Qué tal, Gulliverto? Bien. Aquí va el cuento de hoy, amigos. Yo sé que les va a gustar. La deuda. Ese es el cuento de hoy. Óiganlo, óiganlo. Los cuentos de Don Canuto Laguna son muy famosos en el lago de Apaná, amigos. A don Canuto nadie le quita un centavo, amigo. Es un viejo muy avaro y famoso en el poblado cercano al agua de Apaná. ¿Sí? Y denles este cuento que les voy a contar ahora. Don Canuto comenzó a hacer reales desde joven, amigo. Tenía fama de tacaño. Eso sí,
no daban nada, amigos. ni sal para un jocote como dice la gente... y claro... por eso tenía reales el condenado amigo... bueno oigamos el cuento desde el principio... compreme esta
gallinita para que se la coma el domingo...
una gallinita para qué...
para que se la coma el domingo...
Yo comer gallina?
No
voy a morir Yo me libre.
Por qué?
No, las gallinas son malas para el estómago. Andan picando cochinadas en el patio. No, no, no, no hay como los frijolitos. No hay como los frijolitos fritos. No, no, no, no
Bueno, pues, don Canuto, entonces cómpreme manteca Para que se
coman los frijolitos fritos. Que
yo comer
frijoles fritos ni yo. No, hombre, ni yo.
La
manteca es mala para el hígado. Los frijolitos y balas son los mejores, son los más sabrosos.
Bueno, bueno, don Canuto. Está bien, pues. Entonces cómpreme una olla para que ponga a cocer los frijoles.¿
Y para qué? La olla que tengo es herencia de mi abuela, que la heredó de su tatarabuela. No, hombre, no,
no, no, no.¿ Y
de qué cosa es, ah? De barro, pero bien cuidadita. Y no hay en todo el pueblo una olla como esa. Le dejo un saborcito especial. Fíjese que ya, doña Norinda.
¿Qué
Fíjese usted que esas ollas, ya las paredes son de puros frijoles. Le dejo un saborcito especial a los frijolitos en bala. Viera, viera, viera, viera. Ay, joveno
don Canuto.¿ A usted no se le puede vender nada?
Eso sí, yo no gasto reales en balde.¿ Para qué? No tengo necesidad de gastarlo. No, no, no, no
Pero mire, mire, mire, mire qué olla. Mire qué olla más buena, don Canuto. Mírela, mírela. Sí,
sí, sí, sí, pero me está haciendo gastar saliva de más y yo no puedo estar gastando saliva hablando babosada. Ya la vi, pero no, no, no, no la compro.
Es buena.
No, no, no, no. Mira, son dos las cosas de las que yo me siento orgulloso. Dos cosas.
¿Ah, sí?¿ Y cuáles son, don Canuto? Primero
no compro chochada. Y segunda, no le debo a nadie.
Ni le debes nadie, ¿verdad?
Ni me debe nadie. Tienes razón, claro que sí. Bueno, ahora vendéle esos cachivaches a otro pendejo. Andate, Filomena Ñurinda. Lo que es conmigo te jodiste, te jodiste. No te compré nada, nada, nada, nada.
Qué tal, amigo? Así era Don Canuto Laguna, ¿sí? Y así debe ser todavía, amigo. Siempre sucio, barbón, con el pelo largo. Parecía un ermitaño el viejo ese, amigo. Desde joven se le vio solo, solito. Cuando su abuela murió quedó solo y nunca hizo por dónde buscar una mujer, una compañera. Cuando le hablaban del asunto, oigan lo que decía, oigan.¿ Don
Canuto? Eh, dígame,¿ y usted por qué no busca cómo casarse?¿ Por qué no
buscas cómo casarse?
¿Casarme? ¿Qué?
Mantener una boca que no es nada mía? No jodas, hombre, no.¿ Qué estoy loco acá?¿ Mantener una mujer que no es nada mía?¿ Comprarle jabón?¿ Bata para qué? No, ni quiera Dios. No, no, no, no, no, no.¿ Qué estoy loco acá?¿ Para qué me voy a casar?
Bueno, pues, para que forme un hogar.
A esta edad? Sí.
Sí, y tenga quien lo atienda para cuando no pueda valerse por sí mismo. No
no, no, no, no. Callarme en este de aquí vale a que me quemen la canilla y tenga que usar pomadas. No, no, no, no, no. No, no, vos lo que querés es que traiga el infierno a mi casa. No, no, no, no, no, no. Y más si es joven, peor. No, no, bien estoy así. No quiero pleitos ni bulla. Yo a mí me gusta salir bien por las puertas y ya casado voy a estar pegando por todos lados con los cachos. ¡No, no, no, no! Las mujeres solo sirven para enredarlo todo. Además, son muy cochinas.
