me estés molestando, hombre. Bueno, pero tengo que hablarle al menos al muchacho. Hay que asustarlo.
Nada tenés que hacer. Ya me arruinaste vos. El difunto Pancho Merlo, dicen, que sale... y se para al pie del chilamate del solar de Salita. ¿Ah?
Sí. No fregues, Pancras, yo... y si... y yo, por querer asustar a Niceto... salgo siendo asustado por el propio espanto de Pancho Merlo, hombre. Sí. No,
hombre, no. Y el cuento ese de que sale Pancho Merlo lo inventé yo. Son puros cuentos puros cuentos. Pero vos, haciéndote como que sos el difunto, vas a asustar a Niceto. Es la única forma de que la tula no siga pagando tanta multa. Si no, vos y yo vamos a quedar
sin herencia,¿ está claro? Es verdad, hombre. Bueno, te voy a decir una cosa, Pancracio. Te hago el trabajito si me das unas diez bolitas.¿ Y yo por qué? Ya, pues como hermano mayor que sos, pues ya.¿ Y quién es tu sobrino, pues?¿ El hombre ese? Bueno, está bien, pues no me des nada, me estoy claro. Y siempre lo he estado con vos. Lo único que tengo que hacer es disfrazarme con la sábana como muerto, ¿verdad? Colocarme el huacal en la cara para dar la idea de que soy una calavera.
Pero si pensándolo bien,¿ para qué te vas a poner el huacal? Te va a estar con la cara.
Yo soy una calavera. ¡Ve, ve, Pancracio! ¡Cuidado! Ya
sabes, pues ya, ya, ya. Parala, parala.
Ya vas a
pelear. Ya vas a pelear.
Hombre más necio.
Te pones tu sábana como muerto, te pones tu huacal en la cara para dar la idea de la calavera y la candela en la mano. En la mano, la candela.
En la
candela la vas a llevar en la mano, eso es todo. No tenés que hacer nada, eso es todo.
Y esa tarde todo fue cuidadosamente preparado. Doña Tula, Don Pancracio y Evaristo. Aquellos tres ancianos tramaron todo el asunto. Evaristo ya vestido con una sábana blanca encima, con la candela y el huacal. Hombre, parecía un auténtico muerto. Auténtico. Así esperaron las horas de la noche. Cuando el raso guandique daba a las diez campanadas en el tuco erriel del galope, ya don Evaristo estaba instalado al pie del chilamate en el mero solar de Salita, el viejo ábaro
del pueblo. No había un alma en la calle.¿ Qué iba a haber? Si en el galope la gente se acostaba a las seis de la tarde. Sí, lo más tarde a las siete. Yo creo que los únicos despiertos en el pueblo... eran Aniceto y Filiberto... los que iban a poner la serenata. Ya era rutinario ir a poner la serenata y... y casi solo cantaban la primera canción... porque a la segunda llegaba el raso a Guandique... y a la cholpa, a la cholpa Aniceto. Bueno, a las diez y piquito...
Mira, mira Filiberto... hay que ser agdad... agdad Y contante, como quien dice de Cachemoni. Algún día se canse este teniente, hoy va a echarme preso, hombre. Y algún día me llevo a la muchacha.¿ Son mi amigo o no son mi amigo, Philly? Vamos, hombre, muy nudo, hombre, que se los acepta. Deje para allá, baboso, solo pensando que me va a contestar. Muy nudo, hombre.
Y comenzaron a caminar por la calle en tinieblas. Solo medio clareaba de repente, como para que se vieran las sombras de los postes del telégrafo y el recorte de los techos de las casas. Algunos árboles, algún burro deambulando por la calle, iban acercándose ya para pasar por el solar vacío de salitas cuando se detuvieron como a unos 40 metros.
Ay, Dios mío, ni reto, mira.¿ Qué pasa, ya, bro? Mira para allá. Mira para allá el difunto Pancho Merlo. El que anda asustando, hombre.
