Hola Willy,¿ qué tal, hombre? Hombre, ahí les va el cuentito de hoy, hombre. Ustedes ya han oído hablar de este famoso personaje. El duende de Ometepe es el cuento de hoy. Ahí les va, oigan. En la linda isla de Ometepe se mezclan todas las mañanas... el rumor del lago con el canto de los gallos... Mollogalpe es precioso... también Altagracia... y todos los pueblitos que se pasan... para ir de un lado a otro de la isla... ¿sí?
los volcanes son emocionantes... el Concepción... canoso de nubes... y el Madera... más bajo pero... pero mucho más fértil... ¿sí? Esa es Jometepe, la isla encantada, donde el padre Jaime Marsá ha pasado 18 años de labor y donde él mismo ha oído muchos cuentos famosos del famoso duende también de Jometepe. ¿Sí? Y al que a todos, todos le llaman Chico Largo. Sí, Chico Largo, el nombre del famoso duende de Jometepe. Pero no se asusten. El tal duende de Ometepe no le
hace daño a nadie. Solo se distrae, le gusta divertirse. Sí, nadie lo ha visto nunca. Pero le atribuyen muchos cuentos al duende. El duende le jugó muchas pasadas a los guardias... que ya no hay aún ni que hacer en el comando de Altagracia.¡ Raso
Gómez! Sí, señor. Aquí estoy cerquita de usted, hombre. Hombre, se necesita redoblar la vigilancia en este pueblo...¿ Qué pasó anoche que se oyeron disparos por todas partes? Pues, hombre, yo no sé, mi sargento, yo no lo oí, yo estaba dormido, hombre. Y ahí son cuestiones de hostigamiento que le dicen, pues. Pero, hombre,¿ que no tenemos acaso cuatro puestos de vigilancia en las entradas del pueblo?¿ Por dónde diablos se meten los guerrilleros? Bueno,
yo qué sé, por ejemplo, yo
no
estaba de guardia.¿ Por qué me preguntaste si yo estuviera de guardia? Otro gallo le cantara aquí
en el pueblo jodido, ¿no? Mire, raso, mire, mire. Necesitamos gente que no se duerma, güey. No puede quedarles café, hombre. Pero, pero, pero...¿ Usted sería capaz de vigilar la entrada principal del pueblo?
Cómo dice, hombre? Que si yo, yo... Que si yo sería capaz. Eso, mira, gente. Yo soy de especialista en vigilancia. Yo soy con cafecito, jodido. Ajá. A mí no se me pasan ningún jodido esos carajos. No, hombre. Yo le doy el alto. ¿Verdad? Claro, se lo doy, cómo no. Pero si no se para los baños y un rafagazo, eso no hay que hacer, eso es todo.
Así se habla, raso Gómez. De hoy en adelante, vea, quiero que usted se haga cargo del puesto principal. Hasta bueno. Duerme en el día y vigile en la noche. Con cafecito, sí, ¿verdad? ¿Entendido?
No, claro, entendido, mi sargento. Yo en adelante, pues olvídese usted tiros y hostigaciones, pues. Yo en adelante, yo soy el que vigilo. Y va a retornar la paz en
este pueblo. Cualquier sombra sospechosa que vea, le da el alto. Ajá, y si no contesta... Ya no, me dijo que le tira un rafagazo,
pues. Claro, mi sargento, pero ya, y si se lo dio un burro, no contesta, pues. Pero yo veo que es burro, no le tiro.
Claro, lógico
Y para qué jodido, pues, entonces nos dan el terrible a nosotros. No es para verlo, ni para estarlo limpiando cada vez que a ustedes les antoja inspeccionarlo, ¿verdad?
Pierda cuidado, mi sargento. No quiero más hostigamientos en este pueblo. Ya me llamaron de Managua y dicen que nosotros tenemos que mantener la paz en este lugar. Sí, como ellos no están aquí, ¿verdad? No tienen tropas para mandarnos, ¿ves? No. De modo que la responsabilidad total es de nosotros. Cuento con usted, Razogome. Cuidado, mi serviento. ¿Conmigo?
Pues claro
que
tiene que contar. Oh, cuente conmigo. Hoy... me vuelo cualquier sombra sospechosa. Esa pierda cuidaste, mi perrito. Y además... además pero esto Cuento con usted, ¿verdad? Ajá, a ver. Quiero ganarme un ascenso, yo. Ay, hombre. Es que ya es tiempo, hombre. Que me hagan, pues, si quiera. Pues, Argento primero, en último caso, hombre.¿ No le parece ateo?
Pórtese bien y yo... No, Diego, yo me porto. Sí, ya, bueno. Entonces, yo haré la recomendación del caso. Eso está bueno, ¿eh? Bueno, Razo, puede retirarse. Ok.