No todas, don Canuto,
no todas.
Contame a mí. Mire, don Canuto, aquí ando ahora unas almohadas bien sabrosas. No quiere comprar
nada. Ya estamos como la Filomena. Yo comprar almohada. No, hombre, si tengo una raja y leña ahí. No, no, no.¿ Y para qué?¿ Para qué quiero almohada yo?
Pues para dormir sabroso. Toque, ve. Toque, toque. Porque qué ricas que son, ¿eh?
No, no, yo no toco nada. Se me pueden gastar los dedos, ¿no?¿ Qué es eso? No, no, no. No, no, no. Yo no estoy comprando almohada. Es malo dormir con almohada. Con una raja de leña es más sabroso, más duro. No, no, no. Es pésima la almohada para la salud. Los doctores recomiendan que hay que dormir sobre una cama dura, dura, dura y sin almohada.¿ Estás clara? Sin almohada, sin almohada.¿ Y pues, don Canuto, que usted duerme sin almohada, ah? Ya te dije que yo tengo una raja de leña por almohada.
Pero es malo, malo Cómo va a ser malo? Ve los años que tengo. Soy más fuerte que cualquier joven, mucho más fuerte. Y a la prueba me remito. Bueno,
entonces dígame,¿ qué necesita
para vendérselo?¿ Qué necesita para qué?¿ Puedo
venderle algo?
No, yo no necesito nada, absolutamente nada. Yo tengo todo en mi casa, mi único pantalón que no me lo despego. Todo, todo tengo. Ni calzoncillos uso, ya ando cañambuco.¿ Para qué voy a andar gastando? No, no, no necesito nada, nada, nada. Yo
creo que no necesites nada.
No, no necesito, no.
Una limonita, por el amor a Dios. Una limonita.
Ande a trabajar, Agán. Una limonita. Vaya a trabajar el muy jodido. Los reales se ganan trabajando con el sudor de la frente, no pidiendo váyase, váyase. Está
bien, pues, me voy, me voy. Mire, don Cañoto.
Sí la miro, doña. Vea, vea
así como anda la barba este mendigo. Así la anda usted. Vea, aquí tengo algo que le puede interesar.
Qué cosa?
Una máquina de afeitar. Vea, aquí está, vea. Vea qué bonita.¿ Le gusta?
No, no me gusta. Eso sí que no. No, no, no, no, no.¿ Qué puedo comprar? Cualquier cosa de menos queso. No, yo moriré con esta barba. Una lengua bárbara. Tremenda esta barba mía. Con decirte que ni me la lavo. Ni me la peino.
Eso es malo
Voy a morir con esta barba y este pelo. Hice una promesa. No me corto la barba ni el pelo. No, no, no, no. Ay
Dios mío, entonces me doy por vencida con usted
Desde que entró se debió haber ido.
Le he ofrecido de todo y no quiere nada. La verdad que es más fácil venderle a los monos del parque de Masaya que a usted.
Tiene razón, es que los monos cuando te ven se entusiasman porque pareces mona.
Ay, hasta mal educado es.
Sabés que la Filomena se dio cuenta de eso hace rato? Porque yo no necesito nada, nada, absolutamente nada. No sé por qué venís a venderme a mí. Con seguridad el turco Mustafa... Hermano de alicate que acaba de venir a establecerse aquí te mandó, estoy seguro.
No, no, no,¿ qué va a
ser? Pero conmigo te jodés, te jodés, yo no compro nada, nada, nada.
Pero si a mí no me ha mandado nadie, don
Canuto. También han platicado de ese turco. Con seguridad él te mandó. Pero decile que no, que conmigo pierde el tiempo. Que yo me corto la barba, ¿oíste? No me la corto, no me la corto. Y andate, y andate, que ya me arreché. Andate, jodida, andate.
Y es que, amigo, cuando le tocaban el asunto de su barba y de su pelo, pues, don Canuto se arrechaba, amigo, sí. Se arrechaba. Y es que No le daba nada a nadie, amigo. Nada. Ni lástima daba. Pero como ustedes saben que yo he sido siempre metido, me gusta andar preguntando, pues. Un día llegué a donde Don Canuto y jugando, jugando le pregunté de aquel asunto. Yo llegué porque Don Canuto era gran amigo de mi tata, amigo. Mi tata lo apreciaba mucho
y era como parte de la familia. A mí don Canuto me recibía muy bien, muy bien.