Jue... Jue... Jue... Jue... Jue... Indie World. El
difunto. El difunto
Pancho Merlo
Vámonos a ni reto, hombre. Devolvámonos. Corrámonos, ya
No, no, no, no, Alberto, no, no, no.
Antes que sea tarde,
hombre. No, hombre. Un difunto no me va a hacer salir en carrera, oye. Ah, no, que pongo la serenata, la pongo. No seas loco, hombre. No te pierdas, no te pierdas. No, hombre. No, ni el raso guandique, ni a la cárcel le tengo miedo. Le voy a tener miedo a un difunto, oye. No, no, no, no, no.¿ A qué le hablo? Yo le hablo, fíjese Yo le hablo
Es cosa tuya, porque lo que soy yo, yo me voy.
Pero menos ya. No, no, no.
No, es que yo me voy. Ahí lo vemos, hermano.
No te vayas a huir. No,
yo siento mucho, pero huevo, yo no me espero que me agarre ese disjunto, no. Ahí lo vemos, oíste.
Espérate, hombre. Espérate aquí, pues no sigas, pero espérate aquí. Yo voy a enfrentarme al disjunto y luego ponemos la serenata. Espérate, hombre, para eso a vos espérate.
Parado, firme, de pie, bajo el chilamate, aquel disjunto vestido de blanco, huesudos los pómulos, hundidos los huecos de los ojos, era un auténtico espanto. Aniceto temblaba, pero se acercaba. Se acercó hasta que estuvo como a tres varas del disjunto y le habló.
Don, don despantó.¿ Es de esta vida o de la otra? ¿Ah? Responde tú. ¿Ah? Conteste, don difunto.¿ Es de esta vida o de la otra?
El espanto, mejor dicho don Evaristo, no contestó nada. Su papel era estar inmóvil. Pero Aniceto, urgido en poner la serenata, seguía preguntando.
Hombre, este espanto es raro. Si todo de espanto contesta... Inmediatamente que uno le hace la Indie Question... El Indie Respond... De la otra... Dije... Claro... Pero este no habla... Se queda como... Régido... Como... Oiga... Donde espantó...¿ Es de esta vida o de la otra? No contesta... El carajo... Ah no... Pero que se quitó en medio... Para ir a poner la serenata... Oiga, espanto, carajo. Si no sos de esta vida y tampoco sos de la otra, yo te voy
a enseñar de dónde sos. Aunque quiebre la guitarra, jodido. Toma, pendejo. ¡Ay, ay, ay!¡ Mi cabeza! ¡Ay, ay, ay! ¡Ay, mi
cabeza!¡ Me quebraste
la guitarra en
la
cabeza
muchacho
Mi tío cabarito! Tío cabaristo. Es usted, tío cabaristo.¿ Y qué más va a hacer? Pero es que hoy... ¡Ay, qué jodido anda mi tío
caba!
Tío cabaristo. No le da vergüenza andar aquí, hombre.¿ Y qué hace aquí, tío cabaristo? ¡Piliberto! ¡Pili, vení, hombre!¡ Ven tu guitarra, que la mía se la quebré en la cabeza al tío Cabarito!
El
tío Cabarito era el espanto, hombre! ¡Vení!
Vos no tenés remedio,
muchacho! ¡No, vamos a poner la serenata con una guitarra, nada
más!
Y puso la serenata, huichol. Y volvió a caer preso. Y doña Tulia volvió a sacarlo pagando la multa, bicho. Y don Cabaristo a curarse al hospital porque le rajó la cabeza. Sí. Aniceto jaló con la muchacha. Y si hubiera querido, hasta se hubiera casado. Pero Aniceto no es un... No es ave que hace nido. No es de esos. Es como vos, bicho. Le llaman el siete mares. En cada puerto un amor. Sí. Bueno. Pero te voy a decir un consejo, bicho. No hay nada que uno se
proponga que no pueda conseguir. Todo se puede en la vida. Querer es poder, hombre.