Y desde aquella noche, el Razo Gómez estuvo vigilante en el puesto principal de la entrada de Altagracia. Había estado o había estado de sitio en todo el país. La guerra estaba en los finos y en muchas ciudades del país estaban combatiendo. Y el Razo Gómez, a la entrada
de Altagracia, estaba vigilante. Era noche de luna. luna de ometepe más pálida y más brillante que nunca el raso se paseaba de una orilla a otra del camino vigilante atento a todo ruido cumpliendo con su deber de pronto miró algo que le llamó la atención y el perrito que viene
Está clarita la luna, se ve claro. Es chiquito. Tiene la altura como de un cipote de unos ocho años nomás.¿ Y ahí? Está jodido, pero parece que anda vestido y camuflado este hombre. Y viene armado el carajo
En efecto, en medio del camino venía aquella sombra que no era sombra. Era un hombrecito pequeño, un soldadito, un guerrillerito chiquito.¿ Qué tal? Armado y todo. Ah, pero el raso Gómez no entendía. Inmediatamente le dio el alto
Alto ahí, jodido!¡ Quién vive
Silencio total. El personaje no contestó ni se detuvo. Siguió caminando en dirección del puesto de la guardia, en dirección del pueblo... estaba como... como a unos ocho pasos del raso... y el raso metralleta en mano estaba listo a disparar... y
ahí
que jodido no contesta ni detiene hombre...
ja pero conmigo es de jodes... de jodes... alto ahí... tienes miedo... ah no contestas pendejito... pues ahí te bajo y...
el guardia disparó la ráfaga sobre el visitante... Pero no pasó nada. El hombrecito siguió caminando y el raso temblaba cuando oyó aquella vocecita que decía y reía.¡ Me
tiraste doce balas! ¡Toma!¡ Aquí te las devuelvo! ¡Ay, mamita! ¡Uy, chica!¡ Ese es el duende! ¡Ay,
mamita!¡ Ese es el duende!¡ Es chico largo! el duende de Altagracia.
Repítame eso, Razo Gómez. Repítame eso. Quiero oírlo de nuevo. Mire...
es que... estoy todavía no me pasa. Le digo... mi sargento... Mire, se lo repito y es verdad todo lo que yo le he dicho. Yo, pues digamos, pues estaba de posta, ¿verdad? Entonces yo, ¿verdad? Al momento de quererme amarrar un zapato así, oí que venía un hombrecito así de largo, ¿verdad? Entonces le di el alto dos veces. Ajá.
¡Ajá Le dio
el alto
dos veces!¡ Y
después! Pues después, hombre, entonces, pues, le tiré dos ráfagas, dos rafagonazos, hombre. Lo bañé, como quien dice, con la metralleta, hombre. Pero, oye, no le hizo nada, hombre. Era el duende, el duende.¿ Con qué...?
El duende. Sí, señor, el duende.¿ Y usted anda creyendo en cuentos de camino, Razo Gómez? Ay, Dios mío.¿ Cuál duende? Los duendes
no existen. Pero si era el duende, mi sargento, hombre. Mira, era chico largo. El duende Diometepe, ¿no? Ajá.¿ Y al duende ese no le entran las
balas? Mire
déjeme, déjeme seguirle contando, ¿verdad? Y no se me ponga así, hombre, que me pone más nervioso este hombre. Mire, al momento... Espérese que se me baje un poquito, mire, al momento, después que yo le tiré pues la rafagaza, ¿verdad? Entonces sentí que el duende cerré y va, y entonces me decía clarito, hombre, me tiraste 12 balas. Tomá, aquí te las devuelvo. Ay, mamita, qué susto. Jodido, cuando me acuerdo me tiemblan las patas. Entonces, me retiré. Me retiré un poquito, ¿verdad? Y hago un
poquito de miedo. Y entonces, me registró la bolsa de la camisa. Jodido, mire esa gente. Para que no vean que es mentira Jodido. Miren, mis agentes, hombre. Aquí están los 12 chimbazos que le metí. Miren. Mírenla, jodido. Mírenla, hombre. Yo no miento, hombre. Sí, las
estoy viendo.
No las pude haber agarrado en el aire yo,
¿verdad? Pero este cuento no me convence. No puedo creer que hasta el tal duende, si es que existe, esté a favor de estos jodidos bandoleros.¡ El pueblo amaneció llenito de rótulos subversivos!¡ Hasta la pared del comando tiene un rótulo!¡ Y anoche hostigaron de nuevo el comando!
El duende les ayuda, mi argento, hombre. Y no hay que adiós. Hombre,¿ por qué no nos vamos de aquí mejor, hombre?
Como dijo razón!
¡Vámonos
Queda detenido por cómplice, jodido!¡ Queda detenido!
Y bueno, el tal Razo Gómez fue puesto preso por aquel sargento. No le creyó el cuento del duende, de chico largo, no le creyó.¿ Qué va a hacer? El pobre Razo Gómez cayó preso. Estuvo en la de cuadritos todos los días hasta la insurrección final. Aquello era grave. Desde su celda oía el pobre Razo Gómez los ruidos de las bombas, hostigamiento y oía los combates.