Hombre, pancito, cuánto gusto de verte. Mucho gusto, Canuto.
Yo soy
el único en el pueblo que me anima y me alegra. A ver, tómate este traguito de café, tómatelo.
Muchas gracias, don Canuto, muchas gracias. Me hacía falta ese traguito de café, don Canuto. Está
sabroso, sabroso. Hombre, Panchito, he notado que aún tomando café te trabas.¿ Qué es lo que tenés, ah? Qué barbaridad, hombre, Panchito.¿ No serán ampollas en la lengua o qué tenés muy corta la lengua?
A lo mejor.
O la tenés entumida? Pero ve, realmente me alegra verte por estos lados. Mi recuerdo es cuando tu tata venía a verme también. ¡Uh!¡ Qué tiempos aquellos!
Sí, ¿verdad, don Carlos? Mi tata mucho lo apreciaba a usted también.
Claro, como yo. Fue el único que logró que yo le prestara un centavo una vez
Parece mentira, ¿verdad, don Tito? Sí. Parece mentira. Y mira,
pancito, más tarde te voy a invitar a un tiste. Tome en cuenta que sos el único que se dé el lujo que yo le reciba bien.
Bueno, ya lo sé, don Canuta. Ya lo sé y se lo agradezco sinceramente. Pero vea, don Canuto, quiero preguntarle algo, hombre. Quiero preguntarle una cosa. No,
no está bien la cosa. ¿Qué, Pancho?¿ Qué querés saber?
Pues mire, don Canuto, a mí me han dicho que usted cuando era joven era bien parecido, ¿sí? Y lo buscaban la mujer por todas partes.
Serían
las mujeres y no la mujer
Entonces sería una y aquí andaba todo el mundo detrás de mí. Sí. Y no te han dicho mal, oíste. Claro que sí, claro que sí.
Pero¿ sabe qué, don Canuto? ¿Qué? Dicen que desde que usted se dejó el pelo y la barba, se volvió feo. ¿Sí? Dispensen, don Canuto, pero... Yo quisiera saber por qué diablos usted no se corta el pelo y la barba. Usted no es tan viejo, hombre. Pero así con ese pelo y con esa barba se mira anciano.
Sí... Te voy a contar, hijo, te voy a contar. Pero no le digas a nadie,¿
estamos claros? No le digas a nadie. Palabra de hombre, don Canuto. Cuénteme, cuénteme. No le digo nada a nadie, ¿oyó? Nadie lo sabrá.
Qué enredo lo que haces, Panchito. Qué
barbaridad.
Oye el cuento, pues. Oye, Pancho, oye, oye, oye.
Y miren, amigos, Don Canuto prendió su chilcagre, jaló una pata de gallina para sentarse y ponerse cómodo y también me invitó a sentarme en un tabarete viejo que estaba por allí. Algo que me confirmó el aprecio que Don Canuto le tenía a mi tata fue que ni se molestó por aquella pregunta que le hice a mi hijo. Pero bueno, Don Canuto comenzó a platicarme del por qué andaba bien larga la barba y Y el pelo, amigo. Óiganlo, óiganlo
Mira, Panchito. Al único hombre que yo le he debido algo en mi vida se llama Florencio Manrique.
Florencio Manrique? Sí, don Camuto.¿ No es el señor que es dueño del cañal que está allá a la entrada del pueblo?
Así es, exactamente, Panchito. Pero te pido que te sentés, te pongas tranquilo y nos pongamos a platicar. No tenemos prisa.¿ Para qué? La vida prisa se gasta pronto, hombre. Hay que llevarla lenta. Bueno, ese hombre, como vos lo señalaste, el que vive en el cañal a la entrada del pueblo, ese es Florencio Manrique. Es el mismo. Pues bueno, precisamente una vez fui a afiarle una docena de atados de dulce. Y ahí fue donde le quedé debiendo 22 pesos. Un capitalayayayaso.
Pero todavía me acuerdo. ¿Sabés, pancito, qué le pasó? Por pendejo los perdió. Yo se los fui, pero no se los pagué. Y él cada vez que me miraba me los cobraba. Una vez me lo encontré y¿ sabes lo que me pasó
Bueno, hombre canuto.¿ Y cuándo jodido me vas a pagar los 22 pesos? Ya me estoy cansando. Es que no he tenido, Florencio. No he tenido, pero te los voy a pagar. Te los voy a pagar. Pero es tu abuelo.