Ay, qué vaina, carajo. Qué vaina, qué jodida la que he llevado yo. Siguen los hostigamientos y yo preso, jodido, sin poder hacer nada. Ay, qué jodido voy a hacer si lo único que quería es correrme, jodido, muy babosada. Van a ganar, jodido, los guerrilleros y yo preso, jodido, agarrado en las patas aquí con este mecánico. No, hombre. Con seguridad, jodido, me mandan al paredón. ¿Dónde, jodido, que me salvo yo? Es imposible, jodido. Ya me llevó el
diablo aquí. Claro, fíjese, es muy fácil. El sargento jodido va a salir en carrera. Eso lo tengo yo seguro. Yo voy a quedar de pendejo aquí encholpado. Mano, yo soy seguro, candidato al paredón.¿ Dónde que me salve, jodido? Seguro.
Y en efecto, la guerra no tardó mucho en terminarse. Eran aquellos días de a mediados de julio de 1979. La isla de Ometepe fue decretada territorio libre. Los guardias salieron huyendo en carrera y los combatientes tomaron el comando y tomaron posesiones estratégicas en los pueblos de la isla. El pobre Razo Gómez seguía prisionero, pero no lo habían visto, no lo habían descubierto. Él se había escondido debajo del tapezco de la celda. Y claro, los compas ni sabían
que estaba ahí un prisionero. Pero naturalmente, el Razo Gómez tenía sed, tenía hambre y no podía pasar mucho tiempo en aquella situación.
Ay, jodido, ni hablar duro, pues. Me descubre que estoy huepú, chica. Santísima Virgen de los guardias, que no hemos sido malos, jodido. Salvame, hombre. Virgencita, salvame, hombre. Recen, monjitas de la cartuja, por Dios, hombre. Jodido, recen, jodido. Bájenle a las cien mil vírgenes, recenle, jodido. Que aquí no hay babosada que me fusila. Puta, pero...¿ Cómo hago yo para salir de aquí, hombre? Vos sabés, virgencita, que yo no he sido malo, hombre. Aunque todos dicen lo mismo,
pero jodido. Usted dice que cuando uno no ha sido malo, no ha sido malo, hombre. Simplemente fui guardia. Casi nada van a decir. Uy, lo estoy oyendo yo. Pero,¿ por qué me pongo yo así? No, hay que ser timista. Hay que ser timista. Yo es que yo no he sido malo. Bueno, pues, de todas maneras, claro, eso sí, ¿verdad? Ahora sobrará Con seguridad sobrará quien me acuse. Sobra quien me haga un enorme clavo, jodido. Un perno, jodido, con
siete arandelas pegadas. Y 50 tornillos más al lado, como decirlo. Lo digo del perno, pues también. Enorme clavo por culpa que yo... Francamente, Virgencita, no es cometido. Virgencita, por favor, ya tengo hambre. Ya no aguanto esta posición aquí, jodido. No, hombre, salvame, Virgencita. Salvame.
En realidad, Gómez había sido uno de aquellos pobres campesinos metidos a rasos de la guardia. Pobres seres ignorantes, víctimas de las ambiciones del tirano y de los ánganos de la guardia. Pero la realidad es que el raso Gómez no era malo, ¿no? Pues bueno, una de aquellas noches en que estaba en la reja, solito, despierto, en plena medianoche fue cuando oyó aquella misma risita, la risita del duende. ¡Eh!
¡Gómez!¿ Te acordás de mí
El raso dio un salto. Le dio un vuelco el corazón. Era la risita y la vocecita del duende. La risita y la vocecita de Chico Largo. Inmediatamente y con todo y miedo el raso Gómez le contestó
Sí me acuerdo, duendecito. Hasta vos me vas a joder por nombre. Claro que me acuerdo. ¡Gómez!
Te acuerdas cuando me tiraste la ráfaga con la metralleta
Ay, mamita, el primer perno. Sí, bendecito, pero mira, fue que se me jodió el dedo. No, yo no quería estirar. Se me jodió el dedo. Fue sin querer. ¿Sabes?¿ Sabes que mañana te van a descubrir? Ay, mamita linda. Me van a descubrir aquí debajo de esta cama. Ay. Y me descubren metiste y ando en
dedito
hombre.¿ Qué hago de un viejito?¿ Qué hago? No te aflijas, Gómez. Ay, mamita. Seguime. Seguime. Seguime. Bueno, pues...
La puerta de la celda se abrió solita y el duendecito salió y Gómez iba detrás de él. Atravesaron la puerta del comando donde estaba un compa bien armado y no los vio. Atravesaron la calle principal del pueblo y nadie los miró. Por último, el duende los llevó hasta la orilla del lago, le dio un botecito de remos y lo empujó al agua adentro. Unos días después, el que había sido el raso Gómez fue juzgado en Rivas,
sin encontrársele mayor delito. Actualmente vive otra vuelta allá en Ometepe, Willy, ¿viste? ¿Sí? Y él cuenta este cuentito.¿ Crees vos en duendes, Willyberto, ah? Pues Chico Largo sí, existe. Es el famoso duende de Ometepe, hombre, famosísimo, por cierto.¿ Qué decís vos, ah?¿ Qué decís vos de ese cuento?¿ Es auténtico? El raso Gómez todavía está allí, ¿sí?¡ Y ahí nos vemos con el evento
Hasta el pañito!