Se murió y te heredó.¿ Cómo es que no tenés? No tengo, hombre. Además, no fue mi abuelo, fue mi abuela la que se murió. No tengo. Muy bueno que se haya muerto.
Bueno
pero en cuanto tenga, te pago este. Cuando tenga, te pago inmediatamente. Y ve, Pancho, como a los dos años de aquel primer encuentro, no lo volví a ver ni a encontrar. Y claro, una vez Allá bastante tiempo había pasado. Lo encontré. Y volvió a hablarme de la deuda
Hombre canuto. Ya tenés dos años de deberme los 22 pesos.¿ Cuándo me vas a pagar?¿ Estás podrido
en real? No, hombre, no. Esa es la equivocación de la gente. Yo no tengo nada. Pero eso sí, en cuanto tengas te los pago, ¿viste? Total, Pancho. Me perseguí el jodido de Florencio Mambrich por todos lados. Por todas partes me salía. Parecía mi sombra el jodido ya. Y un día me encontró en la barbería. Yo me iba a quitar la barba. Tenía como tres meses de no ver a Florencio. Y el barbero me iba a comenzar a afeitar cuando, juáqueda, entra Florencio Mambrich.
Canuto, me estás colmando la paciencia, Canuto.¿ Vos sos ladrón o qué? Todos sabemos que vos tenés reales guardados. Tenés casa, tenés propiedades. Y no me has pagado los 22 pesos.¿ Cuándo jodido es que me vas a pagar? Si no me pagas ahorita, te echo preso. Aquí viene la autoridad conmigo.
Yo, Pancho, me quedé pensando en cómo hacerme. Ahí estaba Florencio con la autoridad. Yo en la silla de rasurar ya tenía el trapo blanco puesto en el pescuezo y se me ocurrió una idea. Inmediatamente le dije a Florencio. Hombre, Florencio, tenés razón. Hoy mismo te voy a pagar. Hagamos un trato.¿ Cuál es el trato? Déjame que me quite el pelo y la barba. En cuanto me resuren, te pago. ¿Acepta? Déjame que me resuren. En cuanto me resuren, te pago. Antes no.
Bueno.¿ Qué le vamos a hacer? Pero que no sea otro cuento, ¿viste? Está bueno, pues. Está bueno. Acepto. Voy a esperar. Acepto. Ya oyó, sargento. Ya oyó que cuando se resubre, pues me paga. Ya oyó. Ya lo oyó
usted también, sargento. Él aceptó que cuando me resubre, yo le pago.¿ Ya lo oyó? Sí, ya lo escuché. Bueno, hasta que me resubre, le pago, ¿verdad?
Sí. Palabra de caballero. Antes no le pago, ¿yo? Sí, eso es lo que hablaron. Y don Florencio aceptó. Así es, así me gusta. Aunque
de ganado usted, pero lo oyó bien. Entonces, ve, Barbero. Quítame este trapo pronto. No me voy a rasurar. No me voy a rasurar. Quítame este
trapo pronto. ¿Cómo?¿ Cómo dijiste, Escanuto?
Lo que oíste, Florencio.¡ Pero sos un ladrón! No, ya no me resuro. Y no sigan cobrándome porque hasta que me resuren te voy a pagar.¡ El colmo de tu maldad! ¡Estamos!
¡Estamos
Y ve, Panchito. Ante la vista de Florencio me bajé de la silla del barbero... Y salí para mi casa. Desde entonces no me he quitado el pelo ni la barba. Yo le dije que hasta que me quitara el pelo y la barba le pagaba. Y es la fecha y... Aquí me tenés, aquí me tenés.
Estamos claros, don Canuto, estamos claros. Entonces, es por eso que usted anda siempre barbón y peludo, entonces. Por eso, mijo
por eso, por eso, Panchito, por eso mismo. Hay que ser vivo. Recordá eso, Pancho, siempre hay que ser vivo.
Qué tal, amigo?¿ Para poner peludo de por vida por no pagar 22 pesos?¿ Pero qué decir vos, Coliberto?¿ Será vides eso?¿ Ustedes qué dicen, amigo? Yo no creo. No creo que sea vides eso, hombre. Imagínate vos, hombre.¡ Ahí nos vemos, Adolfito!
